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domingo, 4 de diciembre de 2011

EDUCACIÓN, IGUALDAD Y DEFICIENTES MENTALES


El síndrome de Down, conocido popularmente como mongolismo, es un trastorno genético que conlleva una serie de problemas de salud y fisiológicos, pero sobre todo un retraso mental de entidad variable.

Es importante llamar a las cosas por su nombre: Retraso mental. Porque en vez de esta expresión la corrección política, en su afán de no llamar a las cosas por su nombre, prefiere el retorcido eufemismo “Discapacidad cognitiva: adquisición lenta e incompleta de las habilidades cognitivas, funcionamiento intelectual significativamente inferior a la media”…todo ello para no utilizar el honesto y claro concepto de subnormalidad = sub + normalidad que dice exactamente lo mismo.

En una pauta típica de retorcimiento mental y buenismo, propios de la corrección política, quienes utilizan estos juegos de palabras deben pensar que, como no utilizamos expresiones prohibidas como subnormal y retrasado mental, los subnormales y los retrasados mentales no existen. De esto se habló hace tiempo en la entrada dedicada a este azote:

No vamos a repetir las consideraciones allí expuestas sino a comentar una noticia que –como a menudo sucede con las cosas pequeñas- da el pulso de lo que está pasando en nuestra sociedad:


Lo comentado en las primeras líneas del artículo es necesartio para entender la noticia y no dejarse manipular, porque actualmente hay muchos que, confundidos por la desinformación y el absurdo lenguaje buenista que oculta lo desagradable, piensan que el mongolismo no tiene nada que ver con el retraso mental. La realidad es que el síndrome de Down representa la causa más frecuente del retraso mental, retraso que se suele medir con el coeficiente intelectual (CI). Se considera retraso leve (85% de todos los retrasados mentales) un CI entre 50 (o 55 según los autores) y 70.

Recordemos brevemente que se habla de CI en la media para valores alrededor de 100 y que aproximadamente el 95% de la población está entre 70 y 130. No vamos a discutir aquí los defectos del CI y de la metodología para medir la inteligencia, pero para ciertos usos es apropiado y mide bastante bien el potencial para el éxito escolar. El 50% de que habla el artículo está evidentemente en la parte superior del colectivo con retraso leve.

No tengo nada en contra de que a estas personas se les intente dar una educación y realicen algo útil para la sociedad, naturalmente en la medida de sus posibilidades, que son limitadas e inferiores a las del resto de la población. Pero una cosa es esto y otra muy distinta pretender que sean personas normales y hacer como si el retraso mental no existiera. Porque de esto se trata, hasta el punto de pretender que sigan el mismo tipo de educación que se imparte a quien no tiene retraso mental. Se trata de la misma deformación mental y el mismo buenismo empalagoso que hay tras las grotescas olimpíadas para minusválidos, pero aquí la cuestión toma tintes siniestros.

En efecto, el retraso mental no puede ser corregido ni se puede elevar intelectualmente a estas personas al nivel de normalidad. Lo que se puede hacer es darles una educación a medida de sus limitaciones. Los centros de educación especial han existido desde hace tiempo y lo malo no es que este tipo de atención sea mejorada, lo aberrante es homologarla con la educación que se imparte a los chicos normales. Porque de esto se trata. El significado auténtico de esta noticia no es el de un progreso sino todo lo contrario.

No es que los subnormales puedan ser normales como pretende sugerir el artículo, impregnado del triunfalismo idiota de la sociedad igualitaria: el significado real, siniestro, de la noticia es que da una medida de la degradación del sistema educativo. El nivel se ha hundido hasta tal punto, se exige ya tan poco, tanto se han facilitado ya las cosas, que una proporción importante de subnormales es capaz de terminar la educación secundaria. Esta es la lectura correcta. Porque es evidente que esto es lo que sucede realmente, que sólo en parte este “logro educativo” es debido a las mejoras en la instrucción de los retrasados y su estimulación precoz; la verdadera y principal razón es la espantosa caída del nivel de exigencia en la educación, resultado directo del fanatismo igualitario.

La apisonadora de la igualdad no se detiene nunca y aplasta todo lo que es excelencia, mérito, diferencias cualitativas entre personas: no les basta ya empeñarse en que todos terminen los estudios secundarios, cuando evidentísimamente hay quien vale para estudiar y quien no, o quien tiene interés y quien no. Ahora pretenden también que los retrasados mentales deban ser capaz de completarlos.

Dentro de diez o veinte años los veremos en la universidad terminando sus carreras y tendremos más necios discursos presentando todo ello como un logro y un gran progreso social. De hecho ya estamos en camino. La proliferación de títulos universitarios basura, la simplificación de los contenidos y la rebaja drástica del nivel de exigencia y del rigor…todo esto es visible y he podido constatarlo, incluso en el limitado período accesible a mi observación directa y personal. Hasta cierto punto se salvan las carreras técnicas y tradicionalmente duras, porque de cualquier manera se necesitan especialistas aunque sólo sea para mantener la sociedad funcionando, pero también aquí ha caído el nivel. Y en cualquier caso si la escuela no vale nada habrá cada vez menos estudiantes capaces o interesados en cursarlas.

