sábado, 14 de abril de 2012

AZOTES DE NUESTRO TIEMPO: RACISMO ANTIBLANCO

Esta entrada del blog fue la primera versión para el capítulo correspondiente del libro "Azotes de Nuestro Tiempo" publicado en 2017. Se dejan algunos párrafos como muestra.

El tema de esta entrada, uno de los Azotes con pleno derecho, es algo que mucha gente ni siquiera reconocerá. Intoxicada por una cierta propaganda, la mayoría asocia en primer lugar la palabra racismo con la maldad de los blancos y el trato vejatorio de éstos hacia otras razas, especialmente los morenos. En efecto, hemos sido condicionados a pensar que los “malos” son siempre los blancos y los “buenos” son todos los demás.

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Puede parecer simplista de entrada hablar de blancos, morenos, asiáticos, y toda la variedad de tipos y razas humanas, e incluso mal fundado o directamente absurdo querer distinguir entre razas que cada vez están más mezcladas. ¿Quién hay que definir como blanco y quién como moreno, árabe,etc…? ¿No se nos dice además que somos todos iguales?

Objeciones inconsistentes porque resulta que -como siempre- algunos son más iguales que otros. Se nos dice que hay que tratar a todos como individuos sin que importe el color, pero cuando se trata de definir quién tiene el certificado de Minoría Oprimida, quién es merecedor de privilegios y ayudas que no se merecería como individuo, se sabe muy bien quién es blanco y quién no.

También resulta que cuando se trata de señalar quién es el malo y quién es el bueno según la caricatura grotesca de la historia y la sociedad que nos ofrece  la mentalidad progresista, ahí se acaban los individuos y empiezan las razas: se sabe perfectamente quién es blanco y quién no.

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El concepto de discriminación es uno de los más manipulados por la demagogia progresista e igualitaria, hasta el punto de que se ha hecho irreconocible. Discriminar es en su significado original distinguir, establecer criterios para separar y manejar diferencias, tratar de manera distinta personas y grupos distintos. Uno discrimina cuando se trata de elegir una persona para una tarea o como compañero, uno discrimina entre grupos por ejemplo a la hora de establecer un programa de atención sanitaria por grupos de edad o por sexo, basándose en las diferencias entre tales grupos.

El sentido negativo de trato inferior hacia un grupo determinado, y sobre todo su connotación peyorativa, es una perversión del significado que viene directamente del prejuicio igualitario, según el cual todos los grupos son iguales por naturaleza. O también viene, en un igualitarismo menos ingenuo y pocas veces expresado abiertamente, de considerar las diferencias como inmorales. Por tanto deben ser, si es posible, eliminadas, pero en cualquier caso no se debe hablar de ellas y se deben ocultar. De aquí que toda discriminación sea considerada como inmoral. La palabra, el mismo concepto se vuelven algo a condenar.

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Aquí se les ve claramente el plumero, aparece el odio de fondo contra la raza blanca que anima a los antirracistas. Éste es evidente en cuanto nos damos cuenta de que según sus mismas definiciones el racismo en primer lugar es el suyo. Pero la manipulación funciona porque se han apropiado de esa palabra, como de tantas otras; racismo es a estas alturas una palabra de propaganda, que sirve sólo para culpabilizar y demonizar a quienes no comulgan con el progresismo y el racismo antiblanco.

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Se trata de una directiva en toda regla: un crimen o una agresión se califica de racial cuando el perpetrador es blanco y la víctima no. En caso contrario es un crimen como cualquier otro. La pauta es tan clara que da risa, en estos temas como en muchos otros, oír hablar de medios y periodistas independientes, cuando tan evidentemente siguen una línea dictada desde arriba.

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También podríamos hablar como un fenómeno relacionado, de la exaltación de todo lo que no está en la tradición de los pueblos blancos. Tal exaltación no está en realidad asociada a un interés genuino por esas culturas, sino que es, en primer lugar, un culto de lo extranjero en función de rechazo por lo blanco. En segundo lugar es también una exaltación de la idea sentimental y superficial que ciertos intelectuales blancos progresistas de salón tienen de las otras culturas. Culturas que en realidad rechazarían horrorizados si se las tomaran en serio, si fueran más allá de la música –inauténtica por lo demás-, la comida étnica y en general la versión soft de la multiculturalidad para el consumo de turistas y oenegetas de buenas intenciones.

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Concluyendo ya e intentando abarcar el cuadro global, existe sin duda una conexión profunda entre las ideologías de izquierdas, el marxismo cultural en general y el racismo antiblanco que corroe y debilita las naciones que han sido la cuna de nuestra cultura. Se trata de una campaña de largo alcance que representa ni más ni menos que la inoculación de una enfermedad. Una infección de culpabilidad racial que debilita ese organismo que es la sociedad, portadora y vehículo material de una tradición  que sin ella está condenada a desaparecer. Esto es lo que está en juego.

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Seguramente merece una indagación más en profundidad esta traición de las clases dirigentes europeas contra su propia gente, que aún es la raza mayoritaria en Europa, la que ha construido la tradición y la cultura en que nos reconocemos. Tema complejo y sobre el que hay varios puntos de vista, seguramente cada uno con su parte de verdad.

Según un cierto punto de vista el hombre blanco ha representado la Historia, en palabras de Giorgio Locchi, y la tendencia igualitaria, de la cual el marxismo cultural es una expresión, que persigue el fin de la historia, su anulación y final, la inmersión de la Humanidad en un eterno presente. Sigue de ello la lucha contra todo lo que es blanco y europeo.

Según otros el quid de la cuestión puede estar en otro lugar, en la mezcla de razas o en la imposición de mentalidades extrañas al modo de ser europeo. O puede depender de una multitud de factores contingentes. Pero estas cuestiones tan amplias requerirían un libro entero.

Sin embargo es indudable, volviendo a lo concreto y a lo que tenemos cerca, la existencia de un racismo antiblanco que es política de Estado de unas élites traidoras.