domingo, 28 de junio de 2020

DISPARAR CONTRA NUESTROS GOBERNANTES EN EFIGIE. DEL JARABE DEMOCRÁTICO, LA LIBERTAD DE CRÍTICA Y LOS DELITOS DE ODIO.


Pongo aquí otro de los artículos publicados en El correo de España recientemente, sobre nuestras miserias nacionales, antes de empezar con la serie "La guerra contra la raza blanca" que estoy publicando estos días en el mismo medio.


Creo que todos dormiremos más tranquilos a partir de ahora sabiendo que en este país el crimen no sale rentable. En efecto, hace unos días, la policía detuvo en un tiempo récord a un peligroso sujeto (enemigo público sin duda) que se dedicaba a disparar, en una galería de tiro, contra fotos de los dos personajes arriba mencionados y algún otro perteneciente al gobiernuzo que nos aflige. Aunque ya ha sido liberado, supongo que sigue acusado de algo.

Ahora voy más tranquilo por la calle, porque si la policía se dedica a esto evidentemente no tiene nada más importante de que ocuparse. Ya no hay ladrones, asesinos, violadores y otros delincuentes en circulación y podemos todos dejar abiertas las puertas de casa.

Alguien ha hablado ridículamente de amenazas de muerte y delito de odio a propósito de esto, demostrando no ya confusión sino una grave incapacidad mental, al no saber distinguir entre amenazas y lo que es un simple desahogo; desahogo, por cierto, más que justificado.

En cuanto al delito de odio se sabe que es una expresión en código, una fórmula para emitir o agravar condenas por motivos ideológicos; no es más que una herramienta de la policía del pensamiento, de una justicia al servicio de la corrección política y el pensamiento único.

Además uno odia a quien quiere y la justicia no está legitimada para meterse en esto ni para fiscalizar los sentimientos. Lo que debería perseguir son los actos, las amenazas, las incitaciones explícitas a la violencia. Lo cual no tiene nada que ver con disparar contra unas fotos para desahogarse.

De otra manera, si lo de este hombre son amenazas o incitación a la violencia, se habría debido perseguir también a quienes han quemado imágenes del rey o guillotinado un muñeco de Mariano Rajoy, entre muchos otros ejemplos. Con la diferencia importante de que eso de quemar a alguien en efigie, si hemos de considerarlo como amenaza, es mucho más grave: ser quemado vivo es una muerte horrible y dolorosa, mientras que un disparo en la cabeza es una ejecución limpia e indolora. Y parece también mejor que lo de ser guillotinado, por el mal rato que se debe de pasar mientras te meten el cuello en el aparato.

Pero nos olvidamos del campo semántico tan flexible, los conceptos tan elásticos que manejan la chusma izquierdista en general y este gobierno en particular. La misma e idéntica cosa puede ser jarabe democrático o al contrario incitación al odio y acoso según quién la haga y contra quién. La misma cosa puede ser libertad de expresión y sátira o al contrario delito de odio y amenazas. Como sabemos, hasta una canción de Manolo Escobar puede ser sentida como amenaza, voluntad de intimidación y acoso; esto sí que es resignificación y lo demás son tonterías.

Ante semejantes despropósitos policiales y doble vara de medir, invito a todos a imprimir fotos de la chusma que nos gobierna y desahogarse en ellas de todas las maneras posibles: ametrallando, rasgando, cortando, lijando con grano grueso, quemando, vertiendo líquidos corrosivos; metiéndolas en trituradoras de documentos, untándolas en miel y ver cómo las devoran moscas y hormigas, pinchándolas en muñecos de vudú, poniéndolas a ver durante horas cine español subvencionado y telenovelas venezolanas.

Para concluir y volviendo por un momento al jarabe democrático, parece que han prohibido las caceroladas en las inmediaciones del chalet superburgués donde viven el marxista leninista con coleta y su pasionaria feminista de género. Dicen que molesta a los animales.

Por una vez no puedo estar más de acuerdo. ¿Se habrán dado cuenta de la ironía escondida en esta motivación?

martes, 23 de junio de 2020

EL MONO CON KALASHNIKOV, LA PELEA DE LAS GALLINAS Y LAS BORRACHAS QUE VUELVEN SOLAS A CASA

Después de tener abandonado el blog durante cierto tiempo, es hora de retomar la actividad. Empezaré poniéndolo al día con algunos artículos publicados en El correo de España y que no he publicado aún en el blog como suelo hacer.

En cuanto a la presentación del libro "Crónicas de un Occidente Enfermo" que hubiera debido celebrarse en Valladolid el 14 de marzo, fue anulada por el coronavirus y daré noticia cuando pueda realizarla.



