lunes, 5 de noviembre de 2018

LOS MAJADEROS DE LA ANTIEDUCACIÓN LO HAN CONSEGUIDO






¿Qué es lo que han conseguido? Pues destruir la enseñanza hasta el punto de que los profesores de la próxima generación o sabrán ya leer ni escribir.

Habrá quien considere esta afirmación exagerada o apocalíptica. En el mejor de los casos, tal opinión será debida a que no tiene ni idea de la degradación del sistema educativo, de los daños gravísimos y la devastación que las ideas dominantes en este campo, infinitamente estúpidas e ineptas, han provocado en pocos decenios. En el peor de los casos, quien niegue estos daños o incluso le parezcan bien (porque no los vea como tales) opina de esta manera porque, probablemente, él mismo no sepa ya leer ni escribir; por tanto y habiendo perdido la capacidad de medir la propia decadencia intelectual y cultural, mucho menos podrá percibir la ajena.

Tomaremos como símbolo de los tiempos las últimas oposiciones para profesor de Secundaria, veinte mil plazas y un número diez veces mayor de aspirantes. Hasta aquí todo normal, pero lo anormal es que hayan quedado vacantes casi el diez por ciento de estas plazas, porque los aspirantes no daban el mínimo nivel requerido. En particular, además de una escabechina en matemáticas parece que han tenido mucha importancia, penalizando a gran número de opositores, cuestiones como las faltas de ortografía, los errores gramaticales, el bajo nivel de redacción; para muchos incluso, parece, la incapacidad de comprender lo que se les preguntaba y de responder de acuerdo con ello.

Gente que pretende enseñar en un aula y que redacta una prueba escrita como si estuviera escribiendo un SMS o un WhatsApp, que no sabe escribir correctamente en lengua española ni sabe redactar. Gente que no se lee ni siquiera un libro al año, porque la diferencia entre no cometer faltas y cometerlas, entre saber utilizar la lengua o no saberlo, no está en recordar o no unas cuantas reglas sino en tener o no tener la costumbre de leer libros, tener o no tener contacto con la tradición y el patrimonio cultural que un profesor debe transmitir.

Y la mayoría de los que aspiran a profesores no tienen ni p… idea de la lengua o la cultura que deberían enseñar; esto es obvio porque si el diez por ciento no saben ni siquiera usar correctamente la lengua, que es el mínimo, siendo optimistas habrá por lo menos un setenta u ochenta por ciento que sí alcanzan el mínimo pero no van mucho más allá. Una analogía con las matemáticas servirá para explicar este punto: si en unas oposiciones a profesor al diez por ciento tiene problemas con las cuatro operaciones elementales (sumar, restar, multiplicar y dividir) esto quiere decir que la mayor parte carecen del conocimiento necesario para enseñar las matemáticas de verdad, que van mucho más allá de las cuatro operaciones aunque se esté enseñando a alumnos de Secundaria.

Es lo que han conseguido en pocos decenios los majaderos de la anti-educación: los promotores de las varias LOGSE;  los imbéciles del aprobado para todos; los cretinos de la abolición del bolígrafo rojo en las correcciones porque daña la autoestima de los niños; los necios que pretenden convertir las aulas en ludotecas y quieren que los alumnos vayan para jugar y no para aprender; los mentecatos de la corrección política, del evitar los “traumas” a toda costa, de la inclusión y la socialización y la dinamización y la imbecilización masiva.

En pocas palabras, una alianza impía de los estúpidos que no saben lo que hacen y los malditos que sí saben lo que hacen. Ahora las generaciones por ellos formadas se asoman al mercado laboral. Y ellos serán el referente cultural de la próxima generación, pues como faltarán profesores, se acabará aceptando también a los que no saben leer ni escribir.

Para esto ha servido la complicación absurda a la que hemos llegado, la proliferación de títulos, los requisitos de habilitación, las legiones de pedagogos y psicólogos pontificando estupideces. Una de dos: o no querían llegar a este resultado o sí querían. Es decir, o no saben lo que hacen o sí lo saben: o estúpidos incompetentes o malditos enemigos de la cultura y la inteligencia.

A los majaderos de la anti-educación, a sus referentes políticos, a los ideólogos y maestros de marionetas en la sombra, les importa poco o nada esta degradación del nivel de la educación. Les da igual que los alumnos sepan o no hacer la O con un canuto. Después de todo a la sociedad le basta un número bastante pequeño de técnicos para mantener funcionando las cosas. En esta época de ordenadores e inteligencia artificial, la cantidad de personas con dos dedos de frente realmente necesaria para que esto siga funcionando (quiero decir para que no se caiga todo a pedazos, para que sigamos teniendo energía eléctrica y comida en los supermercados y estupideces en la televisión para embrutecernos y cobertura de móvil) es sorprendentemente pequeña. Los demás da un poco igual lo que hagan y por eso podremos permitirnos, durante algún tiempo, el lujo de una infantilización masiva y una devastación del sistema educativo. A más largo plazo, naturalmente, la cosa ya no es tan sencilla: el futuro pertenecerá a quienes hayan mantenido el principio de la meritocracia, a quienes hayan sabido, en alguna medida, resistir a esta ola inmensa de estupidez y corrección política que nos sumerge. Pero ello está, como decimos, en el futuro y no les importa, a la alianza de estúpidos y malditos.

No les importan ni la cultura ni el conocimiento ni la inteligencia. En cambio, lo que sí les importa de verdad es el repugnante adoctrinamiento ideológico que están imponiendo en las escuelas, sin  preguntarle a nadie y menos aún a los padres. Propaganda de las lobbies LGTB, de la nefasta igualdad de género, de esa apología de la confusión sexual llamada ideología de género, denigración de la masculinidad y la feminidad, sexualización de la infancia a edades cada vez más tempranas, lavado de cerebro por parte de la mafia feminista y en especial contra los varones, a quienes se les quiere meter en la cabeza un complejo de culpabilidad por haber nacido con pene.

Todo este inmenso montón de EXCREMENTO es lo que les están enseñando a nuestros hijos; todo ello sí que les interesa enormemente inculcarlo a nuestros hijos, metérselo en la cabeza cueste lo que cueste. Es igual que no sepan leer ni escribir, que no sepan matemáticas o historia o filosofía. Pero esa copa de heces que han preparado para ellos, llena hasta el borde con degeneración y decadencia, la tendrán que apurar hasta el fondo.

MAX ROMANO

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