En los países anglosajones, que fueron los primeros en sufrir este devastante modelo educativo, una gran proporción de los estudiantes de carreras técnicas, de investigadores y especialistas, vienen del extranjero o de grupos sociales, como los asiáticos, que en cierta medida resisten a las gilipolleces de la igualdad y la corrección política. En pocas palabras tienen que importar los cerebros de fuera porque su escuela es una fábrica de ignorantes y burros, y los pocos que se salvan es a pesar del sistema educativo y gracias a que sus familias se han esforzado en transmitirles valores y actitudes que en la escuela ya nadie les enseña.

Cabe preguntarse por nuestro futuro y el de toda Europa en estas condiciones. ¿Estamos ya en la invasión “vertical” de bárbaros, desde el interior de la propia sociedad, que Ortega y Gasset previó hace muchos años en su ensayo La Rebelión de las Masas?. El filósofo dudaba de que la civilización técnica, moderna, se pudiera mantener cuando los “bárbaros verticales” tomaran el control de la sociedad.

Se habla a menudo de los países emergentes y de China como futura superpotencia. Pues bien, allí la selección y la meritocracia son duras y feroces, a todos los niveles. Me puedo imaginar a los chinos que se descojonan de risa mientras comen sus rollitos primavera, leyendo que en España estamos orgullosos de nuestro sistema educativo, no por su excelencia y nivel superior, sino porque hasta los deficientes mentales pueden completar la educación secundaria.

Nosotros europeos, los países occidentales, los blancos en general, nos estamos cavando la fosa con nuestras propias manos. Como los niños del cuento de Pinocho hemos escapado al País de los Juguetes donde la vida es fácil y se juega todo el día, sin darnos cuenta de que empiezan a crecernos ya las orejas de burro...

Los "bárbaros verticales" de Ortega ya están aquí. Basta salir a la calle, encender la televisión, leer un foro en Internet escogido al azar o escuchar a los políticos; si la calidad de la educación se refleja en la clase dirigente, basta ver el espectáculo que dan y cómo hablan. Basta ver cómo están escritos muchos artículos periodísticos, cuyas carencias no sólo son de estilo sino a veces incluso conceptuales; vamos, que ni siquiera transmiten claramente un contenido o hasta una simple noticia. Por no hablar de temas como las faltas de ortografía y de la ignorancia de un vocabulario básico en “la generación mejor preparada de la historia” por usar unas famosas palabras que bien simbolizan el triunfalismo idiota  del progresismo igualitario.

Saludos del Oso.

jueves, 10 de marzo de 2011

BRECHA SALARIAL

Con una cierta regularidad las feministas nos machacan la cabeza con el asunto de la brecha salarial. 

Esgrimen estadísticas para demostrar que las mujeres ganan menos que los hombres y presentan esto como una injusticia. Injusticia que debe ser combatida con políticas de paridad, cuotas, discriminación positiva, es decir cada vez más privilegios para la mujer. Se sostiene que hasta que no desaparezca la brecha salarial no se alcanzará una verdadera justicia.


Hay que repetir regularmente la misma falsedad para que entre en los cerebros y se acepte como una verdad evidente que nadie cuestiona. Y en efecto no faltan artículos cada semana como éste:


Se nos dice que hasta que no desaparezca esta diferencia estadística no habrá justicia. La realidad es diametralmente opuesta: la brecha salarial es un falso y demagógico argumento utilizado para favorecer a la mujer. Es mentira que represente un trato vejatorio hacia ella. Al contrario, inicua e injusta es cualquier política que favorezca a la mujer por el mero hecho de serlo. Injusticia radical y escandalosa  sería que no existiera esta diferencia estadística.

Para empezar, es difícil saber con precisión la entidad de esta diferencia entre salarios medios. Cada vez nos dicen una cosa distinta, lo que ya indica que son estudios sectarios y con una clara intención manipuladora. Pero no es ésta la cuestión: seguramente los salarios medios de hombres son superiores a los de las mujeres y mujeres en la sociedad en conjunto, o en una gran organización o en muchas profesiones. Esto no voy a negarlo, aunque no voy a aceptar ninguna cifra precisa procedente de esta basura de estudios pilotados al servicio de la propaganda feminista.

No constituyen los porcentajes manipulados o las trampas de la estadística el engaño esencial. La mentira principal, insidiosa y venenosa, consiste en sostener que esta diferencia implica que hombres y mujeres perciben salarios diferentes por realizar el mismo trabajo. Esto es falso, lisa y llanamente como sabe cualquiera que trabaje en una organización. Hace tiempo hablé del tema en esta entrada


Lo esencial del tema es que hombres y mujeres tienen en media sueldos diferentes porque realizan trabajos diferentes, por motivos generacionales, porque son ellas que dan a luz, porque eligen distintos lugares y condiciones de trabajo.

Porque a los sitios peligrosos, incómodos y duros son los hombres que van. Porque las horas extras cuando hay que quedarse más de la cuenta a trabajar son realizadas sobre todo por hombres. Por mil motivos más que cada uno podrá sacar de su experiencia personal y profesional.

Estas disparidades seguirán existiendo a menos que desaparezcan todas las diferencias entre hombres y  mujeres y nos convirtamos en una humanidad triste y miserable de seres asexuados todos iguales.

Los mentecatos igualitarios consideran injustas las diferencias naturales. Pues bien la realidad es diamtralmente opuesta: es radicalmente injusto y perverso negarlas, intentar eliminarlas, fingir que no existen o son irrelevantes.

