viernes, 24 de junio de 2016

LA ESPAÑA ESTÚPIDA, FANÁTICA Y MALCRIADA







Escribo Estas líneas al día siguiente de una votación con la que los británicos han decidido salir de la Unión Europea; ha debido ser un revés de cierta entidad para las élites mundialistas que nos dirigen bajo fachada democrática, a tenor de la impertinencia y la actitud de injerencia que han exhibido  todo tipo de personajes e instituciones a favor de la permanencia en la UE; Unión Europea que se está revelando un fracaso, un yugo para los pueblos de Europa, una imposición de la degeneración social desde arriba y una manera de tener a Europa políticamente débil y sometida a estas élites mundialistas.

Pero no es el tema de esta entrada Europa sino España. En efecto el próximo domingo 26 se celebrarán elecciones generales en nuestro país,. El ambiente dominante en la política y fuera de ella es, no sólo de estupidez generalizada y bajísimo nivel por todas partes (a lo que ya estamos acostumbrados desde hace tiempo), sino también de un fanatismo creciente y un clima intimidatorio por parte de la extrema izquierda; situación que podríamos describir como la salida de toda clase de ratas de sus antros las cuales, sabiéndose impunes y cubiertas por sus congéneres en el poder, se sienten autorizadas a agredir y vejar todo lo que está por encima de ellas y supera su ratesca concepción del mundo.

Sobre lo primero, la mediocridad general, basta observar el vacío de los discursos, la insignificancia de los políticos que no saben más que repetir los lugares comunes y las vulgaridades en boga. Enanos mentales incluso comparándolos con los políticos de la Transición, que ya es decir. Un ejemplo entre tantos, la repetición por parte de la izquierda del término “heteropatriarcado” como fuente de todos los males (un poco como la repelente española media actual habla de “machismo” cada vez que un hombre le lleva la contraria); ya el uso del término “heteropatriarcado” califica inmediatamente como mentecato a quien hace uso de él: es como si tuviera escrito en la frente “soy imbécil”.

Acerca de lo segundo, el fanatismo y el clima de agresión, desde hace tiempo se repiten una serie de pequeños episodios aberrantes, pequeños pero no aislados ni ocasionales, que se van generalizando y van a más. La quema de dos capillas en la Galicia rural, las agresiones por llevar la bandera de España, la prepotencia habitual e impune de los piojosos y la escoria con los símbolos nacionales y religiosos. Prepotencia posible en primer lugar porque se saben con las espaldas cubiertas por esa otra escoria afín que ha escalado el poder.

Democráticamente es cierto, pero eso nunca puede ser un argumento a favor de la chusma, sino al contrario un argumento contra la democracia, por haber forjado una generación con semejante porcentaje de degenerados, niñatos malcriados y revolucionarios de pacotilla asustaviejas (pues el verdadero coraje de medirse con quienes les pueden devolver el golpe no lo tienen).

A ellos vamos, a toda esta gente berreante que querría volver al espíritu de los años treinta, que se llena la boca todos los días con los bien conocidos abortos de la mitología izquierdista de la época: antifascismo, la segunda república, el marxismo-leninismo, etcétera; referencias desde luego que, además de ser en realidad una simple pose (no podría ser de otra manera) están condimentadas con la ignorancia, el sectarismo y una lectura de la historia grotescamente deformada.

Sin embargo, a pesar de todo y por mucho que se empeñen en volver al pasado y retorcer la retórica, la realidad no da para más: lo que fue una tragedia española en un mundo de conflicto auténtico, duro y a muerte, con modelos alternativos de sociedad y un contenido real de la política, hoy no puede ser más que una farsa ridícula.

El material humano es demasiado diverso, los revolucionarios de salón y mariscada incubados en los antros parasitarios de la izquierda universitaria no son los  intelectuales de los años treinta; ni los estudiantes son lo mismo pues hoy ni siquiera estudian sino que se limitan a parasitar, hacer botellón y jugar con los aparatos imbecilizadores electrónicos. Los revolucionarios de ayer no son los hijos del bienestar y niñatos malcriados de hoy que asumen poses izquierdistas; por cierto que si aquéllos viviesen hoy pondrían a los segundos en su sitio a guantazo limpio. Lo que no significa que los actuales sean inofensivos, sea claro. A nivel personal y político, son perfectamente capaces en lo  primero de herir o matar y en lo segundo, también son perfectamente capaces de destrozar España. Ya han destrozado la cultura y el Derecho, ya han infectado las instituciones y han podrido el Estado, ya han hecho daños gravísimos.

