domingo, 21 de agosto de 2011

EL NIÑO NEUTRO

A menudo nos encontramos con noticias que representan de manera palpable y aguda el nivel de locura y absurdo que nuestra sociedad está alcanzando. Para quien esté algo despistado o no preste mucha atención a ciertos temas pueden aparecer como casos aislados, fruto de la estupidez o del desequilibrio mental de unos pocos, y que en todo caso soceden muy lejos y no nos tocan.

En cambio son los primeros avisos del mal que avanza, del desierto envenenado que traen consigo una serie de ideas aberrantes que se imponen por doquier, ideas que se presentan al principio de manera casi inofensiva, para no asustar a la gente, pero que cuando se aplican en la realidad de manera lógica y coherente, hasta sus últimas consecuencias, revelan su verdadero y monstruoso rostro.

La noticia siguiente es de este tipo. Se trata de los padres de un niño en Canadá que para evitar los estereotipos sexistas en el crecimiento del infante, pretenden darle una educación totalmente neutra ignorando el sexo. No revelarán si es niño o niña a las personas que tienen contacto con él ni por supuesto al niño. Le darán un nombre neutro, evitarán explicarle el significado de lo que tiene entre las piernas y los familiares no sabrán el sexo para que no lo traten de forma diferente sabiendo este “insignificante” particular. Dicen que así cuando vaya creciendo tendrá libertad de elegir porque no habrá recibido una educación condicionada por los dichosos estererotipos sexistas.

Presumiblemente harán lo posible para que tenga un aspecto externo neutro y ambiguo, para convencerle de que sus órganos sexuales no significan nada en realidad y que puede elegir si es hombre, mujer o cualquier otra cosa. El enlace está en italiano pero con algo de buena voluntad se entiende:


Lo primero que uno piensa es en la empanada mental de estos padres, el cúmulo enorme de confusiones y estupideces que deben tener en la cabeza para cometer semejante violencia con este niño. Porque se trata de pura y simple violencia sobre el niño, es negarle la posibilidad de formarse y de crecer según su identidad sexual en nombre de una estúpida y dañina ideología.

No es un caso aislado. La idea de la educación neutra llevada al extremo se está aplicando en algunos países nórdicos, que la propaganda nos presenta como avanzados y sociedades modelo mientras son ejemplos sangrantes de degeneración social y espiritual, destrucción de la familia y tiranía feminista. Es instructiva la lectura de este reportaje –también en italiano- sobre la fundación en Suecia de una guardería de niños sin sexo en la cual se usa para todos los niños el pronombre neutro hen usado en los ambientes feministas.


Naturalmente el proyecto de estos padres es en buena medida irrealizable. Por mucho que intenten esconderle la realidad, es totalmente imposible que no advierta las diferencias sexuales cuando vaya creciendo. A pesar de las ideas que dominan en la educación y la sociedad, a pesar del fanatismo que pretende ignorar la realidad y hacer crecer a los niños en un mundo falso y demencial, esta realidad se acabará imponiendo a pesar de todo. Es impensable que el niño viva ignorante de estos temas más allá de los primeros dos o tres años, si no por otra cosa porque debe aprender a hablar.

O quizás ni siquiera le enseñen a hablar decentemente y le “eduquen” en un patético lenguaje sin género y políticamente correcto. Pero aún así no pueden hacerle vivir en una burbuja. En fin, que el delirante y criminal propósito de estos padres no es realizable en la práctica y en su sentido literal.

Lo que no quiere decir que no vaya a provocar daños al niño. Lo harán crecer de una manera aséptica y asexuada, negando a ese niño algo básico para su crecimiento. Ciertamente como experimento el resultado puede ser interesante: saber hasta qué punto una educación que quiere eliminar las diferencias naturales puede conseguir su propósito. Pero es criminal e infame por partida doble: en primer lugar miserable es el propósito de anular las diferencias en lugar de potenciarlas y valorizarlas, en segundo lugar lo es hacer un experimento sobre la piel de un infante, utilizarlo para intentar imponer o demostrar unas ideas aberrantes. También por esto es violencia contra el niño.

