miércoles, 14 de julio de 2021

LOS INDULTOS DEL GOBIERNO FELÓN, LA ESPAÑA A MEDIO HACER Y LA VOLUNTAD POLÍTICA

 



Aunque en este momento no atino a recuperar la cita, creo que fue Ortega quien dijo que España está siempre haciéndose y lleva siglos haciéndolo. Como está siempre deshaciéndose. La unidad de España no es una esencia intangible que desciende del cielo, ni una condición dictada de manera necesaria por la geografía, la cultura o cualquier determinismo.

Es el resultado de una voluntad, o mejor de una serie de voluntades políticas que a lo largo de la Historia han conformado esa unidad de destino en lo universal, por recordar esa certera formulación, por todos conocida, de la idea de España.

Sin intención de faltar al respeto pero volviendo del revés aquellas palabras, como la infame clase política del 78 ha vuelto del revés nuestro país, me parece que hoy España se ha vuelto una multiplicidad de desatino en lo particular. ¿Cómo hemos llegado a esto?

Sobre la posibilidad histórica de que España pueda deshacerse, las mismas palabras unidad de destino nos dan la clave, si comprendemos que no es un dato caído del cielo o de un mundo platónico de esencias metapolíticas, sino que afirman una voluntad política que debe siempre afirmarse en cada generación. Es el fruto, por así decir, del vector resultante de las voluntades políticas pasado bajo el “signo de integral” que es la acción histórica y la confrontación con el mundo real.

En palabras más sencillas, si se trata de algo que siempre está haciéndose y deshaciéndose, necesita la voluntad de hacerse. Porque la voluntad de deshacerse existe y sobre todo hoy en día, después de que el régimen del 78 haya cambiado el reparto de cartas en el juego. Hoy nos encontramos con una renacida voluntad de deshacer España que ha salido de sus antros infectos y ha levantado la cabeza. Esto ya es malo de por sí, pero es que además no tiene enfrente una voluntad de hacer España sino una no-voluntad; una actitud débil, mediocre, pusilánime y corrupta que ha sido la norma en los gobiernos centrales, regidos por enanos políticos.

El indulto que este gobierno felón ha regalado a la voluntad de deshacer España es infame, moralmente hablando; es suficiente hacer la obligada comparación con las odiosas condenas infligidas a los “asaltantes” de la librería Blanquerna. Pero más allá de esto, la esencia de estos indultos es su significado político antiespañol, de apoyo directo al secesionismo.

No es que el indulto en sí como posibilidad de anular una pena judicial sea necesariamente injusto o equivocado. Este mecanismo extrajudicial es oportuno que exista, y en efecto está previsto en todos los países, especialmente por motivos políticos. Como la amnistía, expresa una voluntad de pasar página, de cerrar un capítulo; no perdona una responsabilidad penal, como en el caso de una amnistía, sino que manteniendo la culpa extingue la pena. Con todo, se trata siempre de pasar por encima de una decisión judicial; quien lo otorga debe por tanto responder de ello políticamente.

Entonces ¿de qué manera cómo este gobierno justifica y responde por estos indultos, cuál es la voluntad política que expresa?

Ridículamente, sus defensores pretenden que esta voluntad sea la de resolver un problema que se ha creado.  No sé si quienes lo dicen lo son o se lo hacen (el tonto), probablemente lo segundo. Como es totalmente evidente, no resuelve el problema sino que lo agrava: se opone a la acción de la justicia, que ya de por sí ha sido débil e insuficiente, la hace vana; por lo tanto se resuelve en un apoyo directo a quienes quieren romper España.

No hay nada de necesariamente inmoral en los indultos. El poder político debe tener esta prerrogativa. Incluso me parecería bien un indulto a estos mismos líderes secesionistas, como medida de gracia después de haber resuelto el problema. O al menos haber puesto las bases para la solución con mano firme.

¿Qué quiere decir eso? Una breve lista no exhaustiva podría ser:

Suspensión de la autonomía catalana, en particular con la devolución total de competencias educativas al Gobierno central. Parte integrante de esto debiera ser una limpieza a fondo de los libros de texto que enseñan fantahistoria, la recolocación forzosa en el territorio nacional (sugerencia de un amigo mío) de los profesores políticamente comprometidos con el secesionismo con entrada de profesores políticamente neutros en Cataluña.

