domingo, 22 de julio de 2012

HASTA EL CUELLO, GOBERNADOS POR GENTUZA, EN MANOS DE USUREROS





Creo que ya está bastante claro que este gobierno no va a sacar a nuestro país de su difícil situación económica. Quien tuviera esperanzas de ello o simplemente hubiera votado PP impulsado por incontenible asco hacia el gobierno Zapatero –motivación que humanamente comprendo- ya se habrá desengañado. La ineptitud y total falta de personalidad de nuestro presidente salta a la vista: un mediocre que se limita a hacer lo que los mercados exigen, sin coraje y sin voluntad. Pero es que el sistema en que vivimos necesita, quiere políticos débiles y mediocres, porque en las cuestiones que importan no deben gobernar sino simplemente seguir instrucciones.     

Todos más o menos conocemos las medidas de ajuste que se están introduciendo y los recortes en todos los campos, medidas que van a recaer –ya lo están haciendo- sobre todos nosotros, y que en definitiva se resuelven en que vamos a pagar más por todo, vamos a pagar más impuestos y los servicios que el Estado proporciona van a ser menos y de menor calidad.

Se nos dice que todo esto servirá para reactivar la economía, crear empleo y salir de la crisis. Mentira.

Porque todo este dinero, que con estas medidas se extrae de la sociedad, desde luego no es para utilizarlo en ayuda del país, sino para pagar las deudas. La verdadera razón por la que nosotros vamos a pagar más por todo y el estado debe ahorrar, es que ya estamos endeudados hasta el cuello y cada vez tenemos mayores dificultades para pagar; este es el significado de la famosa prima de riesgo que sube y sube. Para tranquilizar a los mercados y convencerles de que somos solventes se les envía el mesaje adecuado, se les dice lo que quieren oír: que una parte cada vez mayor de la riqueza producida en el país se va a destinar a pagar los intereses de la deuda,  en vez de a las necesidades de los ciudadanos. De este modo –se espera- se podrán mendigar nuevos préstamos con alguna décima menos de interés.

Estoy convencido por tanto de que iremos a peor, de que no se creará empleo ni mucho menos y de que en pocos años estaremos como Grecia.

¿Pero de dónde viene toda esta deuda? ¿Por qué nos hemos endeudado hasta el punto de que nuestro país tiene que ser intervenido y perder lo poco que le queda de soberanía en materia económica? ¿Por qué estamos en manos de los usureros internacionales?

Las últimas entradas de El Velo Rasgado: Economía con textos de Maurizio Blondet, y algunas entradas en este blog, han sido dedicadas al tema del sistema monetario actual y la deuda que de manera inevitable genera. El sistema bancario extrae un beneficio por el dinero que pone en circulación llamado señoreaje, dinero que crea de la nada y presta a la sociedad. Esto ya de por sí es escandaloso, nos obliga a estar siempre endeudados y a pagar un tributo oculto por el uso de un instrumento que jamás debió ser privatizado.

Pero no se trata sólo de esto. Sin necesidad de señoreaje y de bancos centrales noe endeudamos muy bien nosotros solos y de manera irresponsable. Hasta 2007 España tuvo una prosperidad totalmente falsa, que no estaba basada sobre una economía verdadera, productiva, sino que era una gran burbuja, y como todas las burbujas mantenida sobre la nada, con dinero prestado en último análisis; una ilusión falsa de riqueza que no existe sostenida con el endeudamiento. Ahora todo eso nos pasa factura.

Pero aquí hay que entenderse. Si el especulador o el necio que quiere vivir por encima de sus posibilidades endeudándose hasta las cejas se estrella, es muy justo y este riesgo es parte del juego. Pero así no están las cosas. Creo no equivocarme mucho pensando que la irresponsabilidad de unos cuantos o de muchos que se han hinchado es la que nos ha endeudado hasta este punto y el perverso sistema económico en que vivimos, con la crisis, hace recaer los costes sobre todos cuando hay que pagar la cuenta. Es la vieja historia de los beneficios para algunos y las pérdidas para todos, pero diferido en el tiempo y camuflado para que sea menos aparente y escandaloso.

Pero no es sólo una gran deuda lo que nos aflige. También tenemos todos los parásitos y la enorme cantidad de sinvergüenzas que viven a costa de los demás, y en esto somos los primeros en Europa, incluso más que Italia que ya es decir. La abnorme cantidad de políticos, sindicalistas mantenidos, burocracias inútiles o dañinas, el absurdo derroche de las autonomías que multiplica funcionarios y cargos. Es como una pirámide invertida, insostenible, con una base estrecha formada por quienes trabajan, que mantiene una parte superior de dimensiones anormales, donde a menudo pululan además los anormales en sentido estricto porque no saben hacer otra cosa.

Pero como estamos viendo, no le meten mano de verdad a la sangría que supone el número de políticos y subvencionados, a la absurda multiplicacion por doce de las instituciones y a tantas otras cosas. Quienes sienten la tijera son los que trabajan, y estoy seguro de que también los recortes en el sector público no tocan apenas a los verdaderos parásitos. Lo que están haciendo es reducir aún más la base de la pirámide que, cada vez más estrecha, debe no sólo pagar los intereses de la deuda sino también seguir manteniendo a la misma gentuza que chupa del bote.

Con este panorama es totalmente evidente que la cosa no puede más que ir a peor y que por este camino no se va a ninguna parte. Lo que habría que hacer es reducir drásticamente la pirámide por arriba y ensanchar la base para que fuera una pirámide de verdad.

Es decir cuidar el interés de la nación, defender sus industrias y sus recursos, su capacidad de crear riqueza real, verdadera. Que es justo lo que no han hecho en nuestro país. La casta de sinvergüenzas se ha preocupado sólo de medrar y robar mientras han ido dejando que se perdiera una gran parte de las industrias que costó tanto construir; en tiempo, esfuerzo e inversiones del Estado, en educación y formación de técnicos y especialistas.

Todo ello tirado por la ventana porque no ha sido defendido como era el deber de los dirigentes. Con medidas proteccionistas y contrarias a los dogmas y las imposiciones del liberalismo económico cuando fuera necesario, como todos los países han hecho cuando les ha convenido.

He aquí el significado siniestro de tantos acuerdos y tratados, europeos e internacionales que imponen un fundamentalismo ultraliberal, que impiden a un país defender su soberanía y sus intereses. Algo que se resuelve en la destrucción de puestos de trabajo y de industrias nacionales porque ineficientes en el mercado global, es decir -traducido- incapaces de competir con mano de obra pagada una miseria o semiesclava.

Eficiencia del capital. Este es el principio supremo, que está por encima del interés de la sociedad y de las naciones. La humillación del interés nacional, que es de la sociedad y las personas que concretamente habitan un territorio, en nombre del interés del dinero y de quienes no son de ninguna parte porque su dios es el dinero y éste no tiene patria. 

