martes, 6 de mayo de 2014

EL PLÁTANO, EL FUTBOLISTA Y LOS MACACOS



Seguramente muchos lectores conocerán el episodio del plátano lanzado contra el jugador Dani Alves durante un partido de fútbol, que ha dado la vuelta al mundo.

Digna de mención y reconfortante la fulminante actuación de la policía, que en tiempo récord ha identificado y detenido al culpable – ahora en libertad con cargos - del atentado platanesco, demostrando así estar siempre alerta y en guardia para defender la seguridad pública contra estas graves amenazas. Evidentemente ya no deben quedar delincuentes ni gentuza libre por las calles, puesto que las autoridades se permiten el lujo de detener a uno que lanza un plátano a un futbolista. Podemos dormir tranquilos sabiendo que vivimos en el imperio de la ley, que el crimen no paga y que los criminales no se van de rositas.


El significado del plátano es claro: dada la afición de los monos por los plátanos, se supone que lanzar plátanos a alguien es llamarle mono. Puesto que se ha tocado la tecla del histerismo antirracista, que junto con el histerismo feminista y el homosexual son el nuevo credo de nuestra histérica e imbecilizada sociedad, la cosa no se ha quedado ahí sino que ha crecido hasta ser un evento de resonancia planetaria precisamente por sus implicaciones racistas.

Al lanzador de plátanos le hubiera salido más a cuenta lanzarle un cenicero, aun a riesgo de abrirle la cabeza al futbolista. Por lo menos no se habría convertido en un enemigo público, nos habríamos ahorrado la vomitiva campaña de antirracismo militante y una exhibición impresionante de estupidez a escala planetaria. Y menos mal que Alves no es maricón porque si no, lo del plátano lanzado seguramente habría tenido también implicaciones homófobas.

El episodio, en sí banal, ha tenido una resonancia planetaria precisamente por sus implicaciones racistas. Alves recogió el plátano y se lo comió en el momento: desde entonces todo ha sido un proliferar de mentecatos comiéndose plátanos por solidaridad y para lanzar un mensaje antirracista. Incluidos políticos como por ejemplo el italiano Matteo Renzi, Primer Ministro de Italia.



Todo esto, dicho sea de pasada, confirma una vieja teoría mía: que películas como El Planeta de los Simios no son ciencia ficción sino que pertenecen al género costumbrista, porque los simios dominan el mundo, si bien con forma humana.

No es afirmación gratuita puesto que el gesto solidario de comerse un plátano no se queda en el consumo del fruto, sino que tiene explícitos significados simbólicos simiescos, como queda claro con la campaña de internet para “apoyar” a Alves con el increíble titulo que reza Todos Somos Macacos. Campaña que ha recibido muchos miles de adhesiones entusiastas en todo el mundo. Incluidos políticos, presuntos intelectuales, gente con máster y guías morales de la sociedad.

Lo cual subraya una vez más, por si hiciera falta, el ínfimo nivel de nuestras clases dirigentes, que ahora directamente se llaman a sí mismos simios, confirmando sin duda mi teoría.

Al mismo Dani Alves no parece haberle hecho mucha gracia esta campaña, y es lógico. El hombre – comprensiblemente – lo que quiere es que no le llamen mono. No que salgan miles de imbéciles en su “defensa” diciendo que también ellos son monos como él; sea de manera metafórica comiéndose plátanos en televisión, sea en internet de manera explícita y con todas las letras, para dejarlo bien claro: somos todos macacos (como tú). Con estos antirracistas, verdaderamente Dani Alves no necesita racistas que se metan con él.

Este episodio frívolo ilumina claramente la naturaleza de la corrección política, como tiranía ideológica basada en tabúes, censura e hipocresía macroscópica. Y también la verdadera naturaleza del igualitarismo como perversión mental y espiritual, cuya pulsión oculta y más auténtica es el rebajamiento y la degradación.

¿Por qué hipocresía y tabúes? Porque las reacciones tan desproporcionadas, el desarrollo de este asunto platanero, todo sigue una pauta bien clara y corresponde a un fenómeno muy humano, muy visto a lo largo de la historia: la reacción escandalizada y la condena hacia quien rompe un tipo particular de tabú: el tabú de decir en voz alta algo que muchos saben o piensan, pero es inaceptable para la ideología que se ha impuesto a la sociedad.

En otras palabras, frente a lo que habría podido quedarse en un hecho banal entre miles de tonterías cotidianas, se han sacado las cosas de quicio porque los mismos defensores de la corrección política y las mismas clases dirigentes, las guías morales de la sociedad, etc…en realidad piensan que los negros o los morenos son monos, pero que es una verdad inaceptable y que no se debe decir, se debe ignorar e imponer como verdad oficial la contraria. De otra manera tiene difícil explicación la espantada antirracista que hemos visto.

Esta es la esencia del progresismo y las ideologías surgidas de la cloaca igualitaria que hoy dominan y se nos imponen con la tiranía de la corrección política. Hipocresía, censura y camisas de fuerza mentales. Y castigo naturalmente para el que diga en voz alta lo que todos piensan.

