lunes, 14 de marzo de 2022

DIVIDE ET IMPERA: RUSIA Y UCRANIA, LA OTAN Y EL SERVILISMO EUROPEO

 


 

Este artículo es una versión corregida del que publiqué en El Correo de España antes de que comenzara esta guerra, cuyo gran error fue considerar impensable y pura propaganda la posibilidad de que Rusia emprendiera una acción militar de tal envergadura; haciendo obligada rectificación de ese fallo de apreciación, el resto del artículo es perfectamente válido y se mantiene sin cambios.

Divide et impera. Divide y domina. Este principio político y geopolítico es tan conocido que ha llegado a ser un lugar común; no por ello, sin embargo, menos válido y aplicado. Se trata, como sabemos, de mantener un equilibrio de poder que asegure la propia hegemonía, haciendo palanca sobre las divisiones y rivalidades entre quienes, si lograran aliarse y formar un frente común, serían capaces de desafiar esa hegemonía.

Aunque sin duda aplicado anteriormente y en otros lugares, fue formulado de esta manera por los antiguos romanos, tras el fin de las guerras latinas en el siglo IV a.C. La Liga Latina, derrotada por Roma, dejó de existir como tal y se transformó en un grupo de ciudades con diferentes niveles de estatus y privilegios, gobernado desde la Urbe; esto aseguró el dominio romano sobre la región del Lacio, poniendo las bases para el control de Italia entera y posteriormente para la expansión que llevaría al Imperio.

Esta brevísima nota histórica es pertinente cuando nos preguntamos qué hacen los soldados y medios bélicos europeos, entre ellos naturalmente los españoles, en el conflicto actual entre Rusia y Ucrania; aunque sean pocos los efectivos y casi con certeza no vayan a participar en ninguna guerra, directamente.

La invasión rusa de Ucrania, cuyo alcances y objetivos siguien sin parecer claros, independientemente de que los planes de Moscú se hayan torcido; lo cual en alguna medida debe de ser verdad, por mucho que este dato sea exagerado por la propaganda occidental y no digamos ucraniana.

Una propaganda que, aprovecho para observar, no es la expresión de una libertad periodística de investigación y opinión, que surge de una pluralidad real de medios. Muy al contrario, lo que expresa es una pluralidad de denominaciones para la gran agencia de noticias del globalismo occidental; escondiendo, bajo la apariencia de una gran variedad de voces, las muy pocas manos que la controlan.

El tratamiento de las cuestiones geopolíticas que nos ofrecen los medios no es necesariamente falso, pero hay que saber que reflejan las posiciones y el punto de vista de quienes los manejan. Un poco como sucede, por ejemplo, con la agencia de noticias oficial rusa Tass. Sin embargo, esta última no engaña a nadie en cuanto a su naturaleza, mientras la gran agencia de noticias del globalismo occidental, americano-céntrico y en definitiva antieuropeo, trata a sus lectores con mucho menos respeto, por no decir insultándolos, cuando presenta como mil voces libres lo que es una única voz con mil máscaras.

El gran montaje publicitario que hay detrás de los tambores de guerra entre Rusia y Ucrania es un divide et impera realizado a la escala geopolítica de Europa entera. Y es que nada tiene que ganar Europa de una confrontación con Rusia ni de la expansión de la OTAN hacia el Este. Al contrario significa hacerle el juego a esa gran potencia, cuyo interés es que Europa esté dividida y, sobre todo, en malas relaciones con Rusia.

La OTAN no fue nunca una organización puramente defensiva sino, en primer lugar, una expresión del control militar sobre Europa por parte de Estados Unidos. Esto se vio con perfecta claridad cuando se disolvió el Pacto de Varsovia. Expresión militar del dominio político soviético impuesto sobre Europa oriental, la organización cayó junto con el sistema soviético. En buena lógica la OTAN habría tenido que ser disuelta también, si realmente se hubiera tratado de una organización defensiva; pero como su verdadero significado es expresar un dominio norteamericano sobre Europa siguió existiendo. Y como sabemos, en seguida arrojó su careta defensiva para revelarse como lo que era: intervenciones contra Serbia a lo largo de los años 90, culminando con la agresión de 1999 para forzar la secesión del Kosovo, invasión de Afganistán, agresión contra Libia para derrocar a Gadafi, finalmente la amagada pero frustrada (por intervención rusa) agresión contra Siria.