En el relleno de la empanada mental de los padres vemos con claridad varias ideas, que aplicadas hasta sus últimas consecuencias producen inevitablemente este tipo de locuras.

En primer lugar la ideología de género, a la cual dedicaré una entrada completa algún día como uno de los Azotes. Simplificando, pero manteniendo lo esencial, según estas ideas no se nace hombre ni mujer sino que es algo que se construye o se elige con el tiempo. El sexo físico es una cosa y otra totalmente distinta y en principio independiente son las inclinaciones y preferencias sexuales, y aún otro tema es con qué sexo se siente uno identificado interiormente.

La parte de verdad sobre la que se basa tan aberrante concepción es que el ser humano en gran medida no nace, sino se hace, a diferencia de los animales, y que por tanto no siempre hay una buena correspondencia entre el cuerpo y la mente, pues el proceso de crecimiento y el despertar de los instintos, su integración en la personalidad, está sujeto a mil peripecias y posibilidades de desviación. Aún más cuando el ambiente en que se vive hace todo lo posible para confundir las identidades. La ideología de género es ni más ni menos que una apología de la confusión sexual. En lugar de valorizar la polaridad esntre masculino y femenino y hacer lo posible para reforzar y desarrollar esta base que tenemos por naturaleza, se quiere deliberadamente mezclar, confundir, destruir las diferencias y las identidades. Esta es la criminal ideología que gana cada vez más terreno hoy en día y ya se ha introducido en los programas educativos.

Detrás de ello está también el igualitarismo, raíz profunda de tantas aberraciones de la sociedad moderna. Este odio por las diferencias que, aplicado a las diferencias sexuales, naturalmente desemboca en el deseo de eliminarlas y negarlas, en una pulsión enfermiza de confundir y emborronar, reducir la especie humana a una melaza repugnante en la cual no hay hombres ni mujeres, sino seres intermedios sin identidad y totalmente disarmónicos en los que cuerpo y mente están disociados. 

La última idea equivocada que aquí podemos identificar es la idea de proporcionar una educación neutra, es decir una formación que no imponga al niño ideas preconcebidas sino que le deje una libertad total para elegir. De esta tontería hablaré a su debido tiempo en el artículo dedicado a la pedagogía moderna, pues es uno de los Azotes.

Aquí observaré solamente que en el mejor de los casos lo que el educador llama educar sin ideas preconcebidas es simplemente imponer su propia concepción del mundo, que para él es la única posible y acepta sin discusión. Por eso ni siquiera consigue ver que las suyas son ideas preconcebidas y no expresadas que él considera universales y válidas para todos. ¡Cuánto mejor es la honestidad de quien declara querer educar a sus hijos según sus propios valores!

En el peor de los casos, es decir cuando en serio se intenta realizar una educación neutra, se bloquea su desarrollo porque no se les transmite nada, se les impide que aprendan modelos de comportamiento y de carácter que necesitan para su crecimiento y sólo le pueden ser transmitidos de manera personal, es decir –perogrullescamente- por una persona que tiene ya su identidad y concepción del mundo. La idea peregrina de que el niño debe elegir todo cuando sea mayor es absurda, porque para elegir hay que estar ya formado, ser un sujeto capaz de operar una elección, y es imposible que se forme un carácter con una educación neutra y aséptica. Lo que necesita para formarse el niño lo tomará de otra parte, de la calle, de la televisión…

Por lo demás los experimentos con este tipo de educación han fracasado siempre y cuando estos principios se han aplicado rigurosamente –eliminación total de la autoridad, libertad completa para el niño- se ha observado una regresión psíquica en niños de corta edad. Es decir que iban para atrás en vez de para adelante.

Por otra parte estos son los principios de la educación actual. Y en efecto ¿No es lo que vemos todos los días una gigantesca regresión psíquica? ¿No vemos por todas partes niños crecidos y semisalvajes víctimas de la educación neutra cuyas mentes han sido moldeadas por la telebasura y por los manipuladores profesionales?