Si a todo esto añadimos la destrucción del sistema educativo, base de la prosperidad de una nación y de su futuro, el espeluznante hundimiento de su nivel por culpa de la misma casta indigna, necia y mediocre, tenemos la última pincelada del cuadro y un más que probable negro futuro.

Quizá este artículo sea demasiado pesimista. Después de todo existe una salida posible. Un gobierno y fuerzas políticas que pongan por delante el interés nacional, que recuperen la soberanía monetaria para no permitir a los usureros internacionales gobernar la moneda que utilizamos. Que apoyen a la industria y la economía nacional radicadas en el territorio, que regeneren el sistema educativo sacándolo de las cloacas en que la demagogia igualitaria y buenista lo ha hundido. En una palabra que trabajen para le futuro del país.

La última parrafada hace la entrada aún más pesimista, porque lo que acabo de escribir es fantapolítica más que El Señor de los Anillos. Desde luego ninguno de los partidos importantes en la actualidad, ni lejanamente se aproxima a estos puntos de vista.

Y sin embargo, si no hemos de hundirnos, algo tendrá que cambiar, y estas ideas que hoy parecen improponibles quizás empiecen a ser aceptadas por un número creciente de personas, hartas de las mentiras y la propaganda del sistema, de sus embaucadores de profesión, de la farsa de la política tal como hoy la tenemos.

La alternativa es clara para la sociedad en que deberemos vivir y en que vivirán nuestros hijos: o una España tercermundista o una patada en el trasero a toda la gentuza que nos está hundiendo.

domingo, 15 de julio de 2012

NOMOFOBIA






Esta palabreja era desconocida para mí hasta hace poco. Uno podría pensar que es el odio hacia los nomosexuales, cualquiera que sea el significado de la palabra, pero un artículo en el ABC nos informa de que se trata de un nuevo trastorno psicológico que nos aflige: no-mo(bile)-pho(ne-pho)bia. En este caso se trata del miedo y la ansiedad experimentados por muchas personas cuando se separan del teléfono móvil:


Una nueva aportación que se añade a la rica colección de trastornos psicológicos que nos agobia constantemente y no hace más que crecer. Trastornos de todo tipo: desde reales a inventados a simples ñoñerías y chorradas con nombre altisonante como, por citar otro ejemplo, la depresión post-vacacional que nos acecha cuando se terminan las vacaciones y sobre la que escribí hace tiempo en la entrada Felicidad y depresiones surrealistas. Es que no hay derecho a que las vacaciones se acaben…

Un poco se trata de que nuestra sociedad produce una serie de trastornos reales y de malestar disfrazado de bienestar por la propaganda con la cual se glorifica a sí misma; un poco es que la gente sin trastornos no es un mercado y en cambio la gente trastornada sí lo es, para todo el negocio de la asistencia psicológica que –uno lo entiende- cuando le faltan trastornos y gente trastornada se los tiene que inventar, porque el business no está en curar a la gente y mucho menos en que viva sana, sino en asistirla; un poco es esa manía idiota en ponerle nombre a todo y patologizar –que me perdonen los académicos de la RAE- la vida y sus tensiones, en una absurda e imposible búsqueda de un estado de equilibrio ideal y felicidad.

Todo esto es cierto, pero también hay un fondo de verdad en la nomofobia: mucha gente depende hasta extremos patológicos de sus juguetitos electrónicos y en efecto siente ansiedad si se separa de ellos. Así lo declaran y no hay motivo especial para no creerlo. Realmente se sienten perdidos si no están conectados en todo momento para ver las últimas noticias, enviar o recibir mensajes o qué se yo…

Esta dependencia frente a la tecnología la podemos ver cada día si cogemos por ejemplo los transportes públicos. Podemos observar que una buena proporción de las personas presentes están ensimismadas jugando con sus aparatitos; caminando por la calle podemos observar algo parecido.

No me extraña, viendo esto, que la gente se sienta perdida y ansiosa cuando ese cordón umbilical les falla, porque se olvidan el móvil en casa o descuidan la carga de la batería o por cualquier otro motivo. Por otra parte muchas personas ni siquiera se dan cuenta ya del aspecto siniestro de esta dependencia. Me bastará mencionar un episodio reciente: en una ocasión un conocido me decía satisfecho que después de haberle comprado la playstation a su hijo éste no se separaba de ella, estaba enganchado todo el día y ya no le interesaba nada más…sonriente y con una cara de felicidad como mostrando su orgullo por el éxito del regalo.

"¡Bravo! ¡Cretino! Tu hijo se ha convertido en esclavo de una máquina que le ha dominado la voluntad y además estás tan contento por ello”...pero como es lógico uno no puede ir por ahí diciendo todo lo que piensa y menos aún de esa manera.

El común denominador en todos estos casos –y el lector sabrá añadir muchos otros- es la falta de libertad de las personas, la dependencia respecto a la máquina y la tecnología que las condiciona y las domina, una dependencia no sólo a nivel práctico sino sobre todo psicológica, mental. Lo que debiera ser sólo instrumento y fue creado como tal se convierte en dominador, impone su lógica y su ley a las personas.

La naturaleza del juego electrónico, la lógica con que fue creado, es tener enganchado al jugador permanentemente, como la lógica de la bolsa de patatas fritas es ser engullida compulsivamente hasta que no quede ninguna. La lógica de una red social es la conexión continua, la ocupación total del tiempo y la atención por parte del usuario. Pero si de un lado está la máquina y lo artificial, del otro lado está la persona que lo utiliza según su criterio y para sus propios fines.

Todo sucede como si las máquinas y la tecnología tuvieran su propia personalidad y su propia voluntad, que sin embargo está dominada por la personalidad y la voluntad superiores y más fuertes del ser humano.

Pero si el lado humano flaquea, si hay falta de personalidad y la voluntad es débil -como sucede en las relaciones entre las personas- la personalidad más fuerte es la que domina e impone su ley a la otra. Hemos debido caer muy bajo si hasta nuestras máquinas tienen una personalidad más fuerte que nosotros.

Por otra parte esto no es sorprendente: todo el ambiente en que vivimos fomenta la disolución de los valores de la voluntad y del carácter, comenzando desde la infancia con una pedagogía destructiva y promoviendo todo lo que nos hace dependientes y por tanto menos libres interiormente.

Es entonces inevitable que nos volvamos nomófobos, nos entre el ansia si nos olvidamos en casa el móvil y nos volvamos también un poco más gilipollas cada día que pasa.

domingo, 1 de julio de 2012

LAS MÁQUINAS CONTRA LOS HOMBRES


 


De vez en cuando emiten por la televisión la película La Bestia de la Guerra, cinta bélica de factura correcta y algo inverosímil en su trama aunque entretenida. Ambientada en la guerra de Afganistán de 1979-1989, narra la lucha de un grupo de guerrilleros afganos contra un tanque soviético aislado de su unidad. La época eran los años ochenta, Estados Unidos armaba y financiaba a los combatientes afganos que entonces eran los luchadores por la libertad, y por tanto probablemente la película los presenta más limpios y simpáticos de lo que eran en realidad.