Pero no son más que los niños mimados y malcriados del sistema, payasos totalmente integrados en la ideología dominante y a los que se permiten estos caprichos; gente cuyos ideales son en el fondo pequeñoburgueses (sí, precisamente ellos que a palabras lo rechazan, pero no es nada más que la inmadurez del adolescente que berrea su emancipación mientras papá sigue pagando) en el mejor de los casos; pero por lo general su  ideal no es ni siquiera éste, sino puramente parasitario, sobre todo en la variedad izquierdista del revolucionario de plastilina y sus mediocrísimos representantes políticos. Por tanto convergen con sus “oponentes” políticos de la “derecha” en su adhesión total al status quo y al sistema de poder establecido.

En vano buscaremos potencial revolucionario o propuestas válidas de cambio. La retórica izquierdista y leninista es únicamente eso, retórica, porque tienen la cadena muy medida; no son expresión de nada nuevo sino exclusivamente de la degeneración personal, política, moral, cultural que conlleva el marxismo cultural y el pensamiento único, del cual son la expresión desaseada y piojosa, así como las juventudes de la “derecha” son la expresión con ropa de marca. Aunque por lo menos hay que reconocer a estos últimos su mayor  aseo, que ya es algo.

Los revolucionarios “marxistas-leninistas” de hoy no atacan los símbolos religiosos y patrióticos y quieren destruir España porque sean los herederos de los años treinta; lo podrán pensar algunos en su confusión mental, pero la verdad es que atacan la religión y la patria porque el Mundialismo, el Sistema y la Finanza Cosmopolita quieren la destrucción de las tradiciones y las patrias. Ellos no son más que sus marionetas obedientes. No son no siquiera jóvenes a pesar de haber nacido ayer, carecen de la chispa de la auténtica juventud y con veinte años tienen ya mentalidad senil y caduca.

No obstante las apariencias, si ha de haber un futuro para España y Europa, no está en esta masa de viejos de veinte años y sus malos maestros de cuarenta. El futuro está en los españoles que tienen aún el sentimiento sano y recto de la tradición y de la patria, de quienes no se dejan llevar por la corriente de aguas inmundas procedentes de las cloacas que rebosan y pretenden arrastrar todo a su paso.

MAX ROMANO

viernes, 17 de junio de 2016

LAS LESBIANAS, EL RADAR DEFECTUOSO Y EL NIÑO TORTURADO HASTA LA MUERTE




La venganza contra el sexo masculino llevada a cabo en la persona de un niño de dos años

Al lector probablemente le habrá pasado desapercibida esta noticia, pues los medios basura de la gran prensa, tan dispuestos a saltar inmediatamente con chillidos histéricos cuando alguien le da un empujón a un mariquita en cualquier calle española, han guardado un silencio cómplice y totalmente intencionado sobre este suceso. ¿Por qué? Porque la víctima es un niño de dos años, torturado sistemáticamente durante largo tiempo y finalmente muerto por los golpes que le propinaban sus dos “madres”, una de ellas la madre verdadera y la otra su pareja lesbiana. Las dos han sido condenadas hace un par de semanas a cadena perpetua por un tribunal en Escocia.

Aunque los basurmedios en nuestro país hayan pasado de puntillas sobre ello, el caso ha tenido bastante resonancia y una búsqueda en internet proporciona múltiples referencias a la noticia. Naturalmente les ha faltado tiempo, a los diversos tipos de borregos, idiotas y malintencionados de la corrección política, para decir que esta monstruosidad no tiene nada que ver con el hecho de que fueran lesbianas.

Bien, para empezar ya el solo hecho de confiar la crianza de un niño a una pareja de lesbianas es una violencia contra la infancia, independientemente de si las lesbianas comenten o no otras violencias adicionales, que sí sean reconocidas como tales por nuestra degenerada sociedad. Ignoro si estas violencias adicionales son cometidas en mayor número en las aberrantes “familias” homosexuales, respecto a las familias de verdad que merecen este  nombre. No puedo asegurarlo. Pero lo que sí sé es que se tratan con mucha discreción los casos que salen a la luz de homosexuales que abusan de sus “hijos”; que un niño criado por invertidos tiene altas probabilidades de crecer con una identidad sexual desviada, es decir de sufrir esa violencia contra la infancia llamada corrupción de menores, como se decía cuando se llamaba a las cosas por su nombre, es decir antes de que la basura humana tomase el control de Occidente; y sé también, con mayor certeza porque ha sido verificado repetidamente, que los menores que crecen sin la presencia y la protección del Padre (del Padre, recalco, mal que le pese a la canalla antipaterna) tienen más riesgo de sufrir abuso y maltrato.

