domingo, 16 de agosto de 2020

RETROSPECTIVA: EL DECÁLOGO OSCURO DEL NUEVO FRENTE POPULAR NUEVE MESES DESPUÉS

 

En noviembre del año pasado publicaba yo este artículo en El Correo de España en el momento en que se estaba negociando el presente gobierno. Momento de cocina política en los antros de esa España inepta y profunda, que no es la rural sino la de las cloacas que rebosan, la de los enanos políticos y los últimos de la clase venidos a más. Se estaba cocinando en efecto ese engrudo indigesto o Frente Popular de opereta que nos gobierna desde entonces. Lleváronse a cabo negociaciones vergonzantes y viles, trapicheo de manos poco limpias en la oscuridad, repugnante mercadeo de vendepatrias, odiadores de España y apólogos de la degeneración social. Todos ellos tenían algo que decir y demandaron su diezmo que había que pagar, todos lacayos y tributarios de fuerzas oscuras que llevan adelante, implacablemente, su agenda de la decadencia.

Fue la constitución del frentepopulismo del siglo XXI la venganza del inútil por vocación y del parásito por elección, el gran momento de la podredumbre militante que pisotea la salud, rebuzno furibundo de una decadencia social, moral e intelectual orgullosa de sí misma. En pocas palabras, el triunfo de esa España estúpida, fanática y malcriada a la que ya dediqué este artículo hace bastante tiempo en este mismo medio.

Parto monstruoso de este proceso fue el pacto de gobierno formado por diez puntos que en su época comenté brevemente uno por uno, y aunque por medio haya habido el gran “cisne negro” del coronavirus, veremos que no ha perdido actualidad lo que decía. La presente situación, en algunos casos, ha aplazado las amenazas apuntadas en el Pacto de Desgobierno; en otros las ha confirmado y agravado. Además, independientemente de la efectiva formación del gobierno frentepopulista y de lo que todavía pueda durar (creo que bastante) representan una auténtica hoja de ruta y una declaración de intenciones. Por ello dejaré inalterados los comentarios publicados hace ya nueve meses sobre este programa nefasto, para que cada uno los ponga en relación con la marcha de las cosas.

1.- Consolidar el crecimiento y la creación de empleo. Combatir la precariedad del mercado laboral y garantizar trabajo digno, estable y de calidad.

El único empleo que la partidocracia y especialmente la izquierda sabe “crear” es empleo parásito: subvencionados, funcionarios superfluos, clase política y su abundante sotobosque que funciona exactamente como las malas hierbas en un cultivo, robando recursos a las plantas que producen algo útil. Estructuralmente incapaces de superar su alergia por la cultura del esfuerzo y el trabajo, su odio por el empresario y su afán de confiscar lo que otros han ganado de manera legítima. El proyecto de armonización del impuesto de sucesiones (léase atraco legalizado a las herencias) es elocuente. Todo ello no impide, naturalmente, que en la práctica estén con los poderes fuertes financieros y no se planteen siquiera corregir los defectos del actual sistema.

2.- Trabajar por la regeneración y luchar contra la corrupción. Proteger los servicios públicos, especialmente la educación – incluyendo el impulso a las escuelas infantiles de cero a tres años-, la sanidad pública y la atención a la dependencia. Blindaje de las pensiones de nuestros mayores: asegurar la sostenibilidad del sistema público de pensiones y su revalorización conforme al coste de la vida. La vivienda como derecho y no como mera mercancía. Apostar por la ciencia como motor de innovación económica y dignificar las condiciones de trabajo del sector. Recuperar talento emigrado. Controlar la extensión de las casas de apuestas.

