domingo, 10 de enero de 2021

DEL NUEVO HOMBRE, LA PARADOJA DE LA BARBA Y LA LEYENDA DE PARSIFAL

 



¿En qué consiste la paradoja de la barba? Llegaremos en un momento. Dejando de lado significados políticos y religiosos, la barba ha sido siempre un símbolo de masculinidad. Para el filósofo Schopenhauer era incluso indecente porque la consideraba “un símbolo sexual plantado en medio de la cara” … lo que no impedía que él mismo luciese su propio símbolo sexual en forma de gigantescas patillas decimonónicas.

La barba acompaña las edades del hombre: el imberbe la espera con impaciencia para no parecer un niño, el joven y el hombre maduro la portan con orgullo como realce de su masculinidad, el anciano la cuida con esmero porque añade gravedad y dignidad viril a su rostro.

Pues bien, la paradoja de la barba consiste en que, como habrán observado muchos lectores, cada vez hay más hombres que dejándose barba no sólo no parecen más masculinos sino todo lo contrario. Lo vemos un poco por todas partes. Curiosa inversión de significado y verdadera cuadratura del círculo: lejos de llevarla como un “símbolo sexual plantado en medio de la cara” el hombre actual logra, al mismo tiempo y de alguna manera misteriosa, dejarse barba y parecer poco masculino.

Lo anterior naturalmente es sólo un pequeño apunte, pero representa de alguna manera la situación general del hombre en la sociedad actual; especialmente la de ese “nuevo hombre” que se ha olvidado y alienado de sí mismo.

El homologado a la sociedad actual, antimasculina hasta la médula. El que pide perdón por estar en el mundo y se avergüenza de lo que es. El producto de un proceso de domesticación, enajenación mental y lavado de cerebro que va bajo el nombre de “nuevas masculinidades” y se lleva a cabo, de manera intensiva, en los siniestros talleres del régimen y en un sistema educativo podrido de feminismo.

Un lavado de cerebro pagado por las propias víctimas, en una perversa versión posmoderna del cornudo y apaleado: la gran sanguijuela estatal obliga a los hombres a sufragar su propia esclavitud mental a través de los impuestos, que se usan para financiar la propaganda y mantener a esa infame chusma, cuya misión en la vida es enseñar a los varones a cargar con el pecado original de serlo.

Las generaciones que ahora han llegado al poder (como la mía) han sido ya corrompidas y son en buena parte irrecuperables. Las anteriores lo están muchísimo menos, cualesquiera que sean sus ideas políticas. Pero son las nuevas generaciones las que, este preciso momento, están sufriendo en pleno esa despreciable ingeniería de la mente que les enseña a no ser hombres.

Muchos de estos jóvenes y jovencísimos perciben que algo no funciona, un olor a podrido que todos los sofismas y la verborrea vacía del sistema no consiguen ocultar. Sin querer volver al pasado, sienten que les han robado algo esencial. Les produce urticaria ese traje miserable que les han confeccionado las feministas odiadoras de la masculinidad y sus lameovarios castrados mentales.

Para ellos hay esperanza, como siempre la hay, contra todo determinismo y mecanicismo. Esas nuevas generaciones de varones viven una especie de trasposición de la leyenda de Perceval el galés, caballero que aparece en el ciclo de historias del Rey Arturo. Perceval (Parsifal) fue criado por su madre aislado y lejos de la caballería, con voluntad de mantenerle apartado de ella. Sin embargo, un día Perceval se encuentra en el bosque con unos caballeros en armas y se une a ellos, impulsado por irresistible certeza y comprensión de su verdadero destino.

Hay muchos, adolescentes y jóvenes varones, que no encajan en ese traje de miserable factura con que pretenden vestirle. El punto de liberación interior, para ellos, será comprender que lo equivocado no son ellos sino el traje. Que esa liberación comienza por rechazar como mierda tóxica y venenosísima todo lo que le intenten “enseñar” sobre género, sexo, masculinidad, igualdad, etcétera... todo lo que el Poder espera de él como varón.