Ahora la OTAN, expandiéndose hacia el este y tensando la cuerda contra Rusia está realizando una pura política de divide et impera contra los europeos; impidiendo que Europa se libere de la tutela política y militar americana, también a través de esa Unión Europea que es otra sucursal del globalismo y totalmente sometida, salvo ocasionales fricciones en lo secundario, a los intereses americanos.

No se trata de simple propaganda y alarmas infundadas: la posibilidad de un conflicto es real. Naturalmente es bastante difícil una conquista real y completa de Ucrania por parte rusa, pero en la situación actual sí es posible un escenario en que Ucrania quede dividida o amputada de su territorio, no sólo en las dos provincias rebeldes de Donetsk y Lugansk sino también en algún otro territorio prevalentemente de habla rusa.

La cuestión de si Ucrania estaba preparando una operación para aplastar definitivamente lo que quedaba de esas dos repúblicas, como pretende la versión rusa, no me parece se pueda liquidar como simple propaganda; si Ucrania hubiera entrado en la OTAN Rusia no habría podido hacer nada para evitarlo, sin entrar en guerra con toda la Alianza.

La cuestión está viciada desde el principio: para empezar esas fronteras son las que son porque, en la época soviética, nadie pensaba que tuvieran importancia. Me parece claro que, si el globalismo occidental intenta forzar la mano y ahondar en esta fractura, Rusia no permitirá que las poblaciones de estas dos regiones rusas sufran el destino de los serbios del Kosovo, de la Krajina o de Bosnia.

Rusia no pudo hacer nada por los serbios, durante las guerras de Yugoslavia, tanto por la distancia como por su extraordinaria debilidad política, económica y militar. Pero hoy las cosas son muy distintas y la OTAN en sus mismas puertas es algo que no iba a ignorar; como no permitió que el territorio ruso de Crimea se perdiera y tampoco la invasión por parte de Georgia de la pequeña provincia de Osetia del sur, otra pequeña provocación de la OTAN en su puerta de casa.

Las diferencias entre Rusia y Ucrania son algo que se hubiera debido resolver sin la supervisión y el control de la Alianza Atlántica, porque ésta es una organización anti-europea cuyo interés es mantener una Europa débil, dividida y al servicio de los intereses norteamericanos. De hecho el conflicto entre las dos naciones eslavas (que históricamente son una sola en realidad) ha sido, si no fabricado, exacerbado gravemente por la presión que la OTAN está ejerciendo sobre Rusia. Si antes las dos naciones eslavas tenían sus diferencias, vivían sin embargo en paz y esa paz ha sido destruida por la zarpa del globalismo, que deliberadamente han enfrentado unos con otros, metiendo cizaña y a la postre provocando esta guerra.

Nada salimos ganando, ni españoles ni europeos en general, de esa presión ni de que nuestros soldados sirvan como mercenarios de intereses que no son los nuestros. Harto mejor estarían defendiendo nuestras fronteras del sur de nuestro vecino hostil y de la invasión migratoria.

Pero mientras los traidores sigan dando las órdenes, todo el espíritu de servicio y el sentido del deber militar, que aún quiero pensar existen, no servirán más que para defender intereses que no son los nuestros.

MAX ROMANO

domingo, 20 de febrero de 2022

"JODER" A LOS NO VACUNADOS. LA GUERRA DE LOS GOBIERNOS CONTRA SUS PROPIOS CIUDADANOS Y LAS COSTURAS ROTAS DE LA FARSA DEMOCRÁTICA

 



Así se expresaba el presidente francés Macron hace no mucho, en sus propias palabras textuales. Dejando de lado si es un lenguaje público apropiado para el presidente de una gran nación, lo importante es que así dejaba claro que, para él, el enemigo verdadero es el pueblo francés. Está combatiendo una auténtica guerra contra sus propios ciudadanos; primero en el plano psicológico, con una campaña de propaganda sistemática que va mucho más allá de cualquier necesidad médica razonable, la supresión de voces disidentes y el fomento de un estado de miedo; luego con la imposición de limitaciones en la vida cotidiana cada vez más asfixiantes y la declarada voluntad de “joder” a ese gran número de franceses que hasta ahora se han negado a pasar por el aro.

