viernes, 13 de mayo de 2016

SANTIAGO MATAMOROS, LOS SARRACENOS MUERTOS Y LOS BÍPEDOS EN MINIFALDA




Una detestable tendencia a bajarse los pantalones y avergonzarse de la propia historia recorre todo el mundo blanco, el continente europeo y en particular nuestra nación, España. Como en todo lo demás, también aquí en lo pequeño se anuncia lo grande y episodios lejanos entre sí tienen el mismo significado.

El visitante de la catedral de Santiago habrá notado que en una conocida imagen del siglo XVIII de Santiago Matamoros ha sido censurada con ridículas florecitas la parte inferior, que representa tres sarracenos enteros y la cabeza de un cuarto, todos muertos por la justa furia del Apóstol guerrero, que se llama Matamoros porque mataba moros y no porque le gustara poner florecitas a los pies de su caballo: en tal caso se habría llamado Santiago Hijo de las Flores.

No es de ahora esta detestable medida, fue decidida ya hace años en esa catedral, como por lo demás se han vuelto habituales, un poco por todas partes, análogas prácticas de pantalones bajados para no ofender a los musulmanes. Se trata de esconder, como si fuera una vergüenza, nuestra propia historia, nuestra cultura y nuestra tradición, los testimonios de nuestro que en el caso de España están ligados a una guerra que duró ocho siglos y cuyo significado fue exactamente una guerra de civilizaciones donde se decidía si la Península Ibérica iba a pertenecer al mundo islámico o al mundo cristiano medieval.

No se entiende muy bien en qué medida todo ello se debe a la arrogancia de ciertos musulmanes, y en qué medida se debe a los mediocres y acomplejados españoles que se avergüenzan de la propia historia y odian lo que son. O no quieren problemas, hasta el punto de que permiten al huésped mandar en la propia casa, nuestra casa. Esta es la esencia de la pusilanimidad: no querer líos, no querer polémicas, evitar el conflicto y que alguien se sienta ofendido.

Lo realmente ofensivo y odioso es que alguien pretenda que nos "retiremos" de nuestra historia y nuestra cultura porque no sea de su agrado, o del agrado de otros. Por parte de un invitado en nuestro país, pretender que ocultemos nuestra historia porque le ofende es un acto de arrogancia que lo descalifica y es motivo suficiente para echarle a patadas. Por parte de un español, pretender lo mismo es un acto de vileza que lo califica como indigno de ser español y europeo.

España se ha forjado en la Reconquista, en una guerra religiosa, y esto es inseparable de nuestra Historia. No quiere decir que ahora debamos seguir en guerra, ni que se deba cultivar el odio o la enemistad por fuerza, hoy en día, ni que vayamos a volver a la Edad Media. El pasado es pasado, pero está ahí y pretender que nos avergoncemos de ello es un insulto.

Para terminar, me gustaría hacer notar que la actitud de aquellos españoles que, por no ofender al musulmán, quieren que se censure y oculte nuestra historia y nuestra cultura, es exactamente la misma actitud que el de aquellos bípedos con documento de identidad masculino (no los llamaré hombres) que en Holanda, para protestar contra las agresiones a mujeres por parte de inmigrantes, se “solidarizaron” con ellas manifestándose en minifalda.

El mismo tratamiento que estaban pidiendo a gritos los bípedos holandeses en minifalda, es el que piden quienes cubren con flores los sarracenos muertos en las imágenes de Santiago Matamoros.

Max Romano

viernes, 6 de mayo de 2016

HARTO DE ESTUPIDECES




Cualquiera que tenga dos dedos de frente y un mínimo de sensibilidad (la verdadera, la auténtica, no esa cosa que el decadente llama “sensibilidad”, grasienta y mórbida, pegajosa y fofa como un molusco muerto) siente que la sociedad actual ha colmado su medida interior para las imbecilidades.

Con otras palabras, uno está harto de estupideces. Así que pongamos algunas cosas en su sitio.

Viva el juguete bélico y vivan los bofetones a tiempo a los niños. Vivan los educadores que incitan a los niños a jugar y no a socializar. Vivan las obras y los discursos, en todos los campos, en los que se ensalza el patriotismo, la familia, el heroísmo y los valores guerreros, el sacrificio y la comunidad. Abajo los bodrios infumables con los que nos quieren reeducar en el mediocre moralismo barato igualitario y su fangoso, trasnochado sustrato mental paramarxista-freudiano.

