miércoles, 15 de junio de 2011

LOS CICLISTAS EN PELOTAS Y LAS FORMAS DEL PUDOR


Para esta entrada voy a tomar como punto de partida la marcha de ciclistas en pelotas que hemos tenido en Madrid el pasado fin de semana.




No es una novedad porque estas marchas “ciclonudistas” ya hace tiempo que se celebran en Madrid y otras partes. Aunque no acabo de entender el gusto de ir en cueros por la ciudad en bicicleta, imagino que hay gente para todo. El exhibicionismo seguramente tiene poco que ver, porque la mayor parte de los participantes daban un espectáculo francamente lamentable si no horroroso.

Pero sí que hay exhibicionismo aunque de otro tipo. Es exhibir una cierta mentalidad que presenta como una liberación la eliminación de cualquier pudor y es también exhibir el propio desprecio hacia el sentido del pudor de los demás. Algunos participantes se quejaban en la televisión de que los coches no respetan a los ciclistas, pero ellos mismos demuestran bastante poco respeto hacia quien no desea ver gente en pelotas por la calle.

El sentido del pudor es algo que prácticamente ha desaparecido. Al nivel más básico, corporal, es la ocultación en público de ciertas partes del cuerpo y de los actos sexuales. Los criterios del pudor son tan variados como las culturas humanas y las épocas históricas, pero creo que más allá de esta variedad hay un significado común.

En efecto, debemos observar que el pudor a este nivel es característica de la especie humana en oposición a los animales. Es decir que el considerar que ciertas partes del cuerpo en cuanto ligadas a la sexualidad y a la evacuación deben ser tratadas de forma particular, el considerar que la exhibición pública de actos sexuales es impúdica, es simplemente separar algo que es personal y privado de las miradas del resto del grupo, y un signo inequívoco de elevación humana sobre el nivel del animal. De consecuencia el significado profundo de la pérdida completa del pudor, el reivindicar esto como un derecho y una liberación, tiene el significado de una regresión hacia la animalidad.

Pero no es ésta la única forma del pudor. La contrapartida mental, interior, de cubrir la propia  intimidad, es la discreción a la hora de exhibir y comunicar los propios sentimientos. Esto también es pudor y también está desapareciendo. Hay siempre algo de profundamente chabacano y vulgar en esta actitud –o manía- de querer airear la propia vida íntima a los cuatro vientos. Falta completa del sentido de la distancia, de diferenciar lo privado y lo público.

Como en el caso del pudor en la exhibición del cuerpo y la sexualidad, no se trata de que haya que cubrir algo porque esté mal, sea feo o haya que avergonzarse de ello. De ninguna manera. Es simplemente cuestión de guardar una distancia y de establecer una separación entre lo que me pertenece a mí, a mis seres queridos, a mis compañeros, etc…es decir una diferenciación que es propia de un nivel de conciencia superior y auténticamente humano. Por tanto, también en este sentido la falta de pudor marca una regresión de la conciencia a un estadio amorfo y primitivo. A nivel animal si no al de las hortalizas.

Además creo que en general cuanto más se ostentan y se exhiben como en un espectáculo sentimientos y emociones, menos auténticos son. Es decir que cuanto más se muestran en público estas cosas más falsedad hay. El límite de esta exposición impúdica y fraudulenta de sentimientos amañados lo tenemos en la prensa del corazón y en los programas de telemierda y marujeo.

Existe aún una forma de pudor que es la discreción en la expresión de las propias opiniones. No en el sentido de hacerlo de manera polémica o moderada –que eso es otro tema- sino en el de no hablar con suficiencia de lo que no se conoce, sin haberse por lo menos planteado los problemas y haberles dedicado un mínimo esfuerzo o reflexión, para formarse una opinión y poder adoptar una posición. Si el pudor es cubrir las vergüenzas, en este contexto y por analogía significa también cubrir la propia ignorancia, inexperiencia o falta de criterio sobre un tema. Evidentemente nadie está perfectamente preparado en todo ni puede tener una posición meditada sobre cualquier cosa, pero impúdico es reivindicar las “vergüenzas” de la propia insuficiencia e imponerlas a todos.

Esto está muy ligado a una variedad del narcisismo tan extendido hoy en día. A toda costa se quiere importunar a los demás con una exposición pública, no de opiniones o ideas, sino de sí mismo porque se considera la propia persona del máximo interés para los demás en general y se desea exhibirla. Esto también es en cierto sentido falta de pudor.

Resumiendo, aparte de la anécdota de los ciclistas en bolas, si consideramos el significado profundo de la desaparición del pudor en sus varios aspectos, se revela como una regresión y una caída de nivel en la conciencia humana. Un pequeño fenómeno degenerativo más que se añade a todos los demás que estamos viviendo.

