domingo, 25 de septiembre de 2011

AZOTES DE NUESTRO TIEMPO: AUTOESTIMA


Sigamos con la serie de los Azotes.

La autoestima es una de las palabras claves que están de moda hoy en día. No creo excesivo afirmar que el culto a la autoestima y su continua búsqueda merece plenamente ser considerado uno de los azotes de nuestro tiempo.

En principio la autoestima significa una genérica opinión positiva de la propia persona y seguridad en sí mismo. No es que en sí haya nada de equivocado en ello pero la manera en que viene planteado el asunto es bastante nefasta. En el mejor de los casos lo que proponen los gurús de la autoestima es un cóctel de banalidades y de moralismo buenista, mezclado y agitado con algunos principios correctos. Una receta de felicidad a buen precio para espíritus perezosos. Todo ello expresado para darse importancia con un lenguaje pedante, a veces complicado y ridículo, a veces de una vaguedad muy New Age, una y otra cosa muy propias del pensamiento débil tan de moda hoy en día.

En el peor de los casos se trata de algo peor: de ideas que tienden a disgregar y debilitar la personalidad y el carácter. En la práctica el culto a la autoestima tiene a menudo este preciso resultado, el contrario del que en teoría persigue.

En efecto no dejaremos de notar cómo a medida que hay más interés y esfuezo para aumentar la autoestima y se publican más y más libros sobre el tema, la depresión aumenta en nuestras sociedades y se consumen más psicofármacos de todo tipo. El consumo regular de psicofármacos para buscar la felicidad –o evitar la infelicidad-  por medios químicos, indica muy claramente que no se soporta la sociedad en que se vive y que uno tampoco se soporta a sí mismo.

Por mucho que uno cultive su autoestima, o más bien a causa de ello. Porque parece que para muchas personas cultivar la autoestima singinifica intentar convencerse de que uno tiene seguridad y un buena consideración de sí mismo, haciéndose pajas mentales de todo tipo. Esto evidentemente no puede producir más que el efecto contrario. Es un poco como falsificar las notas de un examen: las del examen de la vida. Uno puede engañar a los demás pero su fuero interno sabe que esto no vale. En en el fondo se sabe que esto no es más que hacer trampa. Es como si hubiera una especie de cortocircuito interior que transforma cualquier intento de aumentar la autoestima en lo contrario.

La seguridad en sí mismo, el sentido del propio valor, no son derechos, algo que todos nos merecemos por nacimiento. Esta pretensión es frívola y risible. Porque son cosas que uno se conquista por sí mismo. Pensar que uno tiene un fantasmal derecho a la autoestima o a la felicidad es una receta infalible para la infelicidad y la frustración.

Si vamos a la etimología de la palabra tenemos Auto (por sí mismo) + Aestima (evaluar, valorar, tasar) lo que ya nos hace ver la caída de nivel semántico. Un tiempo esta palabra tenía el significado de una evaluación de sí mismo, de los propios puntos de fuerza y debilidades, una valoración en un sentido objetivo, de lo que uno puede dar de sí de cara al mundo y de las propias posibilidades.

Nada que ver con el sentido descafeinado y buenista que ha asumido la palabra, pues hoy en día, parece que cultivar la autoestima es liberarse del pesado y a menudo penoso deber de la autocrítica, de exigirse algo a sí mismo, de evaluarse con lucidez.

Asociada a toda esta manera de pensar, subyacente a ella, hay un empalagoso moralismo sentimental e igualitario, que se alimenta de las mismas fuentes que la pedagogía moderna y cuyo principio supremo más o menos implícito es proteger a toda costa el ego de las personas. Evitando las críticas negativas y los choques con la realidad, fomentando que las personas vivan en un mundo irreal profundamente enfermizo, en una burbuja de cristal en la cual se intenta abolir todo lo que no queremos escuchar. En particular cualquier cosa que sugiera que no somos todo lo buenos que nos creemos. Con el resultado de dejarnos bloqueados y estancados, congelados en la burbuja de cristal e impedirnos progresar. Hay varios fenómenos y tendencias en los cuales esta concepción se lleva a extremos aberrantes.