Vivan los estereotipos de género, sexistas y patriarcales, símbolo de salud y civilización. Vivan las películas en las que los malos no son víctimas de la sociedad, sino hijos de mala madre puestos en libertad por abogados izquierdistas, donde a los villanos les vuelan la cabeza héroes como debe ser: políticamente incorrectos, incorregiblemente y rigurosamente machistas, que ostentan un soberano desprecio por sociólogos, psicólogos y toda la morralla progresista que lleva decenios infestando Occidente.

Podrán parecer nimiedades y cosas secundarias, o serlo efectivamente; pero es que el veneno entra en pequeñas dosis y cuando nos queremos dar cuenta, ya estamos envenenados.

Lo que quiero decir es que debemos aprender a vivir, a entretenernos, a sentir dentro de nosotros siguiendo el principio férreo de rechazar lo que el sistema, sus malos maestros y sus ideólogos  han preparado para nosotros.

Fuera de nuestra mente su televisión, sus repugnantes productos que tienen, siempre, un contenido ideológico y un veneno oculto; desdeñemos sus formas de entretenimiento, los modelos de vida que nos propone el sistema, nunca inocentes sino cargados de decadencia. Fuera sus expertos y sus malos consejeros. Fuera sus mercenarios de la degeneración pagados para corrompernos a nosotros y a nuestros hijos.

No aceptemos todo lo que se nos propone, encendamos el cerebro y tengamos sentido crítico. Hagamos el esfuerzo de salir de la pasividad que quieren de nosotros para mejor meternos su inmundicia en la cabeza. Hagamos el esfuerzo de seleccionar, de buscar, de crear nuestro entretenimiento, nuestro ocio y nuestra ocupación del tiempo.

No es difícil en absoluto orientarse: en todo lo que el progresismo ve con malos ojos, ahí está la libertad y la regeneración. Aprendamos a encontrar nuestra verdad en nuestra cultura: en nuestra música popular y música clásica, en nuestra literatura, en nuestras tradiciones populares, en nuestro arte figurativo, en nuestros cuentos políticamente incorrectos de príncipes y princesas como debe ser, en vez de repelentes princesas guerreras, hadas vulgares y ordinarias, orcos buenos y príncipes calzonazos.

Una lectura meditada de uno de los clásicos, una contemplación serena de Velázquez o El Greco. Una visita a un castillo medieval de los muchos que se conservan, imaginando una atroz batalla concluida con una exaltante matanza de infieles o de enemigos de la Patria, seguida por la emotiva sepultura de los caídos.

Existen múltiples puertas que nos abren la verdad de lo que fuimos y que están ahí, porque fueron el producto del inconsciente de nuestros pueblos, son una posibilidad justo bajo la superficie de la conciencia envenenada por el sistema; entreabrir una de esas puertas, que pase un rayo de luz, puede ser suficiente para descontaminar la mente, mostrar en toda su miseria y su bajeza el verdadero nivel de la “cultura”, la “educación”  y los “valores” que se nos quieren proponer hoy en día.

Max Romano

viernes, 29 de abril de 2016

EL CEREBRO DE LOS MALTRATADORES




La ciencia se puede degradar muy fácilmente en ciencia basura cuando se mezcla con la ideología, cuando se insinúan el propósito sectario a favor de una tesis preconcebida, la intención abyecta de señalar con el dedo a una categoría de personas que el poder de turno marca como apestados. Entonces nace la basurciencia al servicio de los grupos de poder y de la mentira militante.

Si a este punto de partida defectuoso añadimos la superficialidad general de la prensa y la voluntad tendenciosa del periodista, ya tenemos cocinado el engrudo venenoso que “demuestra científicamente” ante los ojos del público la “verdad” sectaria que se quería proclamar, ya tenemos el “resultado científico” que puede ser citado por los mercenarios de la falsedad.

Proliferan en esta línea los basurestudios autodenominados “científicos” al servicio de la propaganda feminista tan en boga hoy día, como es el caso de un reciente estudio realizado en España, que analiza la activación del cerebro de los “maltratadores”. La idea es coger a un grupo de “maltratadores” haciéndoles visualizar escenas de violencia, tanto contra mujeres como de otros tipos, para estudiar las áreas del cerebro que se activan.

