viernes, 5 de febrero de 2016

INDECENTES INDULTOS FEMINISTAS


WE CAN DO IT!

¡PODEMOS HACERLO!

(Incumplir la ley)





El indecente indulto a la mujer María Salmerón, condenada a una ligera pena de prisión (que ya no cumplirá) por haber impedido sistemática e ilegalmente a lo largo de varios años las visitas de su hija a su ex marido, deja claro una vez más que en España los varones somos ciudadanos de segunda clase. Por cierto es el segundo indulto por este motivo.

Este vergonzoso episodio sirve para restregarnos en la cara a los varones, por enésima vez, que la mujer puede pasarse la ley y las sentencias judiciales por los ovarios. Aunque el hombre consiga algo (en raros casos) tras una batalla desigual contra una ley y una (in)justicia infectadas hasta la médula de odio contra el varón y totalmente parciales, ella puede ignorar la ley y las sentencias; si es que no hay más remedio que condenarla siempre puede llegar el indulto, y llega puntualmente tras la habitual, miserable campaña de manipulación y propaganda.

El mensaje está muy claro: quítate de en medio varón (pero sigue pagando la extorsión legalizada) porque no hay ni habrá justicia para ti.

Como en ocasiones anteriores y como es habitual en estos temas, abundan los artículos periodísticos totalmente parciales y repugnantes, obras maestras de descaro y deshonestidad cuyo único objeto es darle la razón a ella a toda costa; como siempre nos hablan del padre maltratador, el nuevo paria de nuestra sociedad, sin que jamás se precise en qué consistía el maltrato. 

Usando la palabra maltratador las víboras y sus despreciables juntaletras en los basurmedios de comunicación quieren que entendamos: violento, asesino en potencia, golpeador de mujeres; cuando en realidad puede ser simplemente (las leyes basura condenan por esto) quien ha dado un empujón a su esposa (aunque ella puede darle más y mejores bofetadas o golpes y no es maltratadora) o quien le ha levantado la voz (naturalmente ella puede hacerlo sin que haya maltrato).

O simplemente ella puede denunciar en falso y, debidamente asesorada por las despreciables abogaduchas de la mafia feminista, fácilmente conseguirá que el varón sea condenado; o como mínimo trastornar gravemente su vida y, si así su capricho lo desea, apartarlo de sus hijos.

En resumen, desde que existen las leyes basura del feminismo, decir maltratador no significa absolutamente nada; no significa una mierda, salvo que ha sido denunciado, o condenado por leyes que han escrito las feministas y tribunales de genero instituidos para perseguir al varón.

En este caso no sólo el nombre del padre no se dice, pues es una no-persona (es un "maltratador" y eso basta) y sus razones cuentan como un cero a la izquierda, sino que además se calla cuidadosamente el tipo de maltrato: esto significa con una probabilidad cercana al 100% que se trata de la patraña feminista del “maltrato psicológico”. Es decir el puro arbitrio de la mujer que llama maltrato a cualquier cosa, porque sabe que una sociedad de castrados mentales con el cerebro podrido por el feminismo le dará la razón.

Pues si efectivamente hay situaciones humillantes, si hay hombres que le hacen la vida imposible a la mujer, muchísimo más frecuente es el caso opuesto. Pero una mujer que humilla a su marido y le hace la vida imposible jamás será condenada por maltrato psicológico porque este tipo de “maltrato” no es más que un delito cortado a medida para la justicia bolchevique feminista.

Sí he encontrado un artículo sobre una aparición de la mujer en televisión donde decía: “No me olvidaré cómo me llamaba inútil y me decía que nunca conseguiría llegar a ascender en el trabajo”. Si lo más violento que puede echarle en cara es que la llamaba inútil… además no se sabe lo que ella le decía a él. Ni podemos saberlo, ni en realidad la justicia debería entrar en tales cosas; pero durante un tiempo el hombre tuvo la  custodia de la niña y luego se la dieron a la madre, de modo que seguramente un monstruo violento no era, o no había dado ningún motivo para pensarlo.

No faltan tampoco artículos de los juntaletras que nos hablan de acoso por parte del marido de esta mujer: el acoso consistía en que el hombre la denunciaba (como era su derecho) cuando ella incumplía el régimen de visitas establecido por el juez.

¿Es acoso recurrir a la ley para obtener justicia? Por lo visto sí, cuando lo hace un varón.

Apenas podemos contener la náusea cuando leemos cosas así.

Los episodios como éste confirman que vivimos en un ambiente envenenado donde la mujer tiene siempre razón por defecto, donde la política y la justicia de doblegan ante la presión de la opinión pública y de los medios.

Una situación por desgracia lógica y comprensible, pues decenios de profundo condicionamiento mental han creado, como nos dicen los juntaletras, un cierto clima social ... el clima social consiste, hablando claro, en haber convertido a la mayor parte de la población y a muchos, muchísimos entre las élites (dicho con sarcasmo, se entiende) en borregos mentalmente secuestrados, con los cerebros llenos hasta rebosar de la inmundicia que las feministas les han vertido dentro.

MAX ROMANO

viernes, 15 de enero de 2016

LA CAZA A LA MUJER BLANCA

La Nochevieja que anuncia la Nueva Europa y el futuro envenenado que nuestros democráticos gobiernos están preparando para nosotros.


Creo que todos están informados de los sucesos de Nochevieja y Año Nuevo en Alemania,  y en varios otros países de Europa como poco a poco comienza a saberse. En muchos lugares, pero en particular en la ciudad de Colonia, hemos asistido a una auténtica caza a la mujer blanca por parte de las hordas de invasores que la corrección política y la lengua de serpiente del Sistema llama “refugiados”; una verdad que poco a poco se va filtrando y conociendo, a pesar de la conspiración del silencio por parte de las fuerzas del orden (sobre las cuales no querría cargar demasiado la culpa porque tienen las manos atadas), de los políticos infames y de esas prostitutas mediáticas del Sistema que tienen, o deberían tener, el deber de informar a los ciudadanos.