No le ahorraré al lector los detalles odiosos que han salido durante el proceso. Le dejaban atado a una silla durante horas tras duchas de agua fría, le encerraban en una jaula, le metían a oscuras en un habitación con ratas y serpientes, le obligaban a comer excrementos de animales y sus propios vómitos, le propinaban repetidos golpes (los médicos encontraron treinta lesiones externas en su pequeño cuerpo, prácticamente no le dejaron un rodal sano), le rompieron un brazo y un muslo; finalmente, la causa inmediata de la muerte fue que le reventaron el corazón a golpes. Recordemos, se trataba de un niño de dos años.

Creo que es suficiente. Honestamente no podemos decir que torturaron al niño hasta la muerte porque eran lesbianas. La mayor parte de las lesbianas que crían niños no hacen esto, o por lo menos no llegan a ese extremo. Pero sí podemos decir que pudieron llegar a ese punto sin que nadie interviniera porque eran lesbianas. Sí podemos decir que querían la custodia del niños únicamente para torturarlo (me parece evidente después de lo comentado). Sí podemos decir que los casos de abusos de lesbianas hacia los niños que crían son frecuentes y se les echa tierra encima por razones de corrección política.

Y finalmente, sí podemos decir que se vengaron del sexo masculino en la persona de este niño de dos años. Las señales de tortura halladas en los genitales hablan bien claro.

Frente a este caso, los servicios sociales se han visto en el apuro de dar explicaciones, de justificar por qué nadie intervino antes. Servicios sociales, es necesario recordar, que no respetan la familia natural; que a menudo son enemigos de los padres y pueden quitar la custodia por razones odiosas como –por ejemplo- que los padres y los hijos tienen obesidad mórbida o su nivel cultural es muy bajo, o recientemente por razones ideológicas como la formación religiosa dada a los hijos.

¿Por qué el Estado, cosí invasivo y arrogante hacia las familias en tantas ocasiones, no intervino ante las señales que  había (porque las había)? La respuesta que dieron es que el caso “escapó a la detección del radar” de los servicios sociales.

Qué delicadeza en la expresión. Escapó a la detección del radar.

Lo expresaremos en lenguaje algo más llano: quienes vieron las señales de advertencia no hicieron nada porque estaban acojonados, ante la posibilidad de ser acusados de homofobia y de poner en discusión las “familias” homosexuales y la crianza de niños por invertidos. Es demasiado fácil imaginar cómo esas dos empoderadas sádicas habrían chillado histéricamente quejándose de homofobia, cómo las innumerables asociaciones basura de la lobby homosexual habrían puesto el grito en el cielo, si alguien se hubiera atrevido a acusarlas de maltratar a su hijo sin las suficientes pruebas.

Ahora, finalmente, hay pruebas suficientes: el cuerpo ultrajado y martirizado de un niño de dos años que ha vivido un infierno difícilmente imaginable.

La responsabilidad, por tanto, no recae solamente sobre el sadismo de dos perturbadas mentales, sino sobre una sociedad enferma. La verdadera razón de que este niño haya sido torturado hasta la muerte sin que nadie interviniera la debemos buscar en la delicadeza de los servicios sociales hacia los homosexuales, en sus radares defectuosos sensibles al género, en la continua propaganda homosexualista en los basurmedios de comunicación, en la miserable legislación subversiva del orden natural de las cosas, promotora de la degeneración y la aberración.

Estas son las verdaderas razones del martirio de ese niño, cuya foto no la veremos por todas partes porque no es una víctima políticamente correcta.

El padre de este niño existe, no se trata de adopción o fabricación en laboratorio. Pero la custodia la tenía la madre. Y este es precisamente el índice definitivo de la degeneración de nuestra sociedad, de un Occidente convertido en un estercolero repugnante, enfermo y podrido hasta la médula: que la custodia de un niño no la tenga su padre sino una pareja de lesbianas.