Abrogación de todas las leyes autonómicas que supongan discriminación de cualquier tipo hacia la lengua española.

Devolución a los extorsionados, con intereses, de todas las multas impuestas por razones lingüísticas, reintegración con indemnización de todos los represaliados por los mismos motivos; naturalmente el dinero debe salir, no del bolsillo de los españoles, sino del patrimonio de particulares y empresas que hayan favorecido el secesionismo.

Abolición de la policía autonómica, recuperación de una presencia normal de las Fuerzas Armadas, Policía Nacional y Guardia Civil en Cataluña, como en cualquier otra región española.

Reforma de la ley electoral para evitar que pequeños partidos, localmente sobrerrepresentados, tengan cogidos por las pelotas a los gobiernos centrales. Pueden tener importancia a nivel local, incluso ser secesionistas porque pienso que toda corriente de opinión debe aflorar; pero haciéndoles en este caso un cuidadoso cordón sanitario, si no a nivel local a nivel nacional por parte del Estado central.

Sólo después de haber encaminado las cosas de esta manera, se puede decir que los indultos a líderes secesionistas son justificables y ayudan a resolver un problema. Sólo después de haber empezado efectivamente a resolverlo con una voluntad política firme, la misma voluntad política puede pasar por encima de la voluntad judicial y perdonar la pena impuesta.

Como están ahora las cosas, sin embargo, el significado de los indultos es totalmente diferente.

Se trata de una bajada de pantalones completa, por parte de un gobierno central débil y antiespañol, que para favorecer a los enemigos de España pasa por encima de la magistratura; por tanto la única lectura posible es la de un apoyo político de Madrid al secesionismo catalán, e indirectamente al de otras regiones.

Así lo han comprendido, correctamente, los destinatarios del regalo que festejan sin pudor ninguno su triunfo sobre Madrid y lejos de “arrepentirse” (si es que esta palabra significa algo en política) han redoblado su chulería.

Hacen bien, desde su punto de vista, porque le han tomado la medida al gobierno central. Su arrogancia les viene de conocer bien qué clase de políticos tienen enfrente: cobardes y oportunistas, sin principios, sin dignidad y sin honor, que venderían a su madre por un plato de lentejas. Este es el régimen del 78 después de cuarenta y tres años.

MAX ROMANO

domingo, 11 de julio de 2021

VIVIR EN UN MUNDO CON PERSPECTIVA DE GÉNERO. VÍBORAS, CARROÑEROS, PERRILLOS FALDEROS Y AVESTRUCES

 



El sentido político-social del pequeño zoológico mencionado en el título quedará claro en breve. En cuanto al mundo con perspectiva de género lo tenemos ante nuestros ojos todos los días; pero precisamente en las últimas dos semanas ha habido una serie de noticias, por así decir un concentrado de eventos, que nos han permitido una visión muy clara de las cosas; tan clara que sólo los avestruces, con voluntad indomable de autoengaño y la cabeza hundida en la arena, son capaces de no verlas.

Es el mundo donde los niños asesinados pueden ser de primera o de segunda categoría, valiendo más la vida de los primeros. Que el valor de estas vidas segadas prematuramente por la violencia sea muy desigual se comprende por las muy distintas reacciones que estos delitos provocan en la conciencia social. Si los mata el padre valen mucho, si los mata la madre valen poco. El termómetro que permite medir este valor es la repercusión en los medios, en la política, en las expresiones públicas de repulsa. Los niños muertos de primera categoría, muertos por el padre, tienen un enorme valor de propaganda política, ideológica, como herramienta de poder psicológico; incluso tienen un valor contable, que un dirigente de empresa pondría en los activos inmateriales del gran chiringuito feminista.

Una diversa valoración de las vidas infantiles que tiene también un respaldo científico. O al menos por parte de gente que está chupando del bote en universidades. Expertos que nos iluminan con una sabiduría que no sabemos bien si sale de la boca o del ojete, cuando nos demuestran que los hombres matan por maldad y las mujeres por amor mal entendido, o por trastornos varios a los que hábilmente bautizan con algún nombre retorcido, para así justificar que la vida de los niños se mida de dos maneras diferentes.