No quiero que pase desapercibido lo del impulso a las escuelas infantiles de cero a tres años. Quieren coger a los niños prácticamente desde que nacen para impedir que las familias los eduquen como desean. Quieren ponerlos en manos de los corruptores de menores, sexualizar a la infancia, fomentar la transexualidad, la homosexualidad y la confusión sexual desde la más tierna edad. Y su prioridad es impedir que las familias se opongan a ello, quitándoles a los padres el terreno bajo los pies; así los malnacidos que quieren hacer ingeniería sexual con nuestros hijos tendrán las manos libres.

Esto cuando son pequeños. Cuando sean mayores, además de lo anterior y tras haberles reducido la mente a papilla con sus estúpidas ideas pedagógicas, les meterán en la cabeza el gran barril de desechos intelectuales del progresismo, su sarta de mentiras culturales, históricas, políticas, su apología de la degeneración.

Acerca de lo demás, todo ello fue realizado y de mejor manera por los regímenes que ellos llaman fascistas lo fueran o no, pero que intentaron una verdadera política social que no era ni el capitalismo salvaje ni la demagogia izquierdista.

En cuanto a apostar por la ciencia da risa pensar que esta gente pueda fomentar la ciencia y la innovación, producto siempre de individuos brillantes a los que hay que dar apoyo y oportunidades en base a sus capacidades y su mérito. Los mentecatos de la corrección política están mentalmente bloqueados en su estúpida fijación igualitaria, obsesionados por las cuotas y las presuntas discriminaciones por sexo, hostiles hacia la meritocracia de manera casi patológica. Lo que ellos entienden por “fomentar la ciencia” es aumentar el número de inútiles subvencionados, mejor si mujeres o pertenecientes a grupos con el certificado de minoría oprimida.

3.- Lucha contra el cambio climático: la transición ecológica justa, la protección de nuestra biodiversidad y la garantía de un trato digno a los animales.

Aún no he comprendido exactamente qué entienden por transición ecológica, pero alguien debería explicarles que si quieren pasar completamente a la energía “limpia”, la electricidad no nace en los enchufes sino que debe ser generada de alguna manera y la menos contaminante es la nuclear, con todos sus problemas que los tiene.

Ni por asomo veremos una discusión seria del llamado “cambio climático” que es posiblemente un gran montaje. Ello no quiere decir que no haya que cuidar el ambiente, pero no me parece que la izquierda “oficial” toque temas como el abandono del estúpido estilo consumista de vida, el combate contra la obsolescencia programada, discutir la ideología del crecimiento económico, si es necesario poniendo límites a la globalización que nos aboca a una competición desaforada e inútil que beneficia sólo a las oligarquías. Esos sí que pueden ser temas relevantes para el medioambiente, no traer a Madrid a la niña de El Exorcista para una cumbre que nace ya muerta.

Eso sí, nos pondrán hasta en la sopa su ecologismo demagógico, sentimental y de pandereta, insistiendo en prohibir la noble actividad de la caza, el ritual antimoderno de loa los toros y el mundo fascinante del circo con animales, así como en otorgar ridículos “derechos humanos” a estos últimos.

4.- Fortalecer a las pequeñas y medianas empresas y a los/as autónomos/as. Impulsar la reindustrialización y el sector primario. Facilitar desde la Administración las bases para la creación de riqueza, bienestar y empleo, así como el impulso digital.

Ni hartos de vino. Más de lo mismo: chiringuitos subvencionados y bandas de golfos apandadores bajo falsa bandera.

5.- Aprobación de nuevos derechos que profundicen el reconocimiento de la dignidad de las personas como el derecho a una muerte digna, a la eutanasia, la salvaguarda de la diversidad y asegurar España como país de memoria y dignidad.

Lengua de estropajo de la corrección política en su máxima expresión: “memoria y dignidad” significa imponer por ley su falsificación de la historia y sus mentiras que son producto, a partes iguales, de ignorancia y mala fe. Salvaguardia de la “diversidad” significa imponer en los tribunales el pensamiento único y perseguir penalmente la oposición a las políticas de degeneración social, destrucción de la patria, la familia y la normalidad.