Semejantes estudios se han realizado en varios campos y para otros fines, no han llegado nunca a gran cosa, y es bastante risible la pretensión de haber “fotografiado” de esta manera los pensamientos, o haber profundizado con esto  en la mente humana. Pero no es este el punto. El punto es que para empezar no se nos dice qué debemos entender por “maltratador”.

¿Es alguien que ha dado una paliza a su pareja? ¿Que le ha pegado, que le ha dado un empujón? ¿Y en este último caso en qué circunstancias, y qué le había hecho la mujer? Porque no es lo mismo una cosa u otra ¿Quizá el “maltratador” la había sólo insultado? ¿Ella le había o no insultado o humillado por su parte?  ¡Ah, es que eso no es maltrato!

¿Quizá el hombre se había tirado un pedo delante de ella durante una discusión (caso real de justicia aberrante española)? ¿O la había criticado y ella se sintió ofendida? ¿O quizá nada en absoluto y ella lo denunció por sus santos ovarios sabiendo que para la legislación basura española la mujer siempre tiene razón y el hombre no tiene presunción de inocencia?

Está clarísimo, si uno tiene ojos para ver, que el término “maltratador” no significa nada en absoluto hoy en día, es sólo un estigma y una marca del apestado. Y como no significa nada, ya desde el principio esta insignificante producción seudocientífica no vale ni para papel higiénico. Semejantes producciones tienen un único objetivo: tomar casos de hombres realmente violentos, responsables de agresiones reales, y aplicarle la misma medida, la marca del “maltratador”, a cualquier hombre que haya sido condenado en base a las leyes basura feministas, o que haya sido sólo denunciado, sea por faltas infinitamente menores, sea por algo que ni siquiera es falta si lo hace la mujer, o incluso por nada en absoluto o una denuncia falsa.

Este es el objeto se esta clase de basurciencia, contribuir a la creación de una casta de parias, señalar con el dedo a quienes la tiranía ideológica feminista y sus tribunales estalinistas de género declara “maltratadores” (“tienen el cerebro diferente” piensa el papanatas que ha leído acerca del estudio). Que el paria sea re-educable o no es, en el fondo, secundario: lo importante es que se le pueda marcar como apestado.

Por todo lo comentado, queda claro el valor de esta mierda "científica" pinchada en un palo, así como su intención perversa. Lo que no impedirá que sea citado como si fuera un gran logro y un descubrimiento.

No dudo que se hayan encontrado diferencias en las zonas del cerebro que se activan en los sujetos estudiados. Pero ¿Eran violentos de verdad o sólo condenados por violencia de género? Porque en el caso de un hombre condenado por una insignificancia o por una denuncia falsa, es normal de todos modos que tales temáticas sean importantes emotivamente para él y se le activen zonas particulares del cerebro. ¿Se ha tenido esto en cuenta? ¿Cómo se han seleccionado los sujetos?

Pero sobre todo se le ve el plumero al estudio en la fijación con el tema de los crímenes pasionales (la emergencia inventada de la “violencia de género”) como si existieran sólo dos clases de criminales: los comunes y los de género. Naturalmente la intención final es llegar a decir que todos los varones somos criminales de género en potencia. Y como han “demostrado” que el cerebro es diferente, de ahí sólo hay un paso a pedir que a los condenados por las leyes basura se les tenga bajo control después de haber cumplido su condena, como a los delincuentes sexuales que no se pueden curar, a los pedófilos y a los violadores.

A esto quiere llegar la infamia: después de promulgar leyes injustas para las que el varón es culpable por principio, se marca como un paria a quien es condenado por estas mismas leyes basura. A esto sirve la “justicia” feminista y a esto sirve el empoderamiento de la mujer occidental en la política y la justicia.

¿Por qué no han estudiado el cerebro de las mujeres que denuncian en falso? ¿Qué sucede en el cerebro de una abogada feminista que fomenta las denuncias falsas? ¿Qué manchitas salen en el mapa de actividad mental de una mujer que humilla y veja a su marido? ¿Y  por qué no estudian las “manchitas” que muestra la resonancia magnética en el cerebro de las mujeres que matan a sus hijos (las mujeres lo hacen en número mayor que los varones, aunque la prensa basura oculte este hecho y quiera dar la impresión contraria)? ¿Por qué no estudian también esto?