Robos, molestias, agresiones y violaciones, cuyo número preciso no conocemos ni conoceremos, han sido la tónica, con grupos organizados que iban a por las mujeres. A por las mujeres europeas y cuanto más blancas mejor. Naturalmente todo ello no es una novedad; aunque no de esta manera masiva y clamorosa, lleva pasando mucho tiempo como bien saben los habitantes de los muchos barrios de Europa que se han convertido en zonas de no-Europa. Ni tampoco es una novedad el silencio y la manipulación por parte de los medios, la ocultación sistemática de la identidad y el origen de los agresores, en general y en el caso específico de las agresiones sexuales. Tampoco sorprenderá a quien haya tenido los ojos abiertos la miserable actitud de los políticos que mienten a su población y aseguran que todo va bien, que no hay que preocuparse.

Son cada vez más, sin embargo, los que empiezan a dar cuenta de cómo están las cosas. Los sucesos de la pasada Nochevieja habrán sido para muchos un golpe brutal que les obligará a reflexionar, y creo que estos hechos marcarán un punto de inflexión: el punto en que los europeos comenzaron a abrir los ojos, a comprender realmente de lo que se les viene encima. Y sobre todo a comprender por qué clase de gente están gobernados y de qué parte están sus gobernantes.

Lo sucedido es simplemente una señal y un anuncio más de la era de conflicto étnico que se anuncia en Europa. Son sólo los primeros hilillos de humo que anuncian el incendio venidero, pero son suficientes para definir ya los frentes de la lucha, las actitudes, los bandos en liza. Los invasores que van a por las mujeres; los gobernantes felones y las élites traidoras que dan apoyo a la invasión y mienten sistemáticamente a su población; la división interna de los habitantes de Europa que se empieza a marcar: una masa inerte egoísta y obtusa que esconde la cabeza como el avestruz, el creciente movimiento de los europeos conscientes que quieren defender su tierra, la morralla militante de los europeos traidores que luchan contra su propio futuro, y poco importa si por bajo interés o por enfermiza y aberrante convicción.

A regañadientes los medios y la política han debido reconocer la ola masiva de agresiones de Nochevieja, después de haber intentado ocultarla. Penosamente, se sigue intentando negar su relación con el millón de invasores (por lo menos) que han sido invitados a Alemania y otros países por la criminal política de puertas abiertas de los gobiernos europeos. Esta actitud lo dice todo sobre los gobernantes que tenemos, cuya obligación es servir a sus ciudadanos y en cambio les engañan, negando la verdad de los hechos por motivos políticos. No podrían haber dejado más claro que en realidad trabajan contra ellos y sirven a otros amos con una agenda oculta.

En realidad que mientan de manera tan grotesca y penosa, tan evidente, es incluso positivo, porque todo el mundo sabe lo que ha pasado y todo el mundo puede ver cómo se intenta negar públicamente. Hay no solamente que ser ingenuo o un poco corto, sino que hay que tener los ojos cerrados a propósito, para no entender que los medios y los gobiernos nos mienten sistemáticamente, para no darse cuenta de que están vertiendo en nuestras mentes un diluvio de mentiras y falsificación. Esta vez se les ha visto ya demasiado el plumero.

La policía alemana (tan rápida y fulminante cuando alguien exhibe una esvástica o hace algo que recuerde lejanamente el saludo nazi) no sólo ha sido incapaz de proteger a sus mujeres sino que ha traicionado a su población. Siendo su deber protegerla no sólo no lo han hecho, sino que por motivos políticos han ocultado la verdad hasta que no han tenido más remedio que admitirla. Eso sí, les ha faltado tiempo para disolver las manifestaciones de patriotas alemanes y arrestar a muchos de ellos.

Los invasores nos han tomado la medida, como es evidente en las palabras de alguno que impúdicamente exigía que se tratara bien “porque la Merkel les ha invitado”… este es el mensaje: que los gobiernos les han invitado y, por tanto, tienen todo el derecho a cometer desmanes y maltratar a los europeos. Ninguno lo ha dicho con esta claridad, pero desde luego es lo que muchísimos piensan. Lamentablemente este es también el mensaje que transmiten a los ciudadanos europeos sus autoridades y su policía.

En realidad no es tan difícil imponer el orden: ante una muchedumbre violenta que agrede a los ciudadanos y acosa a la policía, si no bastan ni la presencia de los agentes ni las porras ni los disparos al aire, una docena de heridos de bala y dos o tres cadáveres sobre el asfalto son más que suficientes para dejar bien claro que en un país mandan sus habitantes, no los invitados y menos aún los invasores, para dejar claro que no está permitido ultrajar a la población ni agredir a la policía. Esto es lo que debe hacer un gobierno que defienda a sus ciudadanos y es la manera más adecuada, si no la única, de tratar con quienes sólo entienden el lenguaje de la fuerza.

Pero es evidente que esto es impensable en la Europa de hoy débil y acomplejada, incapaz de defenderse a sí misma, con sus enemigos en el poder, con la escoria humana de quienes odian a Europa infectando como una enfermedad maligna la justicia, los medios y la política. El buenismo, el humanitarismo pésimamente entendido, el veneno del marxismo cultural nos están literalmente matando: nos están destruyendo como cultura, como pueblos, como civilización, como europeos en una palabra.

Dignas de mención son las declaraciones de la alcaldesa de Colonia que prácticamente culpa de los hechos a las mujeres agredidas, por no tener cuidado ellas, y aconsejándoles que no se vayan alegremente con uno y otro.

Como esto toca el tema del feminismo, de la degeneración de la mujer y las costumbres europeas en general, hay que hacer un pequeño paréntesis. En sí mismo y en general este comentario de la alcaldesa de Colonia es acertado, por supuesto; no seré yo quien diga lo contrario ni defienda la manera de comportarse de la mayor parte de las mujeres occidentales. Están las nuestras acostumbradas a provocar continuamente, con total libertad y teniendo enfrente una masa de varones por lo general con los instintos y la masculinidad (ante todo mental) debilitados; además de perseguidos por leyes infames que cada vez más castigan, no ya las agresiones reales, sino cualquier iniciativa masculina. Frente a hombres que tienen sus instintos sanos, además de por lo general más violentos y que tienen poco que perder, el resultado es totalmente previsible.

Dicho esto y volviendo a las palabras de la alcaldesa de Colonia, serán válidas en general pero, en lo particular, en el contexto y con la intención con que fueron pronunciadas, son indecentes. Porque como todos sabemos, en cualquier otra situación la misma alcaldesa habría saltado al cuello de quien hiciera comentarios de ese tipo gritando histéricamente contra el “machismo” y el “sexismo”. Ha habido personajes públicos que han pagado caras palabras similares, y recordemos que un consejo análogo impartido por cierto oficial de policía en Canadá fue el origen de las “marchas de las putas”.