6.- Asegurar la cultura como derecho y combatir la precariedad en el sector. Fomentar el deporte como garantía de salud, integración y calidad de vida.

Hordas de inútiles sin talento ni arte, productores de cultura basura y además aburrida, mantenidos con el dinero de todos.

7.- Políticas feministas: garantizar la seguridad, la independencia y la libertad de las mujeres a través de la lucha decidida contra la violencia machista, la igualdad retributiva, el establecimiento de permisos de paternidad y maternidad iguales e intransferibles, el fin de la trata de seres humanos con fines de explotación sexual y la elaboración de una Ley de igualdad laboral.

Más persecución contra el varón, más leyes injustas y tribunales bolcheviques de género, más privilegios para la mujer. Más igualdad a la fuerza de lo que nunca será igual, cuando favorece a la mujer evidentemente.

¿Permisos de paternidad y maternidad iguales e intransferibles? Voy a explicar la cosa como quien hablara a retrasados mentales: es la mujer la que da el pecho porque las tetas no son sólo para sobarlas, sino que son ante todo glándulas mamarias que producen leche; es ella quien lleva el niño en su vientre porque tiene un órgano que se llama útero y sirve para eso; es el contacto con la madre lo más importante para el niño en los primeros meses de vida, porque biológicamente estamos diseñados de esa manera.

¿Paternidad y maternidad iguales e intransferibles? ¡¡IMBÉCILES!!

8.- Revertir la despoblación: apoyo decidido a la llamada España vaciada.

Nada que objetar pero hemos de percibir la verdadera intención que hay detrás: llenar la España vaciada con inmigrantes. Se juntan el hambre y las ganas de comer, una presión migratoria principalmente africana y un campo semiabandonado que demanda mano de obra. Esto es lo que quieren hacer y no dicen abiertamente: utilizar esta situación para impulsar el gran proyecto de sustitución étnica de España y favorecer una nueva invasión musulmana, demográfica y no militar. Es un proyecto que no sería realizable con la inmigración subsahariana pero sí con la musulmana del norte de África. En efecto, los moros son buenos campesinos y pastores: muchos de ellos están dispuestos a ser trabajadores y esforzados, cultivan bien la tierra y saben levantarse temprano.

¿Y los españoles de las nuevas generaciones no pueden repoblar el campo? Salvo excepciones, no lo hacen y lo entiendo perfectamente: va contra su autoestima, su calidad de vida y su bienestar integral. Ellos no saben levantarse temprano: tienen que ir a la discoteca, ponerse hasta arriba de pastillas y volverse estúpidos con sus juegos de ordenador y sus deleznables series de televisión. Por tanto, si una enérgica política no lo remedia, el campo español será colonizado por árabes norteafricanos. El hecho de que, por ahora, no tengan la propiedad de las tierras es inesencial: a diferencia de la emigración española al exterior de hace unas décadas que era temporal, ellos vienen para quedarse; una vez se hayan enraizado en el territorio, lo demás llegará antes o después.

9.- Garantizar la convivencia en Cataluña: el Gobierno de España tendrá como prioridad garantizar la convivencia en Cataluña y la normalización de la vida política. Con ese fin, se fomentará el diálogo en Cataluña, buscando fórmulas de entendimiento y encuentro, siempre dentro de la Constitución. También se fortalecerá el Estado de las autonomías para asegurar la prestación adecuada de los derechos y servicios de su competencia. Garantizaremos la igualdad entre todos los españoles.

Mucha palabrería para expresar una cosa sola: la bajada total de pantalones frente a los separatistas y los odiadores de España. Lo de fortalecer el Estado de las autonomías, que es el verdadero cáncer político de España, ya dice con claridad lo que debemos esperarnos.

10.- Justicia fiscal y equilibrio presupuestario. La evaluación y el control del gasto público es esencial para el sostenimiento de un Estado del bienestar sólido y duradero.

