viernes, 24 de enero de 2014

GOMINOLAS RACISTAS



O cómo los imbéciles se hicieron con el dominio de Occidente

Hace tiempo publicaba en este blog la entrada Aplicaciones racistas, acomplejados y majaderos en la cual hablaba de una aplicación de Google que fue retirada tras recibir un aluvión de quejas, porque fomentaba estereotipos racistas. Recordaremos con una imagen lo que hacía la aplicación racista.




Por cierto que una aplicación muy parecida fue desarrollada en no sé qué giliproyecto antirracista  de una universidad americana, para que la gente cambiara su color de piel en las fotografías y así viéndose negro o moreno, empatizara y superara los prejuicios raciales y el rechazo a la diversidad.

Es casi superfluo hacer notar la impresionante concentración de imbecilidad y de ignorancia que hay detrás de esto, así como la injusticia de que payasos de este calibre sean subvencionados pasando por delante de gente más válida. Pero los abanderados de la corrección política no descansan jamás, nunca dejan de explorar nuevos territorios, a la caza de oportunidades donde poder defecar su celo misionero y sus ideas.

Después de las aplicaciones racistas que fomentan estereotipos poniéndole a uno cara de Fumanchú o pintarrajeándole como los indios de las películas, ahora su infalible olfato ha encontrado unas gominolas racistas.


¿Por qué son racistas? Pues porque tienen forma de objetos típicos de varias partes del mundo, entre ellos máscaras africanas. He aquí el cuerpo del delito.




Como el lector puede ver, una vez que la corrección política logra imponer su ley, los fanáticos, los mentecatos, los acomplejados toman el control de la sociedad, consiguen desfondar cualquier barrera y cualquier límite de estupidez, por sólido que parezca.

Hace muchos años leí un relato breve de ciencia ficción, “La Marcha de los Imbéciles” ambientado en un lejano futuro en el cual la lenta pero continua degradación de las facultades intelectuales – iniciada en el siglo XX – había producido una población de imbéciles, con un delgado estrato de individuos intelectualmente superiores que ocultamente hacían funcionar la sociedad.

Bien, como nos muestran una infinidad de señales y signos que están por todas partes, ya estamos en ese futuro, tenemos La Marcha de los Imbéciles ante nosotros, aquí y ahora. Ya no es ciencia ficción. Más rápido, mucho más rápido que la degradación genética de la inteligencia, ha sido los venenos de la igualdad y la corrección política.

La corrección política para convertir a las personas en cretinos incapaces de pensar y para taparles la boca a los pocos que aún lo hacen.

La igualdad para atarnos a todos en la mediocridad y para cortarle la cabeza al que la levante más alta que los demás.

El corazón de la modernidad igualitaria y progresista, su sentido profundo, se encuentra en esta paradoja: los frutos de la más alta inteligencia y habilidad técnica, sistemas de comunicación planetarios, electrónica, satélites, que se ponen al servicio de un único mensaje y anuncian a cada rincón del planeta el evangelio de la nueva era:

Y los gilipollas heredarán el mundo.

jueves, 16 de enero de 2014

EL PARQUE EUROPA, EL TANATORIO Y EL FUTURO






Hace unos días en una mañana nublada y ventosa llevaba a mi esposa e hijas a dar un paseo por el Parque Europa de Torrejón de Ardoz, cerca de Madrid.

Lugar curioso, con algunas atracciones que por suerte estaban cerradas, su particularidad es que hay reproducciones de algunos monumentos o lugares típicos europeos: la Torre Eiffel y el Puente de Londres, unos molinos holandeses, la Puerta de Alcalá, un anodino puente de madera que por lo visto pintó Van Gogh, una “Plaza de España” que era un popurrí de fachadas de casas típicas de varias regiones españolas; un teatro griego, la Fontana de Trevi romana, la sirena de Copenhague.

Todo el conjunto tenía un aire un poco kitsch, hortera, apropiado como itinerario de viaje de un hipotético grupo de turistas asiáticos o americanos que compraran un paquete turístico para “ver Europa” en dos o tres días. Es curioso para ir una vez y verlo, pasar un rato agradable con la familia.

Sin embargo, no dejé de notar un cierto fondo de melancolía que emanaba de todo aquello. Uno se pregunta a veces si para los españoles o los europeos, Europa es algo más que un parque de este tipo. Si nuestra cultura e identidad europeas no se están quedando poco a poco en algo parecido a ello, vividas de manera similar a como uno va un día a pasear por el Parque Europa.

En resumen me preguntaba si no estaba ante una metáfora demasiado precisa, más de lo que nos gustaría, del lugar que ocupa hoy en día la herencia europea para la mayor parte de los habitantes de Europa.

¿Qué se transmitirá a las próximas generaciones de nuestro pasado y nuestra herencia, qué significado tendrá para ellas?

Debemos constatar que para el grueso de los europeos su propia identidad y tradición se han convertido en algo vacío de contenido y de relación auténtica con la propia vida. Se quedan en cultura de museo, en atracción turística valorada por el business que puede generar, en turismo cultural, consumo cultural. Expresiones horribles y perversas, representan un envilecimiento que ya ni siquiera somos capaces de percibir.

