viernes, 6 de junio de 2014

AZOTES DE NUESTRO TIEMPO: CALIDAD DE VIDA

Esta entrada del blog fue la primera versión para el capítulo correspondiente del libro "Azotes de Nuestro Tiempo" publicado en 2017. Se dejan algunos párrafos como muestra. 



La calidad de vida es sin duda uno de los fetiches de nuestro tiempo. Por otro lado, no es que quede mucho donde elegir una vez deconstruidos los grandes ideales, vaciados de contenido y de profundidad los valores, las aspiraciones y motivaciones fuertes, cargadas de intensidad y de significado. Cuando patria, religión, familia, estirpe e identidad no significan ya nada. Cuando todo es un producto de consumo y se reprime sistemáticamente desde la infancia cualquier aspiración superior, cuando nos han explicado que sólo existe lo material y que somos animales económicos que maximizan su utilidad.

En pocas palabras, cuando los ideales y los dioses están muertos en las mentes y los corazones, la asamblea de asnos que se declara a sí misma cima de la evolución humana proclama su aspiración y su nuevo dios. Aspiración en verdad raquítica, diosecillo en verdad miserable, pero es lo único que queda: la calidad de vida.

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Que la felicidad humana esté en la posesión de bienes materiales, en la duración de la vida y en otros criterios cuantitativos es un gran rebuzno, que ninguno de los grandes pensadores o maestros en la historia de la humanidad – y tampoco medianos que yo sepa - ha soltado nunca. Pero sin entrar a fondo en este terreno espinoso y opinable, como mínimo es evidente la arbitrariedad de esta manera de medir la felicidad humana y su inconsistencia, incluso desde criterios puramente cuantitativos y definibles rigurosamente.

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Es lo que tiene la sociedad del bienestar, que cuanto más bienestar hay más gente se quita la vida. Parece que para muchas personas el precio que han de pagar por la calidad de vida es la vida misma. Esto se ve claramente considerando las cosas en perspectiva histórica: las tasas de suicidio aumentan siempre con el desarrollo económico y la introducción del modelo de sociedad moderna actualmente dominante; una tendencia verificada desde el fin de la Edad Media y en la actualidad demostrada - una vez más - con el incremento espectacular de los suicidios en China, paralelamente a un crecimiento económico que evidentemente conlleva tensiones individuales y sociales crecientes.

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Seguramente lectores con más edad que yo recuerdan como la vida era más serena, menos amargada, más centrada y con menos preocupaciones estúpidas, hasta que llegó la calidad de vida.

La incidencia de la depresión es más del 25% en países como Estados Unidos, Alemania, Noruega – países que están en el top 5 del índice de desarrollo humano – y también es notable en países como Francia o España que están en  la parte superior de ese ranking. UN discurso análogo vale para la incidencia de trastornos psicológicos en general, el consumo de drogas y psicofármacos. En todos estos evidentísimos indicadores de malestar los países con más calidad de vida ocupan las primeras posiciones.

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Evidentemente donde hay más calidad de vida, más gente hay que no soporta esa vida feliz y llena de calidad.

Parece claro que el hombre necesita sentir que su existencia tiene significado, necesita algo más o algo distinto de lo que propone la sociedad del bienestar y el modelo de vida occidental. Necesita algo más que estos ideales pequeños y estas aspiraciones mediocres, encarnados en la calidad de vida. Ideales que expresan un individualismo total en una sociedad desarticulada, donde el objetivo es maximizar una pequeña felicidad.

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Naturalmente el afán de definir y perseguir científicamente, racionalmente la felicidad, es exactamente la fuente de la infelicidad, es lo que impide que se alcance esta felicidad, lo que hace que el precio de mejorar las estadísticas de calidad de la vida sea la pérdida de sentido de esa vida, el malestar extraordinario que sólo un autoengaño continuo llama bienestar.

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En resumen y quitándonos una piedra más del estómago, concluiremos que la calidad de vida es la filosofía de quien no tiene nada más importante que hacer en la vida que pasar por ella.

9 comentarios:

Parsifal dijo...

"¿Qué clase de sociedad era aquélla que produjo en su seno gente de este tipo?", se peguntaba uno con admiración al estudiar la época del Siglo de Oro español. Época de carencia material, de hambruna, de vivir al día, de esperanza de vida limitada entorno a los 50 años. La época de Hernan Cortés, Cervantes, Lope de Vega, Teresa de Jesús...

Anónimo dijo...

Reliquias de los actuales dioses:

http://www.bernabeudigital.com/futbol/se-subasta-la-red-de-la-decima-9641

Max Romano dijo...

Parsifal
La sociedad de hoy en efecto es incapaz de producir grandeza con sus mitos y sus diosecillos mediocres.

Anónimo
En efecto, hablando de diosecillos y reliquias, un ejemplo bien puesto.

Parsifal dijo...