Uno de ellos es la grotesca idea, que ya ha sido llevada a la práctica en varias partes del mundo, de evitar las correcciones con color rojo en la escuela porque dañan la autoestima de los niños. Podemos imaginar al profesor políticamente correcto: no dirá al niño que se ha equivocado, que debe estudiar, esforzarse y hacer las cosas bien de una puta vez. Le dirá –quizás y de manera muy soft- que a lo mejor era posible hacer mejor las cosas, pero que en definitiva lo importante es participar. Con lo cual, por supuesto, lo que hace es garantizar al niño un futuro de burro y de analfabeto. Eso sí, crecerá en la beata felicidad de ignorar que es un asno, por lo tanto sin tener la oportunidad de mejorarse y aprender pero conservando intacta su autoestima. Hasta que la realidad le propine el golpe definitivo que hundirá definitivamente su autoestima: ser incapaz de realizar sus aspiraciones, porque la educación ingenua y sentimental de las maestrinas y los maestrinos le ha convertido en un débil y un inútil.

Este ejemplo de extrema imbecilidad condensa todo el fracaso de la pedagogía moderna, de la nefasta manera de ver las cosas que hay tras la “filosofía” de la autoestima.

No es que carezca completamente de valor todo lo escrito sobre el tema, naturalmente. Junto a bobadas y apología de la debilidad caracterial también encontramos consideraciones muy válidas. Por ejemplo, que la seguridad en sí mismo no hay que buscarla en las cosas exteriores sino dentro de sí, que la actitud correcta es asumir integralmente la responsabilidad de lo que nos sucede en la vida, sin delegar o culpar al mundo exterior. Pero todo esto desde luego no ha sido descubierto por los apóstoles de la autoestima.

Algunos de estos principios los conocía mi abuela –no porque sea la mía sino porque era abuela- y otras las comprendieron hombres lúcidos hace ya muchos siglos en diferentes culturas y partes del mundo. Valgan como ejemplo, tomado de una tradición que nos es cercana como europeos, las Meditaciones de Marco Aurelio, que valen más que cualquier libro de autoayuda que podamos encontrar hoy en las librerías. Por supuesto, tanto mi abuela como Marco Aurelio –salvando las distancias- utilizaban un lenguaje bastante más claro, preciso y útil que la intolerable verborrea y la melaza de los psicólogos de la autoestima. Además las mejores enseñanzas de realización personal –si se pueden llamar así- que nos ha legado el pasado, presuponen rigor, esfuerzo personal y claridad interior, todo lo cual es anatema para el pensamiento débil de la actualidad.

Volviendo La seguridad en sí mismo, el respeto de sí mismo, no son mínimamente derechos y no está escrito en ninguna parte que deban representar el estado natural de la vida humana, algo que los demás injustamente nos arrebatan. Son logros personales, resultados de nuestras experiencias, tanto positivas como negativas, de nuestros éxitos y fracasos, que son los que realmente nos dan la medida de nosotros mismos, de lo que somos. Algo que jamás conseguirá ninguna técnica de autosugestión.

En ocasiones hay quien intenta caracterizar las personas con alta autoestima con criterios presuntamente objetivos. Típicamente nos encontramos con mucho moralismo y generalidades que más bien recuerdan a los horóscopos de los periódicos. Con sólo un poco de sarcasmo podemos calificar estos puntos, extraídos de un libro entre tantos iguales, como una especie de decálogo del buen ciudadano con alta autoestima:

  1. Cree en sus valores y está dispuesto a defenderlos pero también a cambiar de opinión si es necesario
  2. Usa su propio criterio y no se siente culpable si los demás no lo aprueban
  3. No se preocupa demasiado del pasado o del futuro. Aprende del pasado y hace planes para el futuro pero vive en el presente
  4. Confía en sí mismo para resolver sus problemas, pero es capaz de pedir ayuda.
  5. Se considera igual a los demás en dignidad, pero acepta diferencias individuales
  6. Cree que él mismo es valioso para los demás o por lo menos para quien está cercano
  7. Resiste a las manipulaciones y colabora si parece apropiado y conveniente
  8. Le gustan actividades muy variadas
  9. Sensible hacia los demás y respeta las reglas sociales aceptadas. No desea prosperar a expensas de los demás.
[José Vicente Bonet: Sé amigo de ti mismo: Manual de autoestima]