Nadie reconocería en ellos a las bestias sanguinarias y a los terroristas que nos presentan los medios cuando hablan de la insurgencia afgana actual contra la invasión y la ocupación militar de la OTAN. Y sin embargo ellos, los afganos, son siempre los mismos y llevan a cabo exactamente la misma lucha, contra un enemigo igualmente obtuso. Lo que cambia son las anteojeras ideológicas de quien les ha invadido por su bien.

Porque también los soviéticos les invadieron por su bien: querían llevarles la modernidad, a su manera naturalmente. Construían infraestructuras, escuelas, educaban a los afganos en el materialismo dialéctico.

Como todos sabemos, a finales de 2011 comenzó la actual guerra de Afganistán, presuntamente para castigar los atentados de las Torres Gemelas y eliminar el santuario de Al Qaeda. A pesar de que los responsables de los atentados aprendieran a volar en Estados Unidos, de que no hubiera un solo afgano entre ellos –la mayor parte eran saudíes- y de que el presunto imperio financiero de Bin Laden, gracias al cual podía conducir su Jihad, no estuviera en Afganistán. En efecto este país atrasado no es famoso por estar lleno de sociedades financieras o grandes bancos, que es donde hoy en día están las grandes fortunas. Aunque claro, Bin Laden siempre podía tener sus ahorrillos debajo de la almohada en alguna cueva entre las montañas.

Pero no son el tema de la entrada las múltiples dudas sobre los atentados del 2001, las mentiras que nos contaron y cuentan, para justificar primero la agresión y luego el mantenimiento de un gobierno títere. El tema es el mismo conflicto de Afganistán y la invasión que seguramente estaba preparada desde antes.

Los paralelismos con la guerra de resistencia de diez años que siguió a la invasión soviética de 1979 son notables. Por otra parte es también verdad que la situación militar y política es muy diferente y la guerra en curso ya dura más que lo que duró el conflicto contra la Unión Soviética. La diferencia más importante, el motivo por el que los ocupantes no se hayan retirado aún con el rabo entre las piernas -como tuvieron que hacer los rusos- y no hayan sufrido la misma sangría en hombres y medios, es que no hay una gran potencia que suministre armas a los afganos en su lucha, como sucedía en los tiempos de la invasión soviética.

De hecho la guerra es probable que dure aún bastante, pero parece dudoso que la OTAN pueda vencer contra los talibanes. Pueden siempre, claro está, liquidarlos a todos y arrasar el país dejando con vida los cuatro gatos que colaboran con las fuerzas de ocupación, pero esto difícilmente se puede llamar una victoria.

Recordemos brevemente la guerra del 1979-1989. La Unión Soviética invadió directamente el país con sus tropas, liquidando al presidente que había y poniendo un gobierno títere. La resistencia comenzó casi inmediatamente, primero con simples fusiles de caza o armas obsoletas -lo que tenían los afganos en aquel momento- y poco a poco fueron mejorando su armamento ayudados por Estados Unidos y Pakistán que financiaron, entrenaron y equiparon a guerrillas islámicas y jefes tribales.

Los soviéticos se demostraron en los años siguientes incapaces de  controlar el país ante una resistencia dura y feroz que los sometía a un desgaste continuo. No es que perdieran militarmente la guerra o que fueran expulsados como resultado de una ofensiva de las guerrillas, pero la situación se hizo insostenible; no se lograba controlar el país ni pacificarlo, la misma economía soviética estaba fracasando y simplemente a un cierto punto los rusos –se entraba en la perestrojka de Gorbachov- decidieron que no tenía ya sentido seguir intentando lo imposible. En diez años de combates perdieron unos 15.000 hombres, trescientos helicópteros y cien aviones, así como 400 tanques y unos 1.000 transportes blindados.

Un entretenido artículo es éste para quien quiera saber más:


Los soviéticos realizaban ofensivas periódicas para recuperar el control de zonas rurales controladas por la insurgencia; los guerrilleros, como no les podían hacer frente en campo abierto, se retiraban y así los rusos podían declarar que la ofensiva había tenido éxito. Sólo para perder el control nuevamente poco después sin conseguir derrotar realmente a la resistencia. Exactamente como ha hecho la OTAN estos años, con numerosas ofensivas de primavera aireadas a bombo y platillo que se quedan en agua de borrajas contra un enemigo evasivo y apoyado masivamente por la población.

Y que éste sea el caso, hoy como ayer, se comprende leyendo por ejemplo este artículo sobre las tropas españolas allí, que describe cómo los convoyes blindados deben desplazarse con infinitas precauciones por el constante peligro de trampas y emboscadas, mientras que los afganos se mueven libremente y sin gran preocupación:


Es difícil reconocer más claramente, sin decirlo explícitamente, el carácter de ejército de ocupación que lamentablemente tienen allí nuestras tropas, reducidas a mercenarios de los americanos en una guerra que no puede ser más ajena al interés de nuestra nación.

La situación actual de la guerra es un preludio a la retirada, con la coalición americana que pretende retirar sus tropas en un plazo no muy largo, dejando un gobierno títere que debería ser capaz de mantenerse con el apoyo occidental. Pero eso es exactamente la vietnamización que tan mal les salió en el país asiático y es también lo que hicieron los soviéticos; en ambos casos el gobierno que dejaron detrás duró pocos años.

Las similitudes no terminan aquí y van más allá de la crónica bélica. La justificación, si queremos ideológica, para esta guerra –dejando de lado el engaño de la lucha al terrorismo- es llevar la modernidad a los afganos, en su versión occidental de liberalismo y economía de mercado. Pero como he comentado antes eso es tembién lo que querían hacer los soviéticos, llevar la modernidad en su versión comunista a un país atrasado y tribal. También los rusos construyeron infraestructuras y escuelas, también ellos intentaron educar a los afganos a su manera y llevar el progreso, así como introducir medidas para modernizar el país, extirpar costumbres y leyes arcaicas.

Pero es que los afganos no la querían ni en pintura, la modernidad. Y tampoco parece que la quieran ahora. Los colaboradores –o colaboracionistas- del ocupante son pocos, apiñados en torno a Kabul y los pocos enclaves relativamente seguros y acojonados totalmente porque saben que el día que se vayan los americanos habrá un ajuste de cuentas, como sucedió tras la caída del gobierno que los rusos dejaron atrás.

Pueden no gustarnos los talibanes y efectivamente no es cuestión de hacer de ellos héroes ni idealizarlos, a ellos o a su forma de vivir. Cosa que por cierto tendía a hacer la película mencionada La bestia de la Guerra, pero claro entonces eran los buenos y era una película americana.