El último creador de mitos, hasta la presente, fue Tolkien con su obra de El Señor de los Anillos. Un hombre del siglo XX que tuvo que volver la mirada a los clásicos para plasmar las virtudes y los valores imperecederos del corazón humano; aquéllos que construyeron la Civilizacón y sacian la sed del alma.
Basta comparar a Aragorn con Cristiano Ronaldo -o con Rhiana y cia- para darnos cuenta de la devastación del mundo "moderno".

antonio momia dijo...

Todo esto provocado por la globalizacion que se ha impuesto en todos lados del planeta, yo lo observo en todos sitios incluso entre algunos amigos que solo quieren vivir felices, no meterse en algo importante mas alla de ir al gimnasio, y tener cada vez mas objetos materiales sin querer comprometerse en algo mas grande que una botellona sin aspiraciones superiores con otros compatriotas para construir algo comun superior y mejor. Muy buena la referencia a Nietzsche aunque el hombre gilipollas medio de hoy dia ni se acerca, creo yo, si quiera al "ultimo hombre" Un saludo.

Jaime dijo...

Realmente es casi imposible dar con una persona con la que mantener una conversación medianamente inteligente. Hay un rechazo voluntario al conocimiento; la búsqueda de la sabiduría, parece que debería ser una característica del ser humano; pero la sabiduría trae el conocimiento de la realidad: en el mundo predominan la malicia, la envidia, la ignorancia. Y esta gran verdad, es difícil de soportar sin una esperanza en otra Vida donde predominen la Verdad y la Justicia. El hombre moderno, sin Dios, prefiere no saber nada, no quiere líos.

dienikes dijo...

Llevas razon Jaime, hay personas que huyen con pavor del conocimiento verdadero, le tienen miedo a la verdad. Si pretendes hablar de algo medianamente elevado, te miran como si fueras un extraterrestre. Estan adiestrados en el infantilismo, propio y necesario de la sociedad de consumo. Que un niño sea infantil, es lo normal, y se le debe educar para ser adulto. Lo malo es que actualmente se educa para permanecer en la infancia, y ser "libre", pero solamente libre para consumir y satisfacer placeres mediocres y banales. Al sistema le interesa un adulto anclado en la infancia.

Winston dijo...

algún día dejare de hablarte fruto de un ataque de envidia insana por párrafos como este,

En pocas palabras, cuando los ideales y los dioses están muertos en las mentes y los corazones, la asamblea de asnos que se declara a sí misma cima de la evolución humana proclama su aspiración y su nuevo dios. Aspiración en verdad raquítica, diosecillo en verdad miserable, pero es lo único que queda: la calidad de vida.

brillante como siempre!!

Aryan dijo...

Creo que aquí se juntan varios temas: por un lado, es cierto que el consumismo NEOcapitalista (pues el capitalismo clásico se basaba en el ahorro, que es diametralmente opuesto a la irresponsabilidad actual) miente diabólicamente cuando promete la felicidad a través de la satisfacción de lo instintivo y el olvido de lo espiritual. Pero eso no quiere decir que la solución sea una vuelta a la miseria, sino más bien un retorno al Espíritu. Nosotros vivimos en el mismo sistema, recibimos los mismos estímulos, y poseemos las mismas comodidades que el hombre-masa, entonces aquello que nos diferencia no puede ser un factor material sino espiritual. Es el apego, no la posesión lo que es un pecado. Es cierto que las masas se muestran cada vez más degeneradas, pero habría que preguntarse si es por culpa de “la sociedad” como dicen los rojos, o más bien porque el oclos siempre ha tenido dentro de sí la semilla de la degeneración, que ahora florece más que antes porque ha encontrado un terreno que le beneficia. Esto implicaría que solo se muestra degenerado quién ya ES degenerado por naturaleza, y que si antes no se mostraban así era porque el terreno no les favorecía, y entonces no es que fueran virtuosos sino que fingían virtud por miedo, ergo eran hipócritas. Eso puede ser útil para el orden social, pero ante la Luz de la Verdad es una abominación: si hay algo que la actualidad tiene de bueno es que al eliminar todos los estigmas contra el vicio ha destapado a toda la ralea que antes estaba impecablemente barrida bajo la alfombra: quienes hoy resisten el ostracismo y la persecución por la Virtud son la verdadera élites, los verdaderos elegidos de Dios, quienes llevan en sus almas la potestad de resistir el influjo demoníaco. Cuidado con el tema de los suicidios y los tercermundistas: recordemos que en el Tercer Mundo hay una mortalidad infantil que aquí no se ve desde antes del XIX. También recordemos que aunque un cerdo sea feliz revolcándose en el cieno, y un perro haciéndolo en su vómito, eso no los hace preferibles. Por último, la drogadicción masiva en Occidente no es sino la última panacea propuesta por la mafia psiquiátrica después del fracaso médico de las anteriores (los manicomios, las lobotomías y los electrochoques): el DSM se ha inflado tanto que el 90% de los niños podrían ser “diagnosticados” con alguna quimera misteriosamente inexistente hasta la última edición de turno.

Saludos cordiales