Encaja bien la descripción ¿verdad? A mí, al lector, al fulano del cuarto piso y al mengano del bar de la esquina. Es como un traje que le cae bien a todo el mundo. Aunque algunos puntos son curiosos, por ejemplo el octavo. En efecto, no se comprende por qué alguien con una pasión muy fuerte por algo, que absorbe casi toda su vida, no deba encajar con una autoestima alta. Y el noveno punto expresa un moralismo que confunde la realidad con la ética: nada impide que un hijo de la gran puta pueda estar muy seguro de sí mismo y tenga muy alta autoestima. Al contrario es bien real la figura típica de triunfador sin escrúpulos ni complejos.

Volviendo al aspecto de la hiperprotección del ego, esta farsa de pretender ser más seguro de sí mismos evitando golpes y experiencias desagradables, conduce derecho al narcisismo y a la infantilización. La seguridad que proporciona es puramente ilusoria y destinada a caer como un castillo de naipes ante el primer envite. La conciencia de que nos estamos mintiendo a nosotros mismos antes o después se va a salir fuera: expulsada por la puerta va a asomar por la ventana. A este punto no puede extrañar, como comenté al principio, que a medida que se insiste más y más en la autoestima y uno se esfuerza por lograrla, hay más y más gente deprimida, trastornada e infeliz.

El ideal de calma espiritual, válido como es en sí mismo, degenera a menudo en esta moda al nivel de un mediocre moralismo, en la pasividad del conformismo y especialmente en la negación de los aspectos trágicos y conflictivos de la vida. En general el enfoque de los defensores de la autoestima (“el estado de quien no está en guerra consigo mismo ni con los demás”) muestra una deriva hacia la filosofía del “animal feliz”, en la cual las nociones de equilibrio y paz interior han perdido la profundidad espiritual que tenían en la sabiduría tradicional, la cual contiene siempre un elemento de tensión y una aspiración a la elevación interior.

En definitiva, la razón profunda, fundamental, del fracaso de la filosofía de la autoestima, es el no respeto a uno de los principios que se aconseja seguir. El principio en sí perfectamente correcto de que no se debe buscar la autoestima fuera, en las cosas exteriores, sino dentro de sí. Porque los seguidores del culto a la autoestima la buscan en libros de autoayuda, en psicólogos, en seminarios. Esperan que se les proporcione una receta para aumentar su autoestima. Y además esperan que funcione de verdad, lo que tiene delito. Toda esta manera de ver las cosas significa significa delegar en otros algo que se puede realizar sólo personalmente.

Para finalizar, no dejaremos de notar que todo el tinglado que hay montado alrededor de la autoestima, como vive de esto, naturalmente fomenta esta actitud. Y si no funciona o funciona sólo a medias tanto mejor. Al fin y al cabo lo importante es fidelizar  al cliente. Una característica que el tinglado de la autoestima comparte con otros tinglados afines que se reparten el mercado: el de la asistencia psicológica y el (multimillonario) de la medicina moderna.

sábado, 17 de septiembre de 2011

PROTAGONISMO FEMENINO


Mañana colgaré una nueva entrada en el blog de textos como espero hacer cada fin de semana. Hoy comentaré aquí un aspecto de la propaganda feminista que hasta ahora había tocado poco o nada.

Hace unos días los rebeldes de Libia entraron en Trípoli, con lo cual prácticamente se resuelve la pequeña guerra civil provocada por la OTAN para derrocar a Gadafi. En medio de los artículos que en los medios se ocupaban de estos sucesos, sin venir a cuento encontrábamos alguno resaltando la presencia de periodistas mujeres entre los corresponsales de guerra. Se trataba de sólo tres mujeres al frente de sus respectivos equipos, pero la cosa se presentaba como si la cobertura de la guerra en Libia fuera mérito de ellas. El “notición” ha seguido circulando unos días y apareciendo ocasionalmente.