Ciertamente han cometido y cometen atrocidades como corresponde a un país atroz, pero también aquí no son peores que los presuntos buenos, más bien al contrario: los señores de la guerra que Estados Unidos utilizó para derribar a los talibanes son tan salvajes o más que ellos, con la diferencia de que el orden talibán está basado en la sharia y un  integralismo islámico que es muy duro y particularmente radical, pero hace referencia a una ley establecida claramente, mientras que el poder de los señores de la guerra era simplemente el arbitrio del más fuerte, del jefe de la banda.

También por estos motivos los talibanes tenían un prestigio entre la población que les permitió conquistar el poder en los años 90, mientras los gobernantes actuales tuvieron necesidad de las alfombras de bombas y misiles americanos para hacerlo.

Naturalmente a las violencias y atrocidades reales cometidas por los talibanes hay que añadir la habitual propaganda y la demonización por parte de Occidente, como estamos más que acostumbrados a ver. El cuento de siempre sobre los buenos y los malos.

No tengo nada en común con los talibanes, su forma de vivir y de concebir el mundo, nada hay más lejano de mí. Algunas de sus acciones me repugnan profundamente –admitiendo que sean responsables de todo lo que se les achaca- pero los afganos no han agredido a nadie. Lo único que quieren es que les dejen vivir en su país a su manera, brutal y primitiva –no voy a discutirlo- pero en definitiva se trata de gente a la que el resto del mundo le importa un comino y que no es ninguna amenaza para nosotros.

Amenazas lo son ciertamente el Islam radical y la colonización de Europa, pero esto tiene muy poco que ver con ir a tocar las narices a los afganos.

Porque es gente que no tolera que le vengan a tocar las narices. Los ingleses, que eran la superpotencia de la época, intentaron invadirles en el siglo XIX en el ámbito del Great Game, la partida de ajedrez que jugaban contra el Imperio Ruso en Asia, pero tampoco consiguieron dominarles. Sabemos cómo terminó la aventura de los soviéticos y ahora Occidente tiene todas las cartas para que la historia se repita.

Las razones de la derrota soviética y de la no-victoria occidental seguramente tienen mucho  que ver con el orgullo y la dureza de este pueblo, educado en un entorno áspero y pobre, severo maestro que no tolera la debilidad. Tienen que ver también con su capacidad de sacrificio porque están dispuestos a luchar en una inferioridad de condiciones total y a perder diez o cien hombres -no tengo ni idea del ratio real- para eliminar un soldado enemigo. No tienen vehículos acorazados, deben combatir contra un adversario que puede golpear desde el aire en cualquier momento con efectos devastadores.

Pero sobre todo las razones tienen que ver con el carácter profundo, con el significado simbólico de esta guerra.

Mucho más que en el caso de la invasión rusa, Occidente ha vertido ríos de dinero para que esta guerra y esta ocupación sea un éxito, y también para educar  a los afganos y hacerles occidentales.

Mucho más que en el caso de la invasión rusa, Occidente hace la guerra con las máquinas. Los americanos hace ya mucho que no arriesgan sus tropas. Esa labor la dejan a los pringados que llaman aliados, aunque en la práctica estos últimos se exponen también lo menos posible.

Decir que esta guerra es asimétrica es decir poco porque los ocupantes ya ni siquiera combaten. Envían sólo máquinas en vez de hombres, en una guerra por control remoto en la que se utilizan misiles, se ataca desde el aire en completa impunidad y por lo general se evita arriesgar pilotos de aviones o helicópteros enviando a los drones, robots controlados por personas que se encuentran en un centro de control a cientos o miles de kilómetros.

Pero los afganos, aún así, están dispuestos a luchar contra las máquinas y continúan combatiendo aunque les cueste pérdidas desproporcionadas, aunque en cualquier momento les pueda llover la muerte desde el cielo desde un aparato que no siquiera pueden ver. Lucha desigual donde las haya contra un enemigo cobarde y vil que no da la cara y que, hablemos claro, sin sus máquinas vale bien poco y no duraría una semana.

La incidencia extraordinaria de problemas psicológicos, drogadicción, trastornos varios en los soldados norteamericanos -por extensión occidentales- no es cosa de hoy. Por otra parte a nadie sorprenderá esta decadencia del factor humano: las naciones occidentales de hoy, decadentes y desvirilizadas, ¿de dónde van a sacar los soldados? ¿de los niños mimados producto de nuestra sociedad? ¿de las niñatas que quieren jugar a ser soldado porque –perversión donde las haya- se sienten así realizadas como mujeres?

También hay que mencionar aquí el efecto de decenios de propaganda antinacional, antimilitarista y en general del empeño izquierdista –en nuestro país lo hemos podido ver claramente- por convertir las Fuerzas Armadas en un ejército de muñequitas o una especie de ONG y sustancialmente desvirtuarlas.

No es casualidad que muchos soldados occidentales sean de origen extranjero. Entre los soldados de España tengo entendido que muchos son sudamericanos, y sospecho de que no se trata de los peores.

Los talibanes serán feos, sucios y malos, serán fanáticos y unos salvajes en muchos aspectos; no voy a discutirlo, pero son hombres que luchan contra máquinas y ya sólo por esto merecen la victoria.

La guerra de la máquina y del dinero contra los hombres. Tal es el significado simbólico del conflicto y nos indica el quid de la cuestión.

Quizá gane Occidente al final y los afganos sean aplastados, pero entonces habrá quedado claro que la máquina vale más que el hombre, que es más fuerte que el hombre y el significado será devastante.

La esencia de la libertad es la apelación a una fuerza interior del ser humano, la certeza de que existe algo dentro de nosotros, como un último recurso, más fuerte que los mecanismos y de todo lo que es externo, accesorio. El día en que el factor humano sea derrotado definitivamente y no tenga esperanza o posibilidades de rebelión se habrá terminado la libertad en su sentido más profundo y no seremos más que una colonia de hormigas.

Esto es lo que está en juego. No el integralismo islámico que me repugna profundamente y es incompatible con toda mi concepción del mundo; ni siquiera el derecho de un pueblo a vivir como mejor le parece en su casa y no en la nuestra que me parece totalmente justificable, sino la libertad humana.

Por otra parte es triste que tengan que enseñarnos esta lección de libertad los talibanes. Pero harapientos y fanáticos como son, debemos aceptar que con su resistencia implacable, con su terca obstinación, nos están enseñando algo que una vez supimos y hemos olvidado.