Saludos del Oso.

miércoles, 8 de junio de 2011

HIROO ONODA (II): Breve invitación a reflexionar



La historia de Hiroo Onoda que se comentó en la entrada anterior tiene un cierto valor simbólico y sugiere algunas reflexiones.

Existe una tendencia muy humana a ver la realidad de manera que el tipo de existencia que se lleva aparezca justificado y lleno de sentido. En particular nos negamos a ver los aspectos que podrían socavar o destruir las bases sobre las que fundamos nuestra vida. La historia de los treinta años de guerra del teniente Onoda nos da una representación muy dramática de esta idea. Pero de manera menos clara, menos aguda y evidente, en la vida de cada día, este interrogante nos acecha continuamente como un enemigo oculto.

¿Cuántas de nuestras ideas y convicciones tienen un valor intrínseco y cuántas son únicamente ilusiones a las cuales nos aferramos, porque forman la base de la vida que llevamos y le dan un sentido?

Esta es una pregunta de muy difícil respuesta pero que cada uno de nosotros debe considerar, si es que lo que hace ha de tener un significado. Particularmente si uno decide llevar a cabo una acción que vaya más allá del puro interés personal, en vez de limitarse a pasar el tiempo de la mejor manera posible.

Especialmente para quien se encuentra a disgusto con los valores predominantes en la sociedad moderna la siguiente cuestión es fundamental:

¿Vale la pena lo que hacemos, la dirección que hemos elegido dar a nuestro esfuerzo, los valores que defendemos, o estamos combatiendo emboscados en la jungla una guerra que ha terminado y que pertenece a un mundo que ya no existe?

A nivel personal está claro que uno puede aislarse del mundo y mantener una fidelidad ideal a un mundo superado. Individualmente esta solución es posible y éticamente no hay nada que objetar. Pero esta elección del tipo de  “Los últimos de Filipinas” no tiene proyección de futuro ni un sentido histórico o social. Tiene sí una dignidad y un valor de testimonio. Pero este testimonio se perderá en la corriente del tiempo a menos que sea recogido por una propuesta y un proyecto que tenga esta proyección de futuro.

Lo que quiero decir es que la lucha contra las ideas dominantes de un período histórico puede efectivamente ser en algunos casos como la lucha del teniente Onoda. Es decir continuar combatiendo por pura obstinación una guerra que ya ha terminado, si uno se empeña en volver al pasado, que es como aferrarse a los restos y los residuos del mundo que fue de sus padres o abuelos, a lo que queda de sus valores e ideas pensando que sea posible dar marcha atrás y retornar a la  situación precedente.

Pero no tiene por qué ser así necesariamente. Esa misma lucha puede tener un sentido cuando no se trata de reproducir el pasado o de defender valores superados, sino de afirmar valores que tienen validez permanente, porque están radicados en la realidad y en la naturaleza humana. Valores que son negados y pisoteados en un período de decadencia y degradación humana como el actual.

Por poner un ejemplo, rechazar el nivelamiento en la mediocridad que es el natural e inevitable desarrollo de la mentalidad igualitaria, no significa volver al mundo medieval, al feudalismo y a la monarquía de derecho divino, sino afirmar que la igualdad es radicalmente injusta, que las diferencias entre seres humanos son un valor y que debe existir una organización y una sana jerarquía social que las reconozca.

Aplicado a las relaciones entre hombres y mujeres, rechazar las necedades igualitarias no significa querer volver a instituciones y costumbres de un pasado más o menos reciente. Significa afirmar el derecho imprescriptible de hombres y mujeres a ser diferentes y rechazar qualquier estúpido discurso de igualdad, discurso criminal que condena a la infelicidad, a la alienación de sí mismos, a unos y otras.

Oponerse al feminismo, a su destrucción dela figura paterna y a su lavado de cerebro que convierte a los hombres en pobres gilipollas, no significa que debamos copiar todos los comportamientos de nuestros padres o abuelos. Significa ser fieles a valores afirmativos, activos, agonísticos y también de orden y estabilidad, que el varón lleva como parte de su misma naturaleza –como la mujer lleva otros- y por tanto no están ligados a un período histórico o a una sociedad determinada.

En resumen, de frente a la impostura progresista que pretende censurar cualquier oposición a sus ideas como reaccionaria, contra esta mentalidad que pretende imponer sus no-valores y su apología de la decadencia como las únicas ideas posibles y el resultado natural e inevitable de la evolución humana, se puede y se debe afirmar con fuerza que otro mundo es posible. Mundo que extiende su mirada a tiempos pasados, no para volver a lo que ya fue y copiarlo, sino para inspirarse, reinventar y defender principios que tienen una validez perenne. De manera adecuada a la realidad en que vivimos.