La intención que había en las palabras de la alcaldesa no era otra que culpar a las mujeres de Colonia y exculpar a los agresores, porque las víctimas eran alemanas y blancas y los agresores extranjeros y de piel oscura. Por eso son vergonzosas.

Todo lo anterior era necesario precisarlo, a riesgo de ser mal entendido. Pues nada de lo anterior se debe entender como una exculpación de los ofensores o una toma de posición a su favor: evidentemente cualquier mujer puede ser la víctima, una vez le han perdido el respeto a la mujer europea y ven que se la puede maltratar impunemente. Eso por un lado. Por otro y por ponerme en un caso extremo, si tengo una hija (o familiar o amiga) puta y drogadicta no voy a justificar por ello que la violen ni apoyar a sus agresores. Intentaré defenderla y ayudarla en lo posible y hacerle recuperar el respeto de sí misma.

Respeto que por cierto han perdido muchas europeas: por ejemplo la que se ha desnudado en público para “protestar” por las agresiones… es grotesco en grado extremo que una fémina que se desnuda en público para “protestar” pretenda que la respeten, cuando con su mismo acto envía el mensaje contrario demostrando que carece de respeto por sí misma. Y obviamente será entendido por todos de ese modo, en primer lugar por aquellos a quienes pide que la respeten.

Como es evidente esta situación de caza a la mujer blanca puede ir sólo a peor, y no podemos pasar por alto otra cosa: que la misma mujer europea tiene una grave responsabilidad en ello. En efecto, la garantía de la libertad y la seguridad no reside en que haya leyes; en el fondo reside en que haya alguien dispuesto a defender la libertad y la seguridad. Las mujeres se podrán defender a sí mismas hasta cierto punto, pero no son las leyes y los estados quienes en último análisis las van a proteger, sino los hombres como ha sido siempre. Es uno de los deberes de los varones amparar a sus mujeres; la seguridad de la mujer se apoya en que haya varones física y mentalmente sanos, capaces y deseosos de garantizar esa seguridad.

En cualquier lugar con una población masculina normal, sana física y mentalmente, si aparecieran grupos de invasores alógenos acosando de esa manera a las mujeres, la cosa no acabaría en indignación y lágrimas de cocodrilo: acabaría inmediatamente en una violenta batalla campal con más de una cabeza rota, heridos y posiblemente muertos.

Ahora bien, la destrucción de la masculinidad, la degeneración del varón, es algo a lo que las mujeres de hoy han contribuido masivamente. Con tanto fanatismo feminista, con tanta imbecilidad militante, las mujeres de hoy han convertido a la mayoría de los hombres en unos auténticos mierdas.

¿Nos puede sorprender lo que ha sucedido en Alemania? Desde luego que no. Es simplemente el resultado natural de la denigración del varón y de la masculinidad, de la educación no sexista, de la igualdad de género y del amariconamiento general.

La Nochevieja de 2015 es sólo un primer aviso de lo que está por venir. ¿O es que la estúpida fémina urbanita típica de Occidente, llena de emancipación y hastío por el varón, pensaba que iban a defenderla sus abogadas feministas, sus leyes persecutorias y sus tribunales bolcheviques de género? ¿Es que no sabe que todo eso está ahí, no para amparar a la mujer, sino para perseguir al varón? ¿Qué hará el Sistema para protegerla? Quizá enviará psicólogos y mediadores socioculturales a las hordas invasoras, que ven a las mujeres europeas como carne de burdel que no es defendida por nadie. Porque es exactamente así que las ven.

No querría concluir estas reflexiones sin una nota positiva. Y es la aparición de patrullas de vigilantes en varios países europeos, ante la demostrada falta de voluntad o directamente traición de sus policías y sus dirigentes, a la hora de proteger a su población y en particular a sus mujeres.

Una señal excelente y unas iniciativas que merecen el máximo apoyo. Naturalmente tales grupos han sido criminalizados inmediatamente por los políticos y las policías: grotescamente pontifican que eso es trabajo de las fuerzas del orden. Y es cierto: el trabajo que no quieren hacer o se les ha ordenado que no hagan. Los mediocres y los pusilánimes se han unido en coro para condenar y hacer aspavientos horrorizados de temor buenista frente a las patrullas de autodefensa que son al fin y al cabo una iniciativa que expresa la libertad ciudadana de unirse para defender los derechos y las libertades. En en primer lugar la libertad de ir por la calle sin ser agredido.

Una iniciativa que bien puede ser un germen de acción política, y precisamente esto es lo que quita el sueño a la clase dirigente europea y a la anti-Europa de los felones. Se entiende perfectamente: lo último que quieren nuestros gobernantes es que los ciudadanos se organicen, que se organicen de verdad y no simplemente que salgan berreando y fumando porros, como en las algaradas izquierdistas de falsos antisistema; no quieren que los ciudadanos actúen por su cuenta, fuera de los cauces que han preparado; no quieren una contestación auténtica, que esté en el corazón y en el cerebro en vez de acabarse en las rastas, la falta de higiene y el vestuario. Lo último que desea el Sistema es que surjan sentimientos y auténticas actitudes de solidaridad, de unión, de comunidad, que los ciudadanos se nieguen a jugar con la baraja trucada que se les ha dado. El Sistema lo que quiere son súbditos egoístas, pusilánimes, incapaces de unirse, que se den por satisfechos con el cansino rito de las elecciones democráticas, para que en una ilusión de libertad decidan entre las varias corrientes del partido único.

¡Qué diferencia abismal entre las patrullas ciudadanas y las algaradas descompuestas de chusma piojosa y guarreras de las izquierdas! El contraste de calidad humana, de actitudes, de ética y espíritu, es impresionante. De un lado sentido cívico, defensa de la tierra, la familia y la identidad; del otro descomposición y mugre, física y mental y del carácter.