No hay nada mas allá de la apariencia, de manera análoga a como en ese parque no había nada detrás de las fachadas típicas de la Plaza de España o los otros monumentos. Llegados a este punto, carecen de vida la identidad, el pensamiento, la cultura; todo lo que nos legaron nuestros padres se ha convertido en una planta seca, muerta o moribunda, incapaz de dar nuevos brotes. Y como creo que las cosas normalmente tienen un significado, no me sorprendió en absoluto – al contrario, me pareció de lo más apropiado - que el Parque Europa estuviera pegado al tanatorio de la localidad. Al lugar donde se velan los difuntos, como para subrayar el mensaje y dejar totalmente clara la metáfora.

La memoria de lo que fuimos y de alguna manera aún somos, se está perdiendo. La correa de transmisión entre las generaciones de padres e hijos se ha detenido. Saboteada por el ejército de sabandijas del marxismo cultural que quieren ante todo erradicar las identidades, y muy especialmente la europea.

Los valores éticos, del carácter y de la personalidad, de la familia, las cualidades humanas que dan por así decir el tono muscular al individuo y la sociedad,  van desapareciendo. Cubiertos de descrédito y combatidos sin cuartel por el sistema educativo, los medios de comunicación, los fabricantes de opinión. Las sabandijas de antes.

Estamos ante una gigantesca operación de vaciado cultural, degeneración moral y del carácter, putrefacción social, dirigida contra la tradición y la herencia de Europa, paralela a una operación de modificación étnica y racial de las poblaciones europeas. Y digo operación y no fenómeno porque, si bien las causas de todo esto son complejas, no está escrito en ninguna parte que sea un destino inevitable, ni es una ley de la naturaleza. Existen fuerzas y poderes que deliberadamente trabajan a favor de ello.

Cierto, el mundo y la humanidad no son sólo Europa. Por supuesto la vida continuará en el mismo espacio geográfico, habrá otras sociedades y culturas. O ninguna, simplemente la cultura muerta de la homologación universal. Pero no será la nuestra.

Seguramente hay quienes, odiadores eternos de Europa a nivel racial, cultural, espiritual, se regocijan en sus antros pensando en este futuro, con el perverso placer que les permite su deformidad. Pero para quienes conservan el sentido de quiénes son y de dónde vienen, evitar que su identidad se marchite y muera es, no ya un derecho sino un deber imprescriptible. En el discurso de los derechos y especialmente de los derechos universales, hay siempre algo de aceitoso, decadente y mediocre. No importa si una sociedad moldeada por el poder de las sabandijas nos reconoce o no el derecho de defender nuestra identidad. No existe el derecho de tener una identidad, existe la voluntad de ser uno mismo, de luchar por ella y defenderla.

Hoy Europa está en retroceso en todos los frentes. No sólo en nuestro continente, sino en todos los lugares donde llegaron los europeos, su descendencia y su obra. Hay Europa en la Sudáfrica blanca, hay Europa en Sudamérica y en Norteamérica. Pero todas estas Europas retroceden, combatidas racialmente y culturalmente.

En una masa se ha convertido la mayor parte de la población racialmente europea, imbuida de la cultura homologada en el consumismo y los valores económicos, en la cual todo se consume, todo es una mercancía. A esto se une la tiranía de la corrección política, el herbicida definitivo: donde triunfa destruye cualquier tradición, cualquier libertad de pensamiento y de vida, no vuelve a crecer nada.

Esta gran homologación que está destruyendo aquí y ahora nuestra identidad - y la de cualquier otro pueblo – es como una batidora que absorbe todo y fabrica una gran papilla, para venderla a todo un planeta de seres iguales, que tienen los mismos gustos, se comportan de la misma manera y piensan de la misma manera.

En efecto, además de la homologación tenemos la bomba demográfica que representa la colonización del continente por parte de poblaciones extraeuropeas, especialmente árabes y africanas, que en el futuro traerá – ni no lo remediamos – la sustitución masiva de los europeos por elementos que no lo son. Es el resultado inevitable a largo plazo de la inmigración masiva y la superior demografía de estas nuevas poblaciones, combinada con la enfermedad profunda de los europeos que con la mente envenenada, cansados de la vida y de sí mismos, ya no quieren tener hijos.

Un proceso de acción retardada, más lenta pero mucho más letal porque irreversible. En efecto la degeneración puramente cultural deja la posibilidad de recuperar la cultura original. La sustitución demográfica en cambio no, porque cambia la base racial.

No es el caso de defender la “clausura racial” a ultranza, ni un racismo exclusivamente biológico que fácilmente puede caer en la obtusidad. Creo que existe una raza del espíritu por encima de la raza biológica y que éste debe ser el criterio superior. Pero la raza biológica es siempre la base. Aunque no sea lo mismo que la raza del espíritu, evidentemente existe una muy estrecha relación entre ellas.

En una palabra: si los europeos desaparecen, la cultura, la identidad, la herencia europea se marchitará y desaparecerá porque nadie la va a continuar. Así de sencillo.