Desbrozando así su mente de la basura que quieren meterle dentro, podrá emprender la búsqueda de su masculinidad. A su manera personal e irrepetible, será como Perceval que encuentra su auténtico camino y se convierte en un Caballero del Grial.

domingo, 20 de diciembre de 2020

LA GRAN MENTIRA DE LOS INMIGRANTES QUE NOS VAN A PAGAR LAS PENSIONES

 



Comencemos a llamar a las cosas por su nombre. Quien entra en un país, legalmente o no, no es un migrante. Porque ni se trata de un ave migratoria que sigue el ritmo de las estaciones, ni migra continuamente de un lugar a otro. Las personas que cruzan las fronteras son emigrantes desde su país de origen y son inmigrantes en el país adonde van. Si además entran ilegalmente, es decir sin respetar las reglas establecidas para la entrada o el afincamiento de extranjeros, no son solamente (por definición) inmigrantes ilegales sino, además y sobre todo, invasores e intrusos como es un intruso cualquiera que entre en casa mía sin ser invitado.

¿Qué extraña epidemia de estupidez nos aflige para que tanta gente sea incapaz de ver estas simples realidades? ¿Por qué gente que no dejaría entrar en su casa un intruso se ha dejado lavar el cerebro de esta manera?

Demasiadas preguntas para responderlas de golpe. Pero una parte de estas respuestas se sintetiza en el uso generalizado de la palabra migrante que es un auténtico símbolo de colonización de la mente.

La palabra migrante contiene en sólo tres sílabas una constelación de significados, un condensado de ideología: implica que estas personas no vienen de un cierto lugar al que ellos pertenecen (emigrantes) y que no van a otro lugar al cual otros pertenecen (inmigrantes); implica que no existen o no deberían existir lugares a los cuales pertenecer, como no existen para las aves migratorias que se mueven libremente, para las que no hay fronteras ni patrias. Esta palabra tan de moda, tan metida con calzador por todas partes, concentra la esencia de la repugnante ideología inmigracionista, apátrida, que las fuerzas del globalismo y sus tontos útiles nos quieren imponer: que todo el mundo es de todos, que todos tienen derecho a ir a cualquier parte.

Una ideología que, naturalmente, se resuelve en la invasión demográfica de las naciones prósperas, pero en la práctica solamente las de cultura europea y blanca. El virus del buenismo y las majaderías del mundo sin fronteras, de los seres humanos libres como aves en el viento, sólo han cuajado en nuestra área cultural. O lo que es lo mismo, en el ambiente de debilidad mental, estupidez generalizada y complejos de culpabilidad que predomina en las poblaciones de las naciones occidentales, cuyos cerebros llevan decenios siendo machacados por la propaganda globalista.

Un ejemplo de esta degradación de las facultades mentales en las naciones europeas es la campaña de marketing demográfico, verdaderamente infame, que nos quiere vender la entrada de millones de inmigrantes porque van a pagar nuestras pensiones.

Y en efecto existe un problema en la continuidad y sostenibilidad del sistema de pensiones. Pero pretender que se va a resolver con la entrada de millones de inmigrantes es un burdo, ridículo embuste, con el que el lobby globalista quiere disfrazar su verdadero objetivo, ideológico y político: la colonización étnica de Europa por masas africanas.

Que esta impostura sea posible revela el inmenso poder que tiene la alianza impía de tontos útiles, majaderos buenistas y profesionales del engaño que controla el discurso público, la mayor parte de los medios y los partidos políticos.

No sólo se trata de los inmigrantes, sino también de su descendencia, porque ellos sí tienen hijos y muchos. Esos hijos que nuestras necias y cerebrolavadas mujeres europeas ya no quieren tener. Porque según la basura que les han metido en sus empoderadas y heterodirigidas cabezas, la maternidad no es una tarea digna de ellas sino un estorbo, un impedimento en su proyecto vital de convertirse en un estupidísimo engranaje proactivo, resiliente y que trabaja por objetivos.

El resultado, como podemos ver en varios países europeos que llevan más años que nosotros sufriendo esta locura impuesta por sus clases dirigentes traidoras, es se han creado dentro de ellos comunidades enteras, territorios social y culturalmente hostiles. Lejos de aportar riqueza o contribuir al resto de la sociedad, estas comunidades viven de asistencia o de delincuencia, exigen cada vez más recursos que se les deben dedicar, no sólo por motivos electorales sino simplemente para mantener una mínima paz social.

