domingo, 21 de abril de 2019

EN EL CORAZÓN DEL SUPREMACISMO HEMBRISTA: LAS NUEVAS BRUJAS QUE MALTRATAN A LOS NIÑOS Y PERSIGUEN A LOS PADRES






Publico el enlace al segundo artículo de mi recién comenzada colaboración con La tribuna de España donde hablo del caso de María Sevilla come símbolo de la dictadura feminista en la que que vivimos. Continuaré a dar noticia en este blog de todas mis publicaciones en otros medios.
 

Muchos lectores habrán tenido noticia del caso de María Sevilla, la “defensora de la infancia” que desde su asociación “Infancia Libre” se dedicaba a echar fango sobre los varones, culpándoles de abusos y maltrato contra los niños; todo ello mientras tenía secuestrado, segregado y en condiciones lamentables a su hijo. Para completar el cuadro, había recurrido a una falsa acusación de abusos sexuales contra el padre para separarlo del niño.

viernes, 19 de abril de 2019

LOS MONASTERIOS DEL KOSOVO, LA CAÍDA DE LONDRES Y LA IGLESIA DE SAINT SULPICE





Hace no mucho publiqué este artículo en La Tribuna de España que asume ahora un aspecto siniestro después del incendio que ha destruido Notre Dame. No sabemos nada y no hay elementos de juicio, por tanto no podemos descartar que sea un incendio accidental. Pero yo simplemente no me lo creo, sobre todo viendo la insistencia casi histérica con la cual intentan convencernos de la tesis del accidente. Considero muy probable que se trate de un atentado, un ataque directo a Europa y su civilización.

He aquí el artículo:

¿Qué tienen que ver una con otra estas tres cosas? ¿Qué me importan los monasterios ortodoxos de Kosovo? ¿Cuándo y en qué sentido Londres ha caído? ¿Qué más da una iglesia incendiada? Pongamos un poco de orden en las cosas y veremos cómo todo está unido por un hilo mortal.

jueves, 4 de abril de 2019

LA SALA DE PARTO, EL ESPACIO SIMBÓLICO Y LA INCOMPRENSIÓN





Artículo publicado en El Correo de Madrid

Entre los lectores de sexo masculino, habrá muchos que sean padres. La mayor parte de ellos habrán asistido al parto, para estar junto a su compañera en ese momento tan especial. En efecto esta es la moda, desde hace unos cuantos años.

Sin embargo algunos no lo hacen. Yo sin ir más lejos: no asistí al parto de ninguna de mis dos hijas, aunque por supuesto sí estuve junto a mi esposa antes y después. ¿Por qué?

Más bien habría que preguntar lo contrario, es decir por qué un hombre desea estar presente; al menos es la pregunta que se habría hecho la generación de nuestros padres y las anteriores. En efecto antes de popularizarse la moda actual, la práctica habitual y desde tiempos inmemoriales era que en el momento del parto la mujer fuera asistida por mujeres; esto fue cambiando pero, hasta ayer mismo, el marido se quedaba fuera y esperaba la feliz noticia. Todos entendían que ese lugar y ese momento eran cosa de mujeres, que un hombre estaba allí fuera de lugar.

Naturalmente estar presente en el parto es una elección muy personal de cada cual, pero también es perfectamente válida la posición del padre que decide no estar presente en ese momento, basándose en un sentimiento de las cosas que, esencialmente, corresponde a las razones que entendían nuestros padres y abuelos. Apuntar esto es necesario hoy en día, cuando asistir al parto es casi una obligación para el hombre y decidir diversamente despierta sólo incomprensión.

No es fácil en efecto explicar las razones para no seguir la moda actual. Pero no porque en sí sean difíciles de comprender, sino por la mentalidad actualmente dominante que nos pone un velo de niebla en los ojos, ocultándonos las realidades de la vida y poniendo en su lugar abstracciones vacías y sin sentido.

Para mí un hombre (sobre todo si es el padre) está totalmente fuera de lugar en el parto; porque ése es un momento y un lugar de mujeres, para mujeres y propio de mujeres, con una fortísima carga simbólica e intensidad vital, pero en femenino. Para un varón, mantenerse apartado no es por tanto y de ninguna manera una falta de consideración, sino exactamente lo contrario: una forma de respeto y de pudor. Un reconocimiento de que existen y deben existir ambientes, situaciones, lugares simbólicos propios del sexo femenino y (naturalmente) también otros propios del sexo masculino.

Respeto la elección de cada cual, que es personalísima, pero considero las razones que he apuntado perfectamente válidas. Quien no las comprenda que se culpe a sí mismo por la incomprensión, y a su vez culpe de esta incomprensión a una sociedad y una ideología absurdas. Las cuales, más allá del ejemplo concreto que acabo de considerar, no reconocen la necesidad de lugares simbólicos para lo masculino y lo femenino, dominadas como están por la necia obsesión de todo igualar y todo mezclar, empobreciendo la vida y su riqueza en esa triste y muerta ciénaga llamada igualdad de género.