¿Qué áreas cerebrales se les activan a los papanatas que apoyan el feminismo? Probablemente ninguna en absoluto porque la actividad mental está por debajo del umbral de medición, pero sería deseable tener un respaldo científico. ¿Qué mostraría la resonancia magnética del cerebro de una feminista militante? Si el equipo está correctamente calibrado sapos y culebras como mínimo, y probablemente también una colección de monstruosidades que sería la envidia de cualquier bestiario medieval.

El lector estará de acuerdo en que es un campo de investigación fascinante y que promete resultados reveladores, si el estudio se lleva a cabo con rigor científico.


Pero lo primero, como medida profiláctica, sería hacer la resonancia magnética de la actividad cerebral de quienes, incapaces de hacer verdadera ciencia, se ven abocados al triste papel de fabricar seudociencia sectaria al servicio de la propaganda feminista.

Max Romano

miércoles, 20 de abril de 2016

LOS ESTÚPIDOS GABACHOS Y EL VINO DERRAMADO




Hace un par de semanas sucedía algo que no había pasado desde hacía años, al menos que yo sepa. Cinco camiones españoles cargados de vino fueron detenidos por viticultores franceses, poco después de pasada la frontera, y los franceses vertieron su contenido ante la pasividad (es decir la complicidad, llamando las cosas por su nombre) de la policía francesa y por tanto del Estado francés.

Esta noticia me hizo recordar mis tiempos de adolescente, en los años ochenta, cuando era práctica habitual por parte de agricultores franceses interceptar camiones españoles cargados de productos agrícolas y destruir su contenido, porque los productos españoles les hacían la competencia.

Entonces como ahora, el gobierno francés se excusaba por lo sucedido (pero los gendarmes nunca intervenían porque, entonces como ahora, el Estado francés era cómplice de la guerra sucia comercial) y pagaba una indemnización. Pero el daño estaba hecho, pues lo que necesita el productor no es que le paguen el daño puntual causado por los cafres asaltacamiones, sino dar salida a sus productos en un mercado. Y este tipo de acciones repetidas perjudicaban gravemente a los agricultores españoles, como era intención de los cafres y del Estado francés. Entonces como ahora, la respuesta española era escasa o nula y salvo casos esporádicos nunca se hizo lo que se debía: responder al fuego con el fuego y después de cada uno de estos ataques, pagar con la misma moneda y actuar represalias contra las exportaciones francesas de manera que fuera causado un daño equivalente a su economía. Si el otro es desleal y quiere jugar sucio, el único modo de hacerse respetar es que sepa que estamos dispuestos a devolver el golpe, y que lo haremos.

Pero aparte de todo esto, lo que llama la atención es la estupidez monumental de este ataque. Lejos de sentir antipatía hacia los franceses u otros europeos, considero que estamos en la misma barca que hace agua, sobre todo hoy en día. Un francés puede ser, para mí, un camarada francés o muy al contrario un estúpido gabacho, según la actitud que tenga.

Sintiéndome además de español europeo, creo que Europa es algo que debe ser defendido en todos los sentidos, y que la defensa de Europa pasa por la solidaridad de sus pueblos, ante las amenazas gravísimas que se ciernen sobre su identidad y su misma existencia. La falta de esos estúpidos gabachos que han vertido el vino español en la autopista no es sólo la de ser unos cabrones antiespañoles, sino también la de no haber comprendido esto. Serán o se considerarán buenos franceses, quizá piensen que así defienden a sus familias y a su país, pero lo que son es idiotas.

Los franceses, con el resto de Europa, están amenazados de desaparecer como pueblo y de perder su identidad, sumergidos por negros y árabes que les convertirán en minoría en pocos decenios. Vivimos en un mundo dominado por fuerzas que quieren destruir todas las identidades, especialmente las europeas. ¿Y qué es lo que hacen? ¿En vez hacer el esfuerzo de comprender que todos los pueblos de Europa estamos bajo la misma amenaza, se ponen a hacernos la guerra sucia a nosotros, otros europeos, porque les podemos quitar una cuota del mercado del vino?

Es difícil, si no imposible, ser más subnormal.


