sábado, 31 de marzo de 2012

LA OLA - DIE WELLE







“La Ola” –Die Welle- es una película alemana reciente, que está inspirada en un experimento psicológico –“La Tercera Ola”- realizado en una escuela americana en 1967. Éste consistía en crear una especie de liga de estudiantes dentro de la escuela, sin ningún rasgo político o ideológico y tampoco un objetivo concreto, simplemente una asociación dentro de la cual los chicos se sintieran una parte integrante y con la cual se podían identificarse. El objetivo era estudiar los efectos que tenía formar parte del grupo en el comportamiento y las actitudes de los estudiantes, efectos que no dependían de ideologías u opiniones concretas sino solamente de la pertenencia a la asociación. Específicamente en la película el profesor trata de mostrar lo fácil que es manipular a las masas de esta manera y por tanto que el peligro de una dictadura está siempre presente. Esta es la intención de fondo y el mensaje que se quiere transmitir.

Un recomendable artículo sobre esta película se puede encontrar en el blog "Una, Grande y Libre" enlazado en mi lista de blogs. Allí se trata más extensamente de la película en sí y las conclusiones están bastante en línea con las que expongo aquí:

La Ola

El profesor comienza proponiendo el experimento, que ya de entrada no es del agrado de los estudiantes más individualistas que –se nos da a entender- son los más libres e inteligentes porque rechazan de plano la idea de formar parte de algo y especialmente de adaptar algunos de sus comportamientos a esto. En efecto no todos colaboran y los primeros abandonan, indignados, cuando se empieza a imponer una mínima disciplina y código de conducta en el grupo.

Por ejemplo se introducen cambios como levantarse ordenadamente y saludar cuando entra el profesor, así como dirigirse a él de manera formal y situar a los estudiantes en la clase según sus méritos, delante los mejores y atrás los peores. Esto ya se ve como un principio de “fascismo” y es inaceptable para los estudiantes más “conscientes”. Entre paréntesis, que cosas tan simples sean vistas como "fascismo" es significativo y ya lo dice todo sobre la degeneración de la escuela actual.




El experimento prosigue y en pocos días este grupo creado de la nada, artificial y sin objetivos o programas fuera de su misma existencia, se da una especie de uniforme elemental, un emblema y unas reglas, consigue generar un sentimiento de pertenencia y orgullo en sus miembros y se empieza a crear de manera natural una separación entre los que están dentro y los “otros”. Esto en la intención moralista de la película –que a eso va- es el embrión del “racismo” y naturalmente debe ser condenado.

Pero los estudiantes son en realidad entusiastas, nadie les obliga a permanecer en el grupo y viven intensamente la experiencia, no como un simple taller de verano o ejercicio escolástico. Excepto naturalmente los perroflautas teutónicos –permítaseme esta licencia- que son la versión local de una especie transnacional. Los pertenecientes a La Ola –que es el nombre del grupo- mejoran extraordinariamente el rendimiento en clase, la concentración y sobre todo el sentimiento del propio valor. Podríamos decir también la autoestima si esta palabra no me cayera tan gorda y no estuviera tan devaluada actualmente.

De hecho la pertenencia al grupo tiene efectos tan benéficos que quizás el director empezó a preguntarse a mitad de la película si no estaba demostrando lo contrario de lo que quería. De modo que tenía que arreglarlo y aquí tenemos que las cosas empiezan a torcerse. Aparecen por tanto comportamientos agresivos de los miembros de “La Ola” y racismo hacia los otros, incluyendo una pelea con unos piojosos provocadores. Peor sobre todo tenemos al estudiante desequilibrado mentalmente, que encuentra en el movimiento un sentido para su vida y un clavo donde agarrarse, se dedica morbosamente al proyecto y se lo toma tan en serio que llega a ser un problema para el mismo profesor.

En pocos días la situación va degenerando hasta preocupar al docente que ha ideado el experimento, el cual al final convoca una reunión especial de todo el grupo. El profesor comienza con una arenga que toma gradualmente tintes xenófobos, racistas, antisemitas y lo que el lector quiera añadir. Naturalmente todo ello es una representación, pues el objetivo del profesor es revelar el sentido del experimento, disolver la asociación y explicar a sus estudiantes lo fácil que es dejarse manipular y llegar a cometer actos deplorables, llevados por la presión el grupo y el sentido de pertenencia a éste.

