Que nadie piense mal. Puesto que puede haber malentendidos, me
refiero con lo de “monstruo” a la llamada ley Celaá y no a su autora. Enésima
ley en la degradación democrática de la educación, enésimo parto monstruoso de
una clase política degenerada y despreciable. Los unos por su voluntad de alcantarilla
y sectarismo liberticida, los otros por su cobardía irredimible y su servilismo
a los poderes internacionales que dictan la agenda a ambos.
Repasando las críticas que
se hacen al engendro Celaá vemos que se centran básicamente: en sus concesiones
a los separatismos con el arrinconamiento creciente de la lengua española; en
la asignatura de religión reducida o eliminada; en el ataque a la escuela
concertada, limitando o anulando las opciones de las familias de elegir centros
para sus hijos.
El que los medios y la
política se centren en estos puntos, sin embargo, ya nos indica que no es aquí
donde está la verdadera cuestión. Se lleva muchos años arrinconando a la lengua
española, hasta el punto de que en las infelices regiones aquejadas por hechos
diferenciales ya hay cada vez más personas que no hablan correctamente
español. Lo de la “lengua vehicular” es un pequeño paso más y casi puramente
formal, cuando el español está ya arrinconado en la educación. En cuanto a la
religión, la verdadera enseñanza religiosa no se imparte en la escuela, sino a
través de la práctica religiosa de los padres y con la formación específica en
las parroquias: catequesis, primera comunión, etcétera. Sin duda en la ley está
presente la bilis anticlerical de la izquierda española, pero nuevamente, no se
trata de la cuestión clave.
Más importante es el tema
del ataque contra las escuelas concertadas, la obsesión con la educación
pública y con restringir la libertad de los padres para elegir el centro
educativo para sus hijos. Sin duda hay aquí una voluntad liberticida y de
control ideológico, pero lo que realmente importa es para qué van a utilizar
este control sobre la educación. En efecto, la razón de esta insistencia es
llevar adelante un preciso proyecto.
Para entender esto habrá
que pasar en reseña algunos puntos salientes del Monstruo Celaá y las
intenciones alevosas que lo inspiran.
Una de las líneas
maestras es su fomento de la mediocridad, como corresponde a quien todo quiere
nivelar en la igualdad hacia abajo, la única igualdad posible. Menos exigencia,
aprobados y títulos para todos o poco menos, desincentivar al diligente, al
trabajador y al mejor dotado. Es como si se les dijese a los mejores
estudiantes: vosotros que os aplicáis y que tenéis interés por las cosas,
sois unos imbéciles y unos pringados, porque los que no dan un palo al agua van
a aprobar igual, van a pasar de curso igual y van a tener un título que vale
igual que el vuestro.
¿Consecuencias de esta
degradación del nivel educativo? Que solamente quien pueda permitirse pagar varios
cientos de euros mensuales, lo que cuesta un buen colegio privado, podrá ofrecer
a sus hijos una educación de calidad. Los que sean un poco menos ricos, pero puedan
permitirse la concertada, lo tendrán cada vez más difícil ante la presión del
poder público; en cuanto a los que sólo tengan la opción de la escuela pública,
se encontrarán con un sistema educativo degradado en la calidad y el nivel, infectado
y envenenado con sus estupideces igualitarias e inclusivas, con sus obsesiones
ideológicas, con su odio visceral hacia todo lo que sea mérito, diferencia y
excelencia.
Esto es lo que yo llamo
la Segunda Paradoja del educador progresista: este educador defensor de
las clases populares y contrario al elitismo, con su énfasis en la igualdad y
la mediocridad consigue que (de nuevo) la mejor educación esté solamente al
alcance de los ricos.
En cuanto a la Primera
Paradoja es la siguiente: el educador progresista de la vieja escuela,
amante de la cultura y el pensamiento, con una buena formación gracias a la
escuela represiva y alienante que ha tenido la desgracia de frecuentar, comienza
a aplicar sus ideas progresistas a la educación; pero no le sale una generación
capaz de recibir y apreciar lo que él quería transmitir, sino de alérgicos a la
cultura y a todo lo que él apreciaba, ávidos no de conocimiento y pensamiento
sino de basura televisiva, ansiosos no de elevación sino de degradación, indiferentes
al cultivo del espíritu porque prefieren el cultivo de la marihuana.
Volviendo a nuestro tema,
además de la general rebaja del nivel educativo, aparecen en primer plano las típicas
obsesiones de esta gente. Espeluznantes asignaturas de antivalores que prometen
lo peor. Con su énfasis en la estúpida e inmoral igualdad de género; con
su obsesión enfermiza de implantar esa perspectiva de género, que se
puede resumir en una simple fórmula: enseñar a los varones a sentirse culpables
por haber nacido con pito, enseñar a las féminas que tienen todos los derechos
y ninguna responsabilidad por haber nacido con vagina.