No sé hasta qué punto los franceses comparten esta cerrazón mental y esta cortedad de miras. No quiero sacar conclusiones generales de lo que al fin y al cabo no es nada más que un episodio. Pero espero de verdad que no sea ésta la actitud dominante entre los europeos, porque entonces el futuro pinta muy mal.

Max Romano

domingo, 20 de marzo de 2016

DÍA DEL PADRE Y OCCIDENTE ANTIPATERNO


Repugnante cartel de colaboracionistas en la guerra feminista contra el varón y contra el Padre


Medios de comunicación como espejo de la sociedad: de la incalificable manera de tratar el Día del Padre en el los despreciables medios de comunicación donde se forma la opinión pública.

Ayer fue el día de San José, Día del Padre. Es la ocasión en fiesta tan entrañable e importante de felicitar a los padres; a los que aún quieren serlo o les dejan serlo, que son cada vez menos. Pero menos numerosos aún son los que entienden el papel del Padre y su importancia. Del Padre verdadero quiero decir; símbolo de autoridad, contrapeso y complemento de la Madre, fuente de orden y disciplina, primer forjador del carácter viril en el muchacho y ayuda indispensable en la formación del carácter femenino en la muchacha.

El Padre de toda la vida. El de verdad. No la mierda pinchada en un palo que nos venden como el padre moderno y la nueva paternidad: los tristes padres igualitarios, los siniestros padrazos políticamente correctos, los trágicos fantasmas que reivindican como un ideal la carencia de hombría, los que no existen sino como un apéndice de la madre; en una palabra, todos los infelices con el cerebro lavado por esa alianza impía de feministas, medio-hombres y fracasados en la masculinidad que, con negro odio se ha propuesto acabar con la figura del Padre. El mismo odio que destila, desde hace más de dos siglos, el progresismo occidental contra la figura del Padre.

No toda la culpa, sin embargo, es de los infelices con el cerebro lavado. La paternidad, su significado auténtico, su valor, son continuamente denigrados y cubiertos de fango por la alianza impía de chusma antes mencionada. Se presentan modelos de paternidad  miserables, ridículos o aberrantes, con el objeto preciso de intoxicar las mentes y borrar cualquier noción de la misión y el valor de la paternidad, toda representación de una figura digna y válida de Padre, para sustituirla con una colección de modelos que van desde lo grotesco a lo abyecto. Así se destruye la figura paterna, así se pudre la sociedad. Y entre todos los eunucos mentales servidores del monstruo parricida que quiere destruir al padre, los juntaletras de los medios de comunicación ocupan un lugar de privilegio.

Ya los conocemos en su agitprop dedicada al Día del Odio Antimasculino y al Día del Privilegio Femenino (“día contra la violencia de género” y “día de la mujer” en la jerga mentirosa de la secta) pero pensé que sería interesante verlos en acción en el Día del padre, ver qué atención le han reservado y qué importancia le han dado. Naturalmente ya sabía de antemano lo que me podía esperar de los órganos de opinión de una sociedad como ésta: no sólo que al tema se le prestara una atención infinitamente menor que a los dos infames días anteriormente mencionados (que en realidad son semanas completas dedicadas a la agitación feminista) sino también que los artículos publicados fueran de una extrema indecencia.

Aun a sabiendas del estercolero que me iba a encontrar, pues, decido pasar un mal rato y consultar los artículos dedicados en los tres principales diarios españoles al tema de la paternidad en este día tan señalado.

En el primero hay dos textos, de pequeño tamaño (los textos son siempre de pequeño tamaño, en todos los diarios, al contrario de lo que sucede con los rebuznos feministas en los días dedicados a su propaganda). Uno es una felicitación del Día del Padre a los dos “papás” de una de esas niñas víctimas de adopciones homosexuales, esa locura de gente maldita que se va imponiendo cada vez más en  nuestras sociedades enfermas. Por lo visto así la niña disfruta doblemente del día del padre. Luego otra vomitiva pieza defendiendo la patética figura del padre feminizado que no es más que un pobre pelele. En otro diario encontramos un asqueroso muestrario de padres políticamente correctos, amos de casa, mequetrefes que educarán a sus hijos para que no tengan actitudes sexistas, otros que cogen parte del permiso de maternidad de la mujer, seres que están contentos porque la maternidad ayuda a su mujer a reorientar su carrera.