Muchos otros gobiernos están haciendo lo mismo; pero además del francés hay otros tres descuellan en la clasificación mundial de villanos liberticidas: el australiano, el italiano con el banquero Mario Draghi al que nadie ha votado, el canadiense de Justin Trudeau.

Ahora que la narrativa oficial está haciendo aguas y que efectos adversos de las vacunas poco a poco salen a la luz, el afán casi enfermizo por vacunar a toda la población incluyendo a los niños, no es que resulte sospechoso sino que directamente apesta. Y el gobierno canadiense ha sido uno de los más activos en estas imposiciones a su población; hasta el punto de que precisamente allí ha nacido una revuelta, la mayor hasta la fecha y la más peligrosa para quienes manejan los hilos.

Porque estos hilos existen como naturalmente existen también los que manejan las marionetas. Estos últimos, los políticos-marioneta, son la cara visible de un sistema que se llena la boca con la representación democrática pero que empieza a romperse por las costuras cuando sectores cada vez más amplios de su pueblo soberano se niegan a pasar por el aro.

En realidad esas costuras nunca estuvieron demasiado ocultas a una mirada penetrante: cuando la propaganda y la guerra psicológica blanda ya no funcionan, los representantes del pueblo soberano ejercen esa representación con imposiciones liberticidas y con una guerra abierta contra los representados; en obediencia supina a quienes les dan las órdenes y no vemos en televisión.

La marioneta de Ottawa, hace no mucho tiempo, se planteaba si había que “aceptar en la sociedad” a los ciudadanos que se negaban a vacunarse. Un amago de edicto de proscripción contra ese creciente número de canadienses que han dicho “basta”; esas palabras, por el momento, tienen el sabor de una ironía pues el proscrito casi parece él, que salió corriendo de su capital para esconderse, ante la protesta organizada de los camioneros apoyados por gran parte de la población.

Su nerviosismo es tal que está amenazando con medidas que van de lo ridículo a lo draconiano: intervenir cuentas corrientes, suspender licencias a los camioneros para que no puedan circular, prohibir que se les lleve gasolina y suministros, prohibir tocar las bocinas en la ciudad.

El personaje Trudeau revela, en realidad, más de lo que él mismo querría sobre el Nuevo Orden Mundial, lo que hay detrás y el nexo que existe entre aspectos aparentemente separados.

Recordaremos que su gobierno fue pionero en imponer una legislación liberticida a favor de la ideología de género y las lobbies LGTB, llegando a las multas si no se usa el lenguaje políticamente correcto; por ejemplo si uno se niega a usar pronombres femeninos cuando se dirige a un maromo que, según él, es y se siente mujer.

Además de lo anterior, Trudeau ha hablado quizá demasiado cuando ha condenado a los camioneros y quienes apoyan la protesta como homófobos, misóginos, de extrema derecha, contrarios al progresismo…

¿Qué tiene que ver una protesta contra la tiranía sanitaria con todo eso? Entiendo que un pijoprogre urbanita como Trudeau, expresión de la degenerada y decadente sociedad occidental actual, no sienta sino desprecio por los rudos camioneros; entiendo que mire por encima de su hombro, por no decir su joroba espiritual, a los que seguramente ve como palurdos y que, en realidad, son los que en alguna medida se resisten a la degeneración y están todavía sanos; a pesar de toda la basura que los amos de Trudeau vierten en las cabezas con sus medios de comunicación.

Pero este desprecio de pijoprogre no explica totalmente ese extravagante traer a colación los temas del feminismo, del género, del racismo y demás, para estigmatizar es una revuelta cuyo origen es muy distinto. En cambio, el sentido de todo ello se hace transparente cuando lo miramos como la imposición de una agenda única.