Sólo de esta manera nuestra lucha no será como la de Hiroo Onoda. No será la de un combatiente aislado que pelea por una guerra y un mundo que ya ha sido dejado atrás.

martes, 7 de junio de 2011

HIROO ONODA (I): El último soldado del Sol Levante

En esta entrada y la siguiente vamos a dejar por un momento lo cotidiano para dar un buen salto y recordar la notable historia de Hiroo Onoda.

Fue éste casi el último soldado japonés dela Segunda Guerra Mundial en rendirse. Cuando terminó la guerra en agosto del 1945 con la derrota de Japón frente a los Estados Unidos, un cierto número de soldados japoneses que habían quedado aislados en remotas islas tropicales no se rindieron y siguieron combatiendo durante meses o años. Incapaces de creer que la guerra había terminado y ateniéndose estrictamente a las órdenes que habían recibido ante la falta de comunicación con sus superiores y con la patria.

La mayoría se fueron entregando y volviendo a su país en los años inmediatamente sucesivos al 1945, pero Hiroo Onoda continuó durante años y años combatiendo su guerra en la pequeña isla filipina de Lubang, inicialmente con otros tres soldados. Con el tiempo fue perdiendo a sus compañeros y finalmente se rindió en 1974, veintinueve años después de la capitulación de Japón. No fue estrictamente el último soldado en rendirse pues Teruo Nakamura lo hizo siete meses después. Sin embargo este último no tuvo tanta resonancia ni dejó escrita su aventura.

Tras su vuelta a Japón Hiroo Onoda se convirtió en una celebridad y escribió un libro autobiográfico bastante entretenido: “No Surrender: My Thirty-Year War”. En este libro relata los particulares de su vida en la jungla, cómo se las arreglaba para sobrevivir y esconderse de los habitantes y de la policía filipina, que nunca consiguió capturarlo.

Nació en el 1922 y todavía vive. Fue un chaval sustancialmente sano y algo calavera (para la época y el país) durante el poco tiempo que tuvo para serlo antes de ser llamado a filas en el 1943. Asignado a una unidad que se ocupaba de guerra de guerrillas, misiones de inteligencia militar y sabotaje, recibió un adiestramiento especial en el que se hacía hincapié no tanto en la obediencia ciega y el sacrificio sino en la iniciativa y el criterio individuales. Además se le ordenó permanecer con vida y se le prohibió específicamente suicidarse o combatir de manera suicida.


Fue enviado en 1944 a la minúscula isla filipina de Lubang (20 km de longitud) frente a la bahía de Manila, cubierta de jungla tropical y con un puñado de habitantes dispersos en una decena de minúsculos poblados. Esta sería su casa durante los siguientes treinta años. Los americanos desembarcaron en la isla en 1945 y tras una breve lucha casi todos los soldados japoneses de guarnición fueron muertos o hechos prisioneros. Pero Onoda y otros tres compañeros bajo su mando se escondieron en la jungla para continuar su misión. Cuando la guerra terminó y les lanzaron octavillas para que se rindieran no lo creyeron, pensando que se trataba de maniobras del enemigo para engañarles.

Durante los siguientes años fue perdiendo a sus compañeros. En 1949 uno de ellos se rindió y volvió a Japón: En 1956 otro fue muerto en un tiroteo y en 1972 el último murió también en un conflicto con la policía filipina. Finalmente, en 1974 conoció a un extravagante turista japonés que acampaba en la isla y se hicieron amigos. El turista no consiguió convencerle completamente de que la guerra habia terminado y fue necesario que volviera a Lubang con el antiguo comandante de Onoda, que le leyó las últimas órdenes de su vida militar que le intimaban la rendición. Sólo entonces terminó la guerra para el soldado Onoda.


Hay que puntualizar, para evitar caer en explicaciones demasiado fáciles y superficiales de este notable caso humano, que Onoda no sufría ningún trastorno psicológico: los médicos que le visitaron tras su vuelta a Japón afirmaron que su salud física y mental era superior a la del ciudadano medio japonés de su edad, y tras su regreso ha llevado una vida tranquila y serena.

Estos hombres llevaron por decenios una vida aislada y por así decir silvestre que fue posible sólo debido a las circunstancias muy particulares en que se encontraron. Una vida de adaptación total a su ambiente y en la que hubieron de resolver con notable ingenio problemas de supervivencia y adaptación a un medio hostil, con la constante preocupación de no ser localizados y capturados.

