sábado, 22 de septiembre de 2018

EL MALTRATO A LOS NIÑOS, LA INMUNDA LEGISLACIÓN FEMINISTA Y EL ODIO CONTRA EL PADRE





Es de estos días la triste noticia del fallecimiento de un niño de dos años en Alicante, víctima del maltrato de la nueva pareja de la madre. O quizá de ambos, que no sería la primera vez. De cualquier manera, cualquiera que sea la mano que ha matado a ese niño y lo que decidirá la justicia, esa madre es moralmente asesina cuanto el bárbaro que había metido en su cama. En efecto, si la madre no ha protegido al niño como era su deber, máxime si el maltrato era habitual como parece, ella es también responsable y cómplice, aunque sea por inacción.

¿Y el padre? ¿Por qué no ha protegido él a su hijo?

Porque no podía. Separado de la mujer, desde hacía meses no podía ver a su hijo porque ella cambió de ciudad sin avisarle, llevándose al niño y poniéndole una denuncia por violencia de género. Con ello el contacto con el niño quedó interrumpido y el padre no pudo advertir que su hijo estaba siendo maltratado, hasta que fue demasiado tarde.

Una de esas denuncias que sabemos falsas en la gran mayoría de los casos, fomentadas por la repugnante e injusta Ley de Violencia de Género, la Gran Basura Legislativa española; una de esas denuncias que a menudo son utilizadas por madres-hiena y abogadas-culebra como armas para alejar al padre de sus hijos y dañarlo todo lo posible; una de esas denuncias de las que vive la mafia feminista del maltrato, ese odioso cáncer de la sociedad que ha convertido la ley y la justicia en un campo minado y un territorio hostil para el hombre.

Por lo tanto, además del asesino directo y la asesina por inacción, tenemos la responsabilidad de todo este sistema judicial, legislativo, mediático e ideológico que odia al varón y al padre, permeado en cada una de sus fibras por la lacra feminista que, más allá de este caso particular, ha convertido en in infierno judicial y psicológico la vida de los padres separados o divorciados. Feminismo asesino pues es responsable de esa persecución legislativa y judicial, causa directa de la extraordinaria incidencia de suicidios entre los hombres en esa situación.

No se pueden sacar conclusiones de un solo caso obviamente. Pero no es un solo caso el drama de los suicidios masculinos. No es un caso aislado el hecho de que la violencia contra los menores sea ejercida mayoritariamente por mujeres, ni que cuando falta la tutela del padre las probabilidades de que los hijos sean maltratados aumentan; a menudo por el nuevo compañero de la madre, pero también y no pocas veces por la misma madre.

Estas afirmaciones parecerán chocantes y contrarias a la percepción de la mayor parte de la gente, acostumbrada a recibir una imagen exactamente opuesta por parte de los grandes medios de comunicación. Pero es que tales medios son cómplices de la propaganda antipaterna, auténticos falsificadores de la realidad; en infinita mala fe utilizan los casos de padres asesinos como materia prima para cocinar su veneno de las mentes; aprovechando estos crímenes atroces, injustificables, de padres indignos o desequilibrados, producen esas basurpiezas periodísticas que todos hemos leído (aparecen con estudiada regularidad) cuya función es meternos en la cabeza la idea de que el padre es un peligro para sus hijos.

Cuando la madre es la asesina, en cambio, además de que el suceso recibe una atención muchísimo menor, se encuentra siempre una manera de justificarla o exculparla. Que si era maltratada, que si sufría depresión y blablablá. Y por supuesto nada de manifestaciones contra la “violencia materna” ni “tarjeta roja a la madre asesina” ni "cuando matas a un niño dejas de ser una mujer", ni lacitos de colores ni payasos de la política lamiendo los ovarios a las feministas, como sucede cuando el padre es el criminal.

Esta es la idea de justicia y de “igualdad” vigente en el matriarcado histérico de Occidente.

