sábado, 29 de septiembre de 2012

EL LICOR HIJOPUTA, EL VINO DEL CAUDILLO Y LOS CAGANERS (Parte I): De cómo España pasó del vino al licor


El lector quizá no vea inmediatamente la relación entre los elementos del título, pero si tiene un poco de paciencia verá como sacamos a la luz el hilo delgado que une a los tres y los funde en una unidad de significado. Eso sí, deberá llegar al final del articulo que por su extension he dividido en dos partes.



Hace un par de semanas volvía a Madrid por la A-2 tras un día de excursión con mi familia y paré en la pintoresca área de servicio “Área 103” donde tras tomar unos refrescos compré una botellita de licor de la marca Hijoputa y una de vino de la marca  Franco, con la imagen del Caudillo, el Águila de San Juan y la bandera sin el águila por detrás. Dejé las latas de perdices Acojonantes y otras lindezas que había allí para la próxima ocasión. Por cierto, que nadie haga asociaciones indebidas con las dos botellas pues no es mi intención, es sólo que las compré a la vez.

 


Examinando la botella de vino observaba en ella impresa la famosa frase “no se os puede dejar solos” y tuve ocasión de reflexionar un poco, en la larga espera mientras mi mujer e hijas volvían del baño, sobre la España actual. La conclusión que se me imponía considerando fríamente las cosas es que es que quizá, después de todo, Franco tenía su parte de razón con la frasecita de marras.




No es que el anterior régimen corresponda a mi ideal de Estado ni que yo sea un incondicional del Caudillo, pero la simple honestidad obliga a reconocer la realidad. No me considero franquista, simplemente no tengo una mala opinión de Franco. En cualquier caso, es historia y como tal deberia ser considerada. Es decir no para tomar partido en problemas del pasado y fosilizarse en ellos sino para, en primer lugar, comprender correctamente, y en segundo lugar usar esta comprensión como inspiracion, para dar una profundidad temporal y un sentido histórico a nuestra toma de posición frente a las cuestiones actuales.

Por otra parte, tuviese Franco razón o no con la sentencia, no es que él o nadie pudiese hacer mucho: cada generación nueva debe resolver los problemas que históricamente se le presentan, ningún Caudillo o sistema vive para siempre y nadie puede hipotecar a las generaciones futuras, que necesariamente y siempre son dejadas solas. Aunque precisamente esto, hipotecar el futuro y privar de libertad a las generaciones futuras, congelar la historia y cristalizarla en un eterno presente en el cual todo está resuelto y no se puede cambiar nada, es lo que quiere en el fondo la ideología actual del final de la historia, de la cual  el mismo sistema democrático, o más bien la farsa que actualmente tiene este nombre, es un aspecto más.

Comparando el legado de los dos períodos podemos notar cómo en cualquier caso las clases dirigentes no estuvieron ociosas ni antes ni después. Durante el franquismo estuvieron ocupadas en desarrollar una base industrial, construir pantanos, carreteras, mejorar el sistema educativo básico y también la educación superior para crear una clase de técnicos que sostuviese el crecimiento del país.

Sin duda educación ideológica también, pero a pesar de ella el antifranquismo siguió bien vivo; lavado de cerebro o no, quien al final había de ser antifranquista lo fue de todos modos y los padres, también los contrarios al régimen, pudieron educar a sus hijos en sus ideas. Por cierto que las familias tenían bastante más libertad para hacer esto que en la época actual, en la que el Estado se mete por todas partes y dentro de nuestra casa, se busca ocupar totalmente el tiempo de los niños para reducir la influencia de la familia y proliferan los expertos educativos, cuya misión real es imponer una normalizacion ideológica disfrazada de objetividad y ciencia.

Notemos también, por cierto, que si los antifranquistas de la transición sabían hilvanar dos conceptos, poner de acuerdo el sujeto con el predicado y utlizar un vocabulario mínimamente decoroso y adecuado, ello era debido al sistema educativo de la dictadura que tanto odiaban. Apenas los papás progresistas empezaron a aplicar sus ideas a la educación la destrozaron y la hundieron por completo, hasta el punto de que sus hijos hoy en día carecen ya de aquellas habilidades, que sus padres antiautoritarios tenían gracias a la educación autoritaria recibida, represiva pero que enseñaba.

Además de destrozar la educación la clase dirigente democrática se dedicó a destrozar muchas otras cosas, como las Fuerzas Armadas, a dejar que en España se fueran perdiendo industrias, que enteros sectores de actividad decayeran. Naturalmente hubo desarrollo económico, pero gracias a la iniciativa privada y a las bases que fueron puestas durante el período anterior, no ciertamente a la labor de sus dirigentes.

Pero sería injusto decir que la clase política democrática no tiene en su haber ninguna realización, pues no se ha limitado a la desidia y la ociosidad. Como los dirigentes anteriores trabajaron para dotar a nuestro país de industrias, educación e infraestructuras, los que vinieron después trabajaron con ahínco en su obra monumental: el sistema clientelar de partidos, sindicatos, burocracias inútiles y dañinas, la multiplicación de funcionarios, políticos y privilegios. En una palabra el crecimiento y cuidado de una casta de vividores, chupópteros y sinvergüenzas de dimensiones fenomenales, multiplicada al infinito con el sistema de las autonomías.