Involuntariamente Justin Trudeau, quizá porque es un poco más tontín que  Macron o Draghi, nos está revelando que todo lo que está sucediendo está relacionado. Que quienes le han ordenado la guerra contra su propio pueblo con el pretexto de la crisis sanitaria, quienes se empeñan en obligar a toda la población a someterse a productos experimentales que generan interrogantes cada vez más siniestros, son exactamente los mismos que imponen la manipulación sexual de los niños en las escuelas, la corrupción de menores, la destrucción de la masculinidad y la feminidad, la campaña racista anti-blanca en curso en todo Occidente, etcétera.

Por eso la rebelión de los canadienses contra el gobierno títere de Trudeau es tan importante; estamos entrando en unos años decisivos para nuestro porvenir. Porque el Estado y las anti-élites de degenerados que lo controlan van a hacer todo lo posible por transformar la sociedad de la información en una pesadilla de control total, donde no sólo se pueda extirpar de raíz cualquier rebelión sino que esa rebelión ni siquiera tendrá oportunidad de plantearse. Un solo ejemplo: la amenaza de congelar cuentas corrientes quizá haga que mucha gente empiece a ver, finalmente, a dónde lleva la eliminación del dinero en efectivo: a estar totalmente en manos de quien nos puede controlar a distancia y privarnos de nuestro dinero con un click de ratón.

Que todavía se puede luchar lo están demostrando los camioneros canadienses: no solamente han demostrado tener más pelotas que Trudeau (admito que esto no es muy difícil) sino también inteligencia y organización. No se trata de cuatro amigotes que han decidido tomar las carreteras, sino de una operación bien organizada que requiere coordinación, logística, suministros.

Y también requiere protección contra la intervención del Estado: hace poco han detenido a una de las organizadoras, pero llevamos tres semanas de protesta que ha creado una situación de crisis, aún no controlada por las autoridades. El solo hecho de que no hayan arrestado a todos los líderes en los primeros días y no hayan desarticulado la coordinación de la protesta, nos revela que esta rebelión ha sabido organizarse de manera competente y robusta; lo suficiente como para resistir a los esbirros informáticos del gobierno y aún más de quienes están detrás: todos conocemos, directamente o de oídas, la creciente vocación censoria de las redes sociales.

Debemos estar muy pendientes de lo que sucede en Canadá y otros lugares donde comienzan a surgir protestas más o menos organizadas. Hemos entrado en un período decisivo de lucha, donde está en juego si nuestro futuro será el de insectos en una colmena o en cambio tendremos un porvenir de hombres libres.

MAX ROMANO

sábado, 22 de enero de 2022

UNDÉCIMA LÍNEA DE NECROSIS DE UN OCCIDENTE ENFERMO. LA ALIENACIÓN MENTAL QUE SE PRETENDE DE NOSOTROS

 




Entre las numerosas obras de carácter distópico que han sido escritas a lo largo del tiempo, de muy desigual valor, destacan cuatro de manera especial: Nosotros de Evgueni Zamiátin, Un mundo feliz de Aldous Huxley, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, 1984 de George Orwell. Las podemos considerar como las cuatro grandes distopías del siglo XX y las comento con cierto detalle en mi libro Crónicas de un Occidente enfermo.

Cada una de estas obras tiene algo que decirnos, pertinente para nosotros en este momento histórico que vivimos; pero aquí y para ilustrar la undécima y última “línea de necrosis” de nuestra época nos fijaremos en 1984 y particularmente en el concepto orwelliano de doblepensar. Como veremos ilustra a la perfección el carácter perverso de la corrección política y el progresismo en general.

Doblepensar significa mantener dos ideas contradictorias en la propia mente, con absoluta sinceridad y convicción. Tomando prestado un ejemplo de la novela de Orwell, la doctrina oficial requiere creer firmemente que las leyes físicas, como la ley de gravedad, son válidas sólo porque el Partido así lo quiere y pueden ser anuladas a voluntad. Por otra parte, los cálculos para que los aviones no se estrellen y los misiles lleguen a su destino se hacen como es debido, según las mismas leyes físicas que el otro rincón de la mente piensa que son relativas y dependen de la voluntad del Partido.

