viernes, 4 de abril de 2014

AZOTES DE NUESTRO TIEMPO: DISCRIMINACION POSITIVA

Esta entrada del blog fue la primera versión para el capítulo correspondiente del libro "Azotes de Nuestro Tiempo" publicado en 2017. Se dejan algunos párrafos como muestra.




Todos hemos oído hablar de la discriminación positiva, o affirmative action como es llamada en el mundo angloparlante. En efecto es en aquellos países y especialmente en EEUU donde todo comienza y la mala hierba de la corrección política consigue enraizar en primer lugar, para luego extenderse y envenenar el resto del mundo.

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Políticas de discriminación positiva son los sistemas de cuotas en los cuales se impone una cierta proporción de mujeres, o negros, o miembros de cualquier colectivo con el certificado de minoría discriminada; lo son las repugnantes leyes de igualdad que imponen una presencia paritaria por sexos en las listas de candidatos. Pueden ser también ayudas encubiertas, ventajas fiscales, trato de favor en pruebas y exámenes, y un sinfín de otras prácticas de las cuales a menudo ni siquiera somos conscientes porque se ocultan sistemáticamente o se disfrazan. Y cuando esto no es posible se acompañan con una avalancha de propaganda para hacer comulgar a todos con ruedas de molino.

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Si de verdad los partidarios de las cuotas, los rebuznadores de la igualdad que pontifican sobre injusticias estadísticas, creyeran en sus ideas, deberían exigir por ejemplo ser atendidos sólo por médicos favorecidos por los sistemas de cuotas.

Como deberían, antes de escoger un pediatra, consultar las oportunas estadísticas y confiar la salud y el bienestar de sus hijitos sólo a un minoría discriminada, a alguien que haya podido desarrollar su potencial y superar los prejuicios sólo gracias a las cuotas.

Diré aún más: moralmente están obligados a ello para dar ejemplo, y para practicar de manera eficaz, en primera persona y en su propia vida, la discriminación positiva y la lucha contra prejuicios y estereotipos.

Siguiendo sus propias ideas, los políticamente correctos deberán admitir que con esto no les deseo ningún mal; al contrario deberían agradecerme el consejo que les doy para mejor cuidar de su salud, y además vivir en la práctica y no sólo en teoría sus ideales.

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La corrección política es junto con el feminismo y el racismo antiblanco la principal fuerza que hay detrás de la affirmative action. Nada de extraño pues estos tres Azotes proceden de la misma camada monstruosa y deforme del marxismo cultural; son parte del fermento de descomposición y podredumbre que marca la decadencia profunda y el hundimiento de nuestra civilización.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

La noticia informaba sobre cierto profesor despedido por la supervisora de su escuela y cuyo puesto terminó siendo ocupado por otra mujer.
El delito del insurrecto: negarse a entrenar un deporte más de los dos que se estipulaba en su contrato (aunque esto sea burdo pretexto).
El mensaje es claro: "no faltará la eficiente, esforzada y OBEDIENTE mujer que gustosa venga a realizar tu labor".

Si una mujer es echada, su reemplazo es otra mujer. Si el echado es un varón, su reemplazo es una mujer.

Si el varón se subleva, ya vemos el resultado. Pero si una mujer(*) hubiese sido la "rebelde", ¿habrían sido radicales con ella?

(*)Precisamente por su innatural rebeldía es que son tan solicitadas en todo CÓMODO trabajo.

Aryan dijo...

El concepto de discriminación “positiva” es un oxímoron, pues todo favoritismo tiene damnificados, todo regalo ha de ser financiado por los demás. Toda discriminación “positiva” es per se discriminación a secas, solo que enmascarada por un eufemismo ridículo y propaganda marxista cultural. Por eso solo la libertad negativa (libertad frente a la intromisión ajena) es lógica, la libertad positiva (derechos que obligan a otros) es un absurdo que acaba en el liberticidio (a los hechos me remito).
Aunque entiendo lo que quieres decir no siento ningún aprecio por el fútbol, al que considero la contraparte masculina del marujeo: espectáculo basura. Los hinchas futboleros son frikis, exactamente iguales a los que van disfrazados de SW pero con la diferencia de que su frikismo es más numeroso, y por eso es más rentable y más socialmente aceptado: puro ad populum.
A los progres no te molestes en exigirles coherencia porque el progresismo se basa en ignorar sistemáticamente la realidad: es una expresión de una psique patológica, como decía Unabomber, lo antiblanco, el feminismo o el homosexualismo solo son excusas. En muchos casos los líderes izquierdistas ni siquiera creen en lo que defienden, pero jamás lo admitirían pues ese absurdo les sirve para auparse al poder manipulando la envidia del nuevo proletariado, pues tras la IIGM el proletariado clásico se “aburguesó” y el marxismo amenazaba con perder su justificación y desvanecerse de la Historia.
Lo de Zimbabue es de traca, pero es que ese es el comportamiento natural del africano, una raza de sudras, en la que se puede apreciar el “esplendor” de la única igualdad posible: si masacran a los granjeros blancos a pesar de que ellos no van a ser capaces de administrar el botín es porque su envidia (junto a su baja inteligencia que les impide el pensamiento a medio-largo plazo) hace que por instinto corten la cabeza a todo aquel que se atreva a alzarse del fango, para que todos sean iguales, igual de míseros, hambrientos e infectos. Es por esto que la ayuda occidental (lo de “internacional” es una farsa) ni tiene sentido ni servirá jamás para nada, pues la pobreza de África es inherente a los propios africanos, solo pueden participar de la Civilización si son sujetos a la tutela de otros pueblos que posean el potencial del que ellos carecen.
Yo no creo necesario establecer cuotas para contrarrestar el feminismo: su insistencia en exigir favoritismos ya denuncia su inferioridad y lo artificioso de sus políticas, ergo si la ingeniería social progresista se corta en seco, además de aliviar significativamente la presión fiscal haría que las aguas volvieran a su cauce, restaurando la hegemonía laboral masculina y dejando solo a las excepciones femeninas que obtengan éxitos merecidos y no regalados. El resto ha de elegir entre volver a la cocina o ponerse a hacer la calle.
Discrepo: si la “decencia” de un niño bien educado no procede de él no tiene más consistencia que una bonita máscara que caerá eventualmente (la generación que aupó el marxismo cultural recibió una educación estricta). El que no es capaz de imponer su voluntad sobre el ambiente prueba ser demasiado estúpido o malvado: Quod natura non dat, Salmantica non praestat. El hombre mediocre, dejado a su suerte no se diferenciaría mucho del estulto africano: es el genio individual el que edifica la Civilización, no la mediocridad colectiva. No echemos perlas a los cerdos, tal como aconseja la Biblia.
Saludos

Diego Coya dijo...

igualdad se parece mucho a igual-da...