viernes, 26 de junio de 2015

LA SEMANA DE LOS LIBROS PROHIBIDOS









El tema de este post es la grotesca semana del libro prohibido que se ha cerrado hace poco en Barcelona. 

¿Por qué grotesca? ¿Es que me parece mal recordar a los autores y a los libros prohibidos?

Todo lo contrario. Por formación y temperamento siento siempre disgusto ante la censura de libros y de autores, aunque lo que escriban sea auténtica basura; como siento disgusto ante los delitos de opinión, que cada vez recortan más la libertad de pensar.

Prohibir o más aún destruir un libro es un poco como matar a una persona. Pues en un libro el autor se pone a sí mismo, cada libro es como si llevara una parte de él mismo. Más allá de nuestra persona física y nuestra conciencia, también somos la impronta que dejamos en el mundo y lo que comunicamos. El autor de un libro, en particular, condensa en palabras el mensaje que quiere transmitir, se inserta a sí mismo en el mundo en forma de palabras y vive en ellas. Decir que una persona nos habla a través del libro no es una frase convencional o una metáfora, sino que es una verdad en un sentido muy real. Como es verdad que hay libros más vivos que muchas personas aunque sus autores lleven muertos físicamente mucho tiempo.

Por todo ello quemar un libro, borrar su memoria, censurarlo e intentar destruirlo, equivale en cierto sentido a matar. Y por tanto debemos hacer las mismas consideraciones que hacemos con la violencia, la guerra y la pena de muerte. Lejos de mí cualquier moralismo humanitario, la lucha y la guerra implican la muerte, pero no se debe quitar una vida sin un motivo válido, y lo mismo vale para esa otra muerte que es destruir el mensaje de un autor.

Dicho esto volvamos a la semana del libro prohibido, acompañada el 7 de junio por una feria del libro prohibido ridículamente definida “la más subversiva hecha en Barcelona”. Explico en seguida por qué es grotesca y ridícula.

Se han tomado el trabajo de rastrear casos de censura e impedimentos para la publicación de libros desde la Edad Media, pasando en reseña censuras o intentos de censura de la Iglesia, grupos católicos, la dictadura de Primo de Rivera, la de Franco… mencionando también un presunto intento de censura de la bazofia Harry Potter por grupos religiosos americanos.

Dudo mucho que los de la exposición subversiva hayan mencionado la masiva quema de libros editados en la Alemania nazi tras el final de la Segunda Guerra Mundial, y también dudo que hayan hablado de la censura en los países comunistas. Seguramente ni una palabra de todo el mundo intelectual, de extraordinaria vitalidad, talento y creatividad, que durante la primera mitad del siglo XX asumió posiciones contrarias a la izquierda, o simpatizaba con los regímenes fascistas derrotados, o desde otras posiciones rechazaba las ideologías igualitarias y progresistas. Una entera cultura que ha sido casi completamente borrada por los vencedores, un mundo intelectual que incluía lo mejor de su generación y que si los dejaran hablar y no los hubieran asesinado en espíritu como antes comentaba –algunos lo fueron también físicamente- sería la refutación viviente de la inmensa, insondable bestialidad que reza:  ”la cultura es de izquierdas”.

Pero dejando de lado esto y otras cosas, los organizadores de esta iniciativa en toda su panorámica de libros prohibidos dejan de lado la censura más férrea que existe en la actualidad: la prohibición por ley de publicar libros que pongan en duda la versión oficial del holocausto judío y la Segunda Guerra Mundial. Con penas de cárcel para sus autores e incluso para sus abogados si éstos intentan defender a sus clientes con argumentos.

Si querían hablar de libros prohibidos podían haber llamado al señor Pedro Varela, librero, que está en la misma ciudad, ha pasado dos años en la cárcel por vender libros prohibidos (que no están en ningún índice de libros prohibidos) y ha visto secuestrados y destruidos miles de sus libros por orden judicial.