Algo que en realidad hemos sabido siempre y una alienación profunda de nosotros mismos nos ha hecho olvidar: que el hombre vale más que el dinero y vale más que la máquina.

sábado, 23 de junio de 2012

EL REINO DEL DINERO (III): El opio del pueblo



La anterior entrada de esta serie, Mercaderes de humo, creo que fue algo indigesta pero en fin he aquí la tercera y última, que será completada por una serie de textos en El Velo Rasgado sobre economía y moneda –forzosamente de extensión muy limitada- el primero de los cuales, El espejismo de los intereses, publico hoy y está extraído del excelente libro de Maurizio Blondet “Esclavos de los bancos”. En este libro, del que publicaré varios fragmentos, se explica muy claramente el origen y el funcionamiento del sistema monetario actual y su carácter de instrumento en manos de una casta de manipuladores profesionales del dinero; instrumento a través del cual acumulan cada vez más riqueza y son mantenidos por el trabajo de los demás, además de condicionar la política y vaciar de contenido el concepto de democracia y la misma política.

También es muy recomendable, y pensaba traducirlo, un texto de Larry Hannigan, quizás conocido por algunos lectores. En él se explica en forma narrativa el mecanismo de la creación de moneda y el engaño  del sistema bancario. He visto que qbit lo publicó hace tiempo en su página así que pongo el enlace:


El tema de esta entrada es la religión del dinero que constituye un importantísimo pilar del poder de los mercaderes de humo de que hablaba en la anterior entrada. El culto del dios dinero es un importante elemento en este poder, hasta el punto de que se puede considerar el opio del pueblo en el preciso sentido que el marxismo clásico daba a esta expresión para referirse a la religión en general. Es decir un sistema de creencias fomentado por la clase dominante para mantener adormecidas y dominadas a las masas.

La clase dominante de los mercaderes del dinero naturalmente fomenta esta adoración del dios dinero y podemos observar cómo de mil maneras consigue plasmar la mentalidad corriente, a través de una propaganda continua. Esto es muy necesario para ellos, porque al fin y al cabo la religión del dinero es antinatural: está claro que las necesidades materiales de la vida son comunes a todos nosotros y la riqueza es deseada más o menos por todos o al menos por la mayoría, pero la vida no se reduce a economía ni a sacar el máximo beneficio.

El centro de la vida no está ahí para la gente normal ni lo ha estado nunca. Tal mentalidad es propia de grupos muy particulares de personas, es la visión del mundo propia del comerciante, más aún específicamente del comerciante de dinero, que hoy en día domina con fuerza incontrastada. Visión que necesita, para imponerse a la población en general, de una propaganda capilar y del opio del pueblo que es la religión del dinero.

Naturalmente la visión marxista de la religión, aplicada a las tradiciones religiosas de los distintos pueblos es una grosera caricatura, aun cuando haya podido tener en ocasiones una parte de verdad. Pero cuando consideramos no una verdadera religión, portadora de valores trascendentes que de alguna manera comunica con las necesidades profundas del ser humano sino la grosera caricatura de religión que es el culto del dios dinero, el punto de vista marxista es rigurosamente cierto. Es como si dos espejos deformantes dieran al final una visión correcta. El culto y la adoración del dios dinero es necesario para que los banqueros dominen el mundo y tengan controladas a las masas.

Cierto es que son sorprendentes los paralelismos que podemos notar asumiendo este punto de vista. Considerando el dinero en sí, la masa de dinero que circula en el mundo a través de las arterias del sistema financiero, como una especie de divinidad perversa y caprichosa, aparece como nada más que un dios de cartón, que en las mentes y los corazones de una humanidad sin principios ni valores ocupa un lugar que no puede permanecer vacío, lugar que tras el desalojo de su anterior morador ha sido ocupado casi literalmente con un becerro de oro. La misma referencia bíblica nos parece sugerir que esta tentación de sustituir a la divinidad con el dinero no es cosa de hoy, que al contrario es muy antigua y se trata de una tentación muy fuerte para algunos.

Se trata de un dios sin rostro –el dinero no tiene color- y escurridizo, con la cualidad de un fluido que penetra y llega a todas partes, que se apoya en soportes como los billetes pero también puede asumir la forma de acciones y productos financieros, o estar simplemente en memorias de ordenador. Que fluye como la sangre en las venas de los intercambios materiales y ya ocupa el entero planeta, porque los mercados están todos conectados entre sí y el dinero puede moverse en un instante como simple intercambio de informaciones.

Consideremos con qué buena voluntad, servilismo y falta de dignidad los gobiernos democráticos imploran que el dinero se digne afluir a sus países y no se vaya a otra parte. Casi literalmente es como si rezaran suplicando el favor divino, no vacilando ante ninguna bajada de pantalones para contentar a los mercados, obedeciendo a los grandes sacerdotes de este culto: a los expertos, las agencias de rating y las instituciones financieras que conocen los caprichos de la divinidad e incluso pueden atraer sus favores.

Naturalmente tales favores no son gratuitos: se exigen actos de sumisión y sobre todo sacrificios, sacrificios que hemos de pagar todos nosotros en cuanto personas que trabajamos, porque el dinero es un dios caprichoso y cruel que exige rentabilidad, como el criterio supremo que pasa por encima de todo lo demás. Se exige que la sociedad y la economía se sigan las directrices, el diktat de los intérpretes del moderno oráculo de Wall Street.

Cuánta poca libertad tienen los gobernantes y lo que vale la soberanía popular lo podemos ver si se sacan un poco los pies del tiesto en la cuestión crucial: en cuanto se le ocurre a alguien tocar el tema de la soberanía monetaria, intentar ejercitar un control sobre el Banco Central del país y por tanto sobre la emisión de moneda, recibe rápidamente un regletazo en los dedos. En la primera entrada de esta serie, Húngaros, se hablaba del intento del gobierno húngaro en este sentido, y recientemente Berlusconi –que tampoco es santo de mi devoción- en Italia comentaba imprudentemente que el Estado italiano podría emitir moneda para ayudar a su economía. Como sabemos Hungría al final ha debido renunciar a esta parte de sus reformas ante la presión y el chantaje internacional, y Berlusconi algo así como dos días después ha declarado que sus declaraciones habían sido solamente una broma.

Ciertamente es una broma de mal gusto le inmensa mayoría de las palabras que los políticos emiten por la boca, pero nunca tienen que pedir disculpas por ello, excepto cuando se trata de ciertas bromas que no se permiten. Por otra parte a ellos les da bastante igual lo que pase con la sociedad: se puede ir al carajo pero ello les importa un comino a los políticos porque ellos de cualquier manera estarán cubiertos. Como acólitos de segundo nivel son indispensables para controlar a la población.