No me importa que estas sean las ideas dominantes y que probablemente durante mucho tiempo lo sigan siendo. Lo que importa es que son basura y que es un deber combatir contra ellas, para que nuestros hijos vivan en un mundo más sano y recto. No en un mundo al revés donde las locuras de gente maldita y la descomposición social se convierten en la norma.

domingo, 14 de agosto de 2011

RACAILLE


Esta entrada fue escrita antes de que comenzaran los disturbios en el Reino Unido, pero lo que está sucediendo allí tiene relación con el tema y también merece ser incluido en este comentario. Seguramente algún lector que viva por esos lugares podrá conocer mejor esa situación específica y si lo desea aportar su opinión.

Circulan algunas opiniones poniendo en relación lo que sucede en Londres y otras ciudades con el 15-M, lo que me parece bastante absurdo. Ya puestos a confundir las cosas y a no entender nada hay incluso quien mete en el mismo saco las revueltas árabes. La realidad es que el único punto común de todos estos fenómenos es la utilización de Internet y las redes sociales como medio. Este es seguramente un tema sobre el cual reflexionar, pero no revela ninguna afinidad de fondo; es simplemente la cuestión práctica de usar las herramientas disponibles en cada momento.

El término francés Racaille quiere decir más o menos gentuza, chusma, escoria, y recientemente está en uso para denominar de manera específica a las hordas semisalvajes y marginales que infestan las periferias sin ley de las grandes ciudades francesas. En estas barriadas están a la orden del día actos vandálicos -especialmente la quema de vehículos- y abusos cotidianos de todo tipo por parte de las pandillas de gentuza organizadas. En ocasiones una chispa basta para provocar una insurrección en gran escala e incendios masivos con miles de coches quemados, como sucedió en 2005 y con menor virulencia varias veces después. En esas ocasiones,naturalmente,la noticia salió en los periódicos porque no se podía ignorar, pero este tipo de cosas sucede regularmente y se tiende a silenciarlas.

Especialmente se tiende a ignorar lo que la gente afectada sabe perfectamente y es fundamental para saber de qué hablamos, es decir el factor racial y cultural. No voy a distinguir entre los dos porque habría que entrar en cuestiones que llevarían lejos. Estas periferias, púdicamente llamadas “difíciles” según la hipócrita expresión buenista de la corrección política, están habitadas en su mayor parte por árabes, inmigrantes o descendientes de inmigrantes de segunda o tercera generación. Aunque jurídicamente sean franceses, están totalmente desarraigados y separados del resto de la sociedad.

No tienen nada que ver con la cultura, la población blanca o la nación francesa, a las que odian, y tampoco son ya parte de sus naciones de origen. No es mi intención condenar genéricamente toda la inmigración ni meter a todos en el mismo saco. Cuando la inmigración es limitada no produce necesariamente problemas ni tiene porqué ser negativa, porque unos pocos no son comunidad, y porque existen las diferencias entre personas, además de existir entre razas y culturas. Pero existe un umbral de tolerancia exactamente como en el cuerpo existe un umbral de tolerancia a ciertas sustancias. Y como no puede ser igual este límite para la ingestión de –pongamos- jamón ibérico, tortillas deconstruidas, aguardiente o veneno, tampoco puede ser el mismo para los diferentes tipos de inmigración.

En cualquier caso, lo que está claro es que cuando el número empieza a ser consistente los factores  raciales, culturales y comunitarios entran con toda su fuerza: la gente quiere estar con sus similares y vivir en una comunidad con sus propias reglas. Esta es la naturaleza humana y es algo totalmente justo. Pero naturalmente significa que se introduce un elemento nuevo en la sociedad de acogida y se abre una cuestión. Ya no es simplemente un grupo de individuos aislados, como se nos quiere hacer creer. Un ejemplo evidente y dramático de ello lo constituye precisamente la existencia de estas masas desarraigadas, totalmente no integradas. Es la demostración práctica, concreta, del callejón sin salida donde nos llevan las imposiciones multiculturales y la propaganda a favor de la inmigración sin límites, el buenista todos somos iguales y ciudadanos del mundo.