Sin embargo no fue una vida animalesca ni salvaje. Conservaron en todo momento un fuerte sentido del deber y de la disciplina personal sin desmoronarse ni regredir hacia la animalidad. Seguramente en esto fue importante la conciencia de tener una misión que cumplir y la fidelidad absoluta a la imagen que tenían de sí mismos como soldados del imperio japonés. En la práctica no combatieron casi nada  pero su rígido sentido del deber les mantenía fieles a la tarea que se les había encomendado y que ya no tenía sentido porque pertenecía a un mundo que había concluido en 1945.

En resumen nunca fueron parte de la naturaleza como en un “Libro de la Selva” del siglo XX, sino seres humanos que mantenían su condición y la distancia respecto a ella, aunque llegaron a estar tan perfectamente adaptados como cualquier especie animal. Onoda por lo demás cuando volvió a la civilización tampoco tuvo particulares problemas y supo acomodarse a la vida en la sociedad. Una sociedad de la que deploraba muchos aspectos de su la evolución posterior a la derrota militar, pero esto no tiene nada que ver con un problema de adaptación tras la vida en la selva.

Tras su vuelta a Japón se convirtió casi a su pesar en una celebridad, y se fue a vivir durante un tiempo a Brasil, trabajando en una granja donde su hermano criaba animales, y contrajo matrimonio. Deplorando la decadencia y el olvido de los valores tradicionales en Japón, fundó una serie de campos educativos para jóvenes,  “Onoda Nature School”, demostrando que aún tenía fuerzas y deseo de trabajar para su país.

El libro que ha escrito es lúcido si bien a menudo casi desesperante –por lo menos para mí- en su ilustración de los mecanismos psicológicos, a veces increíbles, por los cuales Onoda y sus compañeros se obstinaban en negar las evidencias que a pesar de todo les llegaban del exterior y convencerse a sí mismos de que la guerra continuaba. Esta es una parte particularmente interesante del relato.

En el período inmediatamente sucesivo a la guerra quizá podía tener un sentido negarse a creer que ésta había terminado y considerar como engaños del enemigo los intentos que se hicieron para convencerles, con octavillas lanzadas desde aviones y mensajes dejados en la jungla, que leyeron pero sin darles crédito. Ciertamente es necesario un sentido del deber extremo y también ser bastante testarudo, pero es algo concebible en la óptica de un desapego total hacia la propia persona y una dedicación completa a la propia misión, algo que para un oriental no es difícil de comprender y que es simplemente lo que se exigía a todo soldado nipón.

Lo que desafía toda lógica, incluso desde el punto de vista de los orientales, es la obstinación con la cual Onoda y sus compañeros continuaron año tras año a vivir escondidos en la jungla, manteniendo viva en su mente una guerra que ya había terminado, durante un increíble período de treinta años. Durante ese tiempo se intentó capturarlos sin éxito, desde Japón se enviaron algunas expediciones para encontrarlos y convencerles de que la guerra había terminado. Alguna vez conocidos o familiares intentaron ponerse en contacto con ellos para que volviesen a casa pero no hubo manera…incluso una radio cayó en sus manos en un cierto momento y les permitió ocasionalmente escuchar noticias y programas varios.

Obstinadamente negaban la realidad y se convencían a sí mismos de la manera más retorcida de que todos los intentos que se hacían para convencerles de que la guerra había terminado eran o podían ser engaños del enemigo para que se entregaran y finalmente capturarlos.

Es posible que el mecanismo profundo que actuaba en ellos fuese un deseo de mantener el modo de vida que se habían construido y que no querían abandonar. Después de los primeros años, su vida estaba allí en la isla y no en otra parte, una vida clandestina a la cual se habían adaptado perfectamente y cuya razón de ser era solamente la guerra y la misión que debían cumplir.

Ellos de alguna manera no querían que la guerra terminase: hay que leer en detalle la manera en que interpretaban tendenciosamente todas las informaciones que les llegaban, cómo a menudo se agarraban a un clavo ardiendo con tal de no ver la realidad, para darse cuenta de que en realidad no querían verla, porque habría derribado los fundamentos y la razón de ser de lo que había sido su vida durante años y años, la habría hecho aparecer totalmente carente de sentido y significado.

Hasta aquí esta notable y curiosa historia. Considero que es interesante por sí misma pero además nos puede sugerir algunas reflexiones. Este será el tema de la entrada de mañana.

jueves, 26 de mayo de 2011

LUGARES COMUNES FEMINISTAS


Un episodio real en una oficina de Madrid: como muchos de los que trabajan con ordenador hacen o deberían hacer, cada hora y media o dos horas me levanto para estirar las piernas y descansar la vista durante unos pocos minutos.