Ignoro cuántos periodistas hombres habrá por esos lugares, pero sospecho que bastantes más que tres. Muchos de ellos o la mayoría asumiendo bastante más riesgo que sus hiperprotegidas colegas féminas, como es evidente considerando que en el mundo la mayor parte de los periodistas caídos mientras hacían su trabajo son hombres. Pero la noticia por lo visto es que tres mujeres que querían jugar a estar en medio de una batalla –una de ellas madre de dos hijos según nos iluminan y adoctrinan- habían entrado en Trípoli con el ejército de desharrapados.

Como hace unos meses fue noticia de primera página, si el lector lo recuerda, que durante las protestas en Egipto una periodista americana se había metido en medio de una multitud de egipcios cabreados y sufrió una agresión, de la que fue rescatada casi enseguida, y por suerte para ella no tuvo más consecuencias que ser manoseada por los egipcios cabreados y el susto. Es digno de nota que en una revuelta con cientos de muertos y un país en el caos total, durante un par de días esta chorrada fuera noticia de primera página. Pero es que se trataba de una mujer, esto es perteneciente a la clase de ciudadanos privilegiados y centro de la sociedad occidental.

Otro ejemplo es la alpinista que ha sido hace poco la primera mujer en coronar todas las cimas de más de ocho mil metros. Ello se considera noticia porque existen muchos más alpinistas hombres que mujeres. Esta diferencia es totalmente normal, aunque por otra parte hayan existido mujeres alpinistas casi desde que nació esta disciplina. Un cierto aspecto propio del alpinismo, como reto y voluntad de desafiar el peligro, como medida de sí mismo, es marcadamente masculino. En este terreno como en otros muchos, el interés de la mujer no parece surgir de un impulso genuino y profundo, sino simplemente del deseo de entrar en terreno masculino y hacer lo mismo que los hombres.

Todos estos casos, a los cuales el lector sabrá añadir una infinidad de otros similares, no son episodios aislados: donde haya una mujer que hace algo, para los medios la noticia es ella, el que esté allí. Hay una auténtica obsesión, una fijación en resaltar el papel de las mujeres y presentar las cosas más insignificantes como grandes logros. Con la intención evidente de demostrar que las mujeres son tan buenas o mejores como los hombres en cualquier cosa que se propongan, y sobre todo –esta es la enfermiza obsesión de la propaganda- que no existen cosas de hombres y cosas de mujeres, que somos iguales y que pensar de otra manera significa caer en estereotipos sexistas. Como por ejemplo pensar que una madre de dos hijos no pinta nada en un campo de batalla.

Que una tal mujer piense que está liberada y realizada porque en vez de cuidar a sus hijos está en medio de una guerra, da una medida de la degradación en que ha caído la mujer moderna y de su profunda, insondable estulticia. Lo mismo cabe comentar por ejemplo de aquella eurodiputada, que pocos días después de dar a luz a su hijo acudía a las sesiones del parlamento europeo y amamantaba allí a la criatura para demostrar que se podía ser madre y trabajr al mismo tiempo. Vaya una liberación…estará seguramente orgullosa de ser un ejemplo para la mujer contemporánea, y de hecho hoy en día millones de cretinas creen que están liberadas porque se someten a sí mismas y a sus hijos a este tipo de vida.

Los dioses de la Grecia clásica se retorcerían de risa en el Olimpo viendo esto. La risa cruel de quien goza con la visión de los desgraciados que no sólo se revuelcan en la miseria que ellos mismos han elegido, sino que aman su degradación y están orgullosos de ello.

Volviendo a la tontería solemne de que no existen cosas de hombres y cosas de mujeres, esta distorsión de la realidad y este lavado de cerebro es posible sólo gracias a la falsificación operada por los medios de comunicación, en su mundo virtual fabricado y denso de mentiras. La realidad no es lo que las películas, Internet, los noticiarios o los programas televisivos representan. Todo ello no es nada más que una construcción que -hay que admitirlo- se puede desgraciadamente convertir hasta cierto punto en realidad, si se logra deformar el cerebro de la gente para que tome esta falsificación como modelo de vida.