El estudiante psicópata sin embargo no acepta esto, y delante de todos le pega un tiro a otro chico para después suicidarse. El profesor termina detenido por la policía. Este final tan forzado denota claramente la intención ideológica y el propósito moralista de toda la película. Se trataba de mostrar cómo la identificación con un grupo lleva a actitudes “fascistas” y que es perfectamente viable, partiendo de un grupo de personas normales, generar por parte de una personalidad fuerte lo que podemos calificar como el embrión de un movimiento totalitario.

Por supuesto en el experimento original nada de esto sucedió ni los estudiantes comenzaron a asumir comportamientos violentos. Esta es simplemente la manipulación de la película para que el espectador saque la conclusión “correcta”. Sí es verdad que mejoraron su rendimiento drásticamente –en el espacio de pocos días- y estaban extraordinariamente motivados. La cosa más violenta que hicieron fue chivarse cuando algunos miembros no respetaban las reglas establecidas. Después de cinco días se terminó el experimento y cada mochuelo a su olivo, sin estudiantes psicópatas ni pistolas. El profesor estaba eso sí preocupado porque le parecía que la cosa estaba escapando a su control. O quizá no le gustaban las implicaciones de lo que estaba observando.

En efecto es claro el sentido del experimento y sobre todo de la película también, con una moralina bien masticada y lista para el consumo. No se esconde el propósito ideológico de exaltar el individualismo a ultranza propio de nuestra sociedad, identificado con la libertad, y por tanto el corolario lógico de condena hacia cualquier sentimiento de pertenencia radicados, hacia todo grupo que proporcione un sentido de identidad a sus miembros. El único antídoto contra el totalitarismo sería por tanto el rechazo de cualquier amago identitario y una sociedad de individuos sin proyectos ni acciones colectivas –políticas en sentido estricto- centrados en sí mismos o como mucho en su inmediato círculo de afectos.

Sin embargo opino que le ha salido bien sólo a mitad la denuncia y lo que este experimento demuestra es casi lo contrario de la moraleja que se supone debemos extraer. En efecto a pesar de las buenas intenciones es difícil ocultar la realidad y no es casualidad que el tema haya recibido poca publicidad. Esta es una narración de uno de los participantes, fuertemente crítica y negativa pues es el característico tipo humano que rehúye toda forma interior y disciplina, producto humano que tan bien el sistema actual ha conseguido clonar en las nuevas generaciones:


El verdadero motivo de la terminación del experimento y la poca publicidad que tiene es justamente que la pertenencia a una comunidad y un grupo es beneficiosa para las personas. Esto en la película es concedido a regañadientes y en el experimento original quedó claro, como también quedó clara una predisposición natural hacia la disciplina y la aceptación de la autoridad si ésta es respetada, hasta el punto de cambiar comportamientos en poco tiempo. Esto naturalmente es la negación misma de una cierta ideología hoy dominante, contraria a cualquier forma de autoridad no sólo exterior sino también interior, contraria a cualquier forma interna y dominio del individuo sobre sí mismo.

Una mentalidad que no puede aceptar una sencilla verdad: las personas se desenvuelven y despliegan mejor su potencial, sienten que valen más y que tienen un lugar firme si son parte de algo más grande que ellas mismas. Tan radicado está este impulso a buscar una integración, que existía y operaba en brevísimo tiempo incluso en el grupo fabricado para el experimento, totalmente artificial y sin el mínimo ningún bagaje de ideas o intereses comunes.

La moralina corriente insiste en que dentro del grupo las personas son sólo números sin personalidad y están anulados. Pero la realidad es exactamente opuesta. Fuera de cualquier grupo, en la sociedad del hedonismo individualista a ultranza, ahí es donde las personas son números, hojas arrastradas por el viento según una bella imagen clásica. Dentro del grupo son camaradas, hojas radicadas en un tronco con un destino común.

Una multitud de individuos aislados sin más horizonte que ellos mismos no es libre de ninguna manera, es simplemente una masa en manos de poderes que no muestran su rostro y que operan de forma oblicua, subterránea. Y para manejar esta masa adecuadamente se necesita efectivamente que las personas sean números intercambiables, definidos por unos pocos parámetros cuantitativos y sin una verdadera identidad.