En el mundo con perspectiva de género, si muere una mujer el hombre más a mano es considerado sospechoso por defecto; los medios y los políticos y hasta la policía buscan un culpable masculino con la pasión de los cerdos que buscan trufas en los bosques. Es el mundo donde los procedimientos o la voluntad o las mentes policiales están tan infectados de feminismo, es decir formados en perspectiva de género, que se detiene a un hombre cuya mujer ha fallecido y se le hace  dormir en el calabozo, por indicios o presuntos indicios que no debían de ser muy consistentes, puesto que la muerte natural resultó inmediatamente de la autopsia. Pero no podían esperar para detenerlo hasta haber investigado un poco si la cosa no les parecía clara. No. Debían considerarlo sospechoso, tan sospechoso como para justificar una detención inmediata. Sospechoso por ser hombre.

Naturalmente no ha faltado quien, desde la política, se lanzara prematuramente a hablar de violencia de género. Carroñeros con caras de niño y corazones de hiena, en ésta y otras ocasiones jamás pedirán perdón o rectificarán públicamente. Porque en realidad saben perfectamente lo que hacen; no se han equivocado y no se trata de un error ni de precipitación: su propósito es lanzar el esputo de veneno porque, como en general la primera impresión es la que cuenta, el mensaje inicial es lo que va creando opinión pública; es lo que queda en las cabezas, con una fuerza mucho mayor de los hechos que eventualmente puedan desmentir el primer esputo de veneno.

El mundo de la perspectiva de género, en fin, es el mundo donde una delincuente secuestradora de sus hijos, calumniadora y denunciante sistemáticamente en falso, no sólo se va de rositas por lo segundo y lo tercero, sino que ni siquiera pisa la cárcel después de condenada por lo primero y está en espera de ser indultada.

Creo que ha quedado claro quién es quién en este pequeño zoológico donde, además de los seres mencionados al principio, han aparecido los cerdos que buscan trufas. Las víboras son la fuerza motriz que han convertido la legislación y la justicia en un campo minado para los varones. Los carroñeros sabemos todos quiénes son. Los perrillos falderos domesticados son esos seres con documento de identidad masculino que asumen cada principio del feminismo, que apuran hasta las heces la copa de toxinas con perspectiva de género; colaboracionistas en la guerra contra el varón, se avergüenzan de ser hombres buscando eternamente un perdón y un derecho de existir siempre provisionales y condicionados; unas recompensas por parte de sus amas siempre medidas al milímetro y pagadas a caro precio, sobre todo en moneda psicológica pero también en la de curso legal.

Los avestruces son seguramente más numerosos que los anteriores. Los vemos por todas partes también a ellos, hundiendo su cabeza en la arena para no ver la realidad o fingir que no la ven. Minimizando lo que sucede, pensando que no les va a tocar a ellos, que no es tan grave, que son sólo excesos y casos puntuales. Etcétera.

Es una taxonomía seguramente sumaria e incompleta, pero no quiero aburrir a los lectores. Cada uno podrá ejercitar su fantasía y usar la riqueza de nuestra lengua para encontrar paralelismos y afinidades ocultas. El lenguaje está cargado de sabiduría y verdades decantadas por los siglos. Por eso la corrección política, que el aquelarre de la hipocresía y la mentira, está empeñada en maltratarlo y mutilarlo.

Estas dos semanas nos han permitido ver las cosas como están en realidad, revelándonos con la máxima claridad la perspectiva del género estropeado que ha tomado el control de nuestra sociedad.

MAX ROMANO

miércoles, 7 de julio de 2021

EL SOLDADO JAPONÉS, LA TERCERA POSICIÓN Y EL PENSAMIENTO LIBERTARIO

 
 
 


Hace unos años un par de amigos y yo sacamos un libro, Exiliados del sistema, cuya circulación fue muy limitada. Uno de mis textos reflexionaba sobre la historia del soldado japonés Hiroo Onoda que, emboscado en la jungla de una pequeña isla filipina, no quiso creer que la guerra había terminado y no se rindió hasta 1974, veintinueve años después del fin de la contienda.

Más allá de la curiosidad histórica y humana, el valor de símbolo de este episodio lo vemos en que Onoda había seguido combatiendo una guerra que ya había terminado, perteneciente a un mundo que ya no existía.

