viernes, 13 de noviembre de 2020

CUANDO LA "CIENCIA" DICE QUE LO BLANCO ES NEGRO. EL SEGUNDO PRINCIPIO DEL PAPANATAS Y LAS MASCARILLAS

 



 

Artículo publicado en El Correo de España

Recordemos el primer Principio del Papanatas del que hablamos en otro artículo: Papanatas dice que no tiene nada que ocultar y por tanto no le importa perder su privacidad, que le espíen, controlen y monitoricen la vida.

Existe también un Segundo Principio: Papanatas ha leído en la prensa que según cierto estudio científico lo blanco es en realidad negro, y desde ese momento lo cree porque “lo dice la ciencia” …

Concretamente, desde la semana pasada Papanatas cree que llevar la mascarilla puesta no dificulta la respiración durante el ejercicio físico. La prensa nos informó de ello con el habitual e insufrible tono que suele usar, didáctico y vagamente reprensor como dirigiéndose a niños medio tontos: ya no tenéis excusa para no poneros el bozal. La justificación era un estudio de cierta universidad americana.

No dudo de que las mediciones obtenidas sean auténticas y las conclusiones estén arropadas con la correspondiente parafernalia, que se hayan usado sesudas fórmulas y conceptos. Pero a pesar de ello el resultado sigue siendo una gran mierda pinchada en un palo. Como cualquiera puede comprender simplemente subiendo un tramo de escaleras o caminando, con y sin mascarilla.

¿Vale la pena detenerse en mencionar esto, entre toda la bazofia que se publica diariamente? ¿Por qué perder el tiempo con ello? Porque ya la simple existencia de este estudio nos dice dos cosas.

En primer lugar, aquí se nos muestra de manera muy clara que un “estudio científico” puede perfectamente ser una majadería con disfraz académico, cuyo único fin es hacer propaganda ideológica o reforzar una consigna con la palabra “ciencia”. Esto es frecuentísimo a propósito de feminismo, temas “de género” y similares. Aquí está a la orden del día la majadería ideológica pseudocientífica, o el contenido científico legítimo, pero interpretado y vulgarizado en modo bazofia. Sin embargo, la impostura puede no ser inmediatamente evidente; además, para muchas personas, el que algo esté apoyado en un “estudio de una universidad” le da una fuerza de convicción que llega a anular la capacidad crítica.

Por ello es excelente que haya salido este estudio “científico” afirmando algo que es no ya demostrablemente falso, sino inmediatamente falso de acuerdo a la experiencia diaria de cada uno. Es un ejemplo concreto que enseña a cualquiera, sin importar su nivel cultural o formación científica, que lo que diga un estudio puede ser pura basura, que nunca debemos tomarlo como verdad revelada y tanto más debemos desconfiar de ello, cuantos más intereses haya en juego.

La segunda cosa que este estudio nos enseña es hasta qué punto nos tratan como niños y como estúpidos nuestras clases dirigentes. Pues evidentemente ha sido confeccionado bajo pedido, comisionado para convencernos a no quitarnos la mascarilla. Dejemos de lado si es útil la mascarilla y en qué circunstancias, porque aquí la cuestión es otra. No podían limitarse a decir algo así como “lo sabemos, la mascarilla es incómoda y se respira peor, pero hay que llevarla en nombre de la salud”. No. Nos tienen que tratar como a imbéciles, insultarnos en nuestra propia cara, intentando convencernos de que se respira igual de bien con mascarilla o sin ella.

Parece ser convicción de nuestras clases dirigentes, que se nos puede hacer tragar cualquier cosa; que si un estudio “científico” lo dice vamos a creer que lo blanco es negro. Este tipo de cosas nos da la verdadera medida del desprecio con que somos tratados por nuestras “élites” democráticas y lo que piensan realmente de nosotros.

MAX ROMANO

sábado, 7 de noviembre de 2020

EL GRAN ENFRENTAMIENTO (II) EL SENTIDO DEL HUMOR, LAS ENFERMERAS Y LA GRAN CAPA DE PLOMO DE LOS NUEVOS MOJIGATOS

 




El artículo anterior deliberadamente exasperaba el tema de la lucha de sexos, la hostilidad abierta o subterránea, que la lacra feminista está introduciendo en las relaciones entre los sexos. Hoy vamos a considerar aspectos más ligeros, pero por eso mismo más inquietantes, porque el gran daño a menudo viene de las pequeñas cosas.

¿Quién no ha imaginado una aventura o tenido alguna vez una fantasía con una enfermera procaz? Lo que desde luego nunca ha provocado ni violencias ni falta de respeto hacia las enfermeras reales. El incauto Fernando Simón, al que desde hace meses nos meten hasta en la sopa, ha tenido que pedir una especie de disculpas por un chiste sobre enfermeras en un vídeo. Esto ha hecho que yo, personalmente, le pierda hasta la última brizna de respeto. Personaje nefasto como es, al menos habría merecido un poco de consideración si hubiera mostrado algo de carácter. Si hubiera sido capaz de plantarle cara a esa horda de feministas y lameovarios, caterva de mamarrachos con caras ridículamente serias, dándose aires de decir algo importante cuando pifiaban grandes palabras y hablaban de respeto a la profesión; cuando lo único que hacían era levantar una necia, estupidísima montaña de género de lo que es el grano de arena de una simple broma.