Y a la gente se la controla también haciendo calar la idea de que la sociedad es economía y finanza. ¿Cómo interpretar si no la constante obsesión en los medios con los movimientos de la bolsa, con el rating y el coste de la deuda, el bombardeo continuo de informaciones siempre en primera página? El especialista o el simple inversor en Bolsa desde luego no necesita estos artículos en las noticias del día ni le sirven para nada: la información con la que opera la va a buscar en lugares especializados dedicados específicamente a ello, más completa y en la forma que necesita. Tampoco el objeto es informar realmente al público ni explicar a la gente cómo están las cosas y hacer que comprenda la partida que se juega sobre sus cabezas. Esto es lo último que se pretende.

Muy al contrario, el objeto de tanta insistencia, de tanto hablar de mercados, economía y deuda cada día es de tipo propagandístico, es condicionar a la gente para que vea el mundo, la política y la sociedad sólo a través del prisma de la economía.

Para que piense que sólo esta sociedad es posible, que no hay alternativas políticas o económicas a este dominio de los especuladores y los banqueros. Pero las hay aunque toda la casta de los periodistas siervos del poder esté de acuerdo en ocultarlo.

sábado, 16 de junio de 2012

ACOSO SEXUAL


Hace casi un año publicaba en este blog la entrada  La marcha de las putas  –no es que yo lo diga, se autodefinían y autodefinen así- donde hablaba de ciertas manifestaciones de mujeres en varios países del mundo para reivindicar sustancialmente el derecho a vestirse como putas y no ser consideradas como tales. Observaba en aquella entrada que una auténtica puta es por lo menos honesta a su manera y su juego está claro, por tanto está muy por encima de esta masa de cretinas vocingleras, cuyo lema “La Marcha de las Putas” es en realidad una ofensa contra toda puta bien nacida.

En efecto una cierta manera de vestir tiene el significado de enseñar el cuerpo para provocar al varón y lanzar un mensaje bien claro, pero a diferencia de la prostituta la “Slut” de las marchas lo que pretende es echar en cara al varón su reacción natural ante un estímulo deliberado, provocarle continuamente con el juego habitual del mirar y no tocar, pero con la intención adicional al mismo tiempo de criminalizar su comportamiento y en realidad cualquier iniciativa por su parte, llevando la cosa al terreno legal con las acusaciones de molestias y acoso.

En efecto el llamado acoso sexual, y entramos en el tema de hoy, es un tema fundamental en la guerra contra el varón y la masculinidad por parte del feminismo. Asistimos a la aparición de leyes cada vez más draconianas para reprimirlo, que en realidad están destinadas de manera evidente a perseguir al varón y a castrarlo mentalmente, a transformar en potencial delito cualquier iniciativa suya y en definitiva a realidad a colocar al hombre en una posición imposible haciéndole vivir en un chantaje permanente.

Asimiladas por la sociedad las infinitas aberraciones, leyes injustas y persecutorias, privilegios para la mujer que ya existen y no voy a repetir aquí, se pasa a al siguiente nivel que supone el paso de todos los varones al estado de criminales en potencia: el acoso sexual definido de manera que cualquier hombre puede ser acusado de cualquier cosa, ser arruinado con sanciones e ir a la cárcel. Este tipo de leyes son la próxima frontera en el acoso y derribo al varón.

Un ejemplo de lo que nos reserva el futuro lo tenemos en la ley que ha sido propuesta en Francia y no puede que no tardemos en ver en España, como mucho lo que tarde en llegar otra vez un gobierno izquierdista, si es que las detestables pijas feministas del PP no la traen antes:


“Una mirada sucia insistente, un piropo repetitivo que traspasa la línea entre el halago y el insulto, un gesto ordinario que mina la dignidad del trozo de carne que pretende cazar. Las palabras son balas mortales, erosivas como los gestos. Francia ha diseñado los contornos de esa figura difusa que es el acoso sexual, ese delito a veces de palabra que se esconde en la insinuación, escuda su perversa intención en el inocente piropo e intimida aprovechando la manga ancha que da la libertad de expresión, en este caso mal utilizada

Como es evidente, leyendo ya ni siquiera entre líneas sino literalmente, se considera acoso cualquier cosa que la mujer considere tal, cualquier cosa que la moleste. Con notable mala fe o quizás un perverso sentido del humor, la autora del artículo en El Mundo escribe que se han “diseñado los contornos del acoso sexual”. En efecto los contornos están diseñados y son clarísimos: cualquier cosa que irrite a la mujer y que ella subjetivamente considere como acoso.

La ley ha sido propuesta por dos ministras -aunque habrían podido ser igualmente dos tontos útiles feministas-, la Ministra de Injusticia y la Ministra de Persecución Antimasculina, por usar nombre verdadero de sus cargos, y con toda probabilidad pasará porque los hombres y muy especialmente los políticos son unos memos cobardes, sometidos a una hipnosis colectiva o amedrentados hasta el punto de no ser capaces de reaccionar o de oponerse a aberraciones como éstas.

Y por lo que respecta a las mujeres, no sólo las feministas militantes sino la mayor parte de ellas deben ser consideradas ya directamente enemigas del varón, puesto que parecen estar de acuerdo con estas leyes persecutorias y las apoyan. Más sobre esto al final de la entrada.

Atrás queda el principio anticuado de que un delito debe estar definido clara y objetivamente, que para respetar la ley uno debe saber qué es lo que constituye delito. Ahora la definición del delito es el arbitrio femenino puro y simple; la intención que ya apenas se esconde es poner a cada hombre en un estado de indefensión constante, de modo tal que cualquier cosa que haga se pueda utilizar contra él, o incluso aunque no haga nada.

¿Qué es una mirada sucia insistente? ¿Cómo se define, quién establece el grado de suciedad o insistencia? ¿Nos van freír a multas o a meter en la cárcel por mirar a una mujer?

¿Cuándo se “traspasa la línea entre el halago y el insulto”? ¿De qué depende, de que la mujer tenga un mal día o haberla pillado en un mal momento? ¿De que la jueza misma tenga o no la regla el día de la audiencia en el tribunal? ¿De que el juez sea o no un gilipollas domesticado con el cerebro lleno de propaganda feminista y complejos de culpa por ser varón?

¿Qué significa un delito “a veces de palabra que se esconde en la insinuación, escuda su perversa  intención en el inocente piropo “? ¿Nos van a procesar por las intenciones? ¿Vamos a ser considerados  criminales por un piropo que esconde una “perversa intención”? ¿Quizás por la jueza feminista militante para quien todo varón esconde una ”perversa intención”

Claro que también hay lugar para la indulgencia en la justicia feminista:

“Los que se pasen de los límites establecidos tendrán que pagar multas de entre 15.000 y 45.000 euros, dependiendo del grado del delito, y penas de entre uno y tres años de prisión. Las insinuaciones leves se sancionarán con el castigo más bajo”

Es un alivio enterarse de que si la mirada no es muy sucia o demasiado insistente, si el piropo es medianamente inocente y esconde una intención sólo ligeramente perversa pagaremos sólo unos pocos cientos de euros o iremos a la cárcel sólo unos pocos días o semanas.