Freír a impuestos a la España que trabaja, confiscar las herencias, añadir más sanguijuelas a las muchas que ya hay chupando: el paraíso sobre la tierra del chupóptero y el parásito.

Este programa, traducido en lenguaje algo más comprensible, es la inmensa montaña de basura que se nos viene encima y que el coronavirus ha aplazado en algunas cosas y agravado en otras. La amenaza sigue perfectamente vigente.

MAX ROMANO

domingo, 9 de agosto de 2020

EL DINERO CAÍDO DEL CIELO QUE NO ES DE NADIE Y NOS VA A RESOLVER LA VIDA

Los lectores habrán comprendido que me refiero a los 140.000 millones de euros que nos tocan del fondo europeo. Los más advertidos sin duda apreciarán el titular de este artículo, que consigue reunir tres despropósitos en una sola frase.

Pero si recordamos el ridículo triunfalismo del gobierno y su aclamación a Pedro Sánchez después de alcanzado el acuerdo, casi como si viniera de vencer la campaña de las Galias, nos damos cuenta de que el titular de este artículo, indudablemente, expresa para ellos una gran verdad. Ese dinero es efectivamente para ellos caído del cielo y les va a resolver la vida a ellos; en cuanto a lo otro, recordemos la inolvidable y magnífica síntesis del pensamiento partidocrático, expresada en un momento de lucidez por la vice empoderada Carmen Calvo, cuando en una ocasión dijo que el dinero público no es de nadie.

Con ellos me refiero a la clase política en general, aunque naturalmente la que se llevará la parte del león es la tribu actualmente en el poder. Es un dinero que deberían utilizar, principalmente, para fortalecer la economía y paliar los efectos del coronavirus; lo usarán, principalmente, para comprar consenso social, favorecer a sus sectas de amigos y colonias de parásitos subvencionados, etcétera. Hago esta afirmación no porque posea una bola de cristal, sino porque confío plenamente en la incompetencia y la mala fe de nuestros gobernantes. Que tienen buenas cartas para perpetuarse en el poder unos años más si sabe usar bien este dinero caído del cielo de cuya devolución por supuesto no se van a responsabilizar.

Porque como todos sabemos el dinero no sale de la nada y habrá una devolución. La cosa más parecida al dinero que sale de la nada es, si se posee la soberanía monetaria, regular la masa monetaria desde el poder político; lo cual exige un equilibrio delicado para no provocar problemas aún mayores y naturalmente no se puede dejar en manos de un gobierno partidocrático cuyo horizonte temporal es de pocos años; por eso los mandatos de los gobernadores de los Bancos Centrales son largos como los de un Papa. En cualquier caso, Europa no posee soberanía monetaria y no puede crear dinero, tiene que pedirlo prestado a los mercados internacionales.

Por tanto, este dinero habrán de devolverlo en su mayor parte los ciudadanos europeos con su trabajo, a través de impuestos. Tanto lo dado “a fondo perdido” como lo “prestado” porque, en realidad, todo es dinero prestado y la única cuestión es cuánto debe devolver cada uno respecto a lo que recibe. Las peloteras que hubo durante las negociaciones no venían por otra cosa. Pero también a nosotros nos tocará pagar nuestra parte, y la eterna sustancia del préstamo a interés no cambia de un ápice: se trata de recibir ahora el dinero y usarlo para crear riqueza, de manera que podamos devolverlo junto con los intereses en el futuro. Si las cosas van de esta manera todo sale bien, como cualquier empresario sabe (pero no cualquier político); si en cambio esta riqueza no es creada, uno después se encuentra peor que antes porque debe más dinero.

No sé cómo les irá en el resto de Europa y si este fondo es suficiente para el objetivo que se propone, pero en nuestro país la profecía me parece bastante fácil: este dinero llovido del cielo que no es de nadie, si bien les resolverá la vida a algunos, para el país en general no será otra cosa que el proverbial pan para hoy y hambre para mañana.