Y que las personas se sientan números en esta sociedad que exalta el individuo lo podemos ver en las innumerables, pueriles maneras en que buscamos una personalidad propia en signos exteriores, adoptando un estilo de consumo, una apariencia externa personalizados, siguiendo y exaltando hasta el último y el menor de nuestros caprichos porque expresan nuestra personalidad. Todo ello, naturalmente, no es más que un desesperado tentativo de comunicar a los demás y a nosotros mismos que efectivamente tenemos una personalidad.

Lo que el experimento demuestra en realidad es la tendencia, la aspiración inextirpable del ser humano a buscar el propio lugar en una comunidad. Hasta el punto de que para que el espectador no saque esta conclusión incorrecta, tuvieron que sacarse de la manga al estudiante psicópata asesino.

Por supuesto que el grupo tiene sus peligros, por supuesto que existen personalidades desequilibradas. Por supuesto que la potencia y la fuerza que genera un grupo de personas que actúan conjuntamente puede ser bien o mal utilizada. Pero es lo que tiene la libertad. En este caso la libertad política, cuyo sentido auténtico es la acción colectiva de un grupo ligado por fuertes sentimientos comunitarios.

La condena de los sentimientos de pertenencia, identitarios, equivale por tanto a la condena de la libertad política. En efecto el único tipo de asociación aceptable para la ideología en que vivimos es del tipo contractual, es decir un grupo de personas que están juntas por interés y que en realidad van cada uno a lo suyo. Tal el carácter de los partidos políticos actuales y en general de lo que se llama vida política, que apenas merece este nombre.

Pero la posibilidad de una auténtica acción política siempre existe porque, como experimentos de este tipo sugieren, no se puede eliminar la aspiración del ser humano a formar parte de un grupo y buscar en él su lugar en la vida. Aunque en verdad no es necesario ningún experimento para llegar a esta conclusión porque toda la historia y la cultura humana nos la confirman.

Sólo los dogmas del individualismo igualitario niegan esta aspiración, y la tergiversación de este experimento psicológico es simplemente la narración de cómo la ideología actual no acepta la realidad cuando no cuadra con sus premisas.

En verdad debe ocultar esta realidad, puesto que este aspecto de la naturaleza humana es  una amenaza siempre presente. Se debe vigilar constantemente para evitar que este deseo humano básico, natural, cristalice y tome la forma de una acción concreta. Por eso se debe mantener a las personas aisladas y convencidas de que la máxima aspiración en la vida consiste en ocuparse cada uno de lo suyo, de que el propio horizonte mental debe comenzar y terminar en el individuo.

Las implicaciones del experimento de La Tercera Ola son una amenaza siempre presente porque están en la naturaleza humana. Pero lo que para unos, desde su punto de vista, es amenaza, para otros es promesa y posibilidad de futuro.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

"Libertad" = divide et impera.

Ese es mi resumen, debemos de ser libres y solitarios aunque no lo queramos.
Como la ciudad "libre" de Danzig o Austria, o como los veintitantos paises hispanoamericanos, "libres" de ser debiles y divididos artificialmente para ser mejores victimas, cual animales separados de la manada, o divisiones militares aisladas del resto.
La libertad del batallon aislado de sus camaradas, y listo para ser fagocitado.
El NeoLenguaje en su maxima expresion, libertad es romper lazos con los tuyos y abrir las piernas a todo lo foraneo, desconocido y extranjero.
"Libre' de estar alejado de tu familia y rodeado de desconocidos.
El tipo de "libertad" que daria un psicopata a un amante manteniendole por la fuerza alejado de su amada, esa "libertad".

Gracias por el articulo oso, disculpa las tildes.

Soldado Vikingo dijo...

Sobre esta película traté yo en mi bitácora. Y la verdad es que coincido contigo: ofrece un mensaje "políticamente incorrecto" en ciertos aspectos para conducirlo a lo de siempre, al hacer creer a la gente que la están manipulando si ve bien eso. Una descarada y completa inversión acerca de qué es lo bueno y qué es lo malo.

C S Peinado dijo...