No está mal para la sociedad que se proclama basada en la libertad de pensamiento y de criterio individual, que pretende valorar sobre todo la verdad objetiva y la discusión abierta de las ideas. Pero eso hace mucho que quedó atrás en la realidad.

Con esto – sea claro - no estoy diciendo yo mismo que los morenos sean monos ni nada parecido, sólo digo que esto es lo que en realidad piensan los antirracistas, que a continuación imponen como verdad oficial lo contrario. Personalmente no voy a llamar mono a alguien por su raza. Me guardo de afrontar la cuestión en estos términos simplistas, aunque por supuesto rechazo de plano esa bestialidad de que todos somos iguales y considero evidente – además de probado – la existencia de desigualdades intelectuales, caracteriales y de comportamiento que tienen una componente racial.

Por otra parte no tiene nada de particular el uso de calificativos animales para las personas. Es algo tan viejo como el mundo y a menudo apropiado, desde el primitivo animismo y los tótems a la actualidad, porque los animales representan ciertamente aspectos del ser humano e ilustran sus características dominantes. Hay personas que son perfectamente afines y calificables como víboras, gusanos, sabandijas, osos, gatos, moscas, linces, perezosos, cerdos…aunque hoy en día temo que la especie más difundida sean las amebas y las ovejas, dominadas por una impía e inédita alianza de serpientes y ratas de alcantarilla, que desde sus cloacas y en la sombra imponen su ideología y sus antivalores.

Para terminar, no dejaremos de notar cómo las reacciones bienpensantes y progresistas revelan la íntima naturaleza y la voluntad de fondo del igualitarismo. Dejando de lado si es justo o no poner a alguien al nivel del macaco, la infame, miserable reacción igualitaria es: Si tú eres un mono yo también lo soy, mi aspiración es rebajarme al nivel del simio y así seremos todos iguales.

Reacción inevitable y obligada, pues el igualitario en el fondo sabe, no sólo que no somos todos iguales, sino también que no es posible elevar lo que está abajo al nivel de lo que está arriba; por tanto le queda únicamente rebajar lo superior y aspirar como ideal de vida a lo inferior. Si hay alguien de quien pensamos – con razón o sin ella – que se parece a un mono, entonces seamos todos macacos.

Es sólo cuestión de tiempo que se lance la campaña en internet somos todos subnormales, desencadenada por algún otro episodio idiota. Lo cual será una auto-definición precisa de la sociedad igualitaria llevada a sus lógicas consecuencias.

Este es el igualitarismo en su íntima esencia, la aspiración a lo inferior como ideal de vida, la pulsión a rebajar y degradar todo lo que en la aventura humana despunta, destaca sobre lo mediocre y se abre camino hacia lo alto.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

llevo días esperando este post!expresas perfectamente lo que se me pasa lo la cabeza,y lo que le pasa por la cabeza a TODO el mundo pero NADIE se atreve a decir!

PD: simplemente GRACIAS por este blog

Anónimo dijo...

www.nuevoamanecerss.es.tl

Anónimo dijo...

Ja ja. Un simio molesto porque le avientan una banana, deberíamos aventarle cocos, así se sentirá mas en casa. Ya que su país es el país mas poblado de negroides del mundo, todos degenerados, bailando semi desnudos, con ls mas alta población de homosexuales del mundo. Productores de drogas, y traficantes de estas. Cuando hay risas en estos países no se escucha jajaja. sino uhuhuh. 14/88

León Riente dijo...

Este artículo es un ejemplo magnífico de psicología aplicada del individuo "antirracista". Otro dato que confirma la escasa credibilidad que tiene el discurso de los "antirracistas" profesionaleses el empeño de estos en no irse a vivir a barrios de inmigrantes o multiculturales, tipo Lavapies en Madrid, de los que ahora tando disfrutamos en España, en parte gracias a ellos.

Un solo matiz: "Lo cual subraya una vez más, por si hiciera falta, el ínfimo nivel de nuestras clases dirigentes, que ahora directamente se llaman a sí mismos simios". No son realmente las clases dirigentes. Estos son solo sus empleados. Las clases dirigentes de verdad están detrás, muy discretamente situadas, y no se dedican precisamente a hacer el mono. Un saludo.

Javier Miranda dijo...

No sólo el tema del histerismo antirracista que soportamos sino que después se supo que era una campaña perfectamente orquestada con agencia de publicidad y todo. Un auténtico asco para que las sociedades biempensantes se quedasen tranquilas. De racismo antiblanco y genocidio de la raza blanca no hablamos porque eso no queda bien.

antonio momia dijo...

Muy buen comentario sobre esta situacion tan jilipollas a la que todos los subnormales que habitan en la tierra se apuntaron para apoyar al alguien que no le importaria si pasara de otra forma con alguien que fuera blanco y que aparte de ser algo propio de la correccion politica se puso de moda incluso por un tiempo en fin a si va el mundo Un saludo.