MAX ROMANO

miércoles, 5 de agosto de 2020

EL BURRO CON LA ZANAHORIA, EL VIRUS EN LA MENTE Y LA DESACELERACIÓN


 
Existen imágenes afortunadas, destiladas por alguien en un momento de feliz intuición y a las cuales volvemos una y otra vez. Una de ellas es el País de los Juguetes, un episodio de la fábula de Pinocho, donde la promesa de una vida regalada y de vacaciones permanentes se muta en el destino atroz de los niños, convertidos primero en burros y luego esclavizados. No se podría describir mejor la sociedad del consumo y del hedonismo como ideal de vida.


Otra de estas imágenes es la del burro que trota en círculos, persiguiendo eternamente una zanahoria que cuelga de un palo delante de su hocico; esta segunda imagen es metáfora de muchas cosas, pero en particular nos dice la verdad profunda acerca de la “filosofía” del crecimiento económico a ultranza. Pero más que “filosofía” habría que llamarla una forma de alienación mental, una especie de virus de la mente: la doctrina de que hay que crecer siempre, de que es un fin en sí mismo aumentar el volumen del dinero y la economía; con el corolario de que nunca se debe frenar, disminuir la actividad, tomarse un descanso.

Es poner el carro delante de los bueyes: no es la actividad económica la que debe responder a las necesidades humanas, sino que aquélla es un fin en sí mismo y las necesidades humanas deben estar a su servicio, y si es necesario ser aumentadas o fabricadas.


Como cualquiera sabe (si no le han pervertido facultades básicas de razonamiento en algún máster carísimo) nada puede crecer continuamente y antes o después se debe alcanzar un punto estable. El crecimiento como fin en sí mismo existe solamente en los procesos patológicos como el cáncer; si crecer indefinidamente es la única manera que el vigente sistema económico tiene de proveer bienestar y medios de vida, es que hay algo profundamente insensato, demencial, en la forma en que está organizado.


El burro de la zanahoria sólo ve el trozo de camino que tiene delante y no percibe absurdo de su eterno recorrido en círculos porque no sale de él, ni con el cuerpo ni con la mente. De la misma manera, si permanecemos siempre dentro del sistema sin hacernos preguntas nunca percibiremos la falta de sentido.

Este absurdo se ha hecho más evidente que nunca en la situación actual de frenazo económico (“desaceleración” en el lenguaje a la moda un poco pedante y ridículo) debida a la situación sanitaria con el coronavirus. No creo exagerar diciendo que esta disminución momentánea de la actividad económica se ha convertido en la principal preocupación, si no la única; como si dejar de crecer o incluso decrecer, durante un tiempo, fuese el fin del mundo.


Muchos lectores recordarán, al principio de la crisis sanitaria en Estados Unidos, las declaraciones de cierto gobernador, contrario a las medidas de confinamiento y al cierre temporal de la actividad económica. Más o menos decía que a los mayores como él no les importaba arriesgar su vida en nombre del bien del país, del modo de vida y el modelo de la sociedad que habían construido y amaban. Unas palabras en sí mismas impecables, que denotan nobleza y a las cuales no hay nada que objetar, siempre y cuando el objeto del sacrificio sea algo que valga la pena: la libertad, la defensa de la propia identidad y cultura, de la manera de entender el mundo, de la propia fe, de la Patria. Las palabras del gobernador sin embargo se vuelven ridículas y patéticas (cuando no simplemente dictadas por senilidad) cuando nos damos cuenta de que el sacrificio propuesto era en nombre de la economía; de que los “valores” propuestos se resuelven en que no debe decrecer, ni siquiera durante unos meses, la suma del valor de los bienes y servicios intercambiados en el país (el PIB).


Qué tristeza.


Es como si el burro afectado por unas fiebres o un momento de desfallecimiento se desesperara porque no puede correr tan rápido como antes, aunque pueda volver a hacerlo cuando se recupere.