Como he escrito más arriba hay quienes desean la desaparición de Europa y su neutralización, la destrucción de su identidad y visión del mundo, el cegado de la fuente que la mantiene viva. A estos elementos, a quienes cada vez más claramente aprendemos a identificar, hay que oponer la más adamantina enemistad, la más irreductible hostilidad. Afirmando fuerte y claro que nos negamos a morir como europeos, que rechazamos la droga de la cultura progresista, el veneno a corto plazo que sirve como anestesia para dar tiempo a que actúe el veneno a largo plazo, la colonización de Europa por pueblos no europeos.

Ya vemos cómo empieza a surgir un rechazo, comienzan a surgir los brotes de una primavera europea aquí y allá, signo inconfundible de un espíritu que está dispuesto a dar batalla. La pesada capa de plomo que nos han colocado empieza a mostrar fisuras; la basura no ha cubierto todo, debajo del manto de inmundicias y degradación, invencible sólo aparentemente, hay fuerzas que llevan demasiado tiempo reprimidas y que quieren salir.

Trabajemos y luchemos activamente para esta primavera europea, para que se convierta en una explosión de vida y color, en una inundación frente a la cual las ratas, las sabandijas y los traidores saldrán corriendo.

viernes, 20 de diciembre de 2013

LAS FEMEN Y OTRAS DEGENERADAS



Nos acercamos al final del año y en esta probablemente última entrada del 2013 nos ocuparemos otra vez de mujeres degeneradas, tomando como punto de partida las Femen y sus “hazañas”. Este artículo, algo abreviado, apareció en la revista disidente Verbo y Acción, que invito siempre a leer y cuyo próximo número saldrá a finales de mes.

LAS FEMEN

Es que me parto de risa.

Después de décadas de monserga con la liberación femenina las heroínas de nuestro tiempo son las niñatas malcriadas enseñatetas conocidas como Femen. En vez de ponerlas en su lugar y cubrirlas de ridículo se les da coba, se las considera como algo más que payasas y se las toma en serio. Más falsas que Judas como todos los fenómenos mediáticos, se añaden a la larga lista de inútiles subvencionadas a las cuales se les ríen las gracias y se les permite todo, simplemente porque son mujeres y nadie se atreve a criticarlas como merecen.

Es una señal del nivel de los tiempos en que vivimos y del estercolero en que se ha hundido nuestra sociedad, que cuatro gritos histéricos con las tetas al aire sean considerados como un mensaje. Seguro que dentro de unos años las estudian en la Universidad, a las Femen, como modelo de comunicación posmoderno o alguna gilipollez por el estilo.

La mayor parte de las feministas y muchas mujeres las miran con simpatía o condescendencia, pero he encontrado también algún artículo feminista en que se critica la imagen que dan y el nivel al que según ellas rebajan la causa de las mujeres. Y en efecto es así. Pero es inútil que traten de distanciarse: además de que – subrayémoslo - son críticas minoritarias, es penoso y risible que ahora vengan con eso, porque los berridos de las Femen representan perfectamente la voz y el mensaje de muchas, demasiadas mujeres de nuestro tiempo. Es precisamente este tipo degenerado y abyecto de mujer que el feminismo ha fomentado.

Campeona de vulgaridad, liberada de las cargas de la buena educación, del estilo, de la feminidad, el gusto y la finura, su ideal de mujer va desde las heroínas abrecabezas de esas películas americanas para retrasados mentales a las zorras cuarentonas de Sexo en Nueva York. Sin gracia, chabacana, convencida de que tener estilo significa vestirse y comportarse como las féminas insoportables, neuróticas y abyectas de la telecaca que toma como modelo,  está totalmente convencida de ser el no va más, cuando cualquier mujer de la época de nuestras madres o abuelas les daba cien vueltas en todo.

¿Y dónde está la mujer realmente válida, la que tiene talento, capacidad y carácter, o simplemente la que quiere ser mujer y no quiere la guerra contra el varón? En algún lugar, sofocada por el feminismo, esta mujer boquea intentando respirar. Su valor está permanentemente puesto en tela de juicio por las cuotas y los privilegios que se otorgan a las inútiles sólo por ser mujeres; su perfil y sus capacidades son difíciles de distinguir, rodeada como está por la muchedumbre de semianalfabetas que suben como la espuma; su educación, inteligencia y cultura están envilecidas por el ideal barriobajero, zafio, chabacano y sin estilo de mujer moderna; su feminidad se encuentra denigrada por la propaganda constante contra la maternidad, por el continuo lavado de cerebro a favor de la guerra contra el hombre y a favor de un ideal agresivo, desquiciado y fracasado de mujer, que representa perfectamente el callejón sin salida al que el feminismo ha conducido a la fémina moderna.