Naturalmente las hienas feministas saben perfectamente que su argumento es más falso que Judas y tienen claro que quieren aplastar al hombre y someterlo a un régimen de iniquidad. Baste para ilustrarlo este párrafo del primer artículo mencionado:

“La Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres, por su parte, indicó que la diferencia salarial "parte de los convenios colectivos, donde se permite distinta nomenclatura para el mismo puesto de trabajo dependiendo de si es mujer o varón", y "de los pluses, ya sean de nocturnidad, toxicidad o peligrosidad, que normalmente perciben los varones".

Notemos especialmente la última frase, que condensa en pocas palabras y con rara sinceridad toda la iniquidad que hay detrás de las políticas de igualdad. Como he apuntado antes, estos pluses no se los regalan a nadie por su cara bonita: hay que ganárselos. Para esta gentuza –porque no tiene otro nombre- lo injusto no es que sólo los varones estén dispuestos a trabajar en condiciones especialmente duras, sino que cobren más por hacerlo. Lo que esta canalla feminista querría, evidentemente, es que los hombres que trabajen en tales condiciones no cobraran estos pluses. O bien que los cobraran mujeres que están cómodamente en su oficina y no pueden –o no les sale de los ovarios- trabajar de noche o en situaciones de riesgo.

Sobran las palabras. Saludos del Oso

BOMBEROS Y BOMBERAS

A la espera de lo que pueda pasar en Libia, volvemos a nuestro país y al tema del victimismo feminista,  que nos machaca desde los medios regularmente con las habituales campañas de propaganda y mentiras. Específicamente hablaremos en el artículo de hoy y en el de mañana de los engaños y manipulaciones operados por el feminismo para  imponer por ley cuotas y de privilegios. Cuotas y privilegios que naturalmente subrayan sólo la incapacidad de la mujer para competir con el hombre en ciertos campos, su necesidad de pisotear y discriminar al varón como único modo para acercarse a su ideal repugnante de la paridad.

Los hombres debemos reaccionar de la única manera posible y digna: negar  a priori credibilidad y respeto en el ámbito laboral a cualquier mujer que haya sido o haya podido ser beneficiada por estas políticas, a menos que demuestre lo contrario.

¿Te has beneficiado de las Políticas de Igualdad? ¿Te han facilitado las cosas sólo por ser mujer?

Pues para mí no eres más que una inútil y no mereces ni tu puesto, ni tu sueldo, ni mucho menos mi respeto hasta que me demuestres lo contrario. Esta es la única posición lógica y digna. Lo contrario es ser un pobre gilipollas domesticado. Y lo siento por las mujeres realmente capaces y preparadas, pero poco o nada he oído su voz contra estas políticas aberrantes -es cómodo tener privilegios- de modo que en el fondo es totalmente justo que el descrédito caiga injustamente sobre ellas.

Hoy trataremos de bomberos y bomberas para abordar una vez más el tema de la discriminación positiva.

Es decir y hablando en cristiano, favorecer a las mujeres perjudicando a los hombres. EL 8 de Marzo es el Día del Privilegio Femenino y se aprovecha siempre la ocasión para intensificar la propaganda, para proponer nuevas iniquidades, para presionar un poco más a los varones. Por ejemplo con la campaña para introducir las infames cuotas femeninas en las empresas:


Pero hoy voy a ocuparme de una noticia aún reciente que tiene que ver con el trato de favor que se pretende imponer para la mujer en todas partes. Noticia que revela con especial claridad la deformación del lenguaje operada por el feminismo. En efecto según la detestable Neolengua de la dictadura hembrista en que vivimos, otorgar privilegios a la mujer y discriminar al hombre se llama paridad.

En esta ocasión se trata de las pruebas de selección para la profesión de bombero en Madrid. En esta ciudad los requisitos físicos para entrar son los mismos para hombres y mujeres y bastante exigentes, lo cual hace que para las mujeres sea muy difícil superar estas pruebas. En otras ciudades sin embargo las pruebas son diferenciadas por sexo:


Ciertamente estoy de acuerdo con el título de este artículo. Que sepa tirar la puerta significa que los requisitos físicos deben ser objetivos, orientados al tipo de trabajo e independientes del sexo del aspirante, lo cual excluye cualquier trato de favor para las mujeres y cualquier repugnante discriminación positiva.

Pero naturalmente las feministas no podían aceptar que hubiese un rincón en España que resistiera a sus imposiciones y han puesto el grito en el cielo. Evidentemente lo que de verdad quieren decir es que hay discriminación porque las mujeres tienen un cuerpo diferente de los hombres, con menor fuerza física, capacidad pulmonar y cardiovascular. Es la llamada discriminación indirecta. Para entender bien qué significa esta paja mental propia de mujeres fracasadas, citaremos este pasaje de la infame Ley de Igualdad:

"Se considera discriminación indirecta por razón de sexo la situación en que una disposición, criterio o práctica aparentemente neutros pone a personas de un sexo en desventaja particular con respecto a personas del otro"

Esta es la locura igualitaria, considerar injustas y querer ignorar las diferencias naturales y evidentes entre hombres y mujeres. Es querer imponer a la fuerza la presencia femenina y la igualdad con calzador contra cualquier lógica y criterio razonable. Es negar que, por razones objetivas, precisas, fundadas en la realidad, toda pretensión de igualdad es radicalmente injusta. Es fanatismo y necedad al poder. Es la estupidez elevada a sistema y encarnada en las leyes.

Este fanatismo de la igualdad es defendido sinceramente por los gilipollas domesticados que tienen el cerebro embotado de tanta propaganda feminista. Pero las feministas no actúan con esa buena fe, porque son perfectamente conscientes de lo que quieren: se trata de favorecer a la mujer y darle cada vez más privilegios en perjuicio de los hombres.