Más sobre este tema específico: estamos hartos de ver en cada película que sale mujeres guerreras, que pelean en igualdad de condiciones con los hombres en cualquier situación. Esto es evidentemente una representación falsa con un claro intento de adoctrinamiento. Basta ver la uniformidad de esta representación y del mensaje, que es siempre el mismo, para comprender que forma parte de una campaña coordinada, que son instrucciones que vienen "de arriba". Habría que ver en el mundo real, en situaciones de combate cuerpo a cuerpo, la cantidad de mujeres que  en realidad intervienen, a pesar de que estén en todos los ejércitos y en los desfiles se las ponga siempre en lugar destacado, para que se vea que hay mujeres.

En varias situaciones históricas han combatido féminas, pero ciertamente no por gusto como lo hacen los hombres, y el que algunas hayan destacado evidentemente no quita que sea cosa de hombres. Por diferencias físicas y sobre todo psíquicas, que sólo un necio o alguien totalmente manipulado puede negar. El interés de la mujer por la guerra es simplemente una perversión de la naturaleza humana y un deseo de niñata caprichosa por entrar a toda costa en un mundo masculino.

En general, esta insistencia continua en inflar los logros de la mujer en cualquier campo, este afán por restregarnos a todos en la cara a hembras que se ocupan de actividades que según los llamados estereotipos son propias de varones, forma parte de una campaña de lavado de cerebro a gran escala que pretende reeducarnos a todos, convencernos de que no existen cosas de hombres y cosas de mujeres. Pero en realidad si nos paramos a pensar un momento, lo que demuestran es exactamente lo contrario.

La misma insistencia machacona y la publicidad obsesiva que se les da a las mujeres en estos casos, pone en evidencia que son episodios aislados o como mucho fenómenos minoritarios, que son noticia exclusivamente porque está ahí en medio una mujer que ha entrado en un dominio masculino. El mismo hecho de que merezca ser comentado indica que siguen siendo cosas de hombres, que la mayor parte del trabajo y el mérito lo tienen los hombres que no salen en las noticias por hacerlas.

La situación es exactamente análoga a cuanto sucede con las cuotas y los privilegios para la mujer. La existencia de estas políticas aberrantes y la obsesión de las feministas en imponerlas son la mejor demostración de la incapacidad femenina para competir con el hombre en cualquier campo donde se introduzcan cuotas, planes de igualdad y discriminación positiva. Positiva para ellas naturalmente, exactamente como una estafa positiva lo es sin duda para el estafador...

Indica también esta manía por invadir espacios masculinos la total falta de personalidad de la mujer moderna. Incapaz de labrarse un camino propio, patéticamente llama liberación a remedar lo que hace el varón, naturalmente de forma contrahecha y lamentable, porque no surge de un interés natural sino de la impostura según la cual está más realizada renunciando a sí misma para ser una mala, ridícula copia de un hombre.

Mentira que necesita repetirse incesantemente, porque si deja de hacerlo sólo por un momento se le abre delante el abismo de nulidad y absurdo en el que se ha metido ella misma.

viernes, 9 de septiembre de 2011

UN NUEVO PROYECTO

Hoy no voy a publicar la regular entrada semanal sino que voy a presentar un pequeño proyecto en el cual he estado trabajando y espero poder mantener como es debido, paralelamente a mi trabajo habitual en este blog. Se trata de una serie de textos escogidos de varios autores, publicados también en forma de blog, que espero sean de interés para el lector. Normalmente daré aviso de las nuevas entradas y de todos modos estarán en el blogroll que he añadido. Este es el nuevo blog:



La mayor parte de estos pensadores son inéditos o casi en España y me limitaré a una selección de breves escritos de cada uno. En algunos casos se trata de artículos independientes publicados en revistas o en Internet, en otros fragmentos escogidos de sus libros. Se trata de textos que me han parecido particularmente significativos por claridad y lucidez. Normalmente no darán una perspectiva completa del pensamiento de sus autores, ni tampoco es tal la intención. Se trata más bien de divulgar y poner a disposición del lector curioso, e insatisfecho profundamente con el conformismo cultural dominante, puntos de vista y reflexiones inusuales o poco conocidos, especialmente en nuestro país. El formato elegido de una selección de fragmentos constituye una invitación y un estímulo al lector para que profundice en los autores que más le hayan interesado.