Basta escucharlas durante unos minutos de conversación, no a las Femen sino a mujeres de clase media, como por ejemplo la típica fauna de oficina y especialmente el repelente tipo de ejecutiva agresiva…”estoy hasta los huevos”…”la has cagao”…”me cagüenlaputa”. A menudo oírlas hablar recuerda a una de esas películas de marines en que de cada tres palabras una es fuck…

¿Esta es vuestra liberación y vuestra nueva identidad femenina, vuestro ideal de mujer emancipada, libre del yugo machista y patriarcal? En efecto os habéis bien liberado para mejor caer en el estercolero y el lodazal.

Es que me parto de risa.

viernes, 8 de noviembre de 2013

ZORRAS QUINCEAÑERAS, NIÑOS EMPRENDEDORES Y PUTILLAS ADOLESCENTES



De vez en cuando sale alguna noticia, en nuestro mundo opulento y desarrollado, sobre baby – prostitutas, esto es adolescentes o incluso apenas salidas de la infancia. A veces se trata de ambientes degradados, de las cloacas sórdidas de la sociedad, con situaciones reales de violencia y explotación; sobre esto no hay nada que decir. Está también la niña que se encapricha de un delincuente – que típicamente se dedica a este negocio – y termina en esa situación, de la cual puede salir o no. Pero son casos no muy frecuentes, y no es lo que interesa aquí.

El tema de hoy es otra tipología de baby – prostituta; las adolescentes que pertenecen a familias y ambientes normales, sin particulares estrecheces económicas ni ambientes degradados ni zarandajas, en resumen las niñas bien a las que no les falta nada. Que existen es evidente, aunque naturalmente se trata de un mundo sumergido del cual no es dado saber las reales dimensiones; seguramente las ocasionales noticias que afloran de vez en cuando representan sólo la punta de un iceberg.

También en estos casos se suele hablar en tono escandalizado, patéticamente y ridículamente, de menores obligadas a prostituirse, en un empeño por presentarlas como víctimas y no admitir la verdad. Nadie le pone una pistola en la cabeza a la quinceañera normal que se prostituye, simplemente lo hace por vocación y justamente porque es una quinceañera normal – horriblemente normal – de nuestro tiempo.

Es decir, es una chica receptiva que ha asimilado las ideas, los estímulos, los valores, los ideales y las enseñanzas de nuestra sociedad y nuestra época. Naturalmente no los discursos empalagosos, insípidos y vacíos de los educadores: eso, le entra por un oído y le sale por el otro. Lo que asimila, como adolescente media de hoy, son las enseñanzas verdaderas que nuestra sociedad transmite, los valores reales que hay detrás de la ideología dominante, los estímulos y los ideales auténticos que permean el ambiente.

Todo ello se puede resumir en tres palabras: consumo, sexo y dinero. Desde la infancia y a edades cada vez más tempranas éste es el mensaje verdadero que reciben, es el molde en que se vierte la materia aún blanda de la mente infantil en desarrollo.

La baby putilla de la que estamos hablando no se prostituye porque le falte dinero para comer y vestirse, o porque no tenga un techo donde dormir. Al contrario, tiene sus necesidades básicas bien cubiertas, no le falta nada. Lo que quiere es el último modelo de móvil, horribles y carísimos bolsos, vestidos de marca, joyas, ir al concierto de algún niñato imbécil. No necesita nada de ello en realidad, pero quiere consumir, porque desde niños se nos enseña a ser consumidores; en vez de ideales nos meten en la cabeza las vulgares, adocenadas imágenes del gran sueño consumista. Hay que consumir, comprar, tener muchas cosas, si no consumes no eres nadie, eres una mierda y estás out. Nuestra niña inocente y futura putilla, mucho antes de la pubertad, ha asimilado bien la lección.

Como también está impaciente por entrar en el mundo del sexo, pues recibe mensajes sexuales ya desde la infancia. En vez de respetar y dejar correr los tiempos naturales del despertar sexual, la obsesión con el sexo que es uno de los pilares de la sociedad – como un puritanismo al contrario e igualmente insano – crea una atmósfera sexualizada, que lo va ocupando todo y naturalmente también la infancia, cada vez más. No sé a quién puede sorprenderle que haya putillas de quince años cuando muchas niñas ya se visten auténticamente como furcias, animadas o toleradas por su familia, y cuando se ha destruido totalmente no sólo la moral sexual sino cualquier sentido de pudor y de autocontrol.

Este, por cierto, es el verdadero objeto de la educación sexual a edades tempranas: favorecer la precocidad sexual infantil, transmitir la moral de la promiscuidad universal, la destrucción de cualquier límite y del pudor. Además de neutralizar e impedir cualquier educación que la familia pretenda impartir en sentido contrario, y de paso fomentar la homosexualidad.

¿Qué mensajes y que estímulos recibe una niña que entra en al pubertad, acostumbrada a vestirse como una ramera y a una atmósfera sexual que permea toda la subcultura de masa, incluida la destinada a los niños? Una niña que observa atentamente los ídolos juveniles y los modelos que le propone el sistema, figuras de plástico fabricadas por la factoría de la cultura basura y frecuentemente guarrillas que, no sabiendo hacer nada, se dedican a restregarse contra todo y todos ante las cámaras como perras en celo.