Tras leer tales cosas como celebración del Día del Padre, a duras penas logramos reprimir las arcadas y los conatos de vómito cada vez más violentos, no obstante nos obligamos a continuar con la cobertura mediática para encontrar más de lo mismo y siempre en la misma tesitura. Para el final, sin embargo,  hemos de dejar el peor de todos, publicado en el diario oficial de la izmierda española. Para celebrar la festividad de San José no han encontrado nada mejor que un artículo para decir que la figura del padre en la cultura mediterránea es la de un personaje “torpe, marginal e inútil” que no pinta nada y compensa su insignificancia doméstica con una fachada de superhéroe en la arena pública. Todo ello desde tiempos inmemoriales.

Debo decir que la lectura me ha devuelto el buen humor, estimulado por un rebuzno tan sonoro cuya carga de ignorancia es sólo comparable al odio contra el padre, y a toda civilización virilmente orientada. He aquí de un plumazo liquidado el mundo griego y romano, que como todos sabemos fue obra de varones fracasados porque contaban como un cero a la izquierda en su casa; lo mismo para las demás civilizaciones mediterráneas y –se deja entrever- cualquier otra civilización. Menciono esto no porque valga la pena detenerse sobre esta insignificante pieza de basura escrita por un indocumentado, sino por el valor de símbolo que tiene.

Y es que, aun en el poquísimo espacio reservado al Día del Padre, la sociedad occidental (de la cual España es alumno tardío pero aventajado, porque ha querido recuperar el tiempo a marchas forzadas) no pierde la ocasión de vomitar su odio y desprecio por la figura paterna. Esta conclusión la sacamos de muchas otras fuentes y hemos llegado a ella ya por muchos otros caminos, porque es la misma atmósfera malsana que se respira en la sociedad de hoy. El tratamiento en los basurmedios de comunicación es un signo importante y –para los que aún no se han dado cuenta- una señal clarísima, pues los periodistas son los voceros de la mentalidad común y los ejecutores de las directivas de quienes nos están envenenando y pudriendo por dentro.

Pues bien, que lo oiga bien toda la canalla antipaterna, todos los analfabetos y consumidores de basura intelectual, todos los hombres fracasados y mujeres fallidas que han conseguido lavar los cerebros en gran escala, todos los imbéciles que tragan la cultura basura de la sociedad actual y forman sus opiniones en los diarios, todos los mentecatos que berrean contra el patriarcado. El patriarcado es la fuente de toda civilización superior; el principio de orden y jerarquía, masculino y patriarcal es lo que nos eleva sobre el primitivismo y el nivel de los animales, mal que les pese a los semideficientes mentales que babosean y berrean contra el patriarcado. Pandilla de hijos degenerados de una civilización decadente, ceros a la izquierda espirituales, culturales y mentales que no valen para nada, no son nada más que la pus y los líquidos malolientes que segrega esa pústula repugnante, maligna y destructiva que llamamos Occidente moderno, degeneración de la civilización de Europa.

En la misma Grecia y Roma, que están en los mismos orígenes de Europa, y según el indocumentado de antes creadas por varones inútiles y frustrados que no valían para nada, el parricidio era un crimen capital. Y como crimen capital merece la pena capital.

El Occidente moderno ha matado al Padre, en la familia, en la conciencia de las personas, en la psique de los hijos y en muchos otros sentidos. Como sociedad parricida, por tanto, merece morir y morirá.

Max Romano

viernes, 4 de marzo de 2016

LA EUROPA LIBERTICIDA DE LOS TRAIDORES EN EL PODER





Cuando escribo estas líneas, acaba de arrancar en Alemania comenzar el segundo intento de ilegalizar el partido patriota NPD, después del fracaso del primero hace unos años. Este segundo ataque al pueblo alemán es parte de la guerra contra los pueblos de Europa que llevan a cabo sus gobiernos, y tiene lugar en un momento particular y para ellos delicado, uno de esos momentos donde está en juego el destino.

En efecto, arrecia la invasión de inmigración ilegal disfrazada como flujo masivo de refugiados. Poco a poco, demasiado lentamente, una parte de los europeos empieza a comprender lo que está pasando, a tomar posición en contra, a despertarse de la hipnosis colectiva en que la han sumido quienes odian a Europa y la quieren destruir.

