jueves, 29 de enero de 2015

PRESENTACIÓN EXILIADOS DEL SISTEMA

Queridos lectores:


El próximo sábado 31 de enero tendrá lugar la presentación en Madrid del libro Exiliados del Sistema, escrito en colaboración por el autor de este blog, Max Romano, y sus compañeros Antonio de la Peña y Lucio Peñacoba.

La presentación será a las 18:00 en el Hotel Gran Atlanta, C/ Comandante Zorita 34, en la zona de Orense.


La mayor parte de los artículos son reelaboraciones de textos publicados originalmente en la revista Verbo y Acción de la cual los tres autores han sido redactores desde el primer número. Otros han sido publicados por Max Romano en este mismo blog y por Lucio Peñacoba en Los Diarios de Winston. Unos pocos, en fin, han sido escritos expresamente para este libro. De los tres coautores, Antonio de la Peña es el que tiene una trayectoria más amplia como autor, teniendo varios libros publicados principalmente en el género narrativo.

Hay una gran variedad de artículos y los temas tratados son muchos, pero la línea general es la seguida en la revista Verbo y Acción. Hemos intentado fundir las diversas sensibilidades e intereses de los autores, incluyendo un buen número de textos de carácter muy diferente entre sí en una obra única que tenga coherencia propia.

El libro se podrá adquirir en la misma presentación, ser solicitado a las principales librerías o por internet en la página de la editorial ArtGerust.

Un saludo a todos y os espero en la presentación.

Max Romano

martes, 27 de enero de 2015

JE NE SUIS PAS CHARLIE (II): Quién favorece el terrorismo islamico



Este sábado se presentará el libro Exiliados del Sistema en Madrid. Daré comunicación en una nueva entrada en los próximos días. Ahora nos debemos ocupar de combatientes islámicos en la continuación de la entrada anterior.





Después de haber comentado en la primera parte la carnavalada indecorosa del Je suis Charlie, con acompañamiento de políticos, periodistas y medios discutiendo como siempre falsas cuestiones, vale la pena preguntarse sobre la manera en que hemos llegado a esta situación. Es decir, reduciendo la cuestión a sus líneas esenciales, en primer lugar por qué tenemos, como comentè en la primera parte, un pueblo extraño a Europa dentro de Europa resultado de inmigración masiva de primera o sucesivas generaciones. Por qué, en segundo lugar, los grupos de combatientes que se reconocen en el Islam –los llamados Jihadistas por los medios- proliferan como setas en Medio Oriente y Europa.

Aquí hay que poner por delante un escepticismo que es obligado. Mucho de lo que nos cuentan sobre este tema es lisa y llanamente una telenovela; los atentados con falsa bandera existen, bien directamente o a través de fanáticos reales pero teledirigidos, y uno no sabe bien qué pensar de tantas cosas. Pero poniendo entre paréntesis todo esto asumiremos la parte de verdad que hay en la visión de un creciente Islam radical, matriz de grupos integralistas dispuestos a inmolarse en nombre de la guerra santa, que imponen el terror en Medio Oriente y están naciendo también en Europa, aprovechando el medio y el caldo de cultivo favorable de la inmigracion islámica y sus descendientes.

Asumido esto, que en parte es cierto, en primer lugar la responsabilidad recae en quienes han permitido esta inmigración masiva y la siguen favoreciendo. En quienes niegan a los europeos el derecho de decidir la cantidad y la clase de inmigración que están dispuestos a aceptar, manipulando la realidad y la información para ocultar el problema. En una palabra a los partidarios de la criminal ideología de puertas abiertas para todos, cuya aspiración es destruir étnicamente a los pueblos de Europa y hacer que los europeos se conviertan en una minoría en su propia tierra.

Esto es lo que sucede en nuestro lado del Mediterráneo. Que ya es bastante malo por sí mismo, y aún peor en un cuadro de proliferación de movimientos y grupos islámicos radicales que guerrean en Medio Oriente, con la inevitable filtración a Europa de células enteras o de de lobos solitarios.

Pero si vemos las políticas seguidas por los gobiernos de Europa al otro lado del Mediterráneo, las cosas no cuadran de ninguna manera. Pues asumida la política de permitir comunidades musulmanas masivas en Europa con el objetivo de integrarlas, crear una sociedad multicultural y blablabla, se impone como evidente y obligada una política árabe y mