domingo, 20 de febrero de 2022

"JODER" A LOS NO VACUNADOS. LA GUERRA DE LOS GOBIERNOS CONTRA SUS PROPIOS CIUDADANOS Y LAS COSTURAS ROTAS DE LA FARSA DEMOCRÁTICA

 



Así se expresaba el presidente francés Macron hace no mucho, en sus propias palabras textuales. Dejando de lado si es un lenguaje público apropiado para el presidente de una gran nación, lo importante es que así dejaba claro que, para él, el enemigo verdadero es el pueblo francés. Está combatiendo una auténtica guerra contra sus propios ciudadanos; primero en el plano psicológico, con una campaña de propaganda sistemática que va mucho más allá de cualquier necesidad médica razonable, la supresión de voces disidentes y el fomento de un estado de miedo; luego con la imposición de limitaciones en la vida cotidiana cada vez más asfixiantes y la declarada voluntad de “joder” a ese gran número de franceses que hasta ahora se han negado a pasar por el aro.

Muchos otros gobiernos están haciendo lo mismo; pero además del francés hay otros tres descuellan en la clasificación mundial de villanos liberticidas: el australiano, el italiano con el banquero Mario Draghi al que nadie ha votado, el canadiense de Justin Trudeau.

Ahora que la narrativa oficial está haciendo aguas y que efectos adversos de las vacunas poco a poco salen a la luz, el afán casi enfermizo por vacunar a toda la población incluyendo a los niños, no es que resulte sospechoso sino que directamente apesta. Y el gobierno canadiense ha sido uno de los más activos en estas imposiciones a su población; hasta el punto de que precisamente allí ha nacido una revuelta, la mayor hasta la fecha y la más peligrosa para quienes manejan los hilos.

Porque estos hilos existen como naturalmente existen también los que manejan las marionetas. Estos últimos, los políticos-marioneta, son la cara visible de un sistema que se llena la boca con la representación democrática pero que empieza a romperse por las costuras cuando sectores cada vez más amplios de su pueblo soberano se niegan a pasar por el aro.

En realidad esas costuras nunca estuvieron demasiado ocultas a una mirada penetrante: cuando la propaganda y la guerra psicológica blanda ya no funcionan, los representantes del pueblo soberano ejercen esa representación con imposiciones liberticidas y con una guerra abierta contra los representados; en obediencia supina a quienes les dan las órdenes y no vemos en televisión.

La marioneta de Ottawa, hace no mucho tiempo, se planteaba si había que “aceptar en la sociedad” a los ciudadanos que se negaban a vacunarse. Un amago de edicto de proscripción contra ese creciente número de canadienses que han dicho “basta”; esas palabras, por el momento, tienen el sabor de una ironía pues el proscrito casi parece él, que salió corriendo de su capital para esconderse, ante la protesta organizada de los camioneros apoyados por gran parte de la población.

Su nerviosismo es tal que está amenazando con medidas que van de lo ridículo a lo draconiano: intervenir cuentas corrientes, suspender licencias a los camioneros para que no puedan circular, prohibir que se les lleve gasolina y suministros, prohibir tocar las bocinas en la ciudad.

El personaje Trudeau revela, en realidad, más de lo que él mismo querría sobre el Nuevo Orden Mundial, lo que hay detrás y el nexo que existe entre aspectos aparentemente separados.

Recordaremos que su gobierno fue pionero en imponer una legislación liberticida a favor de la ideología de género y las lobbies LGTB, llegando a las multas si no se usa el lenguaje políticamente correcto; por ejemplo si uno se niega a usar pronombres femeninos cuando se dirige a un maromo que, según él, es y se siente mujer.

Además de lo anterior, Trudeau ha hablado quizá demasiado cuando ha condenado a los camioneros y quienes apoyan la protesta como homófobos, misóginos, de extrema derecha, contrarios al progresismo…

¿Qué tiene que ver una protesta contra la tiranía sanitaria con todo eso? Entiendo que un pijoprogre urbanita como Trudeau, expresión de la degenerada y decadente sociedad occidental actual, no sienta sino desprecio por los rudos camioneros; entiendo que mire por encima de su hombro, por no decir su joroba espiritual, a los que seguramente ve como palurdos y que, en realidad, son los que en alguna medida se resisten a la degeneración y están todavía sanos; a pesar de toda la basura que los amos de Trudeau vierten en las cabezas con sus medios de comunicación.