De manera casual, comento con una de las secretarias que de vez en cuando conviene tomarse este tipo de descansos, y sin venir a cuento la señora empieza a hilvanar un rosario de comentarios, para decir más o menos que los hombres nos distraemos en el trabajo y perdemos tiempo, somos blandos y quejicas, y sin venir a cuento suelta también el conocido tópico de que las mujeres, a diferencia de los hombres, pueden hacer varias cosas al mismo tiempo. En resumen, toma como pretexto un comentario de lo más corriente para afirmar que las mujeres son mejores que los hombres.

Cada uno de mis lectores seguramente habrá sido testigo de situaciones análogas. No es que la señora tuviese un mal día ni que se hubiera peleado con su marido o con su jefe. Puede pasar en casos puntuales, pero quien observe la realidad se dará cuenta de que este tipo de episodio se repite por todas partes, constantemente y con infinitas variaciones. No se trata del normal tira y afloja de las relaciones humanas, ni de malhumores o comentarios sin mayor significado. Es algo demasiado sistemático y común para ser casual o normal. Se trata de la auténtica obsesión e idea fija que tienen muchas mujeres por entrar continuamente en competición y polémica con el hombre.

El adoctrinamiento feminista y su mensaje de guerra continua contra los hombres han calado hondo en la vida cotidiana. Sin venir a cuento y con cualquier pretexto todo tipo de mujeres repiten en cuanto ven una ocasión para ello el slogan feminista de que las mujeres son mejores que los hombres. Con una mezcla perversa de lugares comunes y mala fe, mentiras descaradas y falsificaciones, se pretende instilar en la mente del varón, gota a gota como un veneno, la idea de la superioridad femenina.

Y veneno es porque el mensaje lentamente ha llegado a permear la sociedad y paralizar la capacidad de respuesta de los hombres. La propaganda que utiliza el feminismo para lavar el cerebro de los hombres se ha convertido en parte del ambiente, del substrato mental de la población, hasta el punto de que se acepta pasivamente y sin discusión.

Es como si una banda de criminales hubiera pasado por un campo fértil y lo hubiera regado de venenos y sustancias tóxicas. Se trata por tanto de bonificar el terreno. Rechazar dentro de nuestra mente este lavado de cerebro.

Uno de los lugares comunes más difundidos es que las mujeres pueden hacer varias cosas al mismo tiempo y los hombres no. Esto es simplemente falso, una de las bobadas que a fuerza de  una constante y machacona repetición pasan por verdad. De acuerdo a mi experiencia personal y creo a la de cualquiera, hay tareas complejas que requieren una concentración absoluta para ser realizadas correctamente, otras algo menos que si bien requieren atención nos permiten hacer otras cosas, y en fin las que son tan sencillas que podemos dedicarnos a muchas de ellas simultáneamente. Imagino que depende mucho de la persona. Por ejemplo los maestros de ajedrez (gran mayoría de hombres) son capaces de jugar partidas simultáneas (¡incluso simuiltáneas a ciegas!) dedicando sólo una parte de su atención a una actividad que para un común mortal requiere una concentración exclusiva.

Decir que las mujeres pueden hacer varias cosas al mismo tiempo y los hombres no, por tanto equivale a sostener que las actividades complejas y mentalmente exigentes son apropiadas exclusivamente para hombres, y que las mujeres tienen cerebro sólo para fregar, lavar la ropa, cocinar, hacer de secretarias y ver telenovelas, que son tareas simples y permiten realizar varias de ellas simultáneamente. Posiciones que nunca se han sostenido en este blog.

Otra estupidez soberana es que las mujeres son mejores en el trabajo, se aplican y se concentran más. Evidentemente quien suelta una parida de este calibre es que no ha trabajado en su puta vida o habla en mala fe. Como sabe cualquiera que haya puesto el pie en una oficina, la mayor parte de las mujeres dedican mucho más tiempo que los hombres a charlar, en un interminable parloteo que transforma cualquier lugar de trabajo en un gallinero como haya más de dos o tres juntas que sean amigas. Y como no lo sean es peor porque la mala sangre se palpa en el aire, y desde luego a ellas les importa un bledo poner sus rencillas personales por delante de la profesionalidad.

Que trabajen mejor es otra risible pretensión. Una falsedad total como demuestra ampliamente el que necesiten, para medio competir con los hombres, una infinidad de privilegios, cuotas de género y todo tipo de políticas de discriminación antimasculina, para intentar imponer a través de una aberrante e injusta legislación una igualdad que no existe ni existirá nunca por motivos objetivos.