Hay también aspectos
francamente ridículos, de un humorismo naturalmente involuntario (esta gente no
tiene sentido del humor) como “fortalecer las capacidades afectivas del
alumno en sus relaciones con el planeta” (!!!). Esta frase totalmente
alucinante refleja plenamente el resultado de la Primera paradoja y es
un indicador de la notable degeneración de las facultades mentales que nos
aflige hoy, en la época del pensamiento débil. Supongo que las “capacidades afectivas”
se refieren a imitar a esos sujetos que abrazan árboles y simulan copular con
la Madre Tierra, aderezando estas acciones con verborrea seudomística.
Que conste que soy un
amante de la naturaleza y defensor de un ecologismo con criterio. Pero cuando
veo a semejantes majaderos, mi deseo secreto es que les muerda una víbora en
los genitales o que les caiga encima un árbol podrido. O si no queremos tales
crueldades, por lo menos que les cague encima un pájaro.
Pasada revista a todo lo
anterior, que ya es bastante nefasto, llegamos finalmente a lo peor. A lo que
no se menciona de manera explícita, y precisamente porque es lo principal; lo
que se quiere imponer a escondidas y a traición, lo que se disimula distrayendo
a la gente con las cortinas de humo de la lengua y la asignatura de religión.
La cabeza principal y más venenosa de la bicha va bajo el epígrafe educación
afectivo-sexual desde Primaria y significa la manipulación sexual de la
infancia.

Ya es muy opinable e
innecesaria una educación sexual en edades más avanzadas, porque es algo que se
debe dejar a las familias. Sólo se pueden considerar justificables unos
contenidos limitados y básicos, impartidos justo antes de la pubertad; para los
despistados que no conozcan las realidades biológicas o las conozcan mal, para
paliar el nefasto efecto del porno que desgraciadamente está al alcance de
todos, por motivos sanitarios, etcétera. Pero más allá de estos temas básicos cualquier
educación sexual sobra y es una injerencia en el legítimo derecho de las
familias a decidir cuándo, cuánto y de qué manera hablar de sexo con los hijos.
Dicho lo anterior sobre
la etapa adolescente y preadolescente, lo que es criticable en la adolescencia
se vuelve odioso cuando empiezan a ir a por los niños, porque maldita la
falta que les hace una educación sexual a los niños de Primaria. Pero es
que esta llamada “educación sexual” en realidad lo que busca es algo muy
preciso: fomentar la homosexualidad, la transexualidad y la confusión de
identidad sexual; denigrar y desacreditar las figuras, identidades y modos de
ser diferenciados de hombre y mujer; borrar o difuminar la polaridad de
masculino y femenino que representa la sexualidad normal, crear una humanidad
de seres sexualmente fluidos, indiferenciados y confusos. En una palabra,
imponer la demencial ideología de género.
Este objetivo abyecto es
perseguido por grupos de poder con una influencia inmensa, un alcance internacional
y financiación casi ilimitada; auténticos nidos de serpientes en la sombra que
están muy por encima de los demopayasos de la clase política.
El objetivo verdadero de
las reformas educativas y del control estatal cada vez más estrecho sobre
educación es lo que nadie nos dice, el proyecto que están implantando a
escondidas y a traición: la ingeniería sexual de los niños.
Que se trate de un proyecto
cuya finalidad real sea la destrucción, inversión y confusión de las
identidades sexuales, se ve muy claramente en la persecución de las terapias de
reversión sexual. Aunque una persona considere sus tendencias homosexuales como
un problema psicológico y un desequilibrio, no tiene derecho a tratarse y a
restablecer ese equilibrio. Su opinión no cuenta. Muy al contrario, se favorece
en todas las maneras el paso a la homosexualidad y la transexualidad; se hace
lo posible para convencer a los niños que pueden ser niñas y a las niñas que
pueden ser niños; se buscan pretextos para hormonar a la infancia y para castrar
legalmente a niños que creen, o les han hecho creer, que en realidad son niñas.
Este es el verdadero
montón de basura que hay detrás de esta vuelta de tuerca educativa, por eso hay
este afán por controlar la educación pasando por encima de la voluntad de las
familias. Durante los últimos años han preparado el terreno y lanzado globos
sonda con leyes y proyectos piloto, a nivel local. Ahora lo van a hacer a nivel
nacional.
De todo ello no nos
hablarán los grandes medios, porque están cooptados por el mismo poder que ha
proyectado la ingeniería sexual de los niños. Esta deriva no la revertirá la
“derecha” ni el “centro” como no han derogado jamás ninguna de las basuras
legislativas de la “izquierda”.
La importancia
fundamental de este tema, su centralidad en los proyectos de las élites ocultas
de serpientes en la sombra, se ve claramente en las reacciones furiosas contra
cualquier intento de frenar la ingeniería sexual de los niños, como el PIN
parental que intenta introducir Vox. Aquí tocamos con la mano el afán rabioso,
casi histérico, por atar de pies y manos a los padres para que no puedan impedir
la manipulación sexual de sus hijos.
En cuanto a las clases
dirigentes que están llevando a cabo este proyecto criminal de ingeniería sexual
de la infancia, el desprecio que merecen está más allá de lo que pueden
expresar las palabras. Espero ver el día en que empiecen a pagar por lo que
están haciendo.
MAX ROMANO