Porque estos enemigos de Europa existen, les dan instrucciones a la mayor parte de los gobiernos europeos y controlan los mayores medios de comunicación. No sólo existen sino que planifican y actúan la destrucción de Europa, a través tanto de la degeneración social como de la invasión inmigratoria y la sustitución étnica de los europeos. Esto no quiere decir que si desaparecieran de golpe (aunque sería por cierto una excelente profilaxis) el problema se resolvería: los desequilibrios de riqueza y natalidad, así como las guerras y el terrorismo fomentados por Israel, Estados Unidos y sus gobiernos fantoche generan necesariamente una muy fuerte  presión migratoria hacia Europa en cualquier caso. Pero además de ello esto existe un fomento deliberado de la invasión y, sobre todo, una campaña de traición sistemática contra los europeos desde dentro de Europa. De este modo lo que es una presión migratoria se transforma en inmigración masiva porque no hay voluntad política de contenerla.

Sin embargo una parte de Europa sí que quiere defenderse; hay quien comienza a organizarse, quien comienza a despertar del sueño envenenado. Naturalmente se trata de la parte mejor de los europeos; la que aún siente por lo menos una traza de amor y orgullo por su tierra y a su cultura, la que aún tiene sentido común y gracias a ello ve la realidad, en medio de la niebla tóxica de mentiras sistemáticas y desinformación.

Desgraciadamente muchos, demasiados, jamás reaccionarán porque están perdidos para siempre. No hablo de la escoria despreciable de los que odian a Europa y quieren que sus pueblos y su historia desaparezcan: ésos, son el enemigo. Hablo de los incontables que están tan envenenados por dentro que ya no son recuperables: víctimas del terrorismo intelectual y las toxinas mentales del antirracismo, el igualitarismo, el progresismo y todas las ideologías basura del sistema; con los instintos de autodefensa castrados, llenos de abyectos complejos de culpa por ser europeos y blancos. Hay muchos que no tienen remedio, sus mentes tan arruinadas que ya no sirven para nada. Salvo transmitir sus genes, pero parece que ni eso saben o quieren hacer, si consideramos la bajísima natalidad europea.

Sin embargo, para muchos todavía es posible una desintoxicación y para muchos más aún el veneno no ha llegado realmente en profundidad; los emponzoñadores de la mente han logrado, sí, confundirles, intimidarles quizá, ocultarles la verdad,  pero en su fuero interno son sanos. Con mayor o menor lucidez y conciencia, el núcleo de los europeos aún decentes y válidos empieza a reaccionar. Crece el apoyo a partidos patriotas, nacen movimientos políticos, grupos de autodefensa e identidad; realidades que representan a los pueblos que no quieren morir, que se niegan a desaparecer.

Y este despertar es lo que el poder criminal que gobierna Europa quiere cortar y aplastar: partidos como NPD o el Frente Nacional francés, movimientos como Pegida, cualquier atisbo de genuina reacción política que se oponga al infame designio. Cuando el sistema fraudulento que han montado empieza a tambalearse, cuando se comienza a atisbar el engaño sistemático, que presenta como pluralidad y democracia de partidos a lo que es un solo partido con varias corrientes y camarillas, entonces todas las baterías de la falsa democracia apuntan al objetivo: demonización y desinformación, ilegalización, criminalización sistemática, propaganda en las escuelas.

Esta falsa democracia es un sistema liberticida porque su principal objetivo es reprimir y anular la libertad auténticamente política, mientras la población (el enemigo interno) se distrae con seudolibertades estúpidas, insignificantes o dañinas, como un burro que sigue la zanahoria que se le pone delante.

Y la libertad política no es votar a uno u otro de los payasos y las caras bonitas que ponen delante de la televisión quienes tiran de los hilos, sino la de organizarse para luchar y lograr un objetivo como comienzan a hacer los patriotas europeos, arrojando al aire la baraja trucada de la falsa democracia que no es más que un sistema de clientelas organizadas, nido repugnante de oportunistas y traidores a Europa.

Esta es la única libertad real a nivel político, y es la que la secta de odiadores de Europa quiere sofocar, para que sea ya demasiado tarde cuando los europeos despierten.


Aprendamos a identificar y combatir a los enemigos desde ahora, no sólo a los segundones que dan la cara sino a los verdaderos y más dañinos canallas: las lenguas de serpiente que intentan introducir la inmundicia en nuestras mentes, y en las mentes de nuestros hijos.

Max Romano