Lo que ha sucedido en Inglaterra me parece más bien análogo a lo que pasa en Francia, con la diferencia de que en vez de inmigración norteafricana en el Reino Unido se trata de inmigración caribeña, africana y de excolonias asiáticas. Este es un aspecto, pero no es más que la mitad de la cuestión. La otra mitad es la general degeneración y disgregación social que padecemos. El Primer Ministro del Reino Unido, Cameron, ha hablado de ello con palabras que no es habitual escuchar. Ha hablado de la caída vertical de la educación, de jóvenes que no son más que niñatos malcriados, de la falta de disciplina en la escuela y la familia, de la nefasta mentalidad de todos los derechos y ninguna obligación, que nos hacen mamar a todos desde pequeños:


No voy a ser yo quien discuta estas afirmaciones porque son cosas que llevo diciendo desde que nació este blog. Los daños incalculables que ha hecho la pedagogía progresista y antipaterna, la cultura del hedonismo y de la irresponsabilidad, son también éstos. Son verdades como puños y Cameron tiene su mérito cuando las dice, aunque habrá que ver si tiene huevos para tomar medidas que en la práctica intenten corregir esta situación, pues sacar estos temas y sobre todo querer hacer algo significa ponerse frontalmente en contra del tipo de ideas que hoy son dominantes.

Los criterios que guían la educación hoy, en general todos los mensajes que las personas absorben durante su crecimiento, han producido una generación de salvajes, que en vez de vivir en la selva entre monos y serpientes vistiendo con taparrabos –aunque también estemos llegando a esto último- viven en una jungla tecnológica hecha de Internet, teléfonos móviles, iPod y consolas. Pero interiormente su cerebro está al nivel del de los monos. Ni siquiera al de los indios de la selva, que por lo menos tienen sus reglas y a quienes la dureza de la vida natural ha dado al menos un carácter y una fortaleza, desconocidas para los niñatos malcriados que tienen todo resuelto sin haber movido un dedo.

Sin embargo, volviendo a Cameron, no dejaremos de notar que ha tocado estos temas algo incorrectos para evitar de afrontar el tema totalmente incorrecto e innominable de la procedencia étnica. Tema del que se habla sólo para decir que los negros están discriminados y viven en la pobreza. Como las almas buenas y sentimentales en Francia están siempre dispuestas a considerar eternas víctimas a los árabes.

Esta cháchara y estos falsos discursos se disuelven como nieve al sol considerando que hoy en día cualquiera que realmente lo desee puede estudiar y puede acceder a la cultura. No hay más que facilidades para ello. La situación laboral puede ser difícil pero cada cual, hasta el más pobre, tiene por lo menos una oportunidad para intentar labrarse un futuro. Y si lo suyo no es estudiar tendrá menos –o distintas- oportunidades pero siempre la posibilidad de buscar su camino y de trabajar duro.

Pero la realidad es que a las masas que tienen el certificado de víctimas marginadas no les sale de los cojones hacerlo. El coste de los medios para instruirse es sólo una fracción del coste de caprichos tecnológicos, vicios, ropa de marca, discotecas, etc…así que dejémonos de tonterías: la sociedad ha dedicado ya medios más que suficientes a la instrucción y a la escuela. Existen profesores dispuestos a ayudar a quien desee educarse, pero la gentuza lo que hace es chulearlos y tratarlos como mierda. Existen escuelas y bibliotecas al alcance del más pobre si quiere acceder a la cultura, pero es que la gentuza no sólo no las utiliza sino que las vandaliza y las quema. ¿A qué imbécil le van a venir con el cuento victimista de la marginación? Si acaso, son las personas que valen algo y viven en esos ambientes las víctimas, pero no de la autoridad del Estado sino de lo contrario, del vacío de autoridad ocupado por la tiranía de la gentuza.