Según la última superchería feminista de que voy a hablar y que todos hemos oído más de una vez, los varones somos más blandos y quejicas que las mujeres, delicados, carentes de aguante y de carácter. Muchas féminas parecen necesitar esta  letanía como si fuera una medicina, o como si por mucho repetirla fuera a ser verdad. En efecto existe un tipo de mujer moderna emancipada, con la mente llena de complejos de inferioridad, que necesita degradar al varón y confundir sus fantasías con la realidad,  para poder creerse ella misma el cuento de la superioridad femenina y sentirse alguien.

Sin embargo no negaré que la crítica tiene mucho de verdad. En general el tipo de sociedad en que vivimos, con sus valores seniles y mediocres, tiene un efecto degradante en el carácter y la personalidad humana. Siendo esto verdad para hombres y mujeres, especialmente devastante lo es para el varón. Es una triste realidad la difusión de un tipo masculino cada vez más común, el hombre del siglo XXI que el feminismo pretende imponer como criterio universal, un blandengue y un mierda como he abundantemente comentado en este blog. Pero existe una precisa razón para esta caída de nivel.

El hombre moderno se está volviendo un mierda porque le falta el padre. Denigrado por decenios de propaganda antipaterna y contra el patriarcado, convertido en símbolo del mal por víboras pseudointelectuales de cuatro perras y llenas de hiel, expulsado de la familia por leyes infames y abogadas hijas de puta, reducido en la figura del padre moderno, carente de autoridad, a una patética sombra de sí mismo con el cerebro lavado por siniestros y babosos pedagogos,  psicólogos y expertos.

En resumen imposibilitado por toda esta gentuza para realizar su trabajo, que es el de ser padre. Es decir representar el orden y enseñar a sus hijos a ser hombres. Justamente a no ser un blandengue y un quejica, a tener aguante, fortaleza y firmeza. Por tanto no es ninguna sorpresa que tras decenios de criminal propaganda feminista y de destrucción de la figura del padre los hombres sean unos mierdas.

Como podemos ver estamos ante el colmo del cinismo y la mala fe: se le echa en cara al varón, y se utiliza como arma de propaganda, la debilidad de carácter que es la directa consecuencia de la campaña feminista de acoso y derribo al padre.

Es como si le diera un martillazo en el pie a otro y a continuación, además, me riese de él y le echase en cara que no puede ganarme en una carrera, demostrando así que y soy mejor que él. En esta imagen se resume toda la pretensión de superioridad femenina sobre el hombre, que millones de pobres diablos aceptan con la cabeza gacha.

Toda esta basura no merece más comentario y creo que la situación está clara. Lo que en cambio urge, es una adecuada actitud masculina de frente a la agresividad femenina, a la voluntad de ciertas mujeres de transformar la vida en una continua guerra de sexos.

Lo único que puede hacer un hombre con una mínima dignidad es rechazar a estas mujeres y considerarlas como apestadas. Porque efectivamente están infectadas. Que encuentren otro gilipollas a quien hacer la vida imposible.

Y si esto significa aceptar algún sacrificio, renunciar a alguna ocasión o tener que esperar más de lo razonable hasta encontrar una compañera digna, ello es el precio de tener algo de dignidad. Si para echar un polvo de más se acepta ser tratado como un mierda, es que efectivamente se es un mierda. Así de claro.

Todo hombre debería grabar en su mente con letras de fuego esta simple y eterna verdad: el hombre que piensa con el rabo está destinado a ser un juguete de la mujer. Por mucho que le parezca lo contrario.

sábado, 7 de mayo de 2011

LA DOCTORA SÁDICA Y SU TRAMPA PARA CIPOTES


Queridos lectores: quizás dentro de poco podamos comprar este artilugio por Internet o incluso abran franquicias en nuestro país. Raro es que las perturbadas mentales de este asqueroso gobierno feminista y sus gilipollas domesticados no se hayan interesado por el tema. Lo mismo se les ocurre un día distribuirlo gratuitamente  en las farmacias:


¿Qué es esto? se llama Rape-aXe y es una trampa para cipotes. Se coloca en el interior de la vagina y cuando el pene entra se cierra alrededor atrapándolo con unas púas afiladas como cuchillas de afeitar según la página que lo publicita. Según su inventora causa gran dolor y debe ser retirado quirúrgicamente porque de lo contrario puede provocar lesiones irreversibles. He aquí el enlace donde nos obsequia con un demo del funcionamiento y nos proporciona otras amenas informaciones:


Esta especie de cepo, inspirado en el mito de la vagina dentata y que parece salido de una mala película gore, es una invención de la doctora sudafricana Sonnet Ehler. La excusa para esta encarnación en látex de odio antimasculino es combatir las violaciones, proporcionando a las víctimas un medio de defensa y marcando al violador con este artefacto, que lo debería llevar derecho al hospital y a ser detenido por la policía.