Vamos que si uno se encuentra en el ascensor a la vecina de casa con minifalda, la mira un poco de reojo y le dice educadamente lo bien que le queda el peinado, aunque se tenga la mala suerte de que se sienta ofendida y acosada, con un buen abogado quizá uno no salga excesivamente mal parado.

Uno puede pensar que la ley está pensada para perseguir casos graves y reales de acoso, que en la realidad las cosas no son para preocuparse tanto, que hay que tener fe en la justicia y no hay que sacar las cosas de quicio.

Pero en verdad, sacar las cosas de quicio es la obsesión de pretender hacer leyes para regular todo, meter los tribunales en cada aspecto de las relaciones humanas y de la vida. Pero es que además esta obsesión, ya absurda de por sí, se convierte en infame cuando se aplica en una sola dirección y sólo contra una mitad de la sociedad.

Acerca de la confianza que puede inspirar la justicia, lo vemos ya demasiado bien con las leyes de violencia de género y de igualdad, con los tribunales ideológicos contra el maltrato, con el tratamiento infame hacia los padres en tribunales y en general la indefensión legal de los varones, con la acción sistemáticamente antimasculina de la justicia que sólo raramente, en los casos más escandalosos, llega a ser mencionada por los medios.

Una ley en la cual el delito no está definido claramente tiene evidentemente como finalidad no la de hacer justicia sino la de perseguir. Una ley que establece el arbitrio como criterio, donde el delito tiene contornos tan vagos y opinables puede tener un solo objetivo: los enemigos políticos o los enemigos de clase; o más bien enemigos de género como en este caso.

Estas cosas no son de hoy naturalmente. Recordaré aquí una famosa frase de un estadista italiano de hace un siglo: “Con los enemigos las leyes se aplican, con los amigos se interpretan”. Está muy claro en el caso del derecho hembrista quién verá las leyes aplicadas y quién las verá interpretadas.

En definitiva éstas son las leyes que quiere la mujer de hoy en día y en las que se revela en toda su plenitud: insoportable, arrogante, caprichosa, abyecta y egocéntrica, que se niega a ver en sí misma el verdadero origen de la maldición que lleva dentro y proyecta su crisis profunda en los hombres haciendo la vida penosa para todos: para ella misma, para su compañero y para sus hijos, a los que convierte primero en tarados habiendo destruido algo tan fundamental para ellos como la autoridad paterna, y luego en parias de la sociedad con sus leyes antimasculinas.

Quien piense que la anterior parrafada sea excesiva, que considere el tratamiento del varón por la justicia y que observe la actitud de las mujeres al respecto, cómo hacen una piña para defender lo que consideran sus intereses; que se pregunte también cuál sería la posición de la mayoría de las mujeres ahora mismo, en nuestro país, si se propusiera una ley así. O más bien cuando se proponga porque es sólo cuestión de tiempo. 

En efecto aunque esta ley basura sea francesa y esté en una fase preliminar nos indica lo que está pasando y cuál es la tendencia actual, el camino que ha tomado la sociedad occidental, en un proceso que se desarrolla con una lógica férrea, coherente, aplastante, pues es la realización de la agenda oculta del feminismo.

¿Cuál será el carácter de la sociedad del porvenir si nadie pone un freno a este delirio? ¿Qué actitud deben asumir los varones ante esta situación? Visto el carácter de enemistad antimasculina cada vez más claro que tiene la acción de muchas mujeres en política ¿Se trata de la bilis desbordada de un puñado de fracasadas y trastornadas en su odio contra el varón, o al contrario tal enemistad es una línea que la mayoría de las mujeres comparten por las ventajas que sacan?

No tengo una respuesta firme a ninguna de estas preguntas. O quizá las respuestas estén contenidas en estas tristes y proféticas palabras del gran escritor y pensador rumano Emile Cioran:

"Ante el hombre y la mujer se abren dos caminos, la crueldad y la indiferencia. Todo hace suponer que tomarán el segundo, que entre ellos no habrá ni explicaciones ni ruptura sino que seguirán alejándose uno de otra; que la pederastia y el onanismo, propuestos en la escuela y los templos, conquistarán a las masas; que volverá una masa de vicios abolidos y que una praxis científica sustituirá los espasmos y la maldición de la pareja”

E. Cioran, 1952

Cioran veía todo esto hace 60 años. Podía ver mejor y más lejos que los comunes mortales. Pero hoy en 2012 ya estamos más cerca de este futuro que ha empezado a realizarse y también nosotros podemos ver sus contornos con inequívoca claridad.

Cada vez menos un hombre, a menos que sea un completo imbécil y un pringado, estará dispuesto a pisar el campo minado que es la relación con la mujer, excepto de la manera más mercenaria y superficial posible. Y ya no digamos formar una familia, algo que hoy en día significa saltar a lo desconocido y ponerse una soga al cuello, estar a merced del capricho, los cambios de humor y la inestabilidad femenina; todo ello para al final, con gran probabilidad, entrar en las abultadas estadísticas de las familias rotas, ser tratado como la mierda por la justicia y terminar amargado.

Toda la culpa no es del feminismo naturalmente. En una sociedad hedonista que fomenta todos y cada uno de los vicios y el egoísmo más desenfrenado, ¿Quién querrá asumir “la maldición de la pareja” de que habla Cioran? ¿Quién estará dispuesto a renunciar a sólo una parte de sus caprichos de niño malcriado mamados desde la infancia y erigidos en ley absoluta?

Que la profecía de Cioran se cumpla o no depende al final de nosotros: nunca he creído en determinismos y al contrario sí en la libertad humana. Pero está la gran cuestión de la actitud de la mujer en general y su insistencia en este camino.

En el blog de textos he publicado como complemento a esta entrada el artículo de Massimo Fini La raza enemiga. Naturalmente con tal expresión Fini se refiere a la mujer.

¿Es realmente la mujer una ”raza enemiga” del varón?

Ninguna afirmación puede ser verdad al 100% y menos aún si tratamos del ser humano. Yo mismo estoy casado y tengo dos hijas. Muchos lectores lo estarán también, tendrán novias y amigas. Sería injusto además de falso considerar todas las mujeres como enemigas. Sin embargo una afirmación que es correcta al 95% o al 99% es válida a todos los efectos prácticos, excepto la salvedad de que cada persona concreta debe ser considerada por sí misma. 

La conclusión que debemos sacar en definitiva es una sola. El acoso sexual existe y es realmente una emergencia social: el conjunto de leyes feministas sobre molestias, acoso sexual y violencia, la discriminación positiva, en general el derecho de familia, los tribunales especiales contra el maltrato...todo ello constituye un frente único y se configura como un auténtico, perverso, de amplitud nunca vista, acoso sexual –o de género- contra el varón.

viernes, 8 de junio de 2012

REGRESIÓN BESTIAL

Después de un período de inactividad por varios motivos, el Oso vuelve con una serie de artículos sobre temas variados, con la intención de mantener una cadencia regular e idealmente semanal. También se buscará que los textos publicados en El Velo Rasgado tengan relación con los temas tratados en los artículos del Oso que vayan  saliendo y sean un complemento.