Pero este desprecio de pijoprogre no explica totalmente ese extravagante traer a colación los temas del feminismo, del género, del racismo y demás, para estigmatizar es una revuelta cuyo origen es muy distinto. En cambio, el sentido de todo ello se hace transparente cuando lo miramos como la imposición de una agenda única.

Involuntariamente Justin Trudeau, quizá porque es un poco más tontín que  Macron o Draghi, nos está revelando que todo lo que está sucediendo está relacionado. Que quienes le han ordenado la guerra contra su propio pueblo con el pretexto de la crisis sanitaria, quienes se empeñan en obligar a toda la población a someterse a productos experimentales que generan interrogantes cada vez más siniestros, son exactamente los mismos que imponen la manipulación sexual de los niños en las escuelas, la corrupción de menores, la destrucción de la masculinidad y la feminidad, la campaña racista anti-blanca en curso en todo Occidente, etcétera.

Por eso la rebelión de los canadienses contra el gobierno títere de Trudeau es tan importante; estamos entrando en unos años decisivos para nuestro porvenir. Porque el Estado y las anti-élites de degenerados que lo controlan van a hacer todo lo posible por transformar la sociedad de la información en una pesadilla de control total, donde no sólo se pueda extirpar de raíz cualquier rebelión sino que esa rebelión ni siquiera tendrá oportunidad de plantearse. Un solo ejemplo: la amenaza de congelar cuentas corrientes quizá haga que mucha gente empiece a ver, finalmente, a dónde lleva la eliminación del dinero en efectivo: a estar totalmente en manos de quien nos puede controlar a distancia y privarnos de nuestro dinero con un click de ratón.

Que todavía se puede luchar lo están demostrando los camioneros canadienses: no solamente han demostrado tener más pelotas que Trudeau (admito que esto no es muy difícil) sino también inteligencia y organización. No se trata de cuatro amigotes que han decidido tomar las carreteras, sino de una operación bien organizada que requiere coordinación, logística, suministros.

Y también requiere protección contra la intervención del Estado: hace poco han detenido a una de las organizadoras, pero llevamos tres semanas de protesta que ha creado una situación de crisis, aún no controlada por las autoridades. El solo hecho de que no hayan arrestado a todos los líderes en los primeros días y no hayan desarticulado la coordinación de la protesta, nos revela que esta rebelión ha sabido organizarse de manera competente y robusta; lo suficiente como para resistir a los esbirros informáticos del gobierno y aún más de quienes están detrás: todos conocemos, directamente o de oídas, la creciente vocación censoria de las redes sociales.

Debemos estar muy pendientes de lo que sucede en Canadá y otros lugares donde comienzan a surgir protestas más o menos organizadas. Hemos entrado en un período decisivo de lucha, donde está en juego si nuestro futuro será el de insectos en una colmena o en cambio tendremos un porvenir de hombres libres.

MAX ROMANO

sábado, 22 de enero de 2022

UNDÉCIMA LÍNEA DE NECROSIS DE UN OCCIDENTE ENFERMO. LA ALIENACIÓN MENTAL QUE SE PRETENDE DE NOSOTROS

 




Entre las numerosas obras de carácter distópico que han sido escritas a lo largo del tiempo, de muy desigual valor, destacan cuatro de manera especial: Nosotros de Evgueni Zamiátin, Un mundo feliz de Aldous Huxley, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, 1984 de George Orwell. Las podemos considerar como las cuatro grandes distopías del siglo XX y las comento con cierto detalle en mi libro Crónicas de un Occidente enfermo.

Cada una de estas obras tiene algo que decirnos, pertinente para nosotros en este momento histórico que vivimos; pero aquí y para ilustrar la undécima y última “línea de necrosis” de nuestra época nos fijaremos en 1984 y particularmente en el concepto orwelliano de doblepensar. Como veremos ilustra a la perfección el carácter perverso de la corrección política y el progresismo en general.

Doblepensar significa mantener dos ideas contradictorias en la propia mente, con absoluta sinceridad y convicción. Tomando prestado un ejemplo de la novela de Orwell, la doctrina oficial requiere creer firmemente que las leyes físicas, como la ley de gravedad, son válidas sólo porque el Partido así lo quiere y pueden ser anuladas a voluntad. Por otra parte, los cálculos para que los aviones no se estrellen y los misiles lleguen a su destino se hacen como es debido, según las mismas leyes físicas que el otro rincón de la mente piensa que son relativas y dependen de la voluntad del Partido.