Por todo ello hay que saludar como muy positivas estas iniciativas de autodefensa, auténtica expresión de libertad y disciplina cívica. Esperemos que sean germen y linfa de nueva acción política, reacción y afirmación de los europeos libres, los mejores europeos, los únicos europeos dignos de tal nombre, frente a sus enemigos.

jueves, 24 de diciembre de 2015

FUENTEOVEJUNA HOLANDESA

Estas fechas son especiales para los cristianos (los que celebran la Navidad y no San Consumo) y también para quienes celebran más el Solsticio que la Navidad. Hoy en particular pensaba escribir un artículo menos belicoso, pero creo oportuno insistir sobre el tema muy actual de la invasión migratoria de Europa y la creciente resistencia de los europeos.

Por lo demás, Felices Fiestas a todos.





Los lectores que pertenezcan a la generación nacida en los setenta o anteriores comprenderán sin duda la referencia a Fuenteovejuna, porque seguramente habrán estudiado esta obra en el colegio, como se estudiaban muchos otros clásicos, la historia y la cultura española, en vez de estupideces políticamente correctas. Entre los más jóvenes quizá algunos no lo sepan y es oportuno algún comentario. De pasada recomiendo su lectura, que será de provecho.

Fuenteovejuna es una obra de teatro del Siglo de Oro, escrita por Lope de Vega. Tiene por tema la rebelión de un pueblo entero contra los abusos y los atropellos del poder. Está basada en un hecho real sucedido en el siglo XV. En palabras del cronista Sebastián de Covarrubias:

Los de Fuente Ovejuna, una noche del mes de abril de mil y quatrocientos y setenta y seis, se apellidaron para dar la muerte a Hernán Pérez de Guzmán, Comendador Mayor de Calatrava, por los muchos agravios que pretendían averles hecho. Y entrando en su misma casa le mataron a pedradas, y aunque sobre el caso fueron embiados juezes pesquisidores que atormentaron a muchos dellos, assí hombres como mugeres, no les pudieron sacar otra palabra más désta: «Fuente Ovejuna lo hizo»

¿Qué tiene que ver Fuenteovejuna con Holanda? ¿Por qué, dónde y cuándo la Fuenteovejuna holandesa?

El porqué de la referencia a la obra de Lope de Vega quedará claro dentro de poco. La Fuenteovejuna holandesa se llama Geldermalsen y la fecha es el 16 de diciembre del presente año, 2015. Frente a la decisión de construir un centro de acogida para “refugiados” y aceptar 1.500 de ellos, mientras se estaba debatiendo el tema en el Ayuntamiento una manifestación de protesta de 2.000 personas se convirtió rápidamente en una revuelta en toda regla, un violento motín que obligó a desalojar la sala donde los políticos estaban formalizando su decisión, una decisión tomada sin haber consultado a los habitantes del pueblo y contra su mayoritaria voluntad.

No tiene pérdida el vídeo que muestra a los gobernantes “democráticos” en la sala del Ayuntamiento, mientras consuman la traición a su pueblo; primero preocupados frente a la creciente algarada fuera del edificio (expresiones inquietas, crecientes ruidos del exterior… ¿será suficiente el cordón de antidisturbios que nos defiende de los ciudadanos a los que “representamos”? parecen preguntarse) para luego salir corriendo cuando las cosas se pusieron feas. Dejo a los lectores gozar con las imágenes:


Las reacciones escandalizadas de la corrección política, de los enemigos de Europa y sus traidores a sueldo, no se han hecho esperar. “Inaceptable” suceso donde los revoltosos son “Anti-holandeses” según los políticos del país.

No señores. Los manifestantes eran holandeses que aman a su país y se preocupan por su futuro, no quieren que su pueblo desaparezca, no quieren la degradación social que conlleva la invasión inmigratoria salvaje y no aceptan que los enemigos de Holanda y Europa les impongan estas decisiones. Ellos son los holandeses verdaderos. Los verdaderos anti-holandeses y anti-europeos son los políticos traidores, sus juntaletras subvencionados, la chusma repugnante de las varias tribus malolientes de la extrema izquierda, que se manifiestan a la menor ocasión por la desaparición de los pueblos de Europa, haciendo gala de un odio cada vez más explícito contra los europeos autóctonos.

Se comprende también la calificación de inaceptables que los políticos anti-holandeses han dado de los disturbios: es inaceptable que los holandeses, cuya opinión es ignorada sistemáticamente, hagan sentir su voz; es inaceptable que no acepten el destino que ha sido decidido sobre sus cabezas por sus enemigos; es inaceptable que no quieran comerse el pastel envenenado que ha sido cocinado para ellos y se lo arrojen en la cara al cocinero.

La revuelta de Geldermalsen es un amago de insurrección genuina, popular, donde la gente del lugar se ha rebelado con toda justicia y legitimidad. No debería ser necesario llegar a esto, naturalmente. Debería ser posible cambiar las cosas pacíficamente, democráticamente, a través de partidos políticos que reflejaran la verdadera opinión de los europeos y llevaran a cabo políticas consecuentes con ésta.

Pero cuando los gobernantes traicionan a los gobernados, cuando ignoran su opinión y el sistema democrático se convierte en una farsa que sirve sólo a transmitir decisiones tomadas por poderes en la sombra, cuando las cartas están trucadas y se bloquea el camino a quienes realmente interpretan la voluntad de los europeos, entonces, la insurrección no sólo es lícita, justa y legítima, sino un deber cívico y moral, del más alto significado ético, en nombre de nuestra identidad y del futuro de nuestros hijos.

Terminaré citando los versos de Lope de Vega:

Haciendo averiguación
del cometido delito,
una hoja no se ha escrito
que sea en comprobación;
porque, conformes a una,
con un valeroso pecho,
en pidiendo quién lo ha hecho
responden: Fuenteovejuna

Cuando los europeos se despierten, si no les dejan cambiar las cosas por las buenas, democráticamente y siguiendo las reglas, lo harán por las malas. Decenas, cientos, miles de Fuenteovejunas a lo largo de toda Europa, que surgirán como los brotes de la primavera, serán el preludio de la gran ola que barrerá a los enemigos de Europa. Y cuando los esbirros y los inquisidores de Anti-Europa busquen a los “culpables” se encontrarán con una sola respuesta:


¡FUENTEOVEJUNA LO HIZO!

miércoles, 16 de diciembre de 2015

EL PARTIDO ÚNICO, EL POPULISMO Y LA EXTREMA DERECHA



Como todos sabemos en la política actual el panorama es desolador, al menos en nuestro país, donde las únicas fuerzas relevantes son las diferentes corrientes del Partido Único, cuya falsa dialéctica es lo que nos venden como vida política. Este partido, que se presenta con diferentes nombres, es el Partido del Sistema, el de la sumisión a los poderes financieros y mundialistas, el partido de los vendepatrias y los enemigos de los europeos.