La relación entre los tres elementos del título, aparentemente lejanos entre sí, quedará clara dentro de poco, así como el hilo nefasto que los une; juntos nos dan un cuadro alegórico de la degeneración intelectual, ética y cultural que nos aflige.

Quizá algunos lectores hayan visto un vídeo de hace algunos años, en el que unos imprudentes soldados, en algún lugar de África, para bromear un poco entregan a un mono un fusil de asalto, creo un kalashnikov. Lo malo es que el simio no sólo empuña correctamente el arma, sino que también atina a apretar el gatillo y empieza a disparar; los soldados tienen que salir corriendo y ponerse a cubierto tras lo que el mono queda dueño del campo y levanta triunfalmente el fusil sobre sus brazos.

Sea o no un vídeo preparado de antemano, nos quedaremos con la imagen porque su actualidad política es evidentísima: se trata de la precisa representación de la última hornada de revolucionarios de salón que ha llegado al gobierno, amenazando con escribir leyes y gestionar la cosa pública.

Creo sinceramente que nunca habíamos tocado un nivel tan ínfimo como éste; aunque tras cuarenta años de democracia habían conseguido poner el listón realmente bajo, han logrado desfondarlo. No es que sean mediocres; es que son el fondo del barril y van mucho más allá de la simple mediocridad. Gente además de sectaria ignorante, inculta y fanática; estamos viviendo la venganza de los últimos de la clase que se permiten imponer su nulidad a quienes son mejores que ellos. Una chusma que está ahí aupada por la opinión democrática, bien es cierto; pero esto jamás será un argumento a favor de la chusma sino un argumento en contra de la democracia.

Como ejemplo de lograda degeneración el eslogan “quiero llegar sola y borracha a casa” jaleado desde el poder. Me parto de risa si esto es la liberación de la mujer. Pero el aspecto trágico supera al cómico: uno se pasa años intentando con esfuerzo educar a los hijos, enseñándoles que la verdadera liberación es de la ignorancia y de la estupidez, para que esta morralla zafia y vulgar venida a más se instale en el poder, usurpe la educación y sustituya el conocimiento con el “coñocimiento” impartido en talleres pagados por todos nosotros.

El sectarismo, voluntad liberticida y revanchismo barato se evidencian en las primeras leyes que están cocinando, auténtico caldero de brujas repleto de sapos y culebras: ley de educación, ley de libertad sexual, ley de memoria histórica. Es decir: imponer en las escuelas y contra la voluntad de los padres la basura de la propaganda LGTB y feminista, introducir con calzador la estúpida igualdad de género, cumplir la agenda de los degenerados empeñados en sexualizar a los niños. Perseguir penalmente a quienes discutan sus mentiras sobre el franquismo y la guerra civil, imponiendo por decreto a todos su incultura, ignorancia y mala fe histórica. Promulgar nuevas leyes para perseguir todavía más al varón, pues no les basta esa Gran Basura que es la ley de violencia de género, sino que necesitan más sangre, nuevas leyes escritas desde el analfabetismo jurídico, la miseria intelectual y un pensamiento formado por cuatro eslóganes baratos.

Hace mucho tiempo que se veía venir todo esto; de hecho lleva sucediendo años, si no decenios; pero ahora el lobo no sólo asoma la patita sino medio cuerpo; un lobo más estúpido que malvado, pero no por ello deja de ser peligroso. Al contrario.

Dentro de este cuadro lamentable, no pasaré por alto la trifulca grotesca que se ha montado entre progres para reivindicar el “verdadero” feminismo. Una disputa ridícula que asemeja una pelea de gallinas y de los gallitos castrados que les hacen de comparsas, cuyo verdadero lugar sería un programa de telebasura; pero por desgracia están en el Parlamento escribiendo leyes que se nos van a aplicar a todos. Detrás de ello no debemos ver sólo una lucha feroz por repartirse el pastel, sino que también hay algo más: una trifulca entre las feministas de ayer mismo y las nuevas. Las de ayer, responsables de la infame LIVG, tenían por lo menos (algo de) cultura jurídica y cultura en general, que usaron como instrumento para encarnar en ley su inquina contra el varón; pero es que la nueva generación ya no tiene cultura digna de este nombre, de ninguna clase. La vieja guardia tenía ideas claras: sabían perfectamente lo que era un hombre y lo que era una mujer; naturalmente para jodernos vivos a los hombres, pero tenían claro quién era quién. Por eso mismo la ideología de género y todo ese montón de mierda sobre las identidades sexuales les era, si no extraño, al menos secundario; no habrían aceptado que alguien con barba y cataplines dijese que “se siente mujer” emborronando así su visión sectaria y maniquea del mundo.