Pues bien, doblepensar requiere la capacidad de sostener ambas cosas al mismo tiempo; no se trata de hipocresía ni de afirmar una verdad oficial creyendo lo contrario, sino de construir dos realidades incompatibles en la mente creyendo en ambas y aplicando el “principio de oportunidad” por así decir en las relaciones con el mundo fuera de nuestra mente. Esta destrucción del principio de realidad da un sabor peculiar a la parte final de la novela de Orwell y podría dar una impresión de irrealidad; sin embargo es precisamente uno de los puntos en que Orwell acierta plenamente.

Para ver cómo la pesadilla de Orwell se está convirtiendo en realidad volvamos al tema de la igualdad de género (tercera “línea de necrosis”, que nos proporciona un buen ejemplo, tomado del libro de Alicia Rubio Cuando nos prohibieron ser mujeres… y os persiguieron por ser hombres. La autora ha tenido una larga experiencia como profesora de Educación Física y nos habla de cómo, en la enseñanza de esta materia, se utilizan lógicamente baremos diferentes para varones y mujeres; esto se hace necesario para tener en cuenta las grandes diferencias fisiológicas, de rendimiento, fuerza, resistencia y flexibilidad. Como también sucede en el deporte de competición: se utilizan baremos diferentes, perogrullescamente, porque somos diferentes.

Sin embargo incluso Perogrullo es un pensador demasiado difícil para el políticamente correcto. Sucede que chicos y chicas no se comportan de la misma manera ni escogen las mismas actividades, a pesar de una machacona y estúpida campaña por la igualdad de género en los deportes, impertinente hasta el punto de pretender decirles a los niños, en el colegio, a lo que cada uno tiene que jugar. Los resultados de estas campañas grotescas son nulos o limitados, en cualquier caso inferiores a las expectativas de los fanáticos doctrinarios de la igualdad; entonces, para explicar entonces el fracaso de su igualdad de género, los educadores y quienes tienen relación con este mundillo se agarran a clavos ardiendo, se inventan explicaciones peregrinas y ridículas, insisten cansinamente en el disco rayado de los estereotipos. Cualquier cosa con tal de no reconocer que existen divergencias fisiológicas y psicológicas fundamentales entre los sexos, cualquier cosa menos reconocer que somos diferentes.

Ahora bien, la existencia de estas diferencias es un dato de hecho incluso para estos doctrinarios; no es sólo que lo sepan sino que forma parte de su práctica cotidiana desde el momento en que ellos mismos usan baremos distintos para hombres y mujeres, en las competiciones deportivas y en la educación física. ¿Cómo es posible al mismo tiempo usar estos baremos en la práctica y para todo lo demás ignorar estas diferencias? Por un acto de negación de la realidad y práctica del doblepensar.

Me he extendido un poco sobre este punto para hacer comprender que en las obsesiones del progresismo, no sólo en la igualdad de género sino en todo lo demás, hay algo más que el hecho de pretender obligarnos a aceptar una verdad oficial. El progresismo ni se conforma con esto y no le basta la simple hipocresía de quien dice una cosa y piensa otra.

Lo que el progresismo quiere es algo mucho más siniestro: el convencimiento a la hora de negar una realidad que tenemos ante los ojos; la manera de hacer esto es la práctica del doblepensar manteniendo compartimientos estancos en la mente. Esto es lo que se pretende de nosotros y, me temo, en muchas personas realmente lo han conseguido.

En efecto, volviendo a los profesionales de la educación física, tengo la horrible sospecha de que muchos de ellos crean sinceramente en la igualdad de género y al mismo tiempo en la necesidad de aplicar baremos distintos en las pruebas físicas. Si esta sospecha es cierta, no estamos hablando simplemente de la imposición de una verdad oficial, sino de una verdadera forma de alienación mental.

A esto lleva la negación del principio de realidad y la confusión de la moral con la verdad, éste es el significado verdadero de la corrección política: una forma particularmente perversa de alienación mental que, naturalmente, combate y reprime rabiosamente, cuando llega al poder, a todos aquellos que no comparten esta alienación.

