viernes, 3 de agosto de 2018

LOS DELITOS DE ODIO Y LA CHUSMA AL PODER

Queridos lectores:


En ocasión de las vacaciones de verano yo también me tomo un descanso en este blog y también en el correo de madrid donde continuaré escribiendo después de la pausa estiva. Aprovecho para recomendar una vez más los artículos de mi amigo Luys Coleto, más activo que yo en esto de escribir, y para despedirme hasta el otoño con dos artículos que son reposiciones de escritos precedentes. A partir de septiembre volveré con los habituales artículos y con la publicación de nuevos libros, el primero de los cuales lleva por título Crónicas de un Occidente Enfermo y es la continuación natural de los Azotes. Daré noticia de ello y de eventuales presentaciones.

Sin más que añadir, deseo un buen verano a todos. Saludos del Oso.





DELITOS DE ODIO Y PERVERSIÓN DEL DERECHO
[reposición]

Quizá muchos no sepan que existen en nuestro país los llamados Protocolos de Actuación Policial ante delitos de Odio. Fueron aprobados con el aplauso de los habituales, infames tolerantes y antirracistas que, como es habitual, babosean y gimen de gusto cada vez que se recortan un poco más las libertades, cada vez que el Derecho y la Justicia se pervierten un poco más para convertirse en herramientas de persecución ideológica.

Se introducen siniestros instrumentos, cuestionarios o fichas donde se valoran indicios para decidir si el delito se ha de considerar como un delito de odio. Lo que naturalmente tiene consecuencias en el momento del proceso, en la imposición de la pena y en la misma valoración de la culpabilidad.

Se valoran con este procedimiento indicios de xenofobia, homofobia  u odio, teniendo en cuenta la manera de vestir y los símbolos que porta el agresor, el lugar y la fecha del delito. Es decir si, pongamos, la agresión se realiza en el Día del Orgullo Homosexual o delante de un antro de este u otro colectivo de la "diversidad"; o si el implicado está afiliado a grupos considerados "extremistas". También es objeto de atención diferencial, por así decir, la identidad de la víctima y su pertenencia a un grupo minoritario; es decir su pertenencia a una de las Minorías Oprimidas, que tienen el certificado D.O.C. de víctimas oficiales y, por tanto, un tratamiento privilegiado por parte de la justicia, que no está nunca vendada como debería sino siempre con potentes anteojeras, las de la corrección política.

Por poner un ejemplo práctico: si el Día del Orgullo uno se pelea con uno de ellos delante de un tugurio con la bandera arcoiris, si además se tiene la mala suerte de llevar el pelo rapado, una pulsera con la bandera de España y algún tatuaje, y estar afiliado o ser simpatizante de algún grupo o partido patriótico, ya puede uno ir preparándose para una larga temporada en la cárcel. Independientemente de todo lo demás y aunque en condiciones normales hubiera sido el otro el culpable.

Este es el significado de la aberrante y persecutoria justicia políticamente correcta que se impone poco a poco en Occidente. Tribunales ideológicos y órganos de represión contra individuos o grupos que se nieguen a comulgar con la ideología profundamente putrefacta, degenerada y destructiva que nos quieren imponer los poderes reales que dominan en esta sociedad. Para eso han introducido con diversos nombres las indeciblemente odiosas Fiscalías del Odio; para eso están los delitos de odio y las organizaciones de tolerantes de profesión: para llevar a cabo por medios judiciales la eterna guerra de la degeneración contra la salud, la verdad y la justicia.

Observemos que esto es una evidentísima degeneración y perversión del Derecho. Porque éste debería ser objetivo y basado en criterios objetivos, perseguir y condenar por lo que uno hace, no por lo que uno es. La tendencia actual, en cambio, es perseguir las opiniones y los sentimientos, no las acciones. Se está valorando si lo que hago es más o menos delictivo, no por la acción en sí, sino por lo que yo soy y según mis opiniones, o sentimientos, le gusten o no a quien administra la (in)justicia.

Esta escandalosa corrupción y descomposición del Derecho y la Justicia es lo que cabe esperar de una casta de indigentes mentales, quienes pisotean los mismos principios que de boquilla dicen defender, principios que gente muy superior a ellos estableció con gran esfuerzo. Es la marca de la Tiranía en nombre de la Libertad.


LA CHUSMA AL PODER
[reposición] 

Cuanto más alto trepa el mono, más enseña el culo

Proverbio


Es muy apropiado comenzar esta pequeña reflexión con el proverbio del mono, no muy conocido en España, pues retrata perfectamente el paisaje político actual, y en particular la condición de la nueva clase dirigente izquierdosa.