Hace casi un año, en ocasión de una marcha de ciclistas desnudos y sudorosos sobre sus vehículos en una tarde de verano, publicaba una entrada, los ciclistas en pelotas y las formas del pudor, en la cual se trataba de la pérdida del pudor como un síntoma y un indicador de degeneración humana, de regresión a un nivel inferior, amorfo, de existencia. Se hablaba no solamente del pudor sexual y de la exhibición del cuerpo sino también del pudor en los propios sentimientos y expresiones, en la relación con los demás en general, aspectos más importantes y profundos que el simple pudor sexual.

El tema de esta entrada está relacionado con ello y complementa aquellas consideraciones. Se trata de la paulatina desaparición del cortejo en la sociedad moderna, es decir el conjunto de comportamientos, convenciones o reglas que regulan o regulaban la aproximación entre el hombre y la mujer, su descrédito en una parte tan grande de las nuevas generaciones, influenciadas –o quizá cabría decir intoxicadas- por una propaganda que glorifica la sexualidad inmediata, sin trámites ni inútiles complicaciones, propaganda omnipresente en la industria del entretenimiento -cine y series de televisión esencialmente- y especialmente en la dirigida a los más jóvenes.

Esta propaganda y toda una cierta mentalidad presenta como liberación este proceso, como la eliminación de inútiles y fastidiosos trámites, de todas las trabas de una moral represiva, en nombre de una satisfacción inmediata y natural que abra las puertas a una vida más auténtica y libre.

Muy al contrario, sin embargo, cabe observar que este proceso no representa más que una caída de nivel y una regresión al primitivismo, una pérdida de comportamientos específicos que la humanidad ha elaborado en su desarrollo. Lejos de ser unas restricciones sin sentido, una simple represión de los instintos impuesta de manera gratuita, representan una parte esencial de la civilización y la cultura humana. Todas las sociedades han tenido su manera de afrontar este tema y siempre han elaborado una manera de gestionar –por así decir- el instinto sexual, que es una potente fuerza cargada de tensión y de potenciales conflictos por la misma energía que mueve en el ser humano.

Incluso desde un punto de vista libertino o –por así decir- puramente vicioso la pérdida del ritual de cortejo es regresión y primitivismo, algo que priva de una parte esencial del placer. No por casualidad Casanova decía que la parte más importante e interesante de sus aventuras eróticas era el proceso de la conquista. Para el auténtico vicioso, para el auténtico hedonista, aun orientado como está en un ideal no precisamente elevado como el puro placer, el proceso de llegar a él y todo lo que lo rodea es un placer en sí aunque el punto de llegada final sea siempre el mismo. Sólo es totalmente indiferente a ello y se centra únicamente en la simple satisfacción física el tipo más bruto e indiferenciado de individuo. Para entendernos aquél que lo único que necesita es un agujero cualquiera, con perdón por el lenguaje.

Lo que pretendo decir es que aquí no se trata de moralismo, de seguir o respetar una moral determinada o las convenciones sociales de ayer, lo cual es respetable pero también un punto de vista limitado; ni siquiera se trata del discurso del amor y el sentimiento que tanto tiene de convencional y a menudo falso; ni del significado de la ética sexual para el progreso civil como argumenta Sergio Gozzoli en los dos textos que recientemente he traducido en El Velo Rasgado, Sentido moral y civilización y Familia y moral sexual. Estos temas están relacionados y tienen su importancia pero aquí se trata  simplemente de la cuestión objetiva de afrontar la vida y las relaciones de una manera específicamente humana. Todos sabemos que los tiempos cambian, que morales y convenciones sociales son relativas en su forma y contenido, pero no en su sentido fundamental y en su necesidad para una sociedad civil y auténticamente humana. Un estúpido y mediocre conformismo no debe impedirnos ver el significado de ciertos cambios ni ofuscar nuestro criterio.

Estúpido y mediocre conformismo, entre paréntesis, que no es más que la pasividad supina de los heterodirigidos –permítaseme una palabreja de vez en cuando- que se creen muy libres porque rechazan cualquier regla de conducta y cualquier disciplina interior, mientras que son exactamente ésos los individuos más masificados, esclavos de sí mismos y de sus impulsos inmediatos y por tanto manipulables.

Se puede incluso argumentar, volviendo al tema, que la caída de nivel que denota el fenómeno de la pérdida del cortejo es más profunda que en el caso de la pérdida del pudor sexual. En efecto, como observaba en la otra entrada, es natural que los animales no tengan pudor; éste es propio de los humanos, es más, específicamente propio de las formas más elevadas y diferenciadas de sociedad humana. Los primitivos a menudo no conocen el pudor o sólo formas elementales de éste, justamente porque viven inmersos en la naturaleza como una especie animal.

Pero aunque los animales no tengan pudor, sí que tienen un ritual de cortejo, unos comportamientos genéticamente programados para regular el acercamiento del macho a la hembra cuyo fin último es la cópula. De manera que la pérdida de estos comportamientos en el hombre, lejos de representar una liberación como obtusamente muchos piensan, va incluso más allá de una simple regresión en general al primitivismo, para caer en un nivel de  diferenciación y de comportamiento incluso inferior al animal.

Esta idea queda expresada perfectamente en el siguiente pasaje del etólogo Konrad Lorenz, extraída de su obra “Los ocho pecados capitales de nuestra civilización”. Escritas hace ya cuarenta años, estas palabras del gran estudioso no necesitan comentario.

 “Por motivos fácilmente comprensibles, la necesidad imperiosa de una satisfacción inmediata tiene consecuencias particularmente graves en el campo del comportamiento sexual. Con la pérdida de la capacidad de perseguir un fin a largo plazo, se pierden todos los módulos comportamentales más diferenciados del cortejo y de la formación de la pareja, y esto vale no sólo para los comportamientos desarrollados a lo largo de la filogénesis con el fin de mantener unida la pareja, sino también para aquellas normas típicamente humanas que en el ámbito de la vida cultural tienen una análoga función. El comportamiento resultante, es decir la cópula inmediata glorificada y erigida a norma por el cine actual, no puede ser definido ni siquiera ‘animalesco’ puesto que tal comportamiento aparece sólo excepcionalmente en los animales superiores. Quizá podría definirse ‘bestial’ si entendemos por ‘bestias’ los animales domésticos en los cuales el hombre, para facilitar la crianza, ha cultivado la desaparición de todos los módulos comportamentales más altamente diferenciados en la formación de la pareja.”

En una palabra: regresión bestial.