Cuando la presencia de mujeres es mayoritaria en una profesión o actividad no las escucharemos exigir paridad, no saldrán los tontos útiles a cacarear sobre techos de cristal y no se exigirá discriminación positiva. Se dirá simplemente que las mujeres son mayoritarias porque son mejores, más eficientes, más serias y toda la retahíla de mentiras y lugares comunes, repetidos hasta la saciedad para engañar a los borregos que se las tragan como si fueran verdades reveladas.

Al final -no podía ser de otra manera- el asunto se ha resuelto con una capitulación total ante las imposiciones feministas:


El Consistorio aplicará cierta paridad en las pruebas para ser bombero

Aquí podemos ver la canallesca falsificación del lenguaje operada por el feminismo. Aplicar paridad significa favorecer a las mujeres. Más claro agua. El que siga sin ver la realidad cuando la tiene escrita tan claramente y delante mismo de sus ojos es tonto del culo y sin redención posible.

La historia de los bomberos y las bomberas es un caso muy particular de la imposición feminista que triunfa por todas partes, de la arrogancia por parte de las mujeres que quieren meterse en todas partes y ocupar cualquier espacio aunque no lo merezcan. Las miserables políticas de paridad representan una injusticia hacia los hombres que deben demostrar más que una mujer y que están penalizados por no serlo. Implícitamente son también insultantes para la mujer realmente capacitada pero  con su pan se lo coman.

No hay duda de que, por mucho que lo niegue el cacareo igualitario, las diferencias naturales que existen entre los sexos, físicas y psíquicas, capacitan a unos y otras de manera diferente. Por consiguiente el criterio que busca imponer –sólo cuando les conviene- una paridad que no existe en la realidad es criminal e inicuo. El único criterio válido a priori es una selección basada en la realidad, en las habilidades requeridas, y a posteriori basado en los resultados y el desempeño de la actividad.

Yo no me siento discriminado por no poder ser bombero o miembro de un cuerpo militar de élite. No tengo el físico ni las demás habilidades requeridas. Si exigiera pruebas físicas facilitadas quejándome de discriminación se me reirían en la cara y recibiría una merecida patada en el trasero.

En otros cuerpos de bomberos las pruebas físicas son diferenciadas por sexo, con lo cual las bomberas en general tienen menos fuerza y capacidad que sus colegas masculinos para ese tipo de trabajo. Por tanto, puesto que los equipos de bomberos deben resolver emergencias reales y no hacerse pajas mentales de Igualdad, a las pocas mujeres presentes probablemente se les asignen tareas que no requieran tanta fuerza o capacidad física, es decir las menos peligrosas. Quizás las pobrecitas se sientan mal por ello pero me importa un comino. Lo que me importa son los hombres que cobran lo mismo que las mujeres estando obligados a asumir un riesgo mayor. Ésta es la injusticia y la verdadera brecha salarial. Si de verdad quieren ser bomberas pero no son capaces por motivos físicos, o porque no les sale de los ovarios, de estar en las situaciones de mayor riesgo, que acepten una retribución menor porque menor es la peligrosidad. Esto es justicia y no la canallesca imposición de las políticas de igualdad.

sábado, 9 de octubre de 2010

LA CUADRATURA DEL CÍRCULO

Con esta expresión se suele indicar un dilema o una situación que no tiene ninguna solución satisfactoria, porque es fruto de deseos, aspiraciones, pretensiones incompatibles, entre ellas y con la realidad. Como el cazador del proverbio oriental que quiere cazar a la vez una liebre y un ave, fracasando en ambas cosas.
Me estoy refiriendo en esta entrada a la pretensión de la mujer moderna, adoctrinada por el feminismo, de dedicarse a una carrera profesional, de la misma manera, con las mismas pautas y parámetros que el hombre, y por otro lado cumplir su misión de ser madre. Misión que está dictada por la biología de la especie humana, porque no somos amebas, ni vegetales, ni peces ni reptiles, aunque muchos parezcan haberse quedado en estas etapas o haberlas erigido a ideal de vida.

Como todo el mundo sabe, o sabía antes de que las imbecilidades igualitarias enturbiaran los juicios y reblandecieran los cerebros, existe una asimetría fundamental en el cuidado de la prole: el recién nacido exige una dedicación total por parte de la madre y no por parte del padre. El llevar un hijo en el vientre, alumbrar y dar el pecho necesariamente tiene implicaciones fundamentales en los roles del padre y de la madre: inicialmente una total prevalencia de la figura materna, que poco a poco va atenuándose mientras el padre entra en escena y se va reforzando como figura. Precisamente una de las más importantes funciones del "trabajo" de padre correctamente  realizado, es contarrestar la natural tendencia femenina a la hiperposesividad, a considerar los hijos como algo que le pertenece físicamente, como si siguiera existiendo un "cordón umbilical" psicológico. Sin extenderme en ello, es evidente que la diferencia de roles entre padre y madre es natural y necesaria para un correcto desarrollo humano, y su fundamento es la polaridad masculino-femenino.

Varias veces me he disculpado por escribir cosas evidentes pero, como he repetido también a menudo, cuando vivimos inundados por una avalancha de mentiras y propaganda, orquestada por degenerados cuyo objetivo es la degradación de la sociedad humana, uno está obligado a repetir continuamente que 2+2=4; que hombres y mujeres son radicalmente, profundamente distintos.

