El
síndrome de Down, conocido popularmente como mongolismo, es un trastorno
genético que conlleva una serie de problemas de salud y fisiológicos, pero
sobre todo un retraso mental de entidad variable.
Es
importante llamar a las cosas por su nombre: Retraso mental. Porque en vez de esta expresión la corrección
política, en su afán de no llamar a las cosas por su nombre, prefiere el
retorcido eufemismo “Discapacidad
cognitiva: adquisición lenta e incompleta de las habilidades cognitivas,
funcionamiento intelectual significativamente inferior a la media”…todo
ello para no utilizar el honesto y claro concepto de subnormalidad = sub + normalidad que dice exactamente lo mismo.
En
una pauta típica de retorcimiento mental y buenismo, propios de la
corrección política, quienes utilizan estos juegos de palabras deben pensar que,
como no utilizamos expresiones prohibidas como subnormal y retrasado mental,
los subnormales y los retrasados mentales no existen. De esto se habló hace
tiempo en la entrada dedicada a este azote:
No vamos a repetir las consideraciones allí expuestas sino
a comentar una noticia que –como a menudo sucede con las cosas pequeñas- da el
pulso de lo que está pasando en nuestra sociedad:
Lo
comentado en las primeras líneas del artículo es necesartio para entender la
noticia y no dejarse manipular, porque actualmente hay muchos que, confundidos por
la desinformación y el absurdo lenguaje buenista que oculta lo desagradable, piensan
que el mongolismo no tiene nada que ver con el retraso mental. La realidad es
que el síndrome de Down representa la causa más frecuente del retraso mental, retraso
que se suele medir con el coeficiente intelectual (CI). Se considera retraso
leve (85% de todos los retrasados mentales) un CI entre 50 (o 55 según los autores) y 70.
Recordemos
brevemente que se habla de CI en la media para valores alrededor de 100 y que
aproximadamente el 95% de la población está entre 70 y 130. No vamos a discutir
aquí los defectos del CI y de la metodología para medir la inteligencia, pero para
ciertos usos es apropiado y mide bastante bien el potencial para el éxito
escolar. El 50% de que habla el artículo está evidentemente en la parte
superior del colectivo con retraso leve.
No
tengo nada en contra de que a estas personas se les intente dar una educación y
realicen algo útil para la sociedad, naturalmente en la medida de sus
posibilidades, que son limitadas e inferiores a las del resto de la población.
Pero una cosa es esto y otra muy distinta pretender que sean personas normales y
hacer como si el retraso mental no existiera. Porque de esto se trata, hasta el
punto de pretender que sigan el mismo tipo de educación que se imparte a quien
no tiene retraso mental. Se trata de la misma deformación mental y el mismo
buenismo empalagoso que hay tras las grotescas olimpíadas para minusválidos,
pero aquí la cuestión toma tintes siniestros.
En
efecto, el retraso mental no puede ser corregido ni se puede elevar intelectualmente
a estas personas al nivel de normalidad. Lo que se puede hacer es darles una educación a medida de
sus limitaciones. Los centros de educación especial han existido desde hace
tiempo y lo malo no es que este tipo de atención sea mejorada, lo aberrante es
homologarla con la educación que se imparte a los chicos normales. Porque de
esto se trata. El significado auténtico de esta noticia no es el de un progreso sino todo lo contrario.
No es que los subnormales puedan ser normales como
pretende sugerir el artículo, impregnado del triunfalismo idiota de la sociedad
igualitaria: el
significado real, siniestro, de la noticia es que da una medida de la
degradación del sistema educativo. El nivel se ha hundido hasta tal punto, se
exige ya tan poco, tanto se han facilitado ya las cosas, que una proporción importante de subnormales es
capaz de terminar la educación secundaria. Esta es la lectura correcta. Porque es evidente que esto es lo que sucede realmente, que sólo en
parte este “logro educativo” es debido a las mejoras en la instrucción de los
retrasados y su estimulación precoz; la verdadera y principal razón es la
espantosa caída del nivel de exigencia en la educación, resultado directo del
fanatismo igualitario.