Consideremos además que existen infinidad de ayudas sociales, que volviendo al caso del Reino Unido, parecen ser particularmente generosas. Quizás ahí está el problema. Montones de gente acostumbrada a vivir de subsidios desde hace varias generaciones, gente ociosa que por cultura y tradición no ha trabajado nunca ni tiene la menor intención de hacerlo, ninguna aspiración a mejorarse y a luchar por una oportunidad. Esta es la gentuza, racaille, riff-raff que es siempre la misma, desde los antiguos tiempos del populacho romano que, subvencionado por el resto del Imperio, no tenía nada mejor que hacer que armar bronca y vivir su vida regalada y semianimalesca.

En todo esto no entra necesariamente el tema de la raza o la cultura, pero tampoco en esto somos todos iguales. Existen naturalmente personas de cualquier procedencia que han estado dispuestos a hacer un esfuerzo y merecen consideración. Son ellos mismos respetuosos con la sociedad que les acoge y no pertenecen a la categoría de gentuza. Como hay también muchos blancos en tal categoría, la gentuza blanca de nuestros niñatos malcriados. Pero más allá de los casos individuales existen diferencias abismales entre comunidades. En la prosperidad material, en temas como la incidencia de la delincuencia y la disgregación de la familia las diferencias raciales son evidentísimas. Esto no quiere decir que sea correcto juzgar a una persona por su raza; pero sí quiere decir -por ejemplo- que cualquier discurso o política basado sobre la igualdad a priori es radicalmente injusto y falso. Como las cuotas, la discriminación positiva, el lloriqueo victimista ante las desigualdades.

Considerando la situación en nuestro país, ya empezamos a tener avisos de esta situación, de lo que puede estar a la vuelta de la esquina. Las tensiones en ciudades como Salt, con una proporción de población extranjera desorbitada, empiezan a notarse. Y también es una señal la quema de coches según la misma pauta que las revueltas francesas. En miniatura naturalmente, y como casos puntuales, pero un aviso del futuro. Aquí tenemos a los mismos jóvenes desarraigados, que no se reconocen en el país en que viven y forman parte de una generación perdida. Son la avanzadilla de lo que vendrá y que puede sólo ir a peor a medida que el país se vaya empobreciendo, esto último algo que me parece más que probable. Una noticia de hace algún tiempo habla de estos sucesos:


Las imposiciones multiculturales también son un factor en el desastre educativo y el hundimiento de la escuela pública. Junto con la dictadura de los dogmas nefastos de la pedagogía moderna, estas imposiciones han degradado la situación a un nivel que ya es alucinante en Francia, una situación que es sólo cuestión de tiempo ver reproducida aquí. Escuelas que se están convirtiendo en lugares donde enseñar es imposible y los profesores viven acobardados. Donde impera la ley de las bandas y del más fuerte, resultado por lo demás inevitable de eliminar el principio de autoridad y de orden.

Los políticos y periodistas naturalmente callan como putas y falsifican la realidad, la censuran y persiguen a quien dice las cosas como son. Y hablar de persecución no es excesivo: ya es totalmente, tristemente evidente que los movimientos por la ‘tolerancia’ y las organizaciones ‘antirracistas’ son una verdadera policía política del pensamiento, que se apoya en leyes inquisitorias para perseguir delitos de opinión, de los cuales parece haber cada vez más.

Los políticos que nos gobiernan bien se pueden calificar de traidores porque su agenda, o más bien la de quien les da las órdenes, es conseguir que a largo plazo los europeos sean una minoría en su propia tierra. Para ello cuentan con la presión inmigratoria y con la natalidad de las poblaciones no europeas, estando la natalidad europea hundida por la degradacion y disgregación social de que somos víctimas, que es apoyada y fomentada exactamente por las mismas fuerzas.

El juego es neutralizar la posibilidad de una reacción por parte de las poblaciones europeas, con la concesión automática de la nacionalidad por nacimiento, con el derecho de voto indiscriminado a los inmigrantes y en general con un lavado de cerebro sistemático, para que el mismo mecanismo del sistema democrático impida una reacción hasta que sea ya demasiado tarde y los europeos se hayan convertido en una minoría.