El que pueda hablarse de total simetría entre ambas figuras, que tal aberración se pretenda imponer por ley, lo puedo entender sólo como índice de la más profunda estupidez, de una total ceguera producida por la ideología o de mala fe.

El adoctrinamiento feminista en este punto además constituye un engaño y una traición hacia la mujer, porque la está llevando a un callejón sin salida. La ha llevado a odiar el papel de ama de casa y en muchos casos la misma maternidad, para lanzarla a una competición con el hombre en todos los terrenos, convenciéndola de que su liberación consiste en masculinizarse y competir con  el hombre.

No se trata naturalmente de proponer vueltas al pasado: ello es imposible y si no lo fuera, serviría sólo para reproducir las condiciones que han llevado al presente. Pero la mujer moderna en vez de buscar un camino original, basado en valorizar las diferencias, ha elegido la confrontación y competición con el hombre, pretendiendo neciamente una imposible igualdad en todos los terrenos.
Pretensiones e ideología que condenan doblemente al hombre y a la mujer cuando se convierte en la idea dominante de una sociedad. Tanto si es sostenida con buena fe por los mentecatos igualitarios, como si es sostenida con la mala fe de las víboras feministas, que la utilizan como arma en su guerra contra los hombres.
Leyendo el artículo siguiente del diario El País, redactado naturalmente según la habitual óptica del victimismo feminista, podemos aquilatar el fracaso y la crisis que esperan a la mujer moderna cuando se dé realmente cuenta de que ha abandonado familia e hijos por algo que de ningún modo la va a "realizar", por usar la jerga corriente:


Bueno, chica, tu "madre en los setenta" con casi total seguridad era bastante más feliz que tú, no se hacía las pajas mentales que te haces tú, no se quejaba continuamente porque la realidad no se adaptaba a sus deseos o caprichos...en resumen: en vez de pseudoproblemas tenía hijos y era respetada, como mujer y como madre. Evidentemente piensas que es una esclavitud ser un ama de casa en vez de embrutecerse en un trabajo de oficina ocho horas al día, pero esta opinión -que es la de millones de mujeres- sólo denota tu pobreza de horizontes y en definitiva lo limitado de tu concepto de "realización". Si piensas que vas a ser una maruja por cuidar de una familia, es que seguramente lo eres y lo serás siempre, aunque vayas con tailleur a la oficina y tengas un gran despacho...

De pasada, notemos en el artículo la demencial frase "la realidad es sexista". ¡Es sexista porque las mujeres tienen  hijos y los hombres no! Y se presenta esto como una injusticia. Manda cojones...

Es en detalles como éste donde se le ve el plumero a la locura igualitaria, donde su pulsión oculta sale a la luz: la negación, el odio hacia todas las diferencias. Y es aquí donde se revela como ideología de muerte, porque la vida está basada en las diferencias y la polaridad. Esta gente quiere que el mundo sea un lugar de completa igualdad, sin conflictos, sin diferencias.

Pero este lugar existe ya. Se llama  cementerio.

lunes, 3 de mayo de 2010

MAQUILLADOS

Hay una tendencia actualmente entre los hombres, que es la de cuidarse a la manera femenina. Maquillaje, cuidado del cuerpo y de la belleza...un índice de ello es la creciente venta de productos cosméticos para hombres. Por ejemplo leamos el siguiente artículo

Las ventas de cosmética masculina aumentan a pesar de la crisis

Llama la atención el que, a pesar del paro creciente que recorta casi todos los tipos de consumo, para estos artículos, evidentemente de lujo, los hombres se gasten cada vez más dinero; debe ser muy importante para el hombre actual la cosmética, o será que a los hombres que más los utilizan no les toca de cerca el problema del paro.

Toda esta preocupación por el aspecto físico, por tener una piel delicada, por esconder arrugas y ojeras, por suavizar el aspecto masculino y por depilarse, por esconder los efectos de los años que pasan...es uno de los índices de que hay algo muy flojo en el hombre moderno. Representa una feminización del hombre, un asimilarse a comportamientos y preocupaciones que son propios de mujeres. Lo cual no significa homosexualidad y ni siquiera un afeminamiento externo evidente: al contrario, estas inquietudes acosan a hombres normales, que lo que persiguen es ser más atractivos para la mujer...como el maquillaje en la mujer tiene la misión de hacerla más atractiva para el hombre y aumentar su poder de fascinación sobre éste.

Y aquí precisamente se ve la feminización del comportamiento masculino: en el deseo de ser atractivo a la manera femenina, de atraer, fascinar con un tipo de belleza que ha sido siempre propia de la mujer y del adolescente efebo, es decir  del hombre aún no formado que ha siempre atraído a los homosexuales "masculinos"; es decir y para entendernos, los que prefieren dar a recibir.

"El hombre y el oso, cuanto más feo más hermoso", se decía una vez...hoy suena anticuado pero  no deja de contener mucha verdad. De un ideal de belleza viril, asociado de una manera u otra a la fuerza del carácter y a la solidez interior, ideal que podemos calificar de sincero, hemos pasado en una brutal caída de nivel a los cosméticos para hombres, cremas de belleza, sombra de ojos...una serie de productos cuya función es la de esconder y falsear la realidad; la esencia de la cosmética es en efecto la mentira, el impedir que de la apariencia externa se pueda leer la persona.