Esta hubiera sido una verdadera “exposición subversiva” y no la mamarrachada grotesca, ridícula, manipuladora, obra maestra de cinismo e hipocresía, que han dado en llamar semana del libro prohibido.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Saludos, Oso. ¿Alguna opinión acerca del linchamiento social que está afrontando el bioquímico Richard Timothy Hunt, galardonado con el Nobel durante 2001, por sus "desafortunadas declaraciones sexistas", el pasado 9 de junio en Corea? A pesar de que cualquier ser medianamente sensato cae en la cuenta al instante de que fueron en tono de broma (y ni siquiera una broma ofensiva o de mal gusto), y no le busca más vuelta al asunto, la University College of London le revocó al día siguiente el Doctorado Honoris Causa. Cuesta creerlo. Ni chistes se pueden hacer ya, que los fiscales de la conciencia limpia enseguida te apostrofan y arrojan a la pira. Parece la situación descrita por Umberto Eco en "El Nombre de la rosa", donde el bibliotecario de la Abadía guardaba bajo siete llaves la segunda parte de la Poética de Aristóteles (perdida para siempre en el olvido), por abordar este tratado el poder "subversivo" que tiene la risa, y cómo reírse de algo es de algún modo bajarlo de su sitial y profanarlo; ponerlo al alcance de la más descarnada crítica. Eso temían las obtusas mentes escolásticas con respecto a los dogmas religiosos en la Edad Media. Eso temen ahora los nuevos inquisidores, respecto a los dogmas de la corrección política.

Saludos.
JM

(Adjunto el link al blog de un periodista norteamericano. Quizás ya lo conozcas, pero me resulta una voz muy clara en todo esto: http://theothermccain.com/ )

Fascista dijo...

A mí en cambio quemar libros dañinos siempre me ha parecido una actividad muy saludable, propia de quienes no no tienen una mentalidad relativista. Yo quemaría muchos libros, como han hecho absolutamente todos los regímenes políticos a lo largo de la historia. El mundo nunca ha sido de color de rosa y quien te diga que él nunca quemaría libros te está engañando. La diferencia es que procuraría quemar los libros que realmente son malos y en cambio salvaría muchos de los que ahora quema la democracia.

Me hace gracia que Pedro Varela se queje de "hogueras inquisitoriales", además haciéndose eco de la leyenda negra antiespañola, y en cambio sufra de amnesia con respecto los monumentales hogueras que prendió su idolatrado Adolfo, mucho más cercanas en el tiempo. Este comportamiento no es coherente en alguien que se proclama NS y sobre todo es poco viril.

Por otra parte, es discutible que a Varela le hayan quemado libros, empezando por el hecho de que él no ha escrito ninguno de ellos. Es verdad que la democracia quema libros, como el resto de regímenes, solo que no pone cámaras para inmortalizar el momento y no hace de ello un ritual. Digamos que los quema a escondidas. A Varela a lo sumo le han "reciclado" (más acorde con el espíritu de los tiempos que el fuego) unos cuantos libros como pequeña vendetta de la comunidad judía barcelonesa, pero esos mismos libros se pueden encontrar en Amazon y en casi todas las librerías de viejo. El propio Varela sigue vendiendo esos mismos libros en su librería de siempre y el negocio parece ir viento en popa. En su mayoría esos libros no suponen un problema para el sistema ni tienen ningún valor formativo.

Donde sí habría que incidir es en el hecho de que a la izquierda no se le exige lo mismo que a Varela y a las personas que se suelen asociar a la derecha (véase el caso de Guillermo Zapata o el anterior de Nacho Vigalondo). Parece que el antisemitismo sólo es perseguible si se expresa desde una postura existencial de derechas, mientras que a la izquierda se le permite expresar cuanto le venga en gana sin apenas sufrir consecuencias.

Pedro Agudo dijo...

Hola Max, perdona por el retraso. Qué diferencia hay entre quemar un libro que no te gusta o al que no le das más importancia que al diario matutino del día anterior y aquellos escritores famosos que publicamente dicen que los tiran a su piscina directamente porque en ella nunca se van a bañar y tienen miles de ellos desechados... Estos modernos lo dicen y quedan de puta madre. Si yo digo que quemo un libro en mi estufa jotul porque hace frío o por que me sale de la narices, ya soy un nazi malo, malo, malo. Sinceramente hay libros y autores que dan asco.