Las novísimas hornadas, en cambio, tienen ya el cerebro podrido por la ideología de género; creen o fingen creer en el “sexo no binario” y que cada uno puede ser lo que quiera y en las tropecientas “identidades de género”. Han apurado hasta el fondo una extraña copa de veneno, recorriendo un largo trecho de ese proceso espantoso de degeneración cultural y degradación cognitiva (es decir que son cada vez más ignorantes y más imbéciles); viven en un estado permanente de confusión mental y negación de la realidad, en una oscuridad profunda de la mente que ocultan con un lenguaje incomprensible, sazonado y realimentado con el desprecio hacia todo aquello que signifique cultura o pensamiento elevado.

En pocas palabras y volviendo a las feministas con su séquito de perrillos falderos: las de antes eran más malas que estúpidas, las de hoy son más estúpidas que malas. Máxima que vale en general, para la clase política, las modas y las ideas que rigen nuestra sociedad.

Esta prevalencia de la estupidez sobre la maldad no debe tranquilizarnos sino todo lo contrario porque, como es sabido, un estúpido que alcanza una posición de poder puede hacer mucho más daño que un malvado.

Tiene más peligro que un mono con un kalashnikov.

MAX ROMANO

domingo, 8 de marzo de 2020

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "CRONICAS DE UN OCCIDENTE ENFERMO" EN VALLADOLID

Queridos lectores:

El próximo sábado presentaré an Valladolid el libro "Crónicas de un Occidente enfermo", segundo de la Trilogía del Oso tras "Azotes de nuestro tiempo". En la presentación se podrán adquirir ambos con un descuento sobre el precio de venta.

Los libros se pueden también comprar por internet, en los siguientes enlaces:

Crónicas de un Occidente enfermo

Azotes de nuestro tiempo

Espero contar con vosotros el sábado. Saludos del Oso.


viernes, 6 de marzo de 2020

EL MEA CULPA DEL PLÁCIDO DOMINGO, AUTO-INCULPACIÓN EN EL RÉGIMEN DEL FEMINISMO TOTALITARIO





Me sorprenden, pero no me impresionan y menos aún las considero motivo para cambiar de opinión, las declaraciones de Plácido Domingo en las cuales, aparentemente, reconoce la veracidad de las acusaciones de acoso sexual que una serie de mujeres han lanzado contra él.

En su momento dediqué un artículo a este caso, defendiendo al tenor y denunciando esa caza de brujas que es el llamado movimiento Me Too. Por ello será necesario volver ahora sobre el tema. No para rectificar nada sino para reafirmar los conceptos expresados entonces y mi defensa del tenor. 

¿Pero no ha reconocido Domingo ser culpable con sus declaraciones? ¿No es de sabios rectificar cuando uno se ha equivocado?

En primer lugar e independientemente del caso personal de Plácido Domingo, siguen siendo verdades como puños: que bastan acusaciones sin pruebas para hundir la carrera de un hombre; que existe una infame justicia paralela feminista y condena sobre la sola base de la acusación de la mujer; que una fémina puede lanzar acusaciones indemostrables después de años o decenios y es el acusado quien tiene que demostrar su inocencia, en vez de la acusadora su culpabilidad. Toda esta basura es el resultado del dominio del feminismo sobre la sociedad occidental, denunciarlo es una obligación moral en intelectual, aunque el señor Domingo fuese el hombre más culpable del mundo.

¿Pero es culpable, y de qué precisamente? Dejaré de defenderle y rectificaré en este punto (no en el anterior) cuando se demuestre -o él mismo reconozca- que es culpable de haber abusado de su posición de poder para con presiones, amenazas o chantaje, forzar o intentar forzar a mujeres para tener relaciones sexuales. O también, como falta menos grave, que haya intercambiado favores a cambio de sexo perjudicando a otras personas, pero en este caso tan condenable sería él como ellas. Mala práctica sin duda esta última, pero que han existido desde que el mundo es mundo y en las que no existe ninguna violencia ni acoso, sino un recíproco beneficio; se deberían tratar de la misma manera que la corrupción (pues se trata de eso) y en las que la fémina es tan responsable como el varón.

Lo que no es acoso sexual de ninguna manera es que a un señor en posición de poder le gusten las mujeres y les haga proposiciones, o que utilice como arma de seducción su prestigio y su posición. De seducción, no de chantaje, aunque las mentes deformadas o en mala fe de las feministas sean incapaces de apreciar la diferencia). Eso es un problema entre el señor Domingo, su señora y las señoras por él solicitadas, algo que pertenece a las relaciones personales y no debería ser fiscalizado por la justicia mientras no se cruce la barrera del abuso de poder.