Pues bien, doblepensar requiere la capacidad de sostener ambas cosas al mismo tiempo; no se trata de hipocresía ni de afirmar una verdad oficial creyendo lo contrario, sino de construir dos realidades incompatibles en la mente creyendo en ambas y aplicando el “principio de oportunidad” por así decir en las relaciones con el mundo fuera de nuestra mente. Esta destrucción del principio de realidad da un sabor peculiar a la parte final de la novela de Orwell y podría dar una impresión de irrealidad; sin embargo es precisamente uno de los puntos en que Orwell acierta plenamente.

Para ver cómo la pesadilla de Orwell se está convirtiendo en realidad volvamos al tema de la igualdad de género (tercera “línea de necrosis”, que nos proporciona un buen ejemplo, tomado del libro de Alicia Rubio Cuando nos prohibieron ser mujeres… y os persiguieron por ser hombres. La autora ha tenido una larga experiencia como profesora de Educación Física y nos habla de cómo, en la enseñanza de esta materia, se utilizan lógicamente baremos diferentes para varones y mujeres; esto se hace necesario para tener en cuenta las grandes diferencias fisiológicas, de rendimiento, fuerza, resistencia y flexibilidad. Como también sucede en el deporte de competición: se utilizan baremos diferentes, perogrullescamente, porque somos diferentes.

Sin embargo incluso Perogrullo es un pensador demasiado difícil para el políticamente correcto. Sucede que chicos y chicas no se comportan de la misma manera ni escogen las mismas actividades, a pesar de una machacona y estúpida campaña por la igualdad de género en los deportes, impertinente hasta el punto de pretender decirles a los niños, en el colegio, a lo que cada uno tiene que jugar. Los resultados de estas campañas grotescas son nulos o limitados, en cualquier caso inferiores a las expectativas de los fanáticos doctrinarios de la igualdad; entonces, para explicar entonces el fracaso de su igualdad de género, los educadores y quienes tienen relación con este mundillo se agarran a clavos ardiendo, se inventan explicaciones peregrinas y ridículas, insisten cansinamente en el disco rayado de los estereotipos. Cualquier cosa con tal de no reconocer que existen divergencias fisiológicas y psicológicas fundamentales entre los sexos, cualquier cosa menos reconocer que somos diferentes.

Ahora bien, la existencia de estas diferencias es un dato de hecho incluso para estos doctrinarios; no es sólo que lo sepan sino que forma parte de su práctica cotidiana desde el momento en que ellos mismos usan baremos distintos para hombres y mujeres, en las competiciones deportivas y en la educación física. ¿Cómo es posible al mismo tiempo usar estos baremos en la práctica y para todo lo demás ignorar estas diferencias? Por un acto de negación de la realidad y práctica del doblepensar.

Me he extendido un poco sobre este punto para hacer comprender que en las obsesiones del progresismo, no sólo en la igualdad de género sino en todo lo demás, hay algo más que el hecho de pretender obligarnos a aceptar una verdad oficial. El progresismo ni se conforma con esto y no le basta la simple hipocresía de quien dice una cosa y piensa otra.

Lo que el progresismo quiere es algo mucho más siniestro: el convencimiento a la hora de negar una realidad que tenemos ante los ojos; la manera de hacer esto es la práctica del doblepensar manteniendo compartimientos estancos en la mente. Esto es lo que se pretende de nosotros y, me temo, en muchas personas realmente lo han conseguido.

En efecto, volviendo a los profesionales de la educación física, tengo la horrible sospecha de que muchos de ellos crean sinceramente en la igualdad de género y al mismo tiempo en la necesidad de aplicar baremos distintos en las pruebas físicas. Si esta sospecha es cierta, no estamos hablando simplemente de la imposición de una verdad oficial, sino de una verdadera forma de alienación mental.

A esto lleva la negación del principio de realidad y la confusión de la moral con la verdad, éste es el significado verdadero de la corrección política: una forma particularmente perversa de alienación mental que, naturalmente, combate y reprime rabiosamente, cuando llega al poder, a todos aquellos que no comparten esta alienación.

MAX ROMANO