Los escritos serán bastante heterogéneos en cuanto a ideas y a la temática tratada. No tienen gran afinidad entre sí ni representan una corriente de pensamiento: a menudo sus puntos de vista y concepción del mundo son poco compatibles entre sí y sería ocioso intentar conciliar todas estas ideas. Además de inútil: el objetivo de este proyecto no es presentar mi personal síntesis de ideas o contar en qué medida me siento reconocido en las posiciones de unos y otros, lo cual podría ser también irritante para el tipo de lector lector al que está orientado este proyecto. Mi intención es más bien estimular a estos lectores y sobre todo, como el título indica, poner mi grano de arena en la fatiga ímproba de rasgar el velo de conformismo, corrección política, censura y mediocridad con el cual la sociedad moderna está asesinando la vitalidad y la libertad del pensamiento, en un criminal tentativo de reducir el horizonte de los seres humanos a la medida de su decadencia.

Textos lúcidos y esenciales –o al menos ha sido esta mi intención- cuyo denominador común es negativo: son autores y discursos políticamente incorrectos, que no vamos a ver nunca en las lista de los más vendidos, en televisión o en tertulias respetables. Puntos de vista y pistas de pensamiento que en mayor o menor medida contienen una rebelión contra el tipo de sociedad moderna en que vivimos. No tienen un carácter especialmente político, aunque por lo comentado queda claro que en general se oponen frontalmente a las ideas hoy dominantes, que forman el soporte de la decadencia moderna. Veremos textos más marcadamente ideológicos (Giorgio Locchi, Adriano Romualdi), otros ni lejanamente clasificables dentro de cualquier tendencia (Massimo Fini), algunos que hablan de patriarcado y matriarcado, de símbolos y mitos de la antigüedad (J.J. Bachofen), otros que tratan de psicología y de la figura paterna (Claudio Risé).

La mayor parte son autores italianos, que yo sepa no publicados en España, excepto Julius Evola que sí está publicado, del cual me limitaré a poner algún texto particularmente relevante y certero, y Giorgio Locchi que acaba de ser publicado en nuestro país, del cual pondré algún fragmento del libro Definiciones como invitación a comprarlo, y algún otro de su obra principal, Wagner, Nietzsche y el mito sobrehumanista. He traducido personalmente todos los textos en la esperanza de que alguien gracias a este blog descubra estos autores o profundice en ellos, porque estoy convencido del valor y utilidad de lo que han escrito.

Sin nada más que añadir deseo a todos buena lectura.




domingo, 4 de septiembre de 2011

UN CACHETE A TIEMPO


Hoy voy a ocuparme de castigos corporales. No como castigo de delitos sino como instrumento educativo. Aunque hoy en día es tendenciosamente negado por el sentimentalismo barato imperante, ha sido siempre de sobras conocido que el castigo corporal -moderado- sirve para educar y corregir. Naturalmente no estoy hablando de padres violentos, alcoholizados o criminales que descargan su frustración sobre los hijos, de palizas o lesiones, sino de un bofetón o un cachete en el momento oportuno, que muy a menudo es exactamente lo que el niño necesita para entender que está haciendo algo mal y corregir su conducta.

Hay o debería haber una distinción clara entre el maltrato y el castigo educativo. Que esta distinción no sea siempre neta es otra cuestión, pero el negarla y considerar cualquier castigo físico como maltrato es caer en el más completo fanatismo.