Fernando Simón merece ser criticado por muchas cosas y probablemente no debería estar ahí, mal gestionando esta situación. Pero no desde luego por hacer un chiste sobre enfermeras.

El tema de las enfermeras procaces, por cierto, es típico también en el entrañable e inolvidable show de Benny Hill, junto con varias otras figuras femeninas ligeras de ropa, vejestorios salidos y el protagonista que casi siempre termina en un estado de frustración sexual. Sólo quienes tenemos una cierta edad lo vimos en televisión, porque fue una de las primeras víctimas de la censura feminista. No se trata de un humor de grano muy fino, a veces era pesado y cargante, pero abundaba en ratos de genialidad pura y de una comicidad visceral, saludable, vital. Hoy en día está prohibidísimo en cualquier televisión, al menos aquí, en el Reino Unido y dondequiera que el feminismo y la corrección política hayan extendido su infección, matando el humor y las ganas de reír.

¿Quién iba a decirnos que el bueno de Benny Hill se iba a convertir en un símbolo de libertad? Pues así es y aquí hemos llegado. De la mano de esta chusma de mojigatos de la corrección política y muy especialmente del feminismo; pero también de la raza y la cultura y las desviaciones sexuales. Toda esta gente nefasta odia el humor y la risa y la vida. Porque de eso se trata, basta con ver la insistencia de esta gente en la igualdad, que es antítesis y negación de la vida.

Pero, se nos dirá, también puede existir un humor políticamente correcto, respetuoso con la dignidad y la diversidad y blablablá. Cierto que existe y podemos llamarlo humor si queremos, como también podemos llamar literatura de mingitorio a las pintadas guarras en los servicios. Pero es que el “humor” aceptable para la izquierda cultural, la comicidad progresista y políticamente correcta, lejos de hacernos reír nos deja sólo tres alternativas: el aburrimiento mortal, ponernos a llorar o vomitar lo último que hayamos comido.

Esta es la gran capa de plomo que los nuevos puritanos están extendiendo sobre la vida para sofocarla. Y así vemos cómo el enfrentamiento entre los sexos que alguien está fomentando y exasperando, visto desde otro punto de vista, se inserta en el gran enfrentamiento de la no-vida contra la vida, en el cual la prohibición de reír es una pieza fundamental, quizá la misma piedra clave.

MAX ROMANO

viernes, 30 de octubre de 2020

EL GRAN ENFRENTAMIENTO (I). LA IRRELEVANCIA DEL HOMBRE Y EL ENTUSIASMO BIOTECNOLÓGICO DE LAS FEMINISTAS

 



Frente al hombre y la mujer se abren dos caminos, la crueldad y la indiferencia. Todo hace suponer que tomarán el segundo, que no habrá ni explicaciones ni ruptura, sino que seguirán alejándose el uno de la otra […] que volverá una masa de vicios abolidos y una praxis científica reemplazará al espasmo y la maldición de la pareja.

Emil Cioran, 1952

Esta especie de profecía del gran pesimista rumano Cioran, realizada hace muchas décadas, empieza a parecerse espantosamente al camino que está tomando nuestra sociedad.

En la guerra sin cuartel en curso contra el hombre y el padre, hace ya unos años los apólogos de la degeneración lograron una importante victoria: el que mujeres solas, o parejas de lesbianas, pudieran utilizar técnicas de reproducción asistida eliminando la necesidad de una figura masculina.

Una eliminación que tiene lugar de mil otras maneras. El padre en particular lleva decenios siendo expulsado de la familia; por la legislación canalla y los tribunales canalla feministas, por una cultura canalla antipaterna y antimasculina, que el hombre y la mujer medios de hoy tienen metida en la cabeza, inyectada durante largo tiempo con una posología bien estudiada por los envenenadores de las mentes.

No me extenderé aquí en el bien que supone, para el niño, la presencia de figuras masculinas y femeninas en su desarrollo; es una simple verdad biológica y antropológica, que expone inmediatamente como un capricho, propio de adultos egoístas y frívolos, la práctica de hacer crecer niños desde un principio y deliberadamente sin una figura paterna o materna. Como aberrante es la reivindicación de este inexistente “derecho” a la paternidad cuando lo único que existe es el derecho del niño a crecer de manera sana dentro de la dialéctica entre lo masculino y lo femenino.

Pero nos vamos a olvidar de esto en lo que sigue, para centrarnos en el discurso de la irrelevancia del padre. De la no-necesidad-del-hombre que de mil maneras nos meten en la cabeza y nos sugieren a través de una corriente de mensajes continua.

Quien preste atención a las cosas estará bastante harto de leer reportajes o artículos donde se nos machaca con que los varones son o serán inútiles, prescindibles. Estudios científicos deformados por la lectura feminista, o directamente calificables como mierda disfrazada de ciencia, nos informan de que tal especie animal puede reproducirse sin machos, de que el futuro es femenino y los hombres no servirán gracias a la reproducción asistida. Etcétera.