Max Romano

viernes, 13 de mayo de 2016

SANTIAGO MATAMOROS, LOS SARRACENOS MUERTOS Y LOS BÍPEDOS EN MINIFALDA




Una detestable tendencia a bajarse los pantalones y avergonzarse de la propia historia recorre todo el mundo blanco, el continente europeo y en particular nuestra nación, España. Como en todo lo demás, también aquí en lo pequeño se anuncia lo grande y episodios lejanos entre sí tienen el mismo significado.

El visitante de la catedral de Santiago habrá notado que en una conocida imagen del siglo XVIII de Santiago Matamoros ha sido censurada con ridículas florecitas la parte inferior, que representa tres sarracenos enteros y la cabeza de un cuarto, todos muertos por la justa furia del Apóstol guerrero, que se llama Matamoros porque mataba moros y no porque le gustara poner florecitas a los pies de su caballo: en tal caso se habría llamado Santiago Hijo de las Flores.

No es de ahora esta detestable medida, fue decidida ya hace años en esa catedral, como por lo demás se han vuelto habituales, un poco por todas partes, análogas prácticas de pantalones bajados para no ofender a los musulmanes. Se trata de esconder, como si fuera una vergüenza, nuestra propia historia, nuestra cultura y nuestra tradición, los testimonios de nuestro que en el caso de España están ligados a una guerra que duró ocho siglos y cuyo significado fue exactamente una guerra de civilizaciones donde se decidía si la Península Ibérica iba a pertenecer al mundo islámico o al mundo cristiano medieval.

No se entiende muy bien en qué medida todo ello se debe a la arrogancia de ciertos musulmanes, y en qué medida se debe a los mediocres y acomplejados españoles que se avergüenzan de la propia historia y odian lo que son. O no quieren problemas, hasta el punto de que permiten al huésped mandar en la propia casa, nuestra casa. Esta es la esencia de la pusilanimidad: no querer líos, no querer polémicas, evitar el conflicto y que alguien se sienta ofendido.

Lo realmente ofensivo y odioso es que alguien pretenda que nos "retiremos" de nuestra historia y nuestra cultura porque no sea de su agrado, o del agrado de otros. Por parte de un invitado en nuestro país, pretender que ocultemos nuestra historia porque le ofende es un acto de arrogancia que lo descalifica y es motivo suficiente para echarle a patadas. Por parte de un español, pretender lo mismo es un acto de vileza que lo califica como indigno de ser español y europeo.

España se ha forjado en la Reconquista, en una guerra religiosa, y esto es inseparable de nuestra Historia. No quiere decir que ahora debamos seguir en guerra, ni que se deba cultivar el odio o la enemistad por fuerza, hoy en día, ni que vayamos a volver a la Edad Media. El pasado es pasado, pero está ahí y pretender que nos avergoncemos de ello es un insulto.

Para terminar, me gustaría hacer notar que la actitud de aquellos españoles que, por no ofender al musulmán, quieren que se censure y oculte nuestra historia y nuestra cultura, es exactamente la misma actitud que el de aquellos bípedos con documento de identidad masculino (no los llamaré hombres) que en Holanda, para protestar contra las agresiones a mujeres por parte de inmigrantes, se “solidarizaron” con ellas manifestándose en minifalda.

El mismo tratamiento que estaban pidiendo a gritos los bípedos holandeses en minifalda, es el que piden quienes cubren con flores los sarracenos muertos en las imágenes de Santiago Matamoros.

Max Romano

viernes, 6 de mayo de 2016

HARTO DE ESTUPIDECES




Cualquiera que tenga dos dedos de frente y un mínimo de sensibilidad (la verdadera, la auténtica, no esa cosa que el decadente llama “sensibilidad”, grasienta y mórbida, pegajosa y fofa como un molusco muerto) siente que la sociedad actual ha colmado su medida interior para las imbecilidades.

Con otras palabras, uno está harto de estupideces. Así que pongamos algunas cosas en su sitio.

Viva el juguete bélico y vivan los bofetones a tiempo a los niños. Vivan los educadores que incitan a los niños a jugar y no a socializar. Vivan las obras y los discursos, en todos los campos, en los que se ensalza el patriotismo, la familia, el heroísmo y los valores guerreros, el sacrificio y la comunidad. Abajo los bodrios infumables con los que nos quieren reeducar en el mediocre moralismo barato igualitario y su fangoso, trasnochado sustrato mental paramarxista-freudiano.