No se trata de una cuestión teórica sino muy actual: este fanatismo ya se ha hecho ley en nuestro país y en muchos otros, siguiendo las imposiciones de los organismos internacionales. Ya el mero hecho de que existan estas leyes represivas y absurdas es un mal en sí, pero es que, además, siempre hay algún mentecato que se las toma al pie de la letra, y es muy real la posibilidad que sean aplicadas realmente y con rigor. Recuerdo que hace no mucho, cuando una ley de este tipo que ilegalizaba totalmente cualquier tipo de castigo corporal se aprobó en España, las lenguas de serpiente decían que después de todo nadie iría a la cárcel por dar un simple cachete a su hijo. Pero, muy al contrario, lo que estos defensores de la ineducación quieren es realmente esto, imponer su buenismo y su anorfa mentalidad. Y no se trata de temores infundados sino de algo que ya está pasando: recientemente un italiano que estaba de vacaciones en Suecia ha sido encarcelado por dar un bofetón a su hijo que tenía una rabieta. Ahora está en espera de juicio:


Esto es el triunfo de la estupidez y la locura. De acuerdo, puede ser un caso muy especial, Suecia es un país que los progres suelen poner como modelo de sociedad civil, lo que naturalmente quiere decir que es uno de los más fanáticos y socialmente degenerados, políticamente correctos y tierra prometida de todas las aberraciones sociales actuales. Además de ser probablemente la peor tiranía feminista de Europa. Pero no se trata de un episodio aislado ni de la sola Suecia sino de la dirección que está tomando la sociedad occidental. La basura que comienza en otros lugares llega aquí después de unos pocos años. Este padre, detenido como si fuera un delincuente, es el símbolo de la tendencia hacia una tiranía sofocante, opresiva, feroz, en la cual pueden detenerte por algo insignificante si no se siguen las reglas rígidas, inflexibles de la corrección política y de la mentalidad dominante. Es importante notar que este hombre no dio una paliza a su hijo ni le rompió un hueso ni nada por el estilo. Un simple bofetón para atajar una rabieta como muchos de nosotros hemos recibido o propinado.

Es típico, no ya de dictaduras o gobiernos autoritarios, sino de las peores tiranías ser apresado por acciones insignificantes. Y también es típico entrometerse de esta manera en los asuntos de la familia, pretender dictar hasta el último detalle cómo los padres deben educar a sus hijos. En los regímenes autoritarios clásicos "de derechas" esto no existía: el Estado ciertamente imponía su visión y sus valores en el sistema educativo, como es natural y se ha hecho siempre en cualquier régimen, pero esencialmente mantenía un cierto respeto por el ámbito familiar, reconocía en la sacralidad o en la institución de la familia un límite, no pretendía entrometerse en todo como una repugnante institutriz-inquisidora, una señorita Rottenmeier estalinista. Porque efectivamente tenemos que ir hasta la época de Stalin para encontrar un Estado que desprecia hasta ese punto la familia y se entromete de manera tan capilar, sofocante, en cada aspecto de la vida, hasta el punto que transformó a los niños en delatores que llegaban a denunciar a sus proprios padres.
 
Esta consideración nos muestra claramente la matriz de esta profunda intolerancia y este afán inquisitorio. La matriz del marxismo cultural y el profundo ramalazo de intolerancia de quien desea normalizar la sociedad y las personas a un pretendido modelo universal y válido para todos. Si a mí no me gusta cómo otro educa a su hijo podré decírselo o no, podré tomar medidas y evitar el contacto con mis hijos, podré intentar que mi punto de vista se adopte en el sistema educativo, podré hacer muchas cosas, pero seguramente no voy a intentar meterle en la cárcel porque no educa a sus hijos como yo quiero.

Quien defiende este tipo de leyes en cambio no se limita a maleducar a sus hijos, lo cual en definitiva me puede dar igual y en cualquier caso acepto porque reconozco y respeto ciertos límites. Es que pretende meterme a mí en la cárcel por no educar a los míos como él quiere. De esta pasta están hechos.

¿Será este el próximo paso de esta gentuza transformar a nuestros hijos en delatores animándolos a denunciar a sus padres para que éstos sean reeducados? Es el paso lógico sucesivo, después de haber transformado a los niños en pequeños tiranos con sus ideas educativas. Excepto, naturalmente, los que han tenido la fortuna de poder recibir un cachete a tiempo.