Me gustó la película aunque coincido que el final fue muy forzado y que el mejor ejemplo de lo que se puede hacer en unión y desunión lo tenemos en España, tanto antes cómo después del franquismo. Antes, la unión y el orgullo de ser español, después, la controntación interna y la vergüenza que nuestros politicastros nos han inculcado a través de un sistema educativo en el que se obvía la grandeza de España y de su historia.

Deberían hacerse más producciones de tal calado. Quizás alguien aprendiera algo y lo pudiera aplicar de manera lógica a nuestrtas circunstancias.

Un saludazo.

Anónimo dijo...

Lamentablemente no he visto la película, a pesar de ser un cinéfilo empedernido. Por lo que comentas, el trasfondo de "La Ola", es realmente demoledor. Intentar destruir taimadamente los valores de solidaridad, disciplina, idealismo hacia un fin noble, obediencia hacia una autoridad capaz y honesta que exige compromiso y sacrificio.

Valores que son presentados como el producto de "la peor tirania colectivista", que pretende anular las "mejores cualidades del individuo", en aras de un gregarismo destructivo.

En pocas palabras: la demolición del hombre con valores morales, noble y disciplinado.

Saludos. LEG

Frel dijo...

Esta película ya tiene unos años, coincido con que la película por un lado tiene un mensaje políticamente incorrecto cuando apela a la unión, disciplina, solidaridad en el colectivo creado, sus críticas en lo social hacia la globalización, al aumento de la pobreza, etc...Pero al final todo se desbarata con autodescalificaciones absurdas por parte del profesor, asociando lo que hacen a formas políticas en concreto con un sentimiento de culpabilidad muy grande, en sí es una defensa del sistema.

Oso Solitario dijo...

Creo que, independientemente de la intención de la película, nos podemos quedar con el resultado del experimento original.

La conclusión en mi opinión es que la aspiración humana de formar parte de un grupo es algo totalmente natural. Innatural es una sociedad que pretende erradicar todo sentimiento de pertenencia e identidad.

León Riente dijo...

Innatural es una sociedad que pretende erradicar todo sentimiento de pertenencia e identidad

Bien dicho. Y esta pretensión adopta dos formas:

- la liberal o neoliberal, que fomenta y fuerza un individualismo extremo en el que "nadie conoce a nadie" y todo nexo consiste en un mecanismo de efectos perversos llamado mercado.

- la marxista (y derivados) que combate toda identidad auténtica para sustituirla por falsas identidades de tipo globalizante (humanidad, "raza humana" (SIC), etc.)

Ambas formas son nefastas.

A.J dijo...

La unión hace la fuerza.


Divide y vencerás.


Estas dos frases tan populares son muy claras , la casta dominante mundialista y sus correveidiles políticos lo saben muy bien, por eso no paran de fomentar de una u otra forma la segregación en grupos de la población autóctona.


Leí la sinopsis de esta película hace tiempo y fue suficiente para no verla, ya sabía que se trataba de otra película propaganda del liberal-marxismo .

Anónimo dijo...

menuda panda de tarados fascistas que sois!!!!jajjaja miraros el sindrome de edipo oso!!!

Oso Solitario dijo...

¿Síndrome de Edipo?
¿Pero tú sabes de lo que hablas?

Anónimo dijo...

Hace una semana vimos la peli en clase de "filosofía"

Anónimo dijo...

En España surgió una afición por un estilo de música de baile llamado bumping. Un sonido infernal que iba asociado a un consumo desmesurado de drogas en la juventud. Todo ello muy dañino, pero a pesar de esto, salió de ello una connotación positiva. Empezó a aparecer un estilo de vestimenta propio(una horterada, si), una forma común de ver la vida (decadente, si) y lo mas importante: un sentido de pertenencia a un grupo, algo que hacía que gentes de distintos lugares tuviesen eso en común. Algo que hacía estar a la gente alegre(alegre en el buen sentido, motivados para hacer cosas), algo que les hacía fuertes, algo con lo que identificarse. ¿Es por estos motivos por los que el zapadesgobierno se apresuró en suprimirlo y cambiarlo rápidamente por lo que se conoce como el mierdareguetron? ¿Es casualidad que este estilo (por llamarlo de algún modo) musical esté ahora en auge en Rusia, el único país que se resiste a la entrada del sionismo masónico?