El momento presente, sin embargo, es oportuno para comentar un poco lo que sucede en España y Europa. Por un lado tenemos elecciones generales en España dentro de una semana, por otra en Europa despiertan lentamente fuerzas de oposición real a los poderes establecidos; en particular en  Francia el Frente Nacional ha dado un gran salto adelante, para horror y escándalo del Partido Único.

En la segunda vuelta de las regionales francesas el Frente Nacional, a pesar de los excelentes resultados obtenidos, no ha conseguido vencer en ningún departamento porque las dos corrientes del Partido Único francés se han unido contra la formación de Marine Le Pen y en la práctica han sumado sus votos. La Gran Prensa del Partido Único –la única existente, siempre uno y el mismo periódico, siempre uno y el mismo telediario con nombres y caras diferentes- se ha regocijado por la “derrota” del “populismo” y la “extrema derecha”. Sin embargo a los juntaletras del Sistema se les ve el plumero y no logran ocultar el fenómeno del ascenso del Front National.

En realidad, uniéndose contra Marine Le Pen, la “derecha” y la “izquierda” francesas han dejado muy claras dos cosas: que forman parte del Partido Único y por tanto su falsa rivalidad es un engaño, y también que la única formación que tiene un discurso político es el Frente Nacional: sólo ellos atraen, como un imán, la hostilidad y la demonización por parte de la Prensa Única y de la “sociedad civil”, que es el nombre en código para las distintas variedades de putas del Sistema.

La política es ante todo enfrentamiento, enemistad, si es que se trata realmente de política y no sólo de poltronas. Se tocan temas importantes, de calado, decisivos; no es posible considerar con simpatía ni amigablemente a un auténtico adversario político: es un enemigo, no un adversario, y se trata de una lucha. Estará sujeta a reglas, no es cuestión de acabar siempre a tiros; pero cuando estamos en la auténtica política la hostilidad y la enemistad son obligadas.

El Frente Nacional tiene sus limitaciones; leyendo su programa y sus principios se notan cesiones y posiciones débiles, puntos ciegos, temas descuidados y otros evitados como tabúes. Pero la política es el arte de lo posible, para llegar a un resultado político e incidir en la realidad, sólo la intuición del político de raza sabe dónde ceder y dónde no, manteniendo los principios y siempre con vistas al largo plazo. Al Frente Nacional y los partidos similares en Europa se les llama populistas, extrema derecha. Se les llama “populistas” porque los pueblos los apoyan cada vez más, abandonando a la casta política que los traiciona y sigue instrucciones de poderes ilegítimos, que jamás nadie ha votado ni se han presentado ante la opinión pública; ya sólo esto da la medida de la miseria de los partidos autodenominados democráticos del sistema. En cuanto a lo de “extrema derecha” cabe sólo comentar que cuando todo está torcido y los torcedores de mentes dominan el discurso, quien intenta enderezar aunque sólo un poco las cosas será siempre tachado de “extremista”.

En mi opinión el programa del FN es bastante moderado y para mi gusto cede en demasía en ciertos aspectos, y hay tabúes que no toca en absoluto pues –por ahora- no se pueden tocar si se quiere tener una oportunidad. Pero en general su línea es simplemente de sentido común y de cordura frente al extremismo –este sí- del Partido Único, que parece dominado por la idea fija de destruir a Europa y a los europeos. En el discurso del Front National encontramos temas como la limitación de la inmigración y el freno a la suicida política de puertas abiertas, la expulsión de los inmigrantes ilegales que es de cajón y la norma en casi todo el mundo, la defensa de la soberanía monetaria contra la dictadura de los mercados y la finanza, la regeneración de la educación reintroduciendo el principio de autoridad, la disciplina y el mérito en el sistema escolástico. Estos son temas importantes, los únicos temas políticos hoy en día dignos de este nombre hoy en día, y el partido de Marine Le Pen los pone sobre la mesa.

La comparación con las fuerzas que aspiran a gobernar España es, claro está, desoladora. En vano buscaremos uno solo de estos temas en los programas de los partidos, hallaremos sólo un cúmulo de vaguedades y generalidades que no tocan ni siquiera una de las cuestiones importantes. Los principales partidos en liza son simplemente siglas, corrientes que van cambiando de nombre; cuando una corriente está gastada y el público está harto, cuando existe el riesgo de que empiece a buscar una alternativa, se saca del sombrero una sigla nueva; se ponen ante las cámaras caras bonitas que no tienen nada que decir y nada que proponer, cuya única función es mantener la representación escénica y crear el espejismo de la novedad, para que los votos de un electorado harto y cansado permanezcan dentro del Partido Único.

En medio de toda esta falsificación cuidadosamente elaborada, en este juego de espejismos ¿Cómo reconocer a quien es del Partido Único y a quien no lo es? Nada más fácil. Los “debates”, los “enfrentamientos” y la “dialéctica” que se permiten en los grandes medios de la Prensa Única, son siempre uno y el mismo mitin, uno y el mismo espacio de propaganda electoral del Partido Único. La Prensa Única encuentra siempre espacio para los suyos y les deja hablar, mientras demoniza y oculta a quien está fuera, a quien propone un discurso de verdad político.

En toda Europa empiezan a despuntar los brotes de la liberación, sin embargo. España, probablemente, será la última en despertar, pero también despertaremos. Los farsantes, los felones y los vendepatrias del Partido Único empiezan a inquietarse y a sentir sobre sus cuellos el soplo de aire mortal –para ellos- del despertar europeo. Pero lo que a ellos les inquieta para nosotros es la esperanza del futuro: que esos brotes geminen en una explosión de vida que será una nueva, violenta, demoledora primavera europea de regeneración.

martes, 8 de diciembre de 2015

CULTURA Y RAZA, FUENTES DE LA RESISTENCIA



En el anterior artículo trazaba un cuadro de la situación actual de los pueblos de Europa bastante descorazonador, creo sin embargo que ajustado a la realidad. La eventual salvación por el último núcleo de europeos dignos era apuntada como una posibilidad.