La cuestión que se planteaba a partir de aquí era, naturalmente, si todos aquellos que denunciamos y somos contrarios a las ideas actualmente dominantes, no estamos también luchando una guerra que ya ha terminado. Si el rechazo radical de los valores hoy vigentes, o de gran parte de ellos, no es más que permanecer en la sombra proyectada por un mundo que ya no existe, que se va desvaneciendo, en la memoria y en la misma existencia física de aquellos que lo han vivido.

Es una cuestión poco cómoda pero insoslayable. Nos la debemos plantear, todos los que vemos hoy la civilización de Occidente como un cuerpo enfermo afectado por necrosis. Quienes negamos no sólo la concepción de “progreso” derivada de la ideología hegemónica, sino que también rechazamos la visión de la Historia como una línea recta cuya única dialéctica es la de avanzar sobre esa línea más o menos rápidamente, o hacia atrás. O lo que es lo mismo, quienes afirmamos la libertad y la indeterminación de la historia humana.

La respuesta a esa cuestión es clara: si nos limitamos a reflejarnos en el pasado seremos como ese soldado japonés, lo cual no tiene nada de vergonzoso o condenable en sí mismo; pero no tiene proyección y es algo que se agotará más bien antes que después. Puesto que no se puede dar marcha atrás y si ello fuera posible, sería sólo para repetir el camino, si queremos que nuestro rechazo al mundo actual sea fecundo, generador de realidades nuevas, no es posible solamente mirar al pasado, sino que todo debe incorporar un proyecto de futuro, con la vista puesta en las realidades del presente y sus problemas, únicos en cada momento histórico.

Cualquier proyecto viable debe tener en cuenta los problemas específicos de hoy. En particular, las ideas procedentes del siglo XX no pueden ser simplemente trasplantadas a la actualidad; siguen siendo útiles, pero principalmente para hacernos comprender cómo sirvieron para afrontar y dar una respuesta a los problemas de su época, cómo proyectaron en la política la concepción del mundo y de la vida que había tras ellas, su corazón metapolítico por así decir.

Podemos mencionar algunas de estas cuestiones específicas de hoy. La inmigración masiva, el hundimiento de la natalidad europea, viceversa la explosión demográfica en África y otros lugares. Los problemas ambientales. El ascenso de poderes mundialistas que quieren despojar de soberanía a las naciones. La globalización de los flujos de información que es inevitable, la movilidad global de personas y mercancías que, contrariamente a la moto que nos quieren vender, sí son evitables o regulables, porque dependen de voluntad política.

Una de las principales cuestiones es el carácter del mundo tecnológico en que vivimos, su relación con el poder y el papel del Estado. El estatalismo, en el sentido de la defensa de un Estado fuerte y la reivindicación de su misión, era un punto cardinal en las varias versiones del Fascismo histórico. Pero también en todos aquellos que podemos denominar un poco vagamente agrupar como “tercera posición” y que han intentado escapar de la alternativa entre capitalismo liberal y sistemas socialistas.

Hoy en día, quien se oponga tanto al capitalismo liberal como el parasitismo social de la izquierda psicológica (por sí decir), rechazando tanto la reducción de las patrias a parcelas en un mercado global como la descomposición social y sin fronteras de la izquierda cultural, casi fatalmente se ve abocado a mirar atrás, a esos modelos del pasado. Sin embargo, ese estatalismo en buena medida debe ser superado y precisamente en nombre de una Tercera Vía del siglo XXI.

Para darnos cuenta de ello consideremos el sistema chino actual. Que no es comunista aunque conserve la retórica y el nombre. La economía es capitalista aunque con una fuerte supervisión y el control estatal de los sectores estratégicos. La línea maestra es el interés nacional, el desarrollo económico y el aumento de la riqueza nacional; preferiblemente a través del mecanismo del mercado y la iniciativa privada, muy superior cuando se trata de crear riqueza al torpe colectivismo comunista. Peor donde eso no basta, como en los grandes proyectos estratégicos, la inversión a largo plazo para formar una clase técnica y científica, el desarrollo de tecnología espacial y militar, interviene el Estado. Como también lo hace para proteger el mercado interno, en una óptica de interés nacional y autarquía selectiva: la prioridad es la industria nacional y se deja entrar al extranjero lo mínimo necesario, exigido por las circunstancias.