Naturalmente nadie pensará seriamente que esto vaya a evitar muchas violaciones. Eso sí, perfectamente puede ser el instrumento de venganza de mujeres despechadas o hijas de puta de toda clase que por un motivo u otro desean castigar a un hombre. Que además de sacar el rabo cruelmente lacerado por los ganchos de la venganza podrá ser acusado de violación, y como el varón es culpable hasta que no se demuestre lo contrario lo puede tener bastante difícil con la justicia.


Como es evidente, aquí se trata de las fantasías de la típica feminista dominada por una aversión patológica hacia el miembro viril. Humanamente podemos comprender su deseo de venganza contra un órgano que probablemente huye despavorido nada más verla. No hay que ser un genio para notar en la foto el placer enfermizo que esta tipa siente imaginando los ganchos que se clavan en los cuerpos cavernosos de la odiada polla.

En fin, no sé si este invento saldrá a la venta alguna vez o si es sólo una curiosidad fruto de una mente desequilibrada. Otras mujeres comprometidas en estos temas y algo más sanas mentalmente lo han criticado con dureza. Pero lo importante no es tanto esto sino el valor de símbolo que tiene Rape-aXe. Este artilugio descubre las cartas y el juego del feminismo de manera muy clara.

Es una verdad resabida que los locos a menudo dicen la verdad. Este aparato tendrá su origen en las fantasías húmedas de una mujer trastornada, pero por esto mismo y de manera involuntaria, nos está diciendo la verdad sobre el feminismo. Con un lenguaje figurativo transparente que incluso los gilipollas domesticados pueden comprender.


El verdadero rostro del feminismo es éste y no otro. La foto expresa exactamente lo que las feministas quieren hacernos a los hombres, de manera metafórica y si es posible real. Quien no se haya enterado aún que despierte y vaya abriendo los ojos.

lunes, 2 de mayo de 2011

BIN LADEN ELIMINADO


La noticia del día ha sido la eliminación de Osama Bin Laden en Pakistán en un ataque de comandos de Estados Unidos. Todos conocemos sobradamente quién era este señor y su fantasmal organización Al Qaeda, que parece estar por todas partes y a la que se ha echado la culpa de todo menos del calentamiento global.
Hasta Gadafi ha aprendido de los americanos que hay que decir que se está combatiendo a Al Qaeda. Aunque esto por supuesto no le haya ahorrado las bombas de la OTAN. El problema es que el copyright no es suyo y los legítimos propietarios de la marca no van a permitir que otros la utilicen si no es con su consentimiento.

La parrafada anterior deja claro que no me creo una palabra de la llamada guerra global contra el terrorismo ni de las noticias sobre Al Qaeda o Bin Laden. Bueno, que lo hayan matado ahora me lo creo en principio. Pero es casi lo único. Aunque como dicen que han tirado el cadáver al mar no sé ni siquiera si creérmelo.

¿Por qué escribo esto? Pues simplemente por el carácter de telenovela, de montaje, de teatro y de película yanqui de buenos y malos que ha tenido todo esto desde el principio. Quiero decir desde la matanza del 11 de Septiembre en Nueva York. Antes Bin Laden había sido un  personaje ambiguo, primero amigo de Estados Unidos en su lucha contra los soviéticos en Afganistán y posteriormente enemigo al que se atribuyeron diversas acciones terroristas. Pero fue tras los atentados del 11-S que se convirtió en el enemigo público número 1. Supuestamente reivindicó estos ataques en un vídeo que probablemente sea más falso que Judas como todos los que siguieron después.

No voy a entrar en las numerosas teorías conspirativas sobre el 11-S ni dar rienda suelta a la fantasía. Mi opinión personal es que fueron efectivamente atentados islámicos y que alguien en Estados Unidos los permitió porque se les iba a sacar un gran rendimiento político.

Que hay algo que no cuadra lo vemos ya en la cuestión del avión del Pentágono. Sigo considerando simplemente falso que uno de los aviones secuestrados se estrellara allí. Ni fotos de restos consistentes ni un agujero compatible con el presunto avión. Y para rematar la faena recuerdo perfectamente el vídeo que se distribuyó para “desmontar las teorías conspiranoicas” en el que no se ve absolutamente nada y mucho menos un avión de pasajeros, sino un fogonazo en el momento del impacto. Este vídeo no sólo no desmonta nada sino que hace surgir más dudas a quien ya las tenía. En todo este tiempo jamás he tenido motivos para salir de mi escepticismo ni cambiar de opinión. Quién sabe en qué otras cosas nos han mentido.