Vivan los estereotipos de género, sexistas y patriarcales, símbolo de salud y civilización. Vivan las películas en las que los malos no son víctimas de la sociedad, sino hijos de mala madre puestos en libertad por abogados izquierdistas, donde a los villanos les vuelan la cabeza héroes como debe ser: políticamente incorrectos, incorregiblemente y rigurosamente machistas, que ostentan un soberano desprecio por sociólogos, psicólogos y toda la morralla progresista que lleva decenios infestando Occidente.

Podrán parecer nimiedades y cosas secundarias, o serlo efectivamente; pero es que el veneno entra en pequeñas dosis y cuando nos queremos dar cuenta, ya estamos envenenados.

Lo que quiero decir es que debemos aprender a vivir, a entretenernos, a sentir dentro de nosotros siguiendo el principio férreo de rechazar lo que el sistema, sus malos maestros y sus ideólogos  han preparado para nosotros.

Fuera de nuestra mente su televisión, sus repugnantes productos que tienen, siempre, un contenido ideológico y un veneno oculto; desdeñemos sus formas de entretenimiento, los modelos de vida que nos propone el sistema, nunca inocentes sino cargados de decadencia. Fuera sus expertos y sus malos consejeros. Fuera sus mercenarios de la degeneración pagados para corrompernos a nosotros y a nuestros hijos.

No aceptemos todo lo que se nos propone, encendamos el cerebro y tengamos sentido crítico. Hagamos el esfuerzo de salir de la pasividad que quieren de nosotros para mejor meternos su inmundicia en la cabeza. Hagamos el esfuerzo de seleccionar, de buscar, de crear nuestro entretenimiento, nuestro ocio y nuestra ocupación del tiempo.

No es difícil en absoluto orientarse: en todo lo que el progresismo ve con malos ojos, ahí está la libertad y la regeneración. Aprendamos a encontrar nuestra verdad en nuestra cultura: en nuestra música popular y música clásica, en nuestra literatura, en nuestras tradiciones populares, en nuestro arte figurativo, en nuestros cuentos políticamente incorrectos de príncipes y princesas como debe ser, en vez de repelentes princesas guerreras, hadas vulgares y ordinarias, orcos buenos y príncipes calzonazos.

Una lectura meditada de uno de los clásicos, una contemplación serena de Velázquez o El Greco. Una visita a un castillo medieval de los muchos que se conservan, imaginando una atroz batalla concluida con una exaltante matanza de infieles o de enemigos de la Patria, seguida por la emotiva sepultura de los caídos.

Existen múltiples puertas que nos abren la verdad de lo que fuimos y que están ahí, porque fueron el producto del inconsciente de nuestros pueblos, son una posibilidad justo bajo la superficie de la conciencia envenenada por el sistema; entreabrir una de esas puertas, que pase un rayo de luz, puede ser suficiente para descontaminar la mente, mostrar en toda su miseria y su bajeza el verdadero nivel de la “cultura”, la “educación”  y los “valores” que se nos quieren proponer hoy en día.

Max Romano

viernes, 29 de abril de 2016

EL CEREBRO DE LOS MALTRATADORES




La ciencia se puede degradar muy fácilmente en ciencia basura cuando se mezcla con la ideología, cuando se insinúan el propósito sectario a favor de una tesis preconcebida, la intención abyecta de señalar con el dedo a una categoría de personas que el poder de turno marca como apestados. Entonces nace la basurciencia al servicio de los grupos de poder y de la mentira militante.

Si a este punto de partida defectuoso añadimos la superficialidad general de la prensa y la voluntad tendenciosa del periodista, ya tenemos cocinado el engrudo venenoso que “demuestra científicamente” ante los ojos del público la “verdad” sectaria que se quería proclamar, ya tenemos el “resultado científico” que puede ser citado por los mercenarios de la falsedad.

Proliferan en esta línea los basurestudios autodenominados “científicos” al servicio de la propaganda feminista tan en boga hoy día, como es el caso de un reciente estudio realizado en España, que analiza la activación del cerebro de los “maltratadores”. La idea es coger a un grupo de “maltratadores” haciéndoles visualizar escenas de violencia, tanto contra mujeres como de otros tipos, para estudiar las áreas del cerebro que se activan.