El control de Europa por sus enemigos es férreo y no se aflojará fácilmente. Precisamente este control, a nivel político, económico, financiero, militar y cultural, es lo que impide a Europa levantarse y defenderse contra la amenaza mortal a su porvenir. Liberarse se ello será muy difícil, y el sistema actual no será derribado sin una fractura gravísima y una violenta crisis. Demasiados mecanismos de protección tiene, demasiado control sobre las mentes, demasiadas maquinarias de la mentira funcionando a pleno ritmo. Una sacudida drástica y una situación de ruptura es la condición necesaria si debemos renacer, si la imagen sugestiva del último pelotón debe encarnarse en la realidad.

Pero suponiendo que exista la élite ¿dónde está el pueblo? ¿existe, antes que nada?

De acuerdo, estamos degenerados, reducidos a un estado lamentable. Pero existen recursos subterráneos, manantiales de libertad escondidos que es imprescindible hallar, desbrozar y utilizar.

Las ideas que el europeo medio tiene metidas en su cabeza, los sentimientos que le han enseñado a cultivar, todo lo que forma la conciencia del europeo actual, ha sido diseñado y moldeado por los enemigos, los apologetas de la degeneración y los envenenadores. Lo que los europeos tienen en su conciencia no vale nada, pero existe algo más profundo que esta conciencia, existe un anima europea que es la que se expresa en nuestra cultura, en nuestras tradiciones, en nuestra historia. Esta es la clave para recuperar lo que somos, y por eso la corrección política quiere acabar con ello.

Por tanto, aprendamos a vivir y a sentir rechazando lo que el sistema ha preparado para nosotros. Fuera de nuestra mente su televisión, los modelos de vida que propone, sus repugnantes productos y sus formas de entretenimiento, siempre con un veneno oculto. Aprendamos a encontrar nuestra verdad en nuestra cultura: en nuestra música popular y música clásica, en nuestra literatura, en nuestras tradiciones populares, en nuestros cuentos tradicionales, en nuestro arte figurativo. Existen múltiples puertas que nos abren la verdad de lo que fuimos y que están ahí, una posibilidad justo bajo la superficie de la conciencia envenenada por el sistema. Entreabrir una de esas puertas, que pase un rayo de luz, puede ser suficiente para mostrar en toda su miseria los “valores” que nos quieren proponer.

Como substrato de todo eso, como base biológica, tenemos naturalmente el núcleo racial europeo, el patrimonio genético. Los indomables celtíberos, romanos y griegos, los normandos y los guerreros germánicos invasores siguen viviendo entre nosotros. Algo parecido vale para Europa en general.

Nuestra cultura y nuestra tradición están ahí, a pesar de las majaderías que el europeo medio tiene dentro de su cabeza; al alcance de la mano para quien sepa y quiera hacerlas germinar dentro de sí. A menos que sean barridas por la corrección política, la cultura de masas y la educación progresista.

Nuestros genes siguen ahí, a pesar de las estupideces que los cerebros puedan contener, como permanente amenaza para los enemigos de Europa. A menos que los europeos sean sustituidos por otros pueblos y se haga realidad el proyecto criminal de sustitución étnica que ya ni siquiera se esfuerzan en esconder.

¿Hace falta decir algo más, para comprender por qué se ataca a nuestra cultura y se intenta erradicarla, por qué se fomenta la inmigración masiva y se apoya la la difusión de ideologías basura (feminismo, homosexualismo, confusión de género) que hunden la natalidad de los europeos? 

martes, 17 de noviembre de 2015

LA JIHAD, LA SALA DE CONCIERTOS Y EL ÚLTIMO PELOTÓN





“Al final, la civilización siempre la salva un pelotón de soldados”
Oswald Spengler

Hace tiempo que tengo abandonado este blog y quería retomarlo con otros temas, pero los ataques islamistas en París del 13 de noviembre imponen el tema; los eventos se suceden siguiendo una lógica clara y perfectamente legible, y ya están aquí las señales de la nueva era que se avecina en Europa. La era del kalashnikov, de la bomba y del cuchillo que pueden llegar en cualquier momento, la era del conflicto civil, étnico y religioso generalizado, la era de la amenaza mortal a nuestra civilización.

El episodio de un puñado de islamistas que, con una mínima organización y logística, usando unos pocos kilos de explosivo y unos cuantos fusiles de asalto, matan a más de cien personas en una serie de ataques imprevisibles, no es un episodio aislado; muy al contrario, está destinado a repetirse de mil maneras y no quedará como algo puntual, sino como una de las primeras escaramuzas que anuncian una realidad que ya tenemos encima y es demasiado tarde para prevenir.

Una realidad que poco a poco se impone a la atención y se abre camino en las mentes; falsificada por las maquinarias de la mentira de los medios de comunicación y sus dueños canalla; ignorada por una anestesiada población europea, cuya única preocupación es continuar con su mediocre y estúpido estilo de vida mientras los bárbaros están, no a las puertas, sino ya dentro de la ciudad; ocultada por las mendaces palabras de los políticos europeos, felones y traidores a sus pueblos, auténticas lenguas de serpiente cuya única preocupación es engañar a la población para que no despierte y no se dé cuenta de lo que está pasando hasta que sea demasiado tarde. Entonces, naturalmente, dirán que así es la democracia y que ellos han seguido la voluntad del pueblo.

Realidad, sin embargo, que existe y cada vez será más difícil dejar de ver.

Volvamos a la conocida cita de Oswald Spengler que he recordado más arriba. El lector podría pensar que este pensamiento no es relevante hoy en día, que es retórico, exagerado. En general y en particular para el terrorismo islámico. Al fin y al cabo, ¿No es verdad que tenemos aviones, tanques, misiles y drones, máquinas y fuerzas armadas supermegatecnológicas para hacer frente a cualquier amenaza? ¿Por qué nos ha de salvar un pelotón si tenemos ejércitos enteros?

Pues no, no tenemos un carajo. Lo que tenemos no nos sirve para la guerra que se ha de combatir y además falla lo más importante, que es el factor humano.

Atributos viriles. Cojones. Dignidad. Dureza. Orgullo. Claridad mental. Carácter. Podríamos llenar páginas enteras con la lista de lo que nos falta, en medio de todas nuestras máquinas y ordenadores.