Reconozcamos que no es fácil construir esto. No es tarea de un día, requiere una inteligencia, un ingenio y un trabajo constante, una buena capacidad dialéctica y habilidades de ilusionista para disimular y disfrazar la realidad, de tener engañado al personal para que no perciba bien de qué va la cosa. Un derroche de talento y de energía que si hubiera sido empleado de otra manera podría haber hecho de España una potencia europea. Esta es la obra de la clase política democrática, su legado a las futuras generaciones de españoles.

Ahora estamos empezando a darnos cuenta de que no tenemos base industrial ni base educativa, de que ya no hacemos barcos, de que en muchos campos tenemos bien poco que pueda sustentar una riqueza nacional, aparte el turismo y la agricultura. En cambio nos sobran inútiles, especialistas en gilipolleces, enjambres de figuras con nombres improbables que nadie sabe para qué sirven en realidad, mientras que trabajando en el campo quedan sólo ancianos e inmigrantes.

Una gran parte de la poblacion en nuestro país ha llegado a ser como la antigua plebs frumentaria del Imperio Romano en su decadencia, fauna que vegeta, arma bronca y tiene sólo derechos sin deberes, mantenida con el grano del resto del imperio. Sólo que en realidad nunca hubo mucho grano y ahora se acabó. España ni tiene imperio ni rebosa de petróleo u otros recursos naturales; lentamente vamos a volver a ser un país de pandereta y turismo, por la desidia de una clase política que no ha defendido la patria ni ha trabajado para el futuro.

Uno podría pensar que es muy estúpido por parte de los políticos aserrar la rama del árbol sobre la que están sentados, sobre todo cuando los mismos políticos engordan como cochinos y gravan la rama con un peso cada vez mayor. Pero es que no se puede esperar otra cosa de quienes se ocupan exclusivamente de sí mismos y su particular interés, de quienes desprecian y se burlan de conceptos anticuados como sentido del honor y patriotismo, de quienes mendigan votos hablando sólo de derechos y nunca de deberes para después regularmente engañar a quienes les han votado

Y sin embargo para entender este engaño en particular habría bastado leer bien la fábula de Pinocho. Sabemos o deberíamos saber que quien nos promete el País de los Juguetes, en el que se juega siempre y no existen obligaciones, donde se puede vivir del cuento eternamente, alberga en realidad la secreta intención de transformar a los niños en burros y luego en esclavos. Que es una decripción casi literal de la realidad. Ahora se acabó el juego, a los españoles les han crecido ya unas monumentales orejas de burro y rápidamente nos están convirtiendo en esclavos.

Esclavos a nivel personal, si pensamos en tantas familias en las que están obligados a trabajar los dos y a menudo precariamente –el que tiene un trabajo- pero no se consigue comprar una casa decente en un tiempo decente, mientras que nuestros padres podían comprar casas más grandes, mejor construidas, en menos tiempo y con el sueldo de uno solo. Muchos piensan, es cierto, que hoy en día somos más ricos porque cambiamos de móvil cada año, tenemos juguetes electrónicos y ropa de marca y cocina de autor, pero aquí naturalmente viene a cuento lo de las orejas de burro.

Esclavos a nivel nacional, de los mercados y de los especuladores que dictan su ley a gobiernos que carecen de soberanía. Precisamente hoy he leído en el periódico que el pago de la deuda se come la cuarta parte de los presupuestos del Estado para el año que viene. Es una auténtica enormidad que hace totalmente evidente la esclavitud de la deuda, la trampa de la que no saldremos jamás, a menos de dar un portazo y romper radicalmente con el sistema actual.

Pero quizá esté sobrevalorando la inteligencia de la clase política. La analogía que de verdad captura la situación es la del tejido canceroso que piensa sólo en crecer sin importarle mímimanente que con su crecimiento termine por matar al organismo del cual vive. El tejido canceroso no tiene inteligencia ni comprensión ni capacidad de previsión o de proyectar el futuro, es simplemente un aglomerado de células anormales, cada una de las cuales se preocupa sólo de crecer y alimentarse a expensas de las demás, por cualquier medio y pasando por encima de cualquier otra consideración.

Ya lo comentado hasta ahora sería suficiente para que a nuestra casta se le cayera la cara de vergüenza pero es que aún nos queda lo mejor, que es su responsabilidad en el auge del separatismo y el peligro de disgregación de España en un futuro próximo. Este será el tema de la segunda parte.

2 comentarios:

A.J dijo...

Yo no soy franquista, pero cuando hablo de Franco y comparo muchas cosas con la casta política actual me vuelvo lo que yo llamo "Franquista por reflexión"


Al menos en esa época eramos un país y había un proyecto de hacía donde se iba, y lo que se consiguió a nivel económico y social en algunos aspectos realmente importantes (a pesar de los boicots mundialistas) fue mucho e importante , de ello ya no queda casi nada.

Que disfruten de SU "democracia", su paro y su corrupción democraticamente elegida, yo ni la pude votar ni elegir.

Anónimo dijo...

Ýo tampoco me considero franquista pero reconozco que en dicho régimen España tuvo un crecimiento económico muy importante y una serie de avances sociales también importantes cuyo resultado fue transformar un país pobre y hambriento en una nación con cierto futuro, donde la soberanía como nación era mucho mayor de lo que es hoy, que ya no queda prácticamente nada.
Todo eso hoy prácticamente ha desaparecido, actualmente tenemos una falsa democracia dictatorial,corrupta hasta la médula que ha arruinado este país por todas partes, sobre todo a los trabajadores.