Lo que es repugnante y aberrante es que se confunda todo y se meta en el mismo saco, que deliberadamente no se precise qué es ese “comportamiento inapropiado” que podría ser tanto un verdadero abuso de poder como una proposición o un cortejo algo insistente. ¡Qué expresión tan hipócrita y tracicionera, “comportamiento inapropiado”! Sólo una sociedad deforme y neurótica puede poner al mismo nivel un chantaje sexual y una relación consentida entre dos personas con posición jerárquica diferente.

Lo que es odioso, monstruoso es que el criterio para definir el acoso no sean comportamientos objetivos, que no haya una frontera definida, sino que sea la sensación subjetiva de la mujer, que ella se haya sentido incómoda. Esta locura está ya aquí y cada vez más está sofocando las relaciones humanas.

¿Qué ha reconocido Plácido Domingo en sus (torpes) declaraciones? Desde luego no ha reconocido ningún tipo de delito ni de abuso de poder, como puede ver cualquiera que busque sus palabras textuales. Nada que ver con la manipulación y tergiversación de sus disculpas que nos han transmitido los medios, que han tenido fácil juego en transformar unas disculpas genéricas y bastante confusas en un reconocimiento de culpabilidad.

Ignoro qué hay detrás de tales disculpas; si es pura confusión mental y una incapacidad de encuadrar el hecho de que en el matriarcado histérico occidental (especialmente los Estados Uterinos de América) la iniciativa sexual masculina se ha convertido en algo perseguible; si es una discutible estrategia de defensa legal, simplemente el resultado de malos consejos, o si el cantante es incapaz de oponerse a la neurosis colectiva que se ha apoderado de la sociedad en que vive.

Naturalmente las feministas y sus heterodirigidos mentales han exultado ante este mea culpa: para ellos demuestran la justicia y la necesidad del Me Too, la validez del aberrante principio según el cual la mujer siempre tiene razón, que “hay que creerla sí o sí” como nos recuerdan las vomitivas palabras, por todos conocidas, de nuestra vice-empoderada por méritos feministas.

Yo en cambio considero estas declaraciones como algo mucho más siniestro. Recuerdan de manera ominosa las autoinculpaciones de los acusados en los juicios políticos de las purgas estalinistas y los procesos de la Revolución Cultural en la China de Mao: también allí los imputados se acusaban a sí mismos y solicitaban su propia condena. Sin ir tan lejos, nos hacen pensar en el reconocimiento de culpabilidad que exigen aquellos sistemas judiciales, o ambientes, donde no importa tanto la realidad de los hechos sino que el acusado se someta a unas reglas del juego precisas que dicen: el sistema es infalible, más vale agachar la cabeza y pedir perdón si se quieren limitar los daños.

Y es que las declaraciones de Plácido Domingo tienen exactamente ese sabor. Son un signo -uno más- de que todo Occidente vive ya en un régimen totalitario feminista, donde a un acusado de delitos de género le sale más a cuenta aceptar su culpabilidad y agachar la cabeza que defenderse. Esto no sorprenderá a nadie: dentro de un régimen totalitario “clásico” que persigue delitos políticos o ideológicos, un acusado puede defenderse sólo cuestionando el sistema y esto, naturalmente, es lo que no se le permitirá bajo ningún concepto.

En el Occidente actual existen, sin duda, muchas garantías legales y a menudo excesivas, hasta el punto de que se llega a proteger más al delincuente que a la víctima, excepto en el caso de que una mujer acuse a un varón por delitos de género. Se ha ido construyendo poco a poco un sistema legal de persecución contra el hombre, introduciendo legislación basura y principios monstruosos (la palabra de la mujer vale más que la del varón, inversión de la carga de la prueba, centralidad de la percepción subjetiva de la mujer contra hechos objetivos y demostrables) cuyo resultado es que, en muchos casos, un hombre se puede defender contra acusaciones de abuso y acoso solamente atacando y cuestionando el sistema. Y esto no se puede tolerar, por tanto le será más conveniente declararse culpable.

Hemos llegado al punto en que la gente se acusa a sí misma cuando la Gorgona feminista se lo exige. Ya tenemos aquí y ahora la revolución cultural femibolchevique contra el enemigo de clase; ya tenemos y son moneda corriente las grandes purgas de la vagina dentata travestida de justicia contra los disidentes. Todo ante la indiferencia de una sociedad de papanatas. Y es que la tiranía sobre las mentes es la mejor policía política, es la fábrica perfecta de esclavos contentos de serlo que se reprimen a sí mismos.