Porque esto es lo que está sucediendo. No estamos ante una catástrofe cósmica. Seguirán sobrando comida y bienes allá donde sobran; donde faltan seguirán faltando y allí el coronavirus será un problema más, ni siquiera el mayor de ellos. ¿Qué problema hay en reducir la actividad económica durante unos meses, mientras se controla de alguna manera la situación sanitaria?


El único problema es que estamos en un mundo enloquecido, un mecanismo que en realidad no controlamos y que por su lógica interna (o más bien, en un sentido superior, falta de lógica) debe funcionar cada vez más rápido, que no puede detenerse ni aflojar ni siquiera un momento porque empieza inmediatamente a griparse.


Este es el verdadero virus, el que está en la mente y nos han inoculado sin que nos demos cuenta: el convencimiento de que el drama es la reducción de volumen de la economía. Pero los verdaderos dramas son otra cosa. Por ejemplo, que apareciese un virus realmente cabrón: de larga incubación, muy contagioso y letal como el ébola o la peste; o que una enfermedad destruyese la mayor parte de los cultivos como en la novela catastrofista La muerte de la hierba.


Sin ponernos tan tremendistas, nuestros padres y abuelos vivieron situaciones bastante más difíciles que ésta en la guerra y la posguerra. Pero es que la sociedad del bienestar nos ha vuelto tan mierdas que nos ahogamos en un vaso de agua.


El hecho de que debamos parar o ralentizar la economía es sólo un inconveniente. A este respecto que no se preocupe nadie: dentro de un par de años como mucho habremos “recuperado” el terreno “perdido”, seguiremos produciendo como locos y consumiendo compulsivamente.


No quiero que se me entienda mal esto: es evidente que es una situación que conlleva problemas para millones de personas, pérdida de puestos de trabajo y de medios de vida. Pero no debemos confundir los fines y los medios. Lo que necesitamos todos es un medio de vida y cubrir nuestras necesidades, no el trabajo y la economía como fines en sí mismos.


Si en un evento inesperado como éste muchas personas se ven en dificultades, la solución debería ser técnica porque es un problema de redistribución del trabajo y la producción. No faltan ni la comida ni los bienes; por tanto, no es posible que la única solución sea volver a producir lo más aprisa que se pueda, sin que sea posible pararse durante un tiempo. No digo que sea un problema sencillo o inmediato de resolver, pero sí que es un problema técnico de economía, no un problema de fondo; para eso están (o debieran estar) los economistas y los grandes economistas, con sus sueldos de seis cifras.


Es necesario abandonar el paradigma del crecimiento económico; esta opinión creo que es compartida por muchas más personas de las que se suele pensar, pero se trata de corrientes de opinión bastante ocultadas por el pensamiento único de los medios. Además, puesto que cuestionar la doctrina del crecimiento es anatema para la actual doctrina de liberalismo económico, el tema se está dejando en manos de la izquierda cultural; que naturalmente, mezcla esta exigencia legítima con toda su parafernalia de degeneración social y agenda oculta: globalismo, inmigracionismo y destrucción de las patrias, odio a la cultura blanca y occidental, basura feminista y de género, y todo el repugnante etcétera.


Pero no hay ningún motivo para que esto sea así: la denuncia del modelo actual de economía liberal puede y debe ir de la mano con la defensa de la salud social y cultural, la reivindicación de las patrias, las fronteras y la identidad.


Esta es una de las tareas que tenemos delante de nosotros: extirpar el virus de la mente y dejar de ser el burro que corre tras la zanahoria. Pero al mismo tiempo reivindicando valores de salud, normalidad e identidad. La condición necesaria para ello es mantenerse en las antípodas de todas las falsas alternativas políticas e ideológicas “respetables” que no son más que varias corrientes de un partido único; o si queremos las estanterías de un supermercado donde se nos vende el mismo producto, de mala calidad, con diferentes etiquetas.

MAX ROMANO