Semejantes estudios se han realizado en varios campos y para otros fines, no han llegado nunca a gran cosa, y es bastante risible la pretensión de haber “fotografiado” de esta manera los pensamientos, o haber profundizado con esto  en la mente humana. Pero no es este el punto. El punto es que para empezar no se nos dice qué debemos entender por “maltratador”.

¿Es alguien que ha dado una paliza a su pareja? ¿Que le ha pegado, que le ha dado un empujón? ¿Y en este último caso en qué circunstancias, y qué le había hecho la mujer? Porque no es lo mismo una cosa u otra ¿Quizá el “maltratador” la había sólo insultado? ¿Ella le había o no insultado o humillado por su parte?  ¡Ah, es que eso no es maltrato!

¿Quizá el hombre se había tirado un pedo delante de ella durante una discusión (caso real de justicia aberrante española)? ¿O la había criticado y ella se sintió ofendida? ¿O quizá nada en absoluto y ella lo denunció por sus santos ovarios sabiendo que para la legislación basura española la mujer siempre tiene razón y el hombre no tiene presunción de inocencia?

Está clarísimo, si uno tiene ojos para ver, que el término “maltratador” no significa nada en absoluto hoy en día, es sólo un estigma y una marca del apestado. Y como no significa nada, ya desde el principio esta insignificante producción seudocientífica no vale ni para papel higiénico. Semejantes producciones tienen un único objetivo: tomar casos de hombres realmente violentos, responsables de agresiones reales, y aplicarle la misma medida, la marca del “maltratador”, a cualquier hombre que haya sido condenado en base a las leyes basura feministas, o que haya sido sólo denunciado, sea por faltas infinitamente menores, sea por algo que ni siquiera es falta si lo hace la mujer, o incluso por nada en absoluto o una denuncia falsa.

Este es el objeto se esta clase de basurciencia, contribuir a la creación de una casta de parias, señalar con el dedo a quienes la tiranía ideológica feminista y sus tribunales estalinistas de género declara “maltratadores” (“tienen el cerebro diferente” piensa el papanatas que ha leído acerca del estudio). Que el paria sea re-educable o no es, en el fondo, secundario: lo importante es que se le pueda marcar como apestado.

Por todo lo comentado, queda claro el valor de esta mierda "científica" pinchada en un palo, así como su intención perversa. Lo que no impedirá que sea citado como si fuera un gran logro y un descubrimiento.

No dudo que se hayan encontrado diferencias en las zonas del cerebro que se activan en los sujetos estudiados. Pero ¿Eran violentos de verdad o sólo condenados por violencia de género? Porque en el caso de un hombre condenado por una insignificancia o por una denuncia falsa, es normal de todos modos que tales temáticas sean importantes emotivamente para él y se le activen zonas particulares del cerebro. ¿Se ha tenido esto en cuenta? ¿Cómo se han seleccionado los sujetos?

Pero sobre todo se le ve el plumero al estudio en la fijación con el tema de los crímenes pasionales (la emergencia inventada de la “violencia de género”) como si existieran sólo dos clases de criminales: los comunes y los de género. Naturalmente la intención final es llegar a decir que todos los varones somos criminales de género en potencia. Y como han “demostrado” que el cerebro es diferente, de ahí sólo hay un paso a pedir que a los condenados por las leyes basura se les tenga bajo control después de haber cumplido su condena, como a los delincuentes sexuales que no se pueden curar, a los pedófilos y a los violadores.

A esto quiere llegar la infamia: después de promulgar leyes injustas para las que el varón es culpable por principio, se marca como un paria a quien es condenado por estas mismas leyes basura. A esto sirve la “justicia” feminista y a esto sirve el empoderamiento de la mujer occidental en la política y la justicia.

¿Por qué no han estudiado el cerebro de las mujeres que denuncian en falso? ¿Qué sucede en el cerebro de una abogada feminista que fomenta las denuncias falsas? ¿Qué manchitas salen en el mapa de actividad mental de una mujer que humilla y veja a su marido? ¿Y  por qué no estudian las “manchitas” que muestra la resonancia magnética en el cerebro de las mujeres que matan a sus hijos (las mujeres lo hacen en número mayor que los varones, aunque la prensa basura oculte este hecho y quiera dar la impresión contraria)? ¿Por qué no estudian también esto?