Esta injerencia obsesiva, agobiante, en el ámbito familiar, este deseo enfermizo de regular y legislar todo, dirigir hasta el último detalle llenándose por otra parte la boca con la palabra libertad, es uno de los aspectos del sistema profundamente opresivo que se está construyendo. En el ámbito educativo es la tiranía del sentimentalismo barato de las maestrinas y madres progresistas, que en vez de dar a los niños lo que necesitan,  que es autoridad y límites claros, sostenidos por castigos y correcciones cuando es necesario, pretenden educar con la manipulación y con su absurda verborrea que no sirve más que para confundirlos.

Pero en definitiva ¿Qué tiene tan malo el castigo físico? Repito que no estoy hablando de maltrato o de un adulto que descarga su agresividad o sus frustraciones, lo cual es siempre condenable y cobarde, sino de una herramienta que debe usarse de manera razonable y con criterio. En mi práctica como padre raramente uso castigos corporales pero alguna vez he soltado bofetones, cachetes y azotes y estoy totalmente convencido de su bondad.

Estos castigos son buenos y efectivos no tanto porque se produzca dolor –necesariamente limitado y temporal, porque si no sería efectivamente maltrato- sino porque es un poner orden y un ejercer autoridad de manera clara, limpia y comprensible de manera inmediata. Naturalmente para cumplir su objetivo y ser eficaz para corregir, es necesario que el castigo no sea arbitrario sino justificado por un motivo bien preciso. Y además quien lo imparte debe tener autoridad y prestigio a los ojos del niño.

Ser castigado arbitrariamente, por una autoridad que se desprecia y se siente como ilegítima es humillante y produce sólo odio y rebelión. Ser castigado por un motivo claro, por alguien a quien se reconoce como autoridad justa y legítima es educativo.

No se trata de negar el valor del diálogo en la educación, sólo de notar que es absurdo pretender educar manipulando la mente de los niños con palabras desde la más tierna edad. Así salen luego, por supuesto, como toda la realidad nos dice, sin que los educadores progresistas sean mínimamente capaces de reconocer sus errores y rectificar.

Naturalmente existen otros castigos no corporales, e imagino que quien a toda costa no quiere dar bofetones o azotes podrá encontrar otras formas. Pero es que quien se horroriza ante cualquier castigo físico y tiene esta fijación mental, que raya en lo patológico, hasta el punto de querer imponerla a los demás, normalmente es contrario de manera visceral a cualquier principio de autoridad y a los castigos en general. Pertenece a la nefasta categoría de los que pretenden educar con el blablabla…y por desgracia esta gente es la que escribe las leyes y domina el sistema educativo.

Los castigos corporales son si se quiere una forma de violencia, aunque muy limitada. El negarse a reconocer que puedan tener valor viene de un afán por eliminar totalmente cualquier forma de violencia física en la sociedad, aun la más leve. Esta necia obsesión no ya por controlar o canalizar la violencia –que es una necesidad en cualquier sociedad- sino por eliminarla totalmente, es uno de los más claros signos de la falta de sensatez de nuestra sociedad y de sus pretendidos expertos…

Expertos que son responsables y cómplices de formas muchísimo más graves de violencia hacia la infancia que no son educativas sino todo lo contrario, destructivas y dañinas para su personalidad y su crecimiento.

Todos las expertas y los expertos que se horrorizan por un simple bofetón no parecen tener nada que decir sobre muchas otras cosas. Al contrario, las suelen aprobar.

¿No es violencia someter los niños a la publicidad infantil, creada y difundida por canallas cuyo objetivo es manipular sus mentes para propósitos comerciales? ¿No es violencia dejarlos delante de la televisión mientras absorben el chorro continuo de basura que entra en su cerebro?

¿No es violencia expulsar al padre de sus vidas porque leyes y sentencias judiciales escritas con la vagina consideran que el padre no es necesario en la vida de los hijos y su única función es ser un cajero automático? 

Lo mismo podríamos decir de negarles su derecho a una identidad sexual con la educación neutra, o hacerles crecer con dos mariconas, dos marimachos o madres solteras y egocéntricas que los han encargado en el laboratorio, en vez de con un padre y una madre. Y podríamos continuar un buen rato.

Todo esto les parece muy bien, pero eso del padre que da un cachete al niño...

¡Qué horror! ¡A la cárcel con él!