A los europeos, cada vez más, nos van a freír a impuestos para que no estallen las comunidades de no-Europa que han crecido en Europa como un cáncer. Los que dicen que necesitamos cientos de miles de inmigrantes al año para pagar nuestras pensiones, o son tontos del culo o mienten como bellacos desde sus urbanizaciones de lujo. Pues lo que va a pasar es casi exactamente lo contrario: que los españoles y los europeos se van a quedar sin las pensiones que han pagado con años de trabajo; porque el dinero se necesitará para comprar la paz social, para que la horda de no-Europa que ha crecido y seguirá creciendo dentro de Europa no salga de noche a quemar demasiados coches.

Este es el resultado de votar cada cuatro años a los tontos útiles de los lobbies globalistas. Éste es el verdadero rostro de la farsa democrática, auténtica conjura de los miserables manejada por élites en la sombra y clases dirigentes traidoras.

MAX ROMANO

viernes, 27 de noviembre de 2020

LAS TRES CABEZAS DEL GÉNERO ESTROPEADO. IGUALDAD DE GÉNERO, FEMINISMO, IDEOLOGÍA DE GÉNERO

 


En el anterior artículo sobre el Engendro Celaá había centrado la atención en la manipulación sexual de los niños. Es oportuno para completar el cuadro decir algo más sobre las ideas que hay detrás, sobre la morralla de género que es la gran obsesión ideológica de hoy y principal germen culpable de la descomposición de cerebros. Repasaremos brevemente entonces las tres cabezas del género estropeado que son: igualdad de género, feminismo, ideología de género.

En mi libro Azotes de nuestro tiempo he dedicado un pequeño capítulo (Azote) a cada uno de ellos. Son tratados en profundidad en el excelente libro de Alicia Rubio Cuando nos prohibieron ser mujeres… y os persiguieron por ser hombres, muy recomendable porque es el libro sobre este tema que mejor conjuga rigor, amenidad y amplitud de tratamiento.

Aunque a veces se incluyen todas estas cuestiones bajo el término “ideología de género”, en realidad se trata de temas distintos; si bien suelen ir juntos en política e ideología, y ciertamente forman parte del mismo complejo de podredumbre y descomposición, no son la misma cosa. Por ello es oportuno distinguirlos.

Igualdad de género es la pretensión de que hombres y mujeres seamos iguales en todo, que las diferencias observadas actualmente y realizadas a lo largo de toda la historia no dependen de diferencias naturales entre los sexos, sino de roles sociales, educación, etcétera.

Como tal se trata de una derivación de la impostura igualitaria en general, que se ha extendido extendida a la diferenciación sexual, negando datos básicos de la biología, la psicología y la antropología. Esta nefasta idea igualitaria termina fatalmente buscando la nivelación forzada de los sexos anulando lo específico de cada uno; es decir feminizar a los varones y masculinizar a las mujeres, degradando por tanto a ambos.

Feminismo es la búsqueda de privilegios y ventajas para la mujer, acompañadas por la persecución del varón. Se ha quedado en las intenciones, o en las fantasías, la construcción de una identidad nueva y positiva de la mujer. Algo que vaya más allá de atacar y odiar la masculinidad, imponer por ley las ventajas que necesitan para competir con el varón, realizar procesiones del santo chumino y talleres de coñocimiento, hacer las necesidades en la calle y pintar cuadros con sangre menstrual. Eso sí, debo reconocer que el feminismo español ha dado a las niñas de este país un ejemplo extraordinario de autosuperación, empoderamiento y ruptura de techo de cristal, demostrando que cualquier chica (verdaderamente cualquiera) puede pasar de un empleo humilde a ministra. Querer es poder: el nuestro es el país de las oportunidades.

Se trata por tanto de un supremacismo hembrista, que ha dejado atrás a esa llamada “segunda ola” que buscaba equiparar derechos y libertades; aunque también allí desde el principio estuvo presente un fondo de lucha y hostilidad contra el varón. En la “tercera ola” aparecen ya en primer plano, quitándose la careta, tanto la guerra de sexos contra el varón como odio contra la feminidad y la masculinidad. Ello tiene mucho que ver con el creciente liderazgo de lesbianas y fracasadas de la feminidad que naturalmente, viéndose atrapadas en un limbo, odian a dos bandas: tanto a la mujer femenina que no son aun teniendo cuerpo de mujer, como al hombre que no pueden ser y representa una masculinidad fatalmente fuera de su alcance.