¿Qué áreas cerebrales se les activan a los papanatas que apoyan el feminismo? Probablemente ninguna en absoluto porque la actividad mental está por debajo del umbral de medición, pero sería deseable tener un respaldo científico. ¿Qué mostraría la resonancia magnética del cerebro de una feminista militante? Si el equipo está correctamente calibrado sapos y culebras como mínimo, y probablemente también una colección de monstruosidades que sería la envidia de cualquier bestiario medieval.

El lector estará de acuerdo en que es un campo de investigación fascinante y que promete resultados reveladores, si el estudio se lleva a cabo con rigor científico.


Pero lo primero, como medida profiláctica, sería hacer la resonancia magnética de la actividad cerebral de quienes, incapaces de hacer verdadera ciencia, se ven abocados al triste papel de fabricar seudociencia sectaria al servicio de la propaganda feminista.

Max Romano

miércoles, 20 de abril de 2016

LOS ESTÚPIDOS GABACHOS Y EL VINO DERRAMADO




Hace un par de semanas sucedía algo que no había pasado desde hacía años, al menos que yo sepa. Cinco camiones españoles cargados de vino fueron detenidos por viticultores franceses, poco después de pasada la frontera, y los franceses vertieron su contenido ante la pasividad (es decir la complicidad, llamando las cosas por su nombre) de la policía francesa y por tanto del Estado francés.

Esta noticia me hizo recordar mis tiempos de adolescente, en los años ochenta, cuando era práctica habitual por parte de agricultores franceses interceptar camiones españoles cargados de productos agrícolas y destruir su contenido, porque los productos españoles les hacían la competencia.

Entonces como ahora, el gobierno francés se excusaba por lo sucedido (pero los gendarmes nunca intervenían porque, entonces como ahora, el Estado francés era cómplice de la guerra sucia comercial) y pagaba una indemnización. Pero el daño estaba hecho, pues lo que necesita el productor no es que le paguen el daño puntual causado por los cafres asaltacamiones, sino dar salida a sus productos en un mercado. Y este tipo de acciones repetidas perjudicaban gravemente a los agricultores españoles, como era intención de los cafres y del Estado francés. Entonces como ahora, la respuesta española era escasa o nula y salvo casos esporádicos nunca se hizo lo que se debía: responder al fuego con el fuego y después de cada uno de estos ataques, pagar con la misma moneda y actuar represalias contra las exportaciones francesas de manera que fuera causado un daño equivalente a su economía. Si el otro es desleal y quiere jugar sucio, el único modo de hacerse respetar es que sepa que estamos dispuestos a devolver el golpe, y que lo haremos.

Pero aparte de todo esto, lo que llama la atención es la estupidez monumental de este ataque. Lejos de sentir antipatía hacia los franceses u otros europeos, considero que estamos en la misma barca que hace agua, sobre todo hoy en día. Un francés puede ser, para mí, un camarada francés o muy al contrario un estúpido gabacho, según la actitud que tenga.

Sintiéndome además de español europeo, creo que Europa es algo que debe ser defendido en todos los sentidos, y que la defensa de Europa pasa por la solidaridad de sus pueblos, ante las amenazas gravísimas que se ciernen sobre su identidad y su misma existencia. La falta de esos estúpidos gabachos que han vertido el vino español en la autopista no es sólo la de ser unos cabrones antiespañoles, sino también la de no haber comprendido esto. Serán o se considerarán buenos franceses, quizá piensen que así defienden a sus familias y a su país, pero lo que son es idiotas.

Los franceses, con el resto de Europa, están amenazados de desaparecer como pueblo y de perder su identidad, sumergidos por negros y árabes que les convertirán en minoría en pocos decenios. Vivimos en un mundo dominado por fuerzas que quieren destruir todas las identidades, especialmente las europeas. ¿Y qué es lo que hacen? ¿En vez hacer el esfuerzo de comprender que todos los pueblos de Europa estamos bajo la misma amenaza, se ponen a hacernos la guerra sucia a nosotros, otros europeos, porque les podemos quitar una cuota del mercado del vino?

Es difícil, si no imposible, ser más subnormal.


No sé hasta qué punto los franceses comparten esta cerrazón mental y esta cortedad de miras. No quiero sacar conclusiones generales de lo que al fin y al cabo no es nada más que un episodio. Pero espero de verdad que no sea ésta la actitud dominante entre los europeos, porque entonces el futuro pinta muy mal.

Max Romano