Lo que al final se saca en claro de todo esto es evidente. Muchísimas adolescentes llegan a los trece, catorce o quince años, si no de vuelta de todo, por lo menos con un buen tramo de camino hecho. Han conocido cipotes de todos los tipos, tamaños y curvaturas – y colores por lo de la multiculturalidad -; no debe extrañar que muchas de ellas decidan sacar dinero de ello en vez de hacerlo siempre gratis.

Nadie se debería escandalizar. Al contrario, el liberal coherente debería felicitar a estas chicas por su espíritu emprendedor. Todo el mundo se llena la boca con el espíritu emprendedor, que como sabemos es una palabra clave y uno de los dioses o diosecillos de nuestro tiempo; el espíritu emprendedor indica la santidad en la religión del dinero. Vivimos en la era de los valores económicos; los modelos y los ideales propuestos se resumen en ganar dinero y todo lo demás se valora o menos según se pueda o no medir en dinero y pueda generar un business.

Se fomenta el espíritu emprendedor a edades cada vez más tempranas. Hasta el punto de que hay aberrantes talleres “educativos” para niños emprendedores, cuyo sentido profundo es formarles para que vean la vida y el mundo a través del prisma de la economía y adoren el dinero como valor supremo. Por si alguno pudiera tener otras ideas u otra sensibilidad en la cabeza, hay que cogerlos tiernos para que no se escape ninguno y asimilen bien la lección.

Considerando todo lo anterior, es perfectamente normal e inevitable el fenómeno de las putillas adolescentes. Ya desde la infancia la niña tiene claro que lo importante en la vida es ganar mucho dinero. Ha aprendido que es imprescindible tener status symbols, que vivir es consumir, que hay que tener ropa de marca, el último modelo de juguete electrónico, las infinitas estupideces superfluas que nos han enseñado a considerar indispensables. Ha vivido en un ambiente y una sociedad que se burla de cualquier concepto de pudor, que activamente fomenta promiscuidad y precocidad hasta el mismo umbral de la infancia, una infancia que satura con mensajes sexuales antes de tiempo. Podríamos escribir una simple ecuación:


Espíritu emprendedor + Consumismo + Sexualidad precoz
 =
PUTILLA ADOLESCENTE


Sin olvidar naturalmente – como condiciones al contorno - la disolucion de la familia y sobre todo de la autoridad paterna; la infame labor de legisladores y expertos canalla que sistemáticamente, ideológicamente, las han destruido.

Este es el mundo de hoy y sus valores. Podemos aceptarlo o rechazarlo, pensar que es el mejor de los mundos posibles o que al contrario es una basura; creer obtusamente con los borregos manipulados que estamos en la cima de la evolución humana, o darnos cuenta de que nos hallamos en un pantano de degeneración y una fase de decadencia profunda, de donde es posible y  necesario salir.

Pero quien acepte los valores y las ideas que dominan hoy la sociedad, y luego caiga de las nubes, se haga el indignado y se rasgue las vestiduras por las prostitutas quinceañeras, es sencillamente un gilipollas. Más le vale echar un vistazo a lo que tiene su hijita en el móvil, en  el whatsapp y en el facebook. Por si acaso.

lunes, 28 de octubre de 2013

EL AQUELARRE DE GOYA, LAS FEMINISTAS Y LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI



He tenido que descuidar un poco el blog por circunstancias varias pero aquí estamos de vuelta.

Un día, hace bastante tiempo, me encontré en la prensa con una fotografía de cierta reunión de feministas veteranas. No pude dejar de notar, melancólicamente, el asombroso parecido de esa imagen con el famoso Aquelarre de Goya. Con una diferencia importante, es verdad: en la fotografía no estaba el Gran Cabrón que aparece en la tela de Goya presidiendo la asamblea. Aunque también ha habido y hay aquelarres feministas con su cabrón - o cabroncete - como sabemos bien por la historia reciente de nuestro país.




No se trata sólo de apariencia física, exterior; también de la interior, de la fealdad moral. Es un lugar común – verdadero, como suelen serlo los lugares comunes – que muchas feministas carecen notablemente de atractivo femenino y feminidad. Pero sería ingenuo pensar que esto es todo. Ni el odio feminista por el varón y la feminidad es tan simple de explicar, ni todas las feministas son feas como las brujas de Goya.

Es decir, no lo son por fuera aunque sí por dentro. Esto es importante entenderlo, es el escollo mortal en el que tantos hombres naufragan y son arrastrados a la ruina. Al fin y al cabo, las brujas horripilantes por fuera son las menos peligrosas, y casi diría las más honestas porque no engañan. Las peores son las que parecen inofensivas desde el exterior, pero en su interior, si uno tuviese un scanner para revelarlo, aparecerían como son en realidad, esto es como en el Aquelarre de Goya.

Este es el feminismo, un moderno aquelarre de brujas odiadoras del varón que encarnan el peor aspecto de la feminidad, el aspecto destructivo, oscuro y nefasto. La bruja es – entre otras cosas – un símbolo de esta parte negativa y devastante del eterno femenino. Especialmente y precisamente la bruja de los cuentos para niños. Ciertamente el odio de las feministas por los cuentos tradicionales, su voluntad de destrozarlos, falsearlos y censurarlos se puede explicar en parte por una pulsión irracional e inconfesada: se ven retratadas demasiado bien en la figura de la bruja.