Pero un cierto rechazo se empieza a producir. A pesar de las condenas del mediocre moralismo conformista ha surgido un movimiento anti-gentuza que empieza a crecer, como reacción a esta situación ya que es insostenible para mucha gente:



¿Cuál será el futuro? ¿Tomarán forma fuerzas sanas en Europa, capaces de una acción eficaz contra este sistema y contra estas clases dirigentes que trabajan contra su propia gente? Posiblemente nos espera un futuro de conflicto y de tensiones étnicas, en el cual las necias ilusiones buenistas y buena parte de nuestro sistema social y político van a saltar hechos pedazos. Y en realidad esto debe suceder si es que va a existir una posibilidad de renacer.

Porque de otra manera ello significará simplemente que nos dejaremos morir de muerte lenta. Seremos una masa amorfa sin cultura, tradición, pasado ni futuro.

domingo, 7 de agosto de 2011

AZOTES DE NUESTRO TIEMPO: ASISTENCIA PSICOLÓGICA

Vamos a dejar por un momento la actualidad y volver un poco a temas más generales, retomando la serie de los Azotes que inició en 2009 pero fue interrumpida tras sólo tres entradas. No es que vaya a cubrir toda la lista que pongo en la presentación del blog pero sí publicaré, con el tiempo, unos cuantos Azotes.

De vez en cuando las noticias nos recuerdan que pueden ocurrir tragedias, no en países lejanos donde sabemos que hay guerras, conflictos, pobreza, sino en nuestra sociedad opulenta. Creíamos haber desterrado completamente la inseguridad y el azar terrible que en cualquier momento puede segar nuestra vida, pero en realidad nunca será posible eliminar totalmente este elemento, a pesar de la tecnología a la que pedimos, o exigimos, que nuestra existencia sea totalmente segura y organizada. En cualquier momento puede suceder algo inesperado que nos devuelva a la realidad y nos recuerde que la muerte es parte de la vida.

Es innegable de todos modos que hemos tenido bastante éxito en hacer la vida más segura. Esta situación sin embargo trae consigo una gran intolerancia hacia el sufrimiento y un rechazo, una no aceptación de la componente trágica de la vida. Hasta el punto que tal actitud se ha convertido en una de las patologías de nuestra sociedad. Consecuencia de ello es el negarse a admitir la muerte, querer eliminarla o borrarla de nuestra conciencia, que es una tendencia creciente en nuestra sociedad. Tratar la muerte como un tema tabú o de mal gusto, hacer como si no existiera. Y más en general pero en la misma línea, la frívola pretensión de considerar como un derecho no sufrir experiencias desagradables y negativas.

Estas consideraciones son la base para el tema de esta entrada que es a pleno título uno de los Azotes. Se trata de la obsesión actual por proporcionar a toda costa y a todo el mundo “asistencia psicológica” profesional, de entrometerse en nuestra vida para enseñarnos a vivir las experiencias negativas, para ayudarnos a elaborar los lutos y la muerte. Se nos quiere convencer de que es algo necesario y fundamental. Pero si reflexionamos sobre ello, veremos que en realidad maldita la falta que nos hace.

Ya de entrada podría sostenerse que el simple hecho de que una persona extraña pretenda compartir con nosotros una tragedia constituye un acto de impertinencia y falta de respeto: alguien se quiere introducir en nuestra esfera más íntima. Hay quien lo siente así, incluso cuando la intención es sincera. Por tanto y ya de entrada me parece que la obsesión por proporcionar asistencia psicológica en cualquier ocasión luctuosa es bastante impertinente. Impertinencia propia de un Estado niñera que mete continuamente las narices en todas partes donde no le llaman y pretende reducir todo a un problema técnico, para que lo resuelvan los profesionales adecuados.

Si prestamos atención a las noticias luctuosas, trágicas o sangrientas, veremos que casi siempre se insiste en el hecho de que, además de asistencia médica, se movilizan psicólogos y trabajadores sociales para proporcionar asistencia a las víctimas o a sus familiares, o últimamente incluso a los simples espectadores de lo sucedido. En general, ya nada más oír la expresión “trabajadores sociales” siento una enorme mosca detrás de la oreja, porque la asistencia social es un campo que se ha hecho crecer de forma abnorme y fuera de toda proporción con las necesidades reales. Campo en el que seguramente hay muchas personas que realizan tareas útiles, pero hay muchas más que están ahí por motivos políticos y clientelares o sencillamente porque no se sabe dónde meterlas. Quizás en ningún otro campo el fenómeno de la creación de trabajos superfluos y falsas necesidades para mantener la gente ocupada ha alcanzado tales dimensiones. El gremio de los psicólogos ha tenido ciertamente un gran éxito en expandir su base de mercado.