Muy bajo se ha caído de una y otra parte. Pero es la variante de izquierdas la que nos interesa aquí, las nuevas generaciones que ya empiezan a mostrar muy claramente su nivel, hasta el punto de que podemos hablar de La chusma al poder. 

Chusma, es decir: “conjunto de gente soez, muchedumbre de gente vulgar” según el diccionario. No será necesario mencionar a nadie en concreto, porque la vulgaridad impertinente e invasiva de esta gente lo hace innecesario. Gente que reivindica la zafiedad, todo lo soez, lo bajo y lo chabacano, que se enorgullece de acciones más propias de animales que de personas. Gente ignorante a niveles abismales, que tiene en la cabeza sólo cuatro eslóganes trasnochados y una mentalidad de niños malcriados; incapaces de hacer la O con un canuto, pero siempre en primera fila para quejarse y exigir. Gente narcisista y vanidosa convencida de que airear sus flatulencias físicas y mentales es un acto de afirmación con un significado político.

Esta es la generación producto de cuarenta años de democracia, triples víctimas de un sistema educativo arruinado por la ideología, de unos padres modernos, y también víctimas de sí mismos porque existe la libertad humana. Pero esto es lo que tiene la decadencia. Que las nuevas generaciones no dan para más, que los mejores no se dedican a la política, que cada vez hay menos “mejores” porque todos tenemos que ser iguales.

La chusma no debe estar en el poder, debe estar en los bajos fondos.

¿Elitismo? Ciertamente como en cualquier sociedad decente. Pero no un elitismo que sea el del dinero o el de la posición social, sobre todo hoy en día. Cansados estamos de ver burros y patanes llenos de dinero y en elevada posición, así como por otra parte hay almas disciplinadas, rectas y cualificadas de modesto origen que merecen llegar a lo más alto.

Por lo demás la gente más humilde, en el campo como en la ciudad, puede que no fuera demasiado refinada pero tenía un sentido del pudor y de la compostura, una forma interior y una rectitud que los pone muy por encima de esta masa de hijos de papá, rebeldes de pastel degenerados y malcriados, cuya aspiración y libertad consisten en degradarse y hozar en el fango.

Una desgraciada deformación mental de estos tiempos democráticos es que los dirigentes deben ser como todo el mundo, que el hombre común se debe identificar con ellos. Pero ahora, en una regresión ulterior, los dirigentes parece que han de ser peor que todo el mundo.

Frente a este espectáculo bochornoso, hay que afirmar con fuerza algo que debería ser evidente: la sociedad debe estar gobernada por los mejores. Los mejores en el carácter, en la capacidad de dirigir, en la devoción y la entrega al bien de su comunidad y su patria.

Y los mejores pueden nacer perfectamente en una clase social humilde. Asegurar que estos últimos tengan su oportunidad se llama meritocracia, se llama justicia.

En cambio asegurar que el mundo sea de los peores se llama igualdad.


MAX ROMANO

miércoles, 18 de julio de 2018

LA FÁBULA DEL LOBO Y EL CORDERO: EL SÍ, EL NO Y LA INFAMIA DE LAS LEYES FEMINISTAS





La reciente amenaza de la vice-empoderada de reformar el Código Penal y la Ley de Enjuiciamiento Criminal, en el sentido de criminalizar y hacer punible (exclusivamente contra el varón, como es evidente) toda relación donde no haya habido un “sí” explícito, es la nueva barbaridad de la secta feminista; de esta manera, establece el plan de operaciones para el próximo paso en su delirio punitivo contra el varón, ya reducido a un ciudadano de segunda por la odiosa legislación persecutoria en vigor y sus tribunales bolcheviques de género.


El que sea una barbaridad no significa que no vaya a hacerse realidad; si bien las reacciones adversas han aconsejado momentáneamente a la vice-empoderada mayor discreción, podemos estar seguros de que volverán a la carga y seguramente estén ya de todos modos trabajando en la sombra, para imponer por medio de este gobierno contrahecho un nuevo atropello legislativo contra los ciudadanos varones.


Barbaridad es la infame e injusta Ley de Violencia de Género, legislada contra el hombre y fomentadora de denuncias falsas; barbaridad son los tribunales especiales que llamo bolcheviques porque cumplen la misma función de aquellos otros de infausta memoria; hace cien años perseguían al enemigo de clase, el burgués y el aristócrata; hoy persiguen al enemigo de género masculino. Sin embargo, que lo anterior sea una barbaridad no obsta para que se haya hecho realidad y vaya cada vez a peor. No por casualidad la vice-empoderada dice que toma ejemplo de la legislación sueca, que es por cierto la peor dictadura feminista de Europa.