Lo anterior puede ser discutible, pero lo que es totalmente evidente es el rendimiento que les han sacado a los atentados. Han justificado con  ellos las invasiones de Irak y Afganistán de la manera más mentirosa y falsa imaginable, cuando estas campañas militares se habían decidido de antemano por motivos geopolíticos. En el caso de Irak fue necesario además inventarse armas de destrucción masiva para organizar la agresión pero era y sigue sigue siendo indispensable, para presentar la ocupación militar como liberación y la resistencia como terrorismo, la existencia de Al Qaeda como encarnación del mal.

Para justificar este tipo de políticas en un Occidente cuya opinión pública y moral oficial rechaza la guerra era necesario montar una película de buenos y malos, una telenovela jihadista, una obra de teatro que ha tenido su conclusión con  la eliminación del Malo cuando ya era hora de hacerlo. Además del Malo, el guión también incluye la organización Al Qaeda, que es como la Spectra de las películas de James Bond. No dejaremos de notar que estos años nos han puesto a Al Qaeda hasta en la sopa: cualquier desharrapado musulmán que pegaba cuatro tiros o secuestraba a occidentales o quería poner una bomba en algún sitio era de Al Qaeda, cualquier acción era justificada en nombre de la lucha contra Al Qaeda, naturalmente siempre y cuando los posesores de los derechos sobre la marca estuviesen de acuerdo.

Todos estos años han surgido periódicamente vídeos y mensajes de Bin Laden o de sus presuntos lugartenientes. Mensajes más falsos que Judas que parecían escritos por el Mossad o la CIA, cuyo contenido y momento de aparición eran de lo más oportuno para la propaganda israelí y americana. ¿Los israelíes trataban peor que lo acostumbrado a los palestinos y eran criticados por ello? Salía un vídeo de Bin Laden apoyando la causa palestina. ¿Los americanos tenían dificultades en Irak o Afganistán? Vídeo al canto de Al Qaeda apoyando la causa de los insurgentes y la guerra santa en esos lugares. Era como un comodín bueno para cualquier ocasión. Si no hubiera existido lo deberían haber inventado y puesto en nómina para recompensar los servicios prestados.

Ahora se ha bajado el telón sobre la primera parte de la obra con el justo castigo al malo por sus crímenes. Una novela demasiado larga sin un desenlace empieza a aburrir al personal y ya mucha gente empezaba a desconfiar de los vídeos del barbudo. ¿Veremos una segunda parte? La Global War on Terror tiene que continuar por varias razones pues las guerras no han hecho más que empezar y cada vez está todo más revuelto. La consigna es no bajar la guardia: ya hay candidatos a la sucesión de Bin Laden y se preparan nuevos episodios. No cambien de canal...

Sin embargo, no está claro si haber inflado la figura de Bin Laden hasta este punto va a resultar ventajoso para quien lo ha hecho. Fácilmente pueden haber creado un mártir y una figura mítica de la lucha contra Occidente. Fabricando artificialmente en el imaginario occidental un personaje virtual, un malo absoluto y un genio del terror símbolo del mal, quizás le hayan dado una realidad concreta en el imaginario musulmán, como una fantasma que adquiere realidad tras haberlo evocado. El final de Osama no ha sido el de Saddam Hussein, atrapado como una rata en un agujero y posteriormente ahorcado. Ha muerto en combate. Si el islam radical conquista el mundo árabe es fácil que veamos antes o después monumentos a Bin Laden en muchos sitios.

Espero que lo que he escrito esté suficientemente claro y creo que mis lectores no interpretarán nada de ello como un apoyo al terrorismo islámico que es un problema real, o como una negación de la amenaza que la expansión  musulmana en Europa supone. Estos desafíos son reales pero aquí no son el centro de la cuestión. El quid de la cuestión en el tema que nos ocupa es que, dejándonos engañar por la propaganda de la guerra al terrorismo, lo único que hacemos es ponernos al servicio de intereses que no son los nuestros.

En vez de ello debemos defender los intereses de nuestra nación y de la realidad más amplia a la que pertenecemos que es Europa. Las amenazas y las agresiones presentes y futuras, entre las cuales por supuesto está el extremismo islámico, deben ser combatidas con la máxima energía y usando la fuerza cuando sea necesario. Lejos de mí cualquier moralismo pacifista y los mediocres escrúpulos sobre el uso de la fuerza. Pero la legítima defensa de nuestra comunidad es algo muy distinto de enviar a nuestros soldados como mercenarios, en guerras que no son nuestras y siguiendo como perrillos falderos los diktat que vienen de Washington y Tel Aviv.