La
apisonadora de la igualdad no se detiene nunca y aplasta todo lo que es
excelencia, mérito, diferencias cualitativas entre personas: no les basta ya empeñarse
en que todos terminen los estudios secundarios, cuando evidentísimamente hay
quien vale para estudiar y quien no, o quien tiene interés y quien no. Ahora pretenden
también que los retrasados mentales deban ser capaz de completarlos.
Dentro
de diez o veinte años los veremos en la universidad terminando sus carreras y
tendremos más necios discursos presentando todo ello como un logro y un gran
progreso social. De hecho ya estamos en camino. La proliferación de títulos
universitarios basura, la simplificación de los contenidos y la rebaja drástica
del nivel de exigencia y del rigor…todo esto es visible y he podido
constatarlo, incluso en el limitado período accesible a mi observación directa
y personal. Hasta cierto punto se salvan las carreras técnicas y tradicionalmente duras,
porque de cualquier manera se necesitan especialistas aunque sólo sea para mantener la sociedad funcionando, pero también aquí ha caído el nivel. Y en cualquier caso si la escuela no vale nada habrá cada vez menos estudiantes capaces o interesados en cursarlas.
En los países anglosajones, que fueron los primeros en sufrir este devastante modelo educativo, una gran proporción de los estudiantes de carreras técnicas, de investigadores y especialistas, vienen del extranjero o de grupos sociales, como los asiáticos, que en cierta medida resisten a las gilipolleces de la igualdad y la corrección política. En pocas palabras tienen que importar los cerebros de fuera porque su escuela es una fábrica de ignorantes y burros, y los pocos que se salvan es a pesar del sistema educativo y gracias a que sus familias se han esforzado en transmitirles valores y actitudes que en la escuela ya nadie les enseña.
Cabe
preguntarse por nuestro futuro y el de toda Europa en estas condiciones. ¿Estamos
ya en la invasión “vertical” de bárbaros, desde el interior de la propia
sociedad, que Ortega y Gasset previó hace muchos años en su ensayo La Rebelión de las Masas?.
El filósofo dudaba de que la civilización técnica, moderna, se pudiera mantener
cuando los “bárbaros verticales” tomaran el control de la sociedad.
Se habla a menudo de los países emergentes y de China como futura superpotencia. Pues bien, allí la selección y la meritocracia son duras y feroces, a todos los niveles. Me puedo imaginar a los chinos que se descojonan de risa mientras comen sus rollitos primavera, leyendo que en España estamos orgullosos de nuestro sistema educativo, no por su excelencia y nivel superior, sino porque hasta los deficientes mentales pueden completar la educación secundaria.
Nosotros europeos, los países occidentales, los blancos en general, nos estamos cavando la fosa con nuestras propias manos. Como los niños del cuento de Pinocho hemos escapado al País de los Juguetes donde la vida es fácil y se juega todo el día, sin darnos cuenta de que empiezan a crecernos ya las orejas de burro...
Los "bárbaros verticales" de Ortega ya están aquí. Basta salir a la calle, encender la televisión, leer un foro en Internet escogido al azar o escuchar a los políticos; si
la calidad de la educación se refleja en la clase dirigente, basta ver el
espectáculo que dan y cómo hablan. Basta ver cómo están
escritos muchos artículos periodísticos, cuyas carencias no sólo son de estilo
sino a veces incluso conceptuales; vamos, que ni siquiera transmiten claramente
un contenido o hasta una simple noticia. Por no hablar de temas como las faltas
de ortografía y de la ignorancia de un vocabulario básico en “la generación mejor preparada de la historia”
por usar unas famosas palabras que bien simbolizan el triunfalismo idiota del progresismo igualitario.
Saludos
del Oso.