Esta homologación del hombre a la mujer, naturalmente, es aprobada con entusiasmo y fomentada por el igualitarismo, como la paralela masculinización de la mujer que confunde "liberación" y "emancipación" con asumir actitudes y comportamientos masculinos. Por supuesto desde el punto de vista de la fanática ignorancia igualitaria, no existen comportamientos o actitudes más propios de hombres o de mujeres, todos somos iguales en todo.

Ante tamaña necedad, debemos rebatir con fuerza una verdad: que la feminización del hombre erepresenta para éste una degeneración, como lo es para la mujer su masculinización.

Estando así las cosas, no puede sorprender a nadie que el feminismo encuentre terreno abonado en este tipo de hombre y penetre en la sociedad como un cuchillo en la mantequilla.

domingo, 28 de marzo de 2010

EL LAMEOVARIOS

Se me personará el neologismo, de elegancia más que dudosa, pero me parece adecuado al personaje.


Creo que mis lectores estarán de acuerdo en que nuestro amigo se lo merece: el término lameculos le queda estrecho y además no es lo suficientemente específico: éste es un lameculos de mujeres, específicamente de feministas. Su pensamiento se resume en pocas palabras: ellas siempre tienen razón, los hombres no valen nada y su papel en el mundo es servir a al mujer.  A la abyección del lameculos y su falta de dignidad éste añade la humillación de género, se arrastra por el suelo reptando y pidiendo disculpas por haber nacido varón. Helo aquí en un congreso feminista, el único hombre -si es que merece tal calificativo-  presente,  para quemar su grano de incienso en el altar de su religión feminista.  O diría incluso para oficiar un rito, como el antiguo culto de la diosa Cibeles era oficiado por sacerdotes eunucos, castrados. No es un comentario gratuito sino una analogía profunda.

Repite como un papagallo el principal tópico de la propaganda feminista: que la historia no es más que una ininterrumpida e injusta opresión del hombre sobre la mujer. Para esconder el verdadero objetivo del feminismo que no es sino el dominio de la mujer sobre el hombre,  con la consecuente  reducción de éste último a un fantoche. En efecto el proyecto -o la pulsión uterina- feminista sólo puede ser conseguido  destruyendo la identidad masculina: durante el llamado dominio masculino el hombre tenía de frente mujeres de verdad; nunca pretendió destruir la identidad femenina ni asimilar la mujer al hombre. El dominio femenino que persigue el feminismo necesita anular al hombre, reducir la población masculina a una masa de castrados  mentales, asimilar el hombre a la mujer, feminizarlo, porque no podría nunca ejercitarse sobre hombres de verdad.

El personaje sigue defendiendo a capa y espada sus infames leyes feministas, cuyo objetivo es castigar a los hombres y ponerles a merced de la mujer, reducirles a ciudadanos de segunda categoría. Con la propaganda de la violencia de género ha introducido una de las leyes más injustas que existen. Tomando como pretexto abusos reales cometidos en países semisalvajes -y falseando también aquí como si las mujeres fuesen siempre las únicas víctimas- pretende introducir aquí todavía más privilegios para la mujer, más lavado de cerebro, más castigo para el hombre.

Y se le ve mucho el plumero cuando dice que "no habrá satisfacción posible mientras exista una sola víctima de la violencia machista en este país". Evidentemente para el no es un problema la violencia si la víctima no es una mujer: le da igual -si es que no se regodea en ello- cúantas mujeres maten a sus hombres o a sus niños, cuántos hombres vean arruinada su vida por acusaciones falsas, cuántos haya en la cárcel injustamente y cuántos niños se vean privados de su padre por venganza o posesividad uterina. En resumen: la mujer es intocable y el hombre es basura que se puede patear. Esa es la "satisfacción posible" de la que habla.

Este individuo desde que ha llegado tiene una idea fija: combatir todo lo que sea masculino. Llevar a cabo una campaña implacable contra el hombre y los valores masculinos. Colaborar en la lucha de clase que el feminismo ha emprendido contra el hombre. Es el tonto útil de las víboras feministas. Está hundiendo el país porque es un inútil que no vale para nada, pero le da lo mismo porque para él lo importante es continuar la guerra contra el hombre. Sin olvidarnos de su otra idea fija: cambiar el resultado de la guerra civil y borrar toda la memoria del anterior régimen. Mas no es éste por el momento un tema que desee introducir en el blog.

No sé qué le pasa a este sujeto. Tanta saña contra los hombres, tanto odio por la masculinidad, tanto deseo de humillarse y rebajarse, de arrastrarse como un gusano de frente a la mujer...el presidente que nos ha caído es despreciable más allá de lo que pueden expresar las palabras.

Pero es una válida muestra del hombre del Siglo XXI en el que nos quieren convertir a todos. El nuevo modelo de masculinidad que las feministas pretenden que adoptemos.

¿Es éste el tipo de hombre que realmente quieren las mujeres?

Lo dudo pero me importa una puta mierda, porque el valor del hombre no se mide con el criterio de la utilidad para la mujer. Mucho menos para la mujer degenerada de la sociedad occidental moderna.