Artículo publicado en El Correo de Madrid
 
Max Romano

miércoles, 19 de septiembre de 2018

¡AL LOBO, AL LOBO! LOS EUROPEOS EMPIEZAN A HARTARSE DE SUS CLASES DIRIGENTES TRAIDORAS Y VENDEPATRIAS





La alarma cunde en la gran prensa, aquella que los anglosajones llaman mainstream: es decir  los medios del pensamiento único, los órganos de propaganda e instrumentos de control social en manos de esos estafadores que pretenden llamar opinión pública a su opinión publicada, que no son sino las consignas de quienes pagan el sueldo a los que escriben.


Toda esta gente ha lanzado la alarma: la “ultraderecha” y la “xenofobia” y el “populismo” avanzan en Europa. Artículos histéricos y titulares risibles a menudo llenos de humor involuntario; parece que les hayan dado cuerda a todos a la vez, a los opinadores oficiales cuya única obsesión es quitar legitimidad a esa voluntad de rebelión que empiezan a mostrar millones de europeos, a pesar de la vergonzosa manipulación de los medios y la campaña masiva de lavado de cerebro; una voluntad de rebeldía y resistencia contra el destino envenenado que les han preparado sus clases dirigentes traidoras.


Y es que en un sentido casi literal efectivamente les han dado cuerda a periodistas y políticos. Como se hace con esas tradicionales cajitas de música que tocan la melodía que llevan impresa dentro, siempre la misma. Luego el muelle se gasta y a veces incluso se rompe, pero siempre hay disponible otra cajita de música como reemplazo.


El problema es que la música de las cajitas es agradable y hermosa, pero el tema que tocan los políticos vendepatrias, en cambio, tiene el hálito de la muerte: es la marcha fúnebre compuesta con las notas del odio contra Europa y los pueblos europeos.


Ya lo dijo Mark Twain en el siglo XIX: “Si votar sirviera para algo, no nos dejarían hacerlo”. ¿Vale esta máxima también hoy en día? Queremos creer que no y todavía lo creemos, a pesar de todo. En Hungría un magnífico gobierno tradicionalista y patriota resiste a las imposiciones y lucha por el futuro de su país; en Suecia que por cierto es el país más lobotomizado de Europa, el partido Demócratas de Suecia ha obtenido un resultado impensable hace pocos años. En Alemania el partido Alternativa por Alemania avanza. En Italia también han empezado a reaccionar.


En toda Europa empiezan a surgir brotes de rebelión.


Es hora de que vayan tomando nota los señores juntaletras de la prensa vendida a la corrección política, que también podemos llamar las señoras prostitutas del sistema, pagadas para satisfacer a quienes tienen costumbre de leer y no sólo de fornicar. Para millones de europeos ya no cuelan las mentiras que sus proxenetas con corbata y forrados de millones les ordenan escribir. Las palabras-policía ya empiezan a perder su fuerza: cada vez más se dan cuenta o empiezan a sospechar que las expresiones “extrema derecha”, “populismo”, “xenofobia” no significan nada; que son simplemente una manera de criminalizar y deslegitimar la más que legítima, incondicional, innegociable e irrenunciable voluntad de los europeos de seguir siendo europeos, de no perder su identidad, de no convertirse una minoría en su propia tierra.


Quizá me equivoque pero soy pesimista. Pienso que Mark Twain sigue teniendo razón hoy en día y que votar sirve, quizás, pero sólo hasta cierto punto.


Lo que quiero decir que, si las cosas han de cambiar, probablemente no sea de manera pacífica y ordenada. Pero no porque los partidos identitarios sean “extremistas” o violentos. En absoluto. Será porque, cuando de verdad se conviertan en una amenaza capaz de cambiar realmente las cosas, las propias oligarquías que nos gobiernan recurrirán a formas de represión y control cada vez más tiránicas; incluido también si es necesario el asesinato político y la ruptura de las mismas reglas democráticas. Ahora bien, si llega ese momento evidentemente todos los medios de lucha y resistencia serán legítimos, porque nadie está obligado a respetar las reglas si el otro no lo hace.