MAX ROMANO

 

viernes, 14 de enero de 2022

DÉCIMA LÍNEA DE NECROSIS DE UN OCCIDENTE ENFERMO. EL SISTEMA DE CONTROL TOTAL Y REPRESIÓN IDEOLÓGICA EN NOMBRE DE LA LIBERTAD

 


Todos los fenómenos que han ido apareciendo en las precedentes líneas de necrosis en buena medida son también políticas que los lobbies y las oligarquías ocultas nos quieren imponer, como he comentado repetidamente. Muchos perciben la degradación que esas políticas están vertiendo en la sociedad y, por tanto, no son aceptadas sin resistencia.

La apertura de fronteras y la sustitución étnica, las agendas de las varias lobbies del género estropeado incluyendo la manipulación sexual de nuestros hijos por degenerados sexuales, la degradación de la cultura y la educación; todos estos son temas fundamentales que tocan cuerdas profundas, provocan reacciones. Existe por tanto, siempre, la amenaza de una rebelión abierta contra estas agendas. Por muy intensa que sea la propaganda, por muy perfeccionado y potente que sea el sistema de hipnosis para rebajar el nivel de conciencia y hacernos comulgar con ruedas de molino, nunca se logrará apagar del todo el sentido de lo recto y lo torcido, eliminar y sofocar completamente valores humanos básicos. Y cuanto mayor sea el alcance de las aberraciones, cuanto más grandes sean esas ruedas de molino, mayor será la resistencia. Hasta el punto de que, como ya empezamos a darnos cuenta, el enemigo principal de las oligarquías psicópatas que nos gobiernan son principalmente sus propios ciudadanos; en los años venideros esta realidad será cada vez más evidente.

De esta manera, se hace necesario recurrir a la represión y al control sobre la población, o al menos contra esa parte de población que no han logrado hipnotizar del todo. Con varios pretextos y razones peregrinas se nos vigila y controla cada vez más en nombre de nuestra seguridad: cámaras por todas partes, espionaje electrónico, dinero electrónico rastreable, sistemas expertos (bajo el pomposo nombre de inteligencia artificial) que hacen innecesario colocar un ser humano detrás de cada cámara o micrófono. Dentro de poco todos los coches deberán llevar de fábrica un localizador, se nos dice que para informar de accidentes en tiempo real y mejorar la asistencia; pero el verdadero objeto, naturalmente, es saber en cada instante dónde está y dónde ha estado cada coche.

No se ve un límite a esta deriva hacia el control y la vigilancia total, aceptada por la población de una manera irreflexiva y totalmente conformista como una auténtica masa de borregos. Aunque sean borregos emancipados de todo y de todos.

El fanatismo de las restricciones a causa de la “pandemia” que no es tal, el delirio liberticida para imponer la vacunación a toda la población, la represión histérica de las voces disidentes en este tena, son algunas cuestiones muy actuales que muestran las costuras malamente disimuladas de este sistema de control total, son descosidos en la retórica de la libertad y la autonomía individual que se está revelando por lo que vale. En particular es grotesco observar cómo las gritonas del “mi cuerpo, mi decisión” aceptan dócilmente que se les imponga la inoculación de productos experimentales introducidos en sus cuerpos, cuyos efectos a largo plazo nadie conoce y que ya están demostrando efectos nocivos.

Eso por un lado. Por otra parte se introducen cada vez más delitos de opinión o “delitos de odio” como si los sentimientos se pudieran, o debieran, fiscalizar por parte de la magistratura. Los “delitos de odio” y el “discurso de odio” son expresiones en clave para indicar las ideas prohibidas, que se salen del rango que el sistema ha acotado como aceptable. Y es que el sistema de control del pensamiento en las sociedades democráticas actuales consiste en limitar el rango de opiniones admitidas, para dentro de este rango permitir el debate y la confrontación, aparentemente vivos pero totalmente insignificantes.

En cuanto a las opiniones que caen fuera son reprimidas, por las buenas o por las malas. Esto se ha practicado siempre, por supuesto, pero hoy se disfraza mejor que en otras épocas. De cualquier manera, hoy en día la fabricación por los medios de la “realidad percibida” hace casi innecesaria la censura abierta.

De esta manera, el control del pensamiento y de la opinión es perfectamente compatible con un régimen de libertades formales y se obtiene una masa contenta de esclavos enjaulados que no ven ni siquiera la propia jaula.