Entremos por un momento en sueños húmedos de ciencia ficción feminista, en una sociedad hipotética de sólo mujeres reproducidas a sí mismas artificialmente. Como es fácil imaginar, inmediatamente después de que se apagara el último hombre empezarían a saltarse al cuello unas a otras como fieras, sin tener siquiera la posibilidad victimista de culpar al género masculino de sus males y de su fracaso vital.

Pero volviendo a la realidad, una primera corrección de perspectiva se impone en la cuestión de si el hombre es necesario o no. Y es que ¿A mí qué cojones me importa -con perdón- el que unas locas fracasadas piensen que el varón es irrelevante o innecesario? De hecho, aunque lo pensaran no sólo esas cuatro anormales sino la mayoría de las mujeres, me importaría exactamente lo mismo: la misma declaración de irrelevancia del varón y la paternidad debe ser rechazada por el receptor (el varón) como irrelevante.

Sin duda existe una fuerte corriente feminista radical que quiere exactamente esto, prescindir totalmente de los hombres. Seguramente la mayoría de las mujeres no comparten estas posiciones. Sin embargo, considerando la insistencia en estos discursos y la falta o escasez de voces femeninas que los rebatan, es necesario preguntarse hasta qué punto estas actitudes son propias solamente de una minoría de exaltadas y lisiadas de la existencia; o si al contrario tienen más difusión de lo que creemos en el mundo femenino, quizá en formas “suavizadas” y sin tomarlas al pie de la letra. Dejaremos la cuestión abierta.

Considerando todo lo anterior, se impone una primera corrección mental que debe hacer el hombre hoy, frente a la inundación de basura que vierten continuamente en nuestras cabezas. Y es la siguiente: que el valor y la posición de los hombres en este mundo no se mide de ninguna manera con el metro de lo que es útil para las mujeres. Menos aún con lo que pocas anormales y fracasadas de la feminidad consideran que es útil para ellas

Pero vayamos aún más allá para internarnos en territorio deleznable. Y es que, llevados al terreno de la negación de la biología y la naturaleza, el entusiasmo biotecnológico de las exaltadas está completamente fuera de lugar.

En efecto, si las técnicas de reproducción asistida actuales pueden convertir en inútil y superfluo al hombre y al padre, en un próximo futuro convertirán en inútiles y superfluas también las mujeres y las madres.

Mujer, eres inútil; madre, eres superflua porque una maldita máquina va a hacer lo mismo que haces tú. ¿Escucharemos estas frases dentro de unas décadas? el útero totalmente artificial está a la vuelta de la esquina; veinte, treinta, cuarenta años. Y también: si es posible clonar una mujer o mezclar el genoma de dos mujeres eliminando la necesidad del elemento masculino, antes o después los hombres tendrán la misma posibilidad de eliminar el elemento femenino. Desafío a cualquiera a afirmar que estas cosas no serán nunca posibles.

Ciertamente es verdad que los hombres sanos de mente no tienen hoy la pretensión malsana de hacer crecer hijos suyos privados de una madre. Pero es fácil imaginar un varón en un futuro próximo que está harto, asqueado de sentirse decir que el padre y el hombre se han vuelto inútiles, que se puede prescindir de ellos. En cierto momento este hombre decide en plena libertad criar un hijo, sin tener una mujer que le toque las narices, le expulse de su casa y de su familia con una denuncia falsa, le amargue la vida y le arruine.

Y que nadie se atreva a decirle que el niño tiene necesidad de la madre, del útero de carne y de la relación física con la madre. Porque una vez que se ha negado un valor normativo a la reproducción natural, a lo que nuestra naturaleza biológica establece, a la polaridad entre lo masculino y lo femenino, todo es legítimo. Si no es necesaria la presencia de ambas figuras en el desarrollo del niño y por tanto no es necesario el padre, tampoco será necesaria la madre ni el útero femenino de carne y sangre. Si se niega el papel del padre en la formación del niño, la respuesta es negar el monopolio femenino en la reproducción humana.

Sin embargo ¿Es realmente esto lo que queremos? ¿Queremos esta situación de enemistad permanente, esta animosidad a flor de piel entre hombres y mujeres? ¿Esta separación y falta de comunicación entre las personas, estos egoísmos pequeños y miserables? En una palabra ¿Tenía razón Cioran? ¿Es que alguien querría vivir y hacer crecer a sus hijos en un mundo así?

Probablemente sí. Los que están detrás de las subvenciones multimillonarias al movimiento feminista, con todo su lobby cultural y el enorme entramado paramafioso de intereses constituidos que vive de ello. Pero el núcleo de la cuestión, su sentido real, no son los intereses económicos sino la voluntad (que forma parte de un proyecto) de enemistar a hombres y mujeres, una guerra en la que no puede haber vencedores y todos salimos perdiendo.

Esta intención que existe y es deliberada señala como criminales a los financiadores y lobistas de la guerra de sexos y el feminismo internacional, auténtica lacra y cáncer de la civilización.

MAX ROMANO