Al mismo tiempo el control político depende de un Partido único y su burocracia. Se mantiene la soberanía monetaria totalmente en manos del poder político, a diferencia de lo que sucede en Occidente. Se fomenta el patriotismo y el orgullo nacional, servir en las Fuerzas Armadas es un honor. La educación es severa y selectiva, nada de estupideces inclusivas, aprobado para todos y toda la sarta interminable de gilipolleces de los estúpidos de la igualdad.

En breve, no tiene absolutamente nada que ver con la izquierda cultural ni con el comunismo del pasado. El sistema chino actual es lo que más se parece, si lo vemos prescindiendo de las etiquetas y del color rojo, a lo que sería una Tercera Posición del siglo XXI trasplantada desde el siglo XX. Naturalmente en versión oriental, desde raíces que vienen del confucianismo y no del cristianismo, desde una tradición que no valora el individualismo como la nuestra.

También, como sabemos por pequeños detalles que vamos conociendo, el gobierno chino utiliza hasta el máximo de sus posibilidades las herramientas de la tecnología para controlar y vigilar a su población. Otorga carnets por puntos de buen ciudadano, emitiendo una valoración en tiempo real o casi, de la conformidad y docilidad de sus súbditos, con implicaciones que pueden ser muy invasivas y limitadoras en la vida personal.

Creo que no es esto lo que queremos, que no es ésta nuestra Tercera Vía. Desde luego no vamos a cambiarles, a los chinos; ni a impedirles que se conviertan en una superpotencia porque, además de recursos naturales, sus recursos culturales e intelectuales son equivalentes a los nuestros. Pero podemos defender la identidad europea y occidental, formular nuestra tercera posición del siglo XXI, rechazando tanto el globalismo financiero de los señores del dinero como el globalismo de la podredumbre social de la izquierda cultural, sin caer en una pesadilla de control totalitario de la población por medio de la tecnología.

Entonces, si no queremos que esa Tercera Vía que buscamos se parezca más de lo que nos gustaría al modelo chino, lo que hemos de tener claro es que en su formulación hay que repensar y redimensionar el estatalismo.

El Estado de hoy no es el de hace ochenta años y es ni siquiera el de Franco. Entonces el Estado tenía sus límites; en el respeto de familia y tradiciones en algunos casos, en una limitación de la voluntad o la eficiencia del control en otros. Pero el principal límite era que no existía ese Gran hermano tecnológico que hoy está por todas partes, y éste es un dato que debemos tener muy en cuenta si no el dato principal. No es admisible ignorar que el Estado, hoy, puede entrar en nuestras vidas en una medida en que jamás antes ha podido hacerlo.

Ese estatalismo tan propio del siglo XX no sólo en la versión marxista, sino también en esas “terceras vías” en que hoy nos seguimos a veces inspirando, debe ser matizado y reformulado; se debe dar entrada a una componente muy robusta de pensamiento libertario, esa corriente que ha sido tradicionalmente fuerte en Estados Unidos que aboga por limitar el poder del Estado; en nombre de las libertades individuales, del no-control sobre las vidas, de la existencia de amplias esferas libres de la intervención o supervisión de los poderes públicos. En educación, en vida comunitaria y organización, en limitación estructural y no legal de la capacidad de controlarnos y vigilarnos.

Este es un gran trabajo que hay que hacer. Una conciliación que es casi cuadratura del círculo, probablemente un problema teóricamente insoluble pero que exige una solución práctica. Esto es parte de la gran tarea ideológica, metapolítica si queremos, si es que hemos de salir del marasmo actual, empezar una regeneración y asegurar nuestro futuro como civilización.

Conciliar opuestos que deben ser afirmados con energía porque ambos son indispensables. Poder estatal y pensamiento libertario. Identidad nacional y patriotismo europeo. Una de las cosas que siguen siendo válidas hoy como en el siglo XX, es que la Tercera Posición ha sido siempre una conciliación de polos opuestos, en dirección perpendicular a esa falsa perspectiva unidimensional impuesta en cada momento histórico por el poder dominante.

MAX ROMANO