MAX ROMANO

miércoles, 1 de diciembre de 2021

LLEGAN LAS CRÓNICAS DE LA TIRANÍA FEMINISTA

 


 

Como siempre hay que barrer para casa y soy precisamente el autor, voy a recomendar el nuevo libro recién publicado por SND Editores, Crónicas de la tiranía feminista, que ya está a la venta.

https://www.sndeditores.com/libro/cronicas-de-la-tirania-feminista_133509/

Como mis otros libros y en particular Crónicas de un Occidente enfermo, esta obra es el resultado de varios años de trabajo y observación sobre la sociedad occidental y particularmente la española. Pero aquí me focalizo en un aspecto concreto aunque central: esa ideología feminista que propugna la guerra contra el hombre y el privilegio para la mujer. Especialmente para una particular clase de mujeres que podríamos llamar las parásitas del género.

Esta ideología que ha llegado a ejercer un dominio tiránico sobre nuestra sociedad; ha ocupado las instituciones, la justicia, la política, los medios. De ahí el título del libro que habla claro, algo que es muy necesario hoy en día, en estos tiempos del puritanismo de la mentira cuando produce escándalo llamar a las cosas por su nombre.

Y este libro es muy necesario precisamente hoy, ahora mismo incluso más que ayer; cuando la prepotencia feminista ha sido interiorizada por grandes sectores de la sociedad aborregada; cuando el gobiernuzo grotesco que nos aflige, entre otras muchas infamias, riega con millones sus chiringuitos del género estropeado y amenaza, con lengua viperina empoderada, el endurecimiento de la persecución judicial y legislativa contra el varón.

De todo esto se habla en Crónicas de la tiranía feminista, donde se parte de la introducción de la legislación feminista y la campaña histérica sobre la violencia de género, en tiempos de ese Enemigo del Varón que, hoy, se ha reciclado como payaso bolivariano en tierras americanas para legitimar lo indefendible.

Parte de estas Crónicas es un diario llevado durante esos años, que repasa y comenta aquella actualidad; cómo se fue cambiando la mentalidad de la sociedad, cómo los medios manipulaban y siguen manipulando, cómo se vivió y se vive ese mundo orwelliano de las nuevas brujas, desde el punto de vista de un varón que rechaza ser domesticado; un varón que no comulga con ruedas de molino, que se niega a ingerir el excremento que los domesticados ingieren sin pestañear, mientras repiten con sonrisa boba que es exquisita mermelada.

Un pasado reciente que se proyecta hoy y que sigue siendo actual. El lector en efecto, verá reflejado todo ello en lo que ve y vive cada día como comento en mis artículos sobre el tema publicados en El Correo de España. Una recopilación de esos textos, de la máxima actualidad, conforma la primera parte del libro.

Pero también muchas más cosas: una serie de Fundamentos de la masculinidad, que no pretende ser ningún tipo de decálogo sino una serie de propuestas y puntos de referencia; una colección de mini-monografías de Descontaminación mental donde se exponen a la luz algunas de las falsificaciones y manipulaciones feministas.

No falta naturalmente una discusión en cierto detalle de las bazofias legislativas como la Ley de Violencia de Género, la Ley de Igualdad, el Anteproyecto de Ley sobre la libertad sexual (la ley del sólo sí es sí); así como un repaso de la historia del feminismo y sus conexiones con las otras patas ideológicas del género estropeado: LGTB e Ideología de Género.

Veremos cómo desde un feminismo original, que podía tener su razón de ser, se han ido incorporando venenos ideológico-políticos, odio contra el varón, proyectos de destrucción de la familia e ingeniería social nefasta; para terminar en chaladuras cada vez mayores que son simplemente trastornos elevados al plano ideológico.

Se comentarán algunos libros importantes para quien se interesa al tema, se explorarán feminismos posibles alternativos al hediondo feminismo de las brujas de género, se discutirá sobre el pasado, el presente y el futuro; incluso hay una sección que trata de la ciencia ficción feminista, un mundo creo que desconocido para muchos lectores.

He intentado escribir un libro caleidoscópico, escrito en varios registros, como la misma sociedad y la experiencia humana.

Todo esto es Crónicas de la tiranía feminista.

 MAX ROMANO