El momento en que vivimos nos impone una elección. Es hora de decidir si uno quiere ser hombre o...

lameovarios

Saludos del Oso

domingo, 10 de enero de 2010

VICTIMISMO FEMINISTA

Hoy me voy a ocupar de uno de los aspectos del lavado de cerebro llevado a cabo por las feministas: el victimismo profesional que usan como arma para conseguir privilegios y culpabilizar al hombre. En concreto, la afirmación según la cual la mujer está discriminada en el trabajo y es pagada menos que el varón, sólo por ser mujer. En la propaganda feminista es éste un motivo recurrente y con cierta regularidad los profesionales del victimismo nos recuerdan esta presunta injusticia. Tomo como ejemplo y ocasión para hablar de ello el siguiente reportaje de El País:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Discriminada/mujer/madre/elpepusoc/20100105elpepisoc_1/Tes

El artículo no carece completamente de valor porque aborda un problema real de flexibilidad laboral, que para muchas mujeres que trabajan es importante; las medidas para conciliar empleo y familia, como el fomento del contrato a tiempo parcial, son en sí mismas positivas, aunque el problema de fondo es que en realidad no se pueden hacer bien dos cosas al mismo tiempo; atender debidamente a una familia, cuidar del crecimiento y la educación de los hijos, es una tarea que requiere una dedicación quizás no exclusiva, pero seguramente incompatible con una carrera profesional a tiempo completo. Esto no es ninguna "injusticia" sino la realidad misma del ser humano, según las cual son las mujeres las que tienen que parir y no los hombres. Por otra parte esta misma realidad es la que usan cuando les conviene, para pretender con posesividad uterina un derecho exclusivo sobre los hijos, en caso de conflicto con el padre.


Pido disculpas por estas puntualizaciones de hechos evidentes, pero es que en el mundo políticamente correcto en que vivimos, dominado por la estupidez insondable del igualitarismo, es necesario repetir hasta que dos y dos son cuatro. El gobierno de nuestro país en este momento, en general la categoría de los progres, encarnan la frontera extrema de la raza de fanáticos del igualitarismo, negadores y odiadores del mundo real, que pretenden sustituir al principio de realidad el sentimentalismo barato y las ilusiones buenistas.

Volviendo al tema, se habla de la disparidad salarial entre hombres y mujeres; sin precisar cifras porque he leído de todo y los números dependen de quién los haya dado, creo que podemos considerar verdadero que el salario medio de las mujeres en general es inferior al de los hombres. Aunque las cifras estén seguramente manipuladas como todo lo que viene de esta gente, la propaganda debe basarse sobre un núcleo de verdad.

Pero no es éste el quid de la cuestión. El punto crucial es que se pretende que esta situación es injusta pues indica que la mujer cobra menos que el hombre, por hacer el mismo trabajo. Y esto es mentira, son dos cosas distintas aunque las feministas no tienen naturalmente ningún interés en aclarar la diferencia; al contrario les interesa que se confundan porque todo el valor propagandístico de este dato para ellas, toda la potencialidad de lavado de cerebro, se basa sobre esta confusión. Si un hombre cobrase más que una mujer por realizar el mismo trabajo se podría efectivamente afirmar que esta última viene tratada de forma discriminatoria por ser mujer.

Pero un ejemplo basta para entender el truco de la propaganda. Imaginemos una empresa con -pongamos- un jefe y diez empleados, cinco hombres y cinco  mujeres. Supongamos que el sueldo de los empleados es el mismo para todos y el del jefe cuatro veces más. En este caso el sueldo medio de los hombres es un 50% mayor que el de las mujeres, pero es mentira que una mujer sea pagada menos por realizar el mismo trabajo que un hombre. Evidentemente el motivo para la disparidad es que el jefe es un hombre, no que a las mujeres se les pague menos por serlo.

Y esta es la confusión sobre la que juega la propaganda feminista, porque si bien puede ser cierto que en media las mujeres ganan menos que los hombres, esto puede obedecer a dos motivaciones completamente distintas: a que en media los hombres ocupen puestos más altos y de mayor responsabilidad, o bien a que por el mismo trabajo los hombres sean pagados más. Evidentemente hay una gran diferencia entre ambas situaciones. En el segundo caso las mujeres tendrían efectivamente un motivo válido para quejarse y pretender un trato paritario; en el primero sólo el fanatismo igualitario, que niega la existencia de diferencias naturales entre hombres y mujeres, puede pretender que en cada tipo de trabajo, en cada nivel de responsabilidad y en cada clase de actividad haya una representación paritaria de hombres y mujeres.

Distinguir en qué medida la diferencia de salarios se debe al primero o al segundo factor no es tarea fácil y no me consta que se haya hecho seriamente. Es más, considero muy difícil hacerlo de manera concluyente y para el conjunto de la sociedad, porque es problemático decidir cuándo dos personas hacen exactamente el mismo trabajo. Incluso si sobre el papel esto es así, ¿Tienen la misma experiencia? ¿La preparación y las capacidades son las mismas? ¿Han demostrado la misma profesionalidad y capacidad?

No estoy afirmando -que quede claro- diferencias a priori basadas en el sexo, sino simplemente lo siguiente: en la medida en que las diferencias individuales empiezan a pesar en la carrera profesional y  los niveles salariales no están totalmente codificados -por tanto dejan espacio para tales diferencias- no es posible con las herramientas de la estadística demostrar esta presunta "discriminación" a menos de postular a priori que hombres y mujeres sepan hacer igual de bien cualquier cosa. Que es uno de los dogmas que forman la empanada mental progre, y que además con total falta de vergüenza utilizan sólo cuando les conviene; porque como todos sabemos, si en algún  campo hay más mujeres que hombres o ellas tienen más éxito, se guardarán mucho de hablar de "discriminación contra los hombres", y justificarán la diferencia diciendo que "las mujeres son más capaces que los hombres".