Porque los frentes de la guerra están en las mentes y los corazones, en los vientres de las mujeres, en los medios de comunicación y la opinión pública, en la vida cotidiana, en las escuelas y las universidades, en los despachos de las lobbies y –sobre todo- en esas cloacas oscuras donde se cocina la decadencia de las almas europeas, en esos antros de cucarachas erigidas a maestros de la sociedad, donde se prepara y se difunde el veneno que infecta Europa y le quita la voluntad de defenderse.

Para la batalla que se avecina, incluso en su aspecto más “bélico”, el del terrorismo y la violencia urbana, el abierto conflicto étnico-religioso, ni la tecnología ni los drones ni los frikis de ordenador servirán para mucho. La guerra no la ganarán las máquinas ni las armas sofisticadas sino –como siempre- los hombres. La guerra la venceremos si, en el momento y el lugar decisivo, nuestros pueblos serán capaces de forjar el último pelotón de europeos dignos de tal nombre; el núcleo de resistencia alrededor del cual se cristalizarán las fuerzas que Europa conserva en su interior a pesar de todo, a pesar de la corrupción y del veneno que nos han inyectado durante decenios los odiadores de Europa.

¿Están tan mal las cosas? ¿No somos ricos, poderosos, no somos capaces de enfrentarnos a cualquier amenaza? No, no lo somos. Para comprenderlo, examinemos un poco la naturaleza del enemigo y observemos el comportamiento de nuestros gobernantes; consideremos si los europeos están dispuestos a defender su forma de vida, si son capaces de ello; valoremos la fuerza interior, la solidez, la integridad moral y de carácter de la población europea.

En primer lugar es inevitable notar lo penoso, lamentable e inoperante del comportamiento de los gobiernos europeos, en particular del francés.

Cerrar y controlar las fronteras, dicen. Ridículo y risible, si no fuera ya trágico. Las fronteras se cierran para mantener el enemigo fuera, no cuando ya está dentro, porque entonces es tarde para eso. Y el enemigo lo tienen dentro hace mucho tiempo; en las masivas comunidades de alógenos de primera, segunda o tercera generación que no han sido nunca franceses, que nunca se han sentido como tales y no tienen intención de serlo, sino de ocupar el territorio.

¿No todos? Cierto, quizá ni siquiera la mayor parte, pero da igual. Basta con que uno entre mil esté dispuesto a empuñar las armas y sacrificar su vida, basta con que uno entre cien esté dispuesto a apoyarles, basta con que uno entre diez piense en Francia como una tierra de conquista, de manera violenta o no violenta. Recordemos la frase de Ben Bella, quien anunciaba la conquista de Francia por medio de los vientres de las mujeres argelinas.

Las responsabilidades domésticas, en el frente interno, son por lo tanto clarísimas, por parte del gobierno francés así como de los demás. Ciertamente sus modernas fuerzas armadas no les van a servir de nada en esta clase de guerra; pero es que cuando las utilizan, tampoco les sirven de mucho. Empezando por el paripé de los bombardeos que hacen como pretendida represalia contra los bastiones en del Daesh o ISIS. Como si no hubieran estado apoyando al terrorismo islámico, junto con toda la Unión Europea, prostituta de Estados Unidos e Israel, para derribar al gobierno sirio y desatar el caos en Medio Oriente. Como si el Daesh fuera un gobierno centralizado y estructurado, como si las órdenes de los atentados se dieran desde el “estado mayor” de la “capital” y como si bastara bombardear las ciudades del enemigo.

No. Si algo es el Estado Islámico, si se extiende de manera proteiforme, es porque es un fantasma que ha adquirido realidad poco a poco; pueden destruir todas sus ciudades y campos de entrenamiento, pero en cada bombardeo le darán más consistencia porque es una comunidad ideal, en la cual se puede reconocer cualquier barbudo con turbante que empuña un fusil o tiene un cinturón explosivo. No hace falta una gran organización ni sumas enormes para adquirir unos fusiles de asalto y unos kilos de explosivo; no se necesita una gran logística, ni una base industrial ni grandes centros de mando y comunicación. No es que sean invencibles por esto, sea claro: son grupos que se pueden derrotar sin mucha dificultad si son eso, grupos aislados. No así cuando tienen detrás un pueblo entero y una base social, popular. Y ese pueblo que tienen detrás está ya dentro de Europa; cada año llegan nuevas remesas y nuevos reemplazos para este ejército invisible, con la inestimable colaboración de nuestros gobiernos y los estúpidos que les favorecen.

Oriente Medio no necesita más bombardeos de Occidente, más intervenciones “contra el terrorismo”, más “guerras para llevar la democracia”, más “primaveras” teledirigidas. Hemos visto perfectamente para qué han servido: para destruir a los regímenes árabes laicos, los que combatían a los radicales islamistas y los liquidaban. No es cierto que todo el Islam sea igual, que todo el mundo musulmán sea lo mismo. Pero precisamente Occidente ha atacado y destruido los regímenes árabes laicos que no se alineaban –Irak, Siria, Libia- y ha favorecido precisamente, directa o indirectamente, a los que ahora llaman “terroristas” y llamaban en cambio “combatientes por la libertad” cuando seguían el guion escrito para ellos. ¿De verdad la solución son más bombardeos? ¿Nos toman por imbéciles? Evidentemente sí.

Las palabras altisonantes de los gobiernos europeos –firmeza contra el terror, al final venceremos, blablablá- valen menos que el papel en el que están escritas.

Por tanto, si esta guerra ha de ser combatida, lo primero es que esta basurcasta política europea, felona y sierva de EEUU, Israel y las lobbies sionistas, responsables primeros del caos en Medio Oriente, se vaya y deje paso libre a una nueva clase dirigente de patriotas europeos. Sin embargo, una clase dirigente nueva presupone un pueblo que está detrás, que se siente representado y guiado por ella, que la apoya. ¿Existe este pueblo europeo, orgulloso de sí mismo, dispuesto a defenderse, a plantar los pies en su tierra frente al enemigo, dispuesto a afrontar los sacrificios que ello implica y a pagar el precio?