Ideología de género propiamente dicha es la doctrina según la cual la polaridad entre hombre y mujer, masculino y femenino, no es dictada por la naturaleza sino una construcción social, y cada uno puede ser lo que quiere. Podemos considerar este delirio como una exasperación de la doctrina de la “tabula rasa” es decir la pretensión frívola de que el ser humano nace como una página en blanco y se puede escribir en ella todo lo que se quiera. Esta idea que, en general, es totalmente nefasta y falsa, se lleva aquí a un plano en el que también el sexo y la identidad sexual se consideran una página en blanco. Se trata de un puro delirio de omnipotencia sobre la realidad que bordea ya la alienación mental.

Para entender de manera simplificada lo que pretende esta aberración, consideremos tres niveles a los que se expresa la sexualidad. El primero es El sexo biológico, determinado genéticamente, que determina el aparato sexual masculino o femenino. El segundo la atracción sexual, hacia sujetos de sexo masculino o femenino, que se conforma durante el desarrollo de la persona. El tercero es el percibirse a sí mismo hombre o mujer. Ahora el criterio de normalidad está bien claro para quien quiera verlo: la concordancia de estos tres niveles. En cambio, la ideología de género mezcla todo; afirma que cualquier combinación es tan válida como la otra, que uno puede tener un cuerpo de sexo masculino y sentir atracción por unos u otros o ambos, y además sentirse hombre o mujer como mejor le plazca. Sólo con esto tenemos ocho combinaciones, limitándonos a lo básico. De aquí es donde salen las infinitas letras y las tropecientas “identidades sexuales” considerando estos tres niveles y aún otros, así como estados intermedios, fluctuantes, etcétera.

Esto es la ideología de género. Esta alienación mental, auténtico delirio de un tiempo maldito, se nos está imponiendo solapadamente y sus grupos de presión han escalado ya el poder; como vimos en otro artículo, se va a imponer también en las escuelas a través del condicionamiento mental a los niños, sin que los padres se enteren hasta que sea demasiado tarde. Si es que les importa, porque muchos de ellos tienen ya el cerebro reblandecido por la propaganda, que han absorbido sin ni siquiera enterarse.

Como las tres cabezas de la hidra están relacionadas, existe también una cierta tensión entre ellas. El tema de la igualdad de género lo utiliza el supremacismo hembrista para exigir cuotas y otros privilegios para las mujeres, cuando les interesa. En cambio, no piden (por ejemplo) igualdad de muertes por accidentes de trabajo. Por otra parte, la variante de feminismo relacionada con las fracasadas de la feminidad se salda con la ideología de género, colaborando ambas aberraciones en un ataque a la polaridad sexual y las figuras diferenciadas de varón y mujer.

Empezamos a ver, también, que el feminismo supremacista no termina de encajar con la ideología de género; las viejas feministas odiadoras de hombres tenían claro lo que es varón y lo que es mujer (para pisotear al primero, pero lo tenían claro) pero las nuevas, con la mente ya más descompuesta, consideran el sexo algo fluido y que se elige libremente. Que un sujeto con barba y atributos diga que se siente mujer y pretenda ser tratado como tal, es algo que le chirría mucho al supremacismo vaginal. Además, lo del sexo libremente elegido es una amenaza directa a las mujeres deportistas. En efecto, asistimos a la proliferación en el deporte femenino de seres cargados de testosterona y músculos, que “se sienten mujeres” y teniendo mayor capacidad pulmonar, masa muscular y testosterona, amenazan con expulsar a las mujeres genuinas de su propio deporte, al menos en los máximos niveles.

Estas últimas consideraciones y cómo se compongan al final estas diferencias, es algo que nos interesa relativamente porque pertenece a la dialéctica interna de la degeneración y la podredumbre. Son como peleas de familia entre hermanas que no se llevan muy bien. Las tres cabezas del género estropeado son tres cabezas de la misma hidra, pertenecientes a la gran unidad familiar monstruosa que se llama a sí misma ideología progresista.

MAX ROMANO