Entonces, ¿Qué debemos pensar? ¿Debemos creer que la mujer está realmente discriminada en el sentido de ser pagada menos que un hombre por el mismo trabajo? Yo no me lo creo y considero esta afirmación una mentira más de la propaganda feminista, la enésima impostura y manipulación para lavarnos el cerebro, amedrentar a los hombres y conseguir aún más privilegios. Esta opinión mía no está basada en ningún estudio, pues como no se puede demostrar la presunta "discriminación", tampoco se puede demostrar que no exista. Simplemente se basa en consideraciones de sentido común.

En primer lugar, en el ámbito del empleo público es impensable que funcionarios del mismo nivel sean retribuidos de modo diferente en base al sexo, porque existe poco -o ningún- margen de variación a la hora de establecer salarios que son negociados colectivamente. Cualquier variación en base al sexo está prohibida por ley. Excepto naturalmente la infame discriminación positiva que lleva a contratar más mujeres se lo merezcan o no.

En el ámbito privado si por el mismo trabajo, realizado con la misma calidad, una mujer tuviese un salario inferior a un hombre, las empresas contratarían sólo mujeres por un elemental principio  de reducción de costes. Vamos, que no se comprende por qué todavía hay hombres trabajando en las empresas si las mujeres, además de trabajar mejor, cuestan menos. Y no se me diga que es por una política deliberada de exclusión de la mujer: en la empresa privada son las realidades económicas que mandan, los criterios objetivos de rendimiento, costes y rentabilidad. Una empresa se puede permitir sólo un número muy limitado de inútiles superpagados, una selección no basada en el mérito. A diferencia del Estado que puede permitirse una aberrante discriminación positiva, hordas de incompetentes y parásitos, de miembros y miembras pagados por todos.


De manera que de la diferencia que tanto es denunciada por el feminismo no es índice de ninguna injusticia, en todo caso es menor de la que debería haber si hubiera verdadera justicia, que no es la aberrante igualdad impuesta como un dogma sino la justicia distributiva: a cada uno lo suyo. Aunque por descontado las feministas seguirán eternamente berreando -y los hombres domesticados rebuznando- acerca de este tema porque es una de sus armas principales, sacan demasiado provecho de su victimismo, que les sirve para aumentar cada vez más los privilegios para la mujer y discriminando cada vez más al hombre.

Espero haber contribuido algo con este post al desenmascaramiento de las mentiras y la propaganda feministas. Sin más el Oso se despide hasta la próxima.

viernes, 24 de abril de 2009

IGUALDAD Y ESTUPIDECES DE GÉNERO


En la entrada de hoy voy a comentar unas interesantes declaraciones de Miguel Lorente Acosta sobre la educación en clases separadas de niños y niñas. Nos hemos ya ocupado de este nefasto personaje en el blog, concretamente cuando hablamos del posmachismo y el hombre domesticado. En efecto este individuo, delegado del gobierno para la violencia de género y brazo derecho de la ministra del Privilegio Femenino Aído –lo cual ya dice todo-, cada vez que abre la boca consigue resumir en pocas palabras la mentalidad del hombre feminista y el fanatismo igualitario de la izquierda, en toda su abyección. Las declaraciones están en este enlace que recomiendo leer acompañado de un chupito para resistir la náusea:


Estas declaraciones realmente no tienen pérdida. La segregación en el colegio “impide la identificación entre hombres y mujeres”. ¿Y por qué deberían identificarse hombres y mujeres? Somos distintos: es justo y hermoso que sea así. Estoy harto de ver hombres degenerados que se comportan como mujeres y mujeres degeneradas que se comportan como hombres. Este lamentable fanatismo de la igualdad del que este personaje se hace portavoz pretende reducir la humanidad a una masa amorfa de zombies todos iguales. Porque la zombificación es el único modo en el cual podemos ser todos iguales.

Sigamos con la exposición de tan aberrantes ideas: Los niños verán a las niñas como “un desigual, un otro distinto a lo que ellos son como hombres”...

Esto debe ser el colmo de la injusticia... por lo visto es un pecado capital que las mujeres sean vistas como distintas a los hombres. Alucinante. Demencia pura. Pero el fondo lo tocamos cuando sugiere que la separación en las aulas del colegio fomenta la...

¡VIOLENCIA DE GÉNERO!

Manda huevos...ahí teníamos que llegar, a la idea fija de esta gente. Por lo visto si un violento pega una paliza a su mujer o la apuñala es porque en el colegio no tuvo la oportunidad de estudiar en una clase mixta. Como chiste -malo- en un programa de telebasura podría pasar, pero es que el hombre lo dice en serio. Y si consideramos que esta gente es la que gobierna España, que hay millones que "razonan" de esta manera y que estas delirantes empanadas mentales son la directa consecuencia de la ideología progresista que ha impuesto su ley entre nosotros, entendemos por qué nuestro querido país se está yendo a la mierda, y por qué nos estamos convirtiendo en una masa de tarados y borregos.

Pero siempre hay espacio para la lucha. Lucha ante todo interior, que uno vence cuando decide ponerse de pie y no esconder la cabeza en la arena. Cuando intenta actuar porque es su deber como hombre defender su idea del mundo, y si es necesario hacerlo solo. Pero en realidad somos muchos, aunque la propaganda del régimen quiera convencernos de lo contrario.

Y además diez hombres libres valen por mil borregos domesticados.