Los objetivos elegidos por los atacantes de París, las modalidades de la carnicería,  ciertamente no son casuales, ni se trata de pura “maldad” demoníaca que busca objetivos indefensos. Se han ametrallado personas sentadas en bares y cafeterías por la noche, los atacantes se han cebado con jóvenes que asistían a un concierto de rock. El carácter simbólico de las acciones, su carácter de guerra por la concepción del mundo, es evidente. Para los islamistas no se debe salir a beber alcohol de noche y mezclando los sexos, ni menos aún emborracharse, drogarse y fornicar aturdidos por el heavy metal. El objetivo elegido tiene un significado, es contra los símbolos del estilo de vida occidental. Estilo de vida, por cierto, decadente y en muchos aspectos degenerado como desde hace mucho denuncio. Yo no pienso que haya que ametrallar a nadie por ello, pero los lectores barbudos del Corán sí lo piensan. Como, por lo demás, querrían prohibirme la mayor parte de mi tradición, imponerme reglas de vida y una concepción del mundo para mí totalmente inaceptable.

Personalmente me opongo a la invasión alógena de Europa y a la destrucción de su identidad en nombre de valores superiores, de una identidad, de unas tradiciones y un acervo que amo, de una forma de sentir el mundo y la vida en la cual en mayor o menor medida me reconozco. En pocas palabras, en nombre de algo más, de algo infinitamente superior al pueril, decadente, degenerado estilo de vida en el que ha caído la sociedad del Occidente actual.

Pero la cuestión no es ni siquiera esta, de que a mí me guste o no la sociedad de hoy. La cuestión es si los asiduos del botellón, de las noches en discoteca cargados de pastillas, del hedonismo y el egoísmo elevados a principio supremo y centro de la vida, si ellos están dispuestos a defender su forma de vida, si lucharán por ello frente a quienes quiere imponerles la sharia.

La pregunta es retórica naturalmente, y la respuesta la conocemos todos. Nuestra cacareada forma de vida, el bienestar, la felicidad a buen mercado del Occidente decadente, crea un pueblo mediocre, personas mediocres, sin nervio, sin valores, incapaces de energía, de vigor, de sacrificio. La sociedad de la decadencia moldea personas incapaces de defender su forma de vida y los valores –decadentes y mediocres- en los que creen. O mejor dicho en las coartadas intelectuales y los pretextos que utilizan para justificar su decadencia, porque lo que es creer, no creen en nada.

Cuando la crisis se agudice, cuando se vuelva violencia callejera, cuando el ejército interior de la quinta columna alógena cierre filas y con prepotencia empiece a exigir, cuando ocupe las calles, habrá que defenderse; entonces, si de verdad la amenaza se vuelve clara y explícita, quizá quepa esperar que los europeos salgan a la calle, que sepan encontrar la voluntad de luchar.

Después de todo, la prueba de que los europeos aún saben indignarse y reaccionar, de que no les da todo igual, la hemos tenido hace un par de años. Recordemos el episodio de los doscientos mil correos de protesta enviados en cierta ocasión, en un arranque de furia, irritación y movilización popular, como reacción a la falsa noticia de que se iban a censurar los vídeos guarros en internet.

Los varones europeos demostraron en esa ocasión de qué pasta están  hechos; en un resabio de su pasado guerrero, los nuevos caballeros de la pantalla de ordenador y el papel higiénico a mano demostraron que aún son capaces de indignarse cuando se les toca lo que, de verdad, es importante para ellos.

Cuando los europeos sean llamados a las armas, de manera simbólica o real, cuando deban defender Europa, sin duda responderán a la llamada y sabrán encontrar motivos para luchar. ¿O no?

Bueno, examinemos el ejército hipotético que se puede reclutar para la defensa de Europa, llegados al caso. En primer lugar no se puede contar con el motivo, importante en otras épocas, de defender a las propias mujeres. Sólo unos pocos machistas pueden todavía pensar que el hombre debe defender a la mujer; nuestros chavales se les enseña, en sus siniestras lecciones de igualdad de género, que el instinto de protección del varón hacia la mujer es machista, patriarcal y símbolo de opresión.

Así que por ese lado, nada. Aunque bien es verdad que como en toda conquista, pacífica o no, las mujeres del territorio ocupado son objetivo predilecto para el ocupante y el vencedor. De manera brutal o menos, de manera evidente o solapada, pero la sustancia no cambia. Y si nosotros no tenemos este punto muy claro, ellos, los invasores, lo tienen clarísimo. Después de todo, la mayor parte son jóvenes, varones y vigorosos.

Pero volviendo al hipotético alistamiento de nuestro ejército para defender a Europa, en principio, de todos modos será posible llamar a filas a los europeos; a la juventud europea, a la población madura que aún tiene vigor. Será así, pero como en todo reclutamiento hay que hacer una criba. No todo el mundo vale para la lucha, hemos de valorar la aptitud para el combate y, como se decía antes, la fibra moral.

De manera que hay que empezar a seleccionar. Comencemos exonerando del servicio a los que hacen el amor y no la guerra, a los educados en el pacifismo y la no violencia, a los que piensan que más vale sufrir una injusticia que hacer daño a un ser vivo y a los adoradores de la Madre Tierra. También hay que mandar a casa como inútiles a la práctica totalidad de quienes han sido educados por mujeres o por medio-hombres, y a los que han crecido siguiendo las indicaciones de los psicólogos y los expertos. Estos son incapaces por flojera crónica e irremediable. Asimismo deben ser excluidos, por motivos evidentes, a los que han sido envenenados por la propaganda izquierdista, el odio hacia la propia tradición y la propia identidad.

Empezamos a preocuparnos porque las filas ya se han clareado bastante. Pero no hemos terminado. Hemos de realizar aún la última selección: cuando llegue el momento tampoco podremos contar con los que tienen baja la autoestima, con los que están en depresión posvacacional o con crisis de ansiedad.

Admitámoslo, no nos ha quedado mucha gente.

Pero si alguien queda, serán ellos, a los que las hordas de los mediocres, los medio-hombres y las medio-mujeres llamaban fachas y antiguos, mirándoles por encima del hombro; serán ellos y nadie más que ellos quienes -quizá- consigan cristalizar alrededor de su coraje las fuerzas antiguas de libertad y dignidad que, a pesar de todo, sofocadas por los detritos, siguen existiendo en el fondo de nuestra estirpe.

Serán, ellos, el último pelotón que salva la civilización, si ha de ser salvada.