Este aspecto es importante y ciertamente contribuye a la lamentable inundación de asistencia psicológica que padecemos, pero el quid de la cuestión es otro.

El aspecto fundamental aquí, el hecho cargado de significado, es que el sistema en que vivimos pretenda gestionar el dolor humano, introducir un enjambre de figuras, inútiles en la mejor de las hipótesis, que pretenden ir más allá de la mera asistencia material y entrar en la elaboración de nuestros lutos, estados de ánimo, ansiedad y sufrimiento. En todo ello me parece evidente una falta de pudor y de límites, una obsesión delirante por regular y gestionar todo, por entrometerse en un ámbito exquisitamente privado e íntimo, en el que no deberían intervenir personas extrañas, por muy buena que sea la intención.

La elaboración del luto y de las realidades trágicas de la vida es un trabajo personal en el que el único apoyo real y útil es el de personas cercanas, ligadas por relaciones directas, al límite si queremos una figura como un tiempo podía ser el sacerdote, para el cual por lo demás no se trataba tanto de un “trabajo” como de una “misión” que era parte de su papel general de guía espiritual. Algo fundamentalmente distinto a la actividad de un profesional de la asistencia, en la cual los aspectos cualitativos y las relaciones fuertemente personalizadas han sido sustituidas por un mecanismo técnico y burocrático, donde personas intercambiables se diferencian sólo por el mayor o menor dominio de su profesión y de los procedimientos.

Nuestros padres y abuelos nunca tuvieron necesidad de estas figuras ni las habrían aceptado. Tenían el pudor y la sabiduría de elaborar los momentos dramáticos de su existencia solos, o con las personas que significaban algo para ellos y que compartían su vida. Y afrontaban estos momentos con una entereza y una dignidad absolutamente deconocidas para las nuevas generaciones asistidas por psicólogos. Porque sabían que el sufrimiento es parte de la vida, y sabían que parte del arte de vivir es saber afrontarlo con las propias fuerzas.

Esta sabiduría que a nuestros abuelos les había enseñado la vida y la educación recibida, el valorar la fortaleza ante la adversidad, el pudor y la discreción en el terreno de los propios sentimientos, todo esto la sociedad actual lo niega y rechaza, lo ha declarado “superado” . Pretende hacernos crecer como niños y mantenernos en un estado de debilidad y dependencia. La misma sociedad que se llena la boca con la “autonomía del individuo” quiere reducirnos a una masa de lloricas que necesita asistencia psicológica institucionalizada para asumir la pérdida de un ser querido, cuando durante miles de años hemos sido capaces de hacerlo sin ello.

Es una sociedad que parece tener el objetivo, profundamente perverso, de destruir y deshacer todo lo que en el ser humano son valores fuertes, cualitativos, ligados a una personalidad y podemos decir a una soberanía interior. Se quiere reducir todo a mecanismo, el ser humano a una máquina que tiene únicamente necesidad de mantenimiento. Hasta ahora se trataba del mantenimiento físico de la medicina, ahora está floreciendo el campo del mantenimiento psíquico, emocional. Fármacos y expertos para gestionar nuestros estados de ánimo, nuestras experiencias interiores, para que no tengamos que preocuparnos de nada.

Delegar nuestra vida interior a extraños, engrasar nuestro espíritu, cambiarle alguna pieza de vez en cuando como hacemos con el coche,  vivir mecánicamente y ser “felices” sin inquietudes –las inquietudes y hasta la insatisfacción consigo mismo son simples patologías que deben ser tratadas por oportunos profesionales- y haciéndose pocas preguntas, prefabricadas como las respuestas. La vida feliz en la Disneyland de los muertos vivientes.