Bruja que, recordemos, no es el único aspecto de la mujer; al contrario, la bruja es la que persigue y mortifica tanto la masculinidad como los aspectos positivos y nobles de la fémina. Como en los cuentos infantiles, la primera víctima de la bruja es la mujer sana y que representa los valores superiores de su sexo.

Mensaje profundo por tanto el de estos inocentes cuentos, y totalmente relevante en la actualidad: las modernas brujas no sólo persiguen al varón sino también sofocan a la mujer y lo mejor de su feminidad.

Naturalmente la tiranía feminista imperante hoy en día no reconoce que pueda existir este aspecto negativo y destructivo en la mujer. Quiero decir que no lo reconoce abiertamente, en público, no porque lo ignore sino por simple mala fe: una parte esencial del lavado de cerebro es presentar a la mujer como un ser inocente incapaz de hacer daño, eterna víctima del varón malvado.

Sin esta falsificación y sistemática inundación de mentira les habría sido difícil convertir a los varones en un hatajo de gilipollas domesticados, que tragan con todos los atropellos y prevaricaciones; los cuales por otra parte van en aumento y sin que sea posible ver el final del túnel, el límite en el cual se pararán. Porque este límite simplemente no existe, cada vez irán a más y no se detendrán nunca si no se les obliga a hacerlo, hasta que destruyan nuestra sociedad como una enfermedad degenerativa destruye el cuerpo que utiliza.

No es una imagen gratuita, pues no otra cosa es el feminismo, así como otros fenómenos como el poder de las lobbies de desviados, la nivelación de los sexos, la igualdad en la mediocridad: enfermedades y síntomas de degeneración propios de una sociedad decadente y enferma, que proliferan como los gusanos sobre un cadáver en putrefacción.

En este ambiente de cerebros lavados, opinión pública y propaganda hembrista, de niñatas malcriadas a las que se permite todo y se les ríen las gracias – caso de las Femen -  y de glorificación acrítica de la mujer, es de agradecer que salga una película con mala leche y sanamente misógina como Las Brujas de Zugarramurdi.


 
Entendámonos, no es que sea una obra maestra y está tejida con hilo bastante grueso. Pero no deja de ser divertida, y sobre todo expresa en clave de humor grotesco un cabreo contra el feminismo y la mujer de hoy que es raro ver actualmente, en el actual pantano de conformismo que ha reducido los varones al encefalograma plano.

Estamos ante una película, más única que rara, sobre la tiranía feminista y el poder femenino como reino de las brujas.

Claro que cada uno ve en las películas cosas distintas, y posiblemente el director negaría enérgicamente los hechos que se le imputan aquí; pero a uno le queda la clara impresión de que se ha quitado las ganas de decir muchas cosas que no se atreve a declarar abiertamente, que se ha liberado de varias piedras de gran tamaño que tenía en el estómago, usando el registro grotesco y cómico.

Para quien esté harto del pueril y empalagoso moralismo de género que nos inunda, es reconfortante y agradable, una auténtica bocanada de aire fresco, ver una película sin un solo personaje femenino positivo. La única protagonista que no pertenece a la secta de brujas, empieza la película amenazando al ex marido con destruirle usando la ley – a buen entendedor pocas palabras – y al final encuentra su verdadera naturaleza uniéndose a las brujas.

En toda la película son frecuentes las pullas y las continuas referencias a la guerra de sexos; abundan mujeres agresivas y sus discursos contra los hombres. Inconfundible la sensación de dejà vu, de que todo esto esta visto, pero no en el cine sino en la realidad. También es interesante el estado lamentable al que han sido reducidos los varones dominados por las mujeres terribles de Zugarramurdi: el marido de la bruja mayor, semiretrasado y una especie de zombi sin personalidad, que con terror advierte a los incautos viajeros de que “no hay que llevarles la contraria” (a las brujas); el hermano de la bruja menor (la buenorra), prisionero y humillado en una celda debajo de los urinarios. Por no hablar del festín que las brujas organizan para devorar a sus prisioneros. Más claro agua: todo ello representa el futuro del varón en la sociedad dominada por el feminismo, con apenas alguna licencia – digamos - poética.

Si todas las mujeres son brujas, no es que los hombres salgan bien parados. No hay para nada una figura heroica masculina, un moderno Orestes que de a las brujas su merecido. Al contrario. Entre entre los protagonistas masculinos hay de todo, pero siempre están medio atontados, perdidos y zarandeados entre mujeres más fuertes que ellos; incluso cuando la buenorra se pone de su parte – por amor – no deja por ello de ser medio histérica y un peligro mortal.

Y finalmente el aquelarre final en la cueva, una reunión de mujeres modernas de todos los tipos y condiciones; la inolvidable e inconfundible imagen de una horda feroz de brujas desquiciadas y rabiosas que odian a los hombres.