Esto último no impide desde luego que Suecia sea víctima de una epidemia de violaciones, donde las mujeres en muchos lugares no pueden ir seguras por las calles. Y ello por dos órdenes de motivos. El primero es que han castrado mentalmente a sus hombres con su rabiosa dictadura feminista; y los pocos que a pesar de todo se salven del ideal emasculado de la nueva masculinidad, difícilmente caerán en el estereotipo machista y heteropatriarcal de defender a sus mujeres, tan mal visto socialmente. El segundo orden de motivos es que, con su política suicida de inmigración masiva a incontrolada, han dejado entrar a hordas de salvajes que ahora son incapaces de controlar; los cuales gozan además, por motivos antirracistas, de una mayor indulgencia o benevolencia cuando agreden a las mujeres. Indulgencia seguramente política y mediática, quién sabe si también judicial.


Y esto vale también, en un previsible futuro, para nosotros y para todos los países donde las empoderadas imponen su ley.


¿O es que pensaban que las iban a proteger de los verdaderos violentos la criminalización del piropo, la perspectiva de género por todas partes, las leyes y las abogadas y los tribunales feministas, las tarjetas rojas al maltratador, las penosas y ridículas campañas de lavado de cerebro, la palabrería mendaz y etérea sobre el maltrato psicológico? ¿Por un momento alguien ha podido pensar que todo lo anterior va a servir de algo contra los salvajes de verdad? Pues va a ser que no porque el realmente violento se las pasa, las leyes y la perspectiva de género, por donde todos sabemos. Las leyes feministas no sirven para proteger a la mujer; sirven para castigar al hombre, principalmente al hombre civilizado y decente y especialmente al hombre blanco; sirven para ejercer la extorsión judicial, afectiva y financiera sobre éste, para mantener un repugnante entramado para-mafioso que vive de todo ello.


Y es que el objetivo final, cerrando este paréntesis y volviendo a nuestro tema, es quitarles todos los derechos a los hombres y someterlos a una inseguridad jurídica total. Personalmente llevo muchos años denunciando la mafia feminista que vive de la destrucción de las familias, de la persecución contra el varón, de la industria del maltrato y la emergencia inventada de la violencia de género (cuando la verdadera violencia de género es la ejercida por la legislación y la justicia hembrista contra el varón) en este blog y en mis libros publicados. Quienes hemos abierto los ojos hace tiempo sabemos que no hay que esperar más que injusticia, aberraciones jurídicas y persecuciones de género cada vez más feroces, por parte de esta piovra feminista de infinitos tentáculos que goza de enorme poder, con sus centros de poder y propaganda, con sus nidos de víboras odiadoras del varón abundantemente financiadas y subvencionadas, por cierto también con impuestos extorsionados en su mayor parte a los varones.


Podríamos hacer consideraciones a propósito del “sí explícito” y del no implícito, de lo enfermizo y miserable de querer regular con este nivel de detalle las relaciones humanas, convirtiéndolas casi en actos formalizados ante notario; observar que en ausencia de registros todo es indemostrable y se resolverá en la palabra de uno contra la otra, lo que en el régimen feminista actual significa que la mujer siempre tendrá razón; notar que incluso en el caso de que haya constancia de un “sí” explícito registrado por medios físicos o electrónicos el varón no tendrá garantías: en efecto y como bien sabemos, incluso si existe un vídeo con la mujer solicitando como una perra en celo que la penetren, con la justicia occidental el hombre puede ser condenado si en un momento posterior Su Majestad decide que la han violado.


Todas estas son observaciones válidas que ya han sido hechas por muchos, pero en realidad extenderse sobre ello es marear la perdiz porque no son los detalles lo importante ni está ahí el quid de la cuestión. Es un poco como en la fábula del lobo y el cordero: que el cordero ensucie el agua del lobo (a pesar de estar aguas abajo) es solamente el pretexto, cuya veracidad es totalmente irrelevante. Lo importante es que el lobo se quiere comer al cordero. En el tema que nos ocupa lo esencial no son los detalles ni las objeciones racionales, sino la intención que hay detrás, la verdadera lógica subyacente: y ésta es simplemente que se trata de buscar cada vez más motivos, agarres legales, justificaciones para condenar a un varón si una mujer lo denuncia. Lo de menos y lo accesorio es el detalle, lo decisivo y principal es que ella ha denunciado y por tanto el hombre debe ser condenado. 

MAX ROMANO