Max Romano

viernes, 3 de agosto de 2018

LOS DELITOS DE ODIO Y LA CHUSMA AL PODER

Queridos lectores:


En ocasión de las vacaciones de verano yo también me tomo un descanso en este blog y también en el correo de madrid donde continuaré escribiendo después de la pausa estiva. Aprovecho para recomendar una vez más los artículos de mi amigo Luys Coleto, más activo que yo en esto de escribir, y para despedirme hasta el otoño con dos artículos que son reposiciones de escritos precedentes. A partir de septiembre volveré con los habituales artículos y con la publicación de nuevos libros, el primero de los cuales lleva por título Crónicas de un Occidente Enfermo y es la continuación natural de los Azotes. Daré noticia de ello y de eventuales presentaciones.

Sin más que añadir, deseo un buen verano a todos. Saludos del Oso.





DELITOS DE ODIO Y PERVERSIÓN DEL DERECHO
[reposición]

Quizá muchos no sepan que existen en nuestro país los llamados Protocolos de Actuación Policial ante delitos de Odio. Fueron aprobados con el aplauso de los habituales, infames tolerantes y antirracistas que, como es habitual, babosean y gimen de gusto cada vez que se recortan un poco más las libertades, cada vez que el Derecho y la Justicia se pervierten un poco más para convertirse en herramientas de persecución ideológica.

Se introducen siniestros instrumentos, cuestionarios o fichas donde se valoran indicios para decidir si el delito se ha de considerar como un delito de odio. Lo que naturalmente tiene consecuencias en el momento del proceso, en la imposición de la pena y en la misma valoración de la culpabilidad.

Se valoran con este procedimiento indicios de xenofobia, homofobia  u odio, teniendo en cuenta la manera de vestir y los símbolos que porta el agresor, el lugar y la fecha del delito. Es decir si, pongamos, la agresión se realiza en el Día del Orgullo Homosexual o delante de un antro de este u otro colectivo de la "diversidad"; o si el implicado está afiliado a grupos considerados "extremistas". También es objeto de atención diferencial, por así decir, la identidad de la víctima y su pertenencia a un grupo minoritario; es decir su pertenencia a una de las Minorías Oprimidas, que tienen el certificado D.O.C. de víctimas oficiales y, por tanto, un tratamiento privilegiado por parte de la justicia, que no está nunca vendada como debería sino siempre con potentes anteojeras, las de la corrección política.

Por poner un ejemplo práctico: si el Día del Orgullo uno se pelea con uno de ellos delante de un tugurio con la bandera arcoiris, si además se tiene la mala suerte de llevar el pelo rapado, una pulsera con la bandera de España y algún tatuaje, y estar afiliado o ser simpatizante de algún grupo o partido patriótico, ya puede uno ir preparándose para una larga temporada en la cárcel. Independientemente de todo lo demás y aunque en condiciones normales hubiera sido el otro el culpable.

Este es el significado de la aberrante y persecutoria justicia políticamente correcta que se impone poco a poco en Occidente. Tribunales ideológicos y órganos de represión contra individuos o grupos que se nieguen a comulgar con la ideología profundamente putrefacta, degenerada y destructiva que nos quieren imponer los poderes reales que dominan en esta sociedad. Para eso han introducido con diversos nombres las indeciblemente odiosas Fiscalías del Odio; para eso están los delitos de odio y las organizaciones de tolerantes de profesión: para llevar a cabo por medios judiciales la eterna guerra de la degeneración contra la salud, la verdad y la justicia.