No hilaremos demasiado fino sobre el final de la cinta, con el andrógino y la invocación a la Venus de Willendorf como divinidad feminista; no es el caso. Pero aun dentro de una película de este estilo, se le la ido la mano en el final al director, especialmente en los pésimos cinco minutos finales, totalmente absurdos y superfluos.

Como el lector habrá comprendido perfectamente, estamos ante una precisa y realista descripción de la sociedad moderna, de la mujer actual, la lamentable situación del varón y la inexistencia de figuras masculinas dignas.

Por tanto cabe decir que Las Brujas de Zugarramurdi, lejos de ser un horror grotesco es en realidad, con alguna licencia poética, una película costumbrista sobre la España y el Occidente actual.

Saludos del Oso

viernes, 4 de octubre de 2013

LA LENGUA Y LA IDENTIDAD



Después de un largo descanso el Oso vuelve.

Entre las noticias recientes lo mas destacado es lo que está sucediendo en Grecia con la guerra sucia de la partidocracia contra el partido patriótico Amanecer Dorado. Procesos políticos, purgas en las fuerzas del orden, alianza de los falsos adversarios políticos para intentar ilegalizar y destruir el único partido que es realmente antisistema. Valdrá la pena seguir atentamente esta cuestión.

Este verano lo más notable ha sido la escalada de amenazas contra Siria y la descarada intención por parte de Obama de atacar a ese país. El presidente americano, a quien, recordemos, le dieron el devaluado premio Nobel de la Paz por ser negro, estaba preocupado porque las tropas de Assad empezaban a ganar la partida contra los rebeldes, los terroristas y los mercenarios apoyados por Occidente. La intención era darle la vuelta al resultado de la guerra con una alfombra de bombas, como hicieron en Libia para derrocar a Gadafi y vendiendo también esta vez a la opinión pública la habitual basura sobre la intervención humanitaria.

Afortunadamente la agresión anglosionista – pues detrás están siempre ellos, aunque naturalmente jamás en primer plano - no se ha consumado por ahora. Evidentemente una fuerte oposición dentro y fuera de EEUU, y sobre todo los rusos le han parado los pies al moreno Nobel de la Guerra. Es una buena señal para el futuro que alguien le plante cara al Nuevo Orden Mundial, visto el absoluto servilismo de Europa y su estado de supeditación militar a los intereses americanos.

Por no hablar de la colonización cultural y espiritual, y sin olvidar el secuestro de la política por la partidocracia, al servicio no de sus ciudadanos sino de una serie de centrales de poder internacionales, militares, financieras y culturales cuyo centro de gravedad está en el mundo angloamericano.

Tema este que tiene por tanto muchos niveles y aspectos en este tema. Uno de estos, el que aquí nos interesa, es la colonización cultural. Que difunde sistemáticamente una visión totalmente materialista en todos los ámbitos, una concepción del mundo y del hombre como economía. Y una ideología precisa, la de la corrección política, apoyándose en un entramado de grupos del presión y organizaciones dedicadas a la ingeniería social, que en este blog a menudo he llamado las lobbies de la degradación, responsables del lavado de cerebro masivo y continuo de la población.

No siempre se reconoce la importancia que tiene la guerra cultural. A una primera mirada puede parecer que lo relevante, lo que cuenta en realidad, es sólo el poder y el dinero, los que mueven el mundo. Y esto es cierto al nivel de la política concreta y de la acción práctica. Sin embargo la visión del mundo de las personas, sus criterios, sus formas de valorar y de percibir la realidad, dependen de lo que tengan dentro de la cabeza. Y lo que las personas tienen en la cabeza depende del resultado de la guerra cultural.

Aquí está la importancia que tiene la cultura, porque se trata del caldo de cultivo de la mente y las ideas. La acción del poder cultural es más lenta, menos visible, se desarrolla a otra escala y a otro nivel respecto a la lucha política; que es ciertamente indispensable - iluso es quien piensa cambiar el mundo sólo con la cultura - pero el combate político actúa en un medio, sobre un material humano, al que la lucha cultural le ha dado forma.

Herramienta fundamental para esto es el idioma, la lengua propia, que lleva incorporada, en cierto sentido, una visión del mundo. Nunca una lengua es completamente traducible a otra, ni siquiera cuando son tan parecidas, por ejemplo, como el italiano y el español. Siempre hay algún matiz que no se puede transmitir completamente, alguna expresión cuya traducción es engorrosa, algo que se expresa mejor en un idioma que en el otro. Si se trata de lenguas más lejanas se nota cómo se piensa de manera algo distinta, y si ya vamos a lenguas no indoeuropeas como el japonés, entonces es como si hubiera que cambiar el chip cada vez que se pasa de un idioma al otro.

Comento todo esto es subrayar la importancia de la lengua nativa en la formación de la persona, y su papel en cualquier sentimiento de identidad. Se trata por tanto de una pieza clave en la partida de la hegemonía cultural.

Pasa por la defensa y conocimiento correcto del propio idioma cualquier resistencia contra el nefasto proyecto de destrucción de las identidades actualmente en vía de implantación. Proyecto que existe realmente, llevado a cabo por fuerzas que trabajan para llegar a la homologación universal y la reducción de los territorios a unidades administrativas, casillas en el juego de monopoly del mercado global.

Viceversa, los poderes que  persiguen estos objetivos desean que las lenguas nativas de los distintos pueblos se debiliten; a favor de una lengua universal, la lengua del sistema que es el inglés, preferiblemente el inglés cosmopolita práctico y comercial. La intención es implantarla en la mayor medida posible como como lengua materna, en perjuicio de las lenguas propias de cada pueblo. Esto, unido a la degradación de la enseñanza que descuida o directamente denigra de las tradiciones, la historia y la cultura propias, para enseñar una amorfa educación neutra, pretende crear ciudadanos del mundo que tengan todas las identidades, y por tanto, ninguna en realidad.

Generalmente los países y las clases sociales en que el inglés esta más difundido son los más receptivos a la penetración de la ideología que desde su centro de gravedad en el mundo angloamericano aspira a imponerse a nivel global. Tales naciones, y las clases superiores en general, a menudo son las más avanzadas en el camino de degradación social e individual que es parte inseparable del proyecto mundialista

Vemos entonces, y volviendo al tema del artículo, que existe una relación entre la difusión masiva del inglés, como idioma en pie de igualdad con la lengua propia, y el proyecto de diluir las identidades y erradicar el apego a la propia cultura.

En este proyecto se encuadra también la degradación de la misma lengua materna y su empobrecimiento, por ejemplo con el lenguaje para semideficientes de la corrección política, y también la degeneración de la enseñanza, que cada vez más apunta a formar ciudadanos sin raíces y a impedir que el ser humano crezca con peligrosas ideas de pertenencia, identificación con una tradición y una historia.

Este es el significado y la razón verdadera de la obsesión por introducir el inglés hasta en la sopa, a edades cada vez más tempranas y por todas partes. Algo que seguramente quienes tengan hijos en edad escolar habrán obervado, esta manía por aumentar cada vez más horas de clase de lengua inglesa, y tambien por impartir lecciones de varias otras materias en inglés. Todo en un contexto en que se aprende cada vez peor y se descuida el español.

No se trata de demonizar el inglés ni el mundo anglosajón en sí mismos. Es una lengua respetable como cualquier otra; pero es un hecho que es la lengua de la tiranía mundialista en construcción. Baste por ejemplo pensar en el sistema de espionaje Echelon, al cual participan los países angloparlantes, sistema que utilizan también para obtener ventajas comerciales y económicas, perjudicando a los que llaman países “aliados” que son en realidad países súbditos.

Tampoco es que americanos o ingleses sean los “malos” o especialmente negativos por sí mismos; es que la mentalidad mundialista y el poder mundialista, que no son estrictamente americanos ni ingleses, han crecido, se han afianzado y han dado sus frutos envenenados en esos países. Existe probablemente una América no mundialista, como una Inglaterra donde viven fuerzas sanas, pero ciertamente no es la basura que exportan al resto del mundo, que en realidad es la ideología promovida por los mercantes del dinero, el arma cultural para llegar al dominio del mundo; pues tal es su aspiración, cada vez menos velada.

No se trata de rechazar la lengua inglesa. Seguramente es un instrumento útil y necesario para comunicar, una lengua franca que en muchos ambientes de trabajo es necesaria, que es conveniente dominar al menos a un nivel medio, especialmente hoy, cuando el enemigo es global, una situación que exige por parte de quienes nos oponemos a él unidad de esfuerzo y colaboración, y por tanto poder comunicarse.

Pero el inglés debe ser eso, un instrumento y una herramienta. No una lengua nativa, y en particular no debemos permitir que se convierta en la lengua madre de nuestros hijos. Primero la lengua propia, la propia historia y cultura; las auténticas, nos la miserables caricaturas lisiadas que las reformas educativas, la corrección política y sus descerebrados nos quieren imponer. Después viene lo demás.

Es seguramente bueno hablar varios idiomas, y plantearse el aprender además del propio, alguna otra lengua europea, que también puede ser el inglés, porqué no. Como he apuntado hay que construir o recuperar una identidad europea, en una situación en que el mismo futuro de Europa está amenazado.

Terminando ya, para los padres que tengan hijos dotados para los idiomas o con el gusto por el estudio, no estaría de más al menos una formación básica en lenguas clásicas europeas, latín o griego. Algo que no puede ser más inútil desde el punto de vista de los actuales criterios. Pero ya hemos comentado la intención de fondo y los objetivos ocultos detrás de esos criterios.

No se va a utilizar una lengua clásica en la vida cotidiana ni por supuesto servirá para nada a la hora de buscar trabajo; pero sí nos ayudará a pensar, a construir una barrera mental de resistencia interior y a ser menos vulnerables a esa máquina estampadora que fabrica en serie los ciudadanos del mundo. Precisamente por eso las lenguas clásicas ya no existen en la escuela actual y por eso se ha insistido tanto en su eliminación de los programas escolásticos.

Saludos del Oso.