Observemos que esto es una evidentísima degeneración y perversión del Derecho. Porque éste debería ser objetivo y basado en criterios objetivos, perseguir y condenar por lo que uno hace, no por lo que uno es. La tendencia actual, en cambio, es perseguir las opiniones y los sentimientos, no las acciones. Se está valorando si lo que hago es más o menos delictivo, no por la acción en sí, sino por lo que yo soy y según mis opiniones, o sentimientos, le gusten o no a quien administra la (in)justicia.

Esta escandalosa corrupción y descomposición del Derecho y la Justicia es lo que cabe esperar de una casta de indigentes mentales, quienes pisotean los mismos principios que de boquilla dicen defender, principios que gente muy superior a ellos estableció con gran esfuerzo. Es la marca de la Tiranía en nombre de la Libertad.


LA CHUSMA AL PODER
[reposición] 

Cuanto más alto trepa el mono, más enseña el culo

Proverbio


Es muy apropiado comenzar esta pequeña reflexión con el proverbio del mono, no muy conocido en España, pues retrata perfectamente el paisaje político actual, y en particular la condición de la nueva clase dirigente izquierdosa.

Muy bajo se ha caído de una y otra parte. Pero es la variante de izquierdas la que nos interesa aquí, las nuevas generaciones que ya empiezan a mostrar muy claramente su nivel, hasta el punto de que podemos hablar de La chusma al poder. 

Chusma, es decir: “conjunto de gente soez, muchedumbre de gente vulgar” según el diccionario. No será necesario mencionar a nadie en concreto, porque la vulgaridad impertinente e invasiva de esta gente lo hace innecesario. Gente que reivindica la zafiedad, todo lo soez, lo bajo y lo chabacano, que se enorgullece de acciones más propias de animales que de personas. Gente ignorante a niveles abismales, que tiene en la cabeza sólo cuatro eslóganes trasnochados y una mentalidad de niños malcriados; incapaces de hacer la O con un canuto, pero siempre en primera fila para quejarse y exigir. Gente narcisista y vanidosa convencida de que airear sus flatulencias físicas y mentales es un acto de afirmación con un significado político.

Esta es la generación producto de cuarenta años de democracia, triples víctimas de un sistema educativo arruinado por la ideología, de unos padres modernos, y también víctimas de sí mismos porque existe la libertad humana. Pero esto es lo que tiene la decadencia. Que las nuevas generaciones no dan para más, que los mejores no se dedican a la política, que cada vez hay menos “mejores” porque todos tenemos que ser iguales.

La chusma no debe estar en el poder, debe estar en los bajos fondos.

¿Elitismo? Ciertamente como en cualquier sociedad decente. Pero no un elitismo que sea el del dinero o el de la posición social, sobre todo hoy en día. Cansados estamos de ver burros y patanes llenos de dinero y en elevada posición, así como por otra parte hay almas disciplinadas, rectas y cualificadas de modesto origen que merecen llegar a lo más alto.

Por lo demás la gente más humilde, en el campo como en la ciudad, puede que no fuera demasiado refinada pero tenía un sentido del pudor y de la compostura, una forma interior y una rectitud que los pone muy por encima de esta masa de hijos de papá, rebeldes de pastel degenerados y malcriados, cuya aspiración y libertad consisten en degradarse y hozar en el fango.

Una desgraciada deformación mental de estos tiempos democráticos es que los dirigentes deben ser como todo el mundo, que el hombre común se debe identificar con ellos. Pero ahora, en una regresión ulterior, los dirigentes parece que han de ser peor que todo el mundo.

Frente a este espectáculo bochornoso, hay que afirmar con fuerza algo que debería ser evidente: la sociedad debe estar gobernada por los mejores. Los mejores en el carácter, en la capacidad de dirigir, en la devoción y la entrega al bien de su comunidad y su patria.

Y los mejores pueden nacer perfectamente en una clase social humilde. Asegurar que estos últimos tengan su oportunidad se llama meritocracia, se llama justicia.

En cambio asegurar que el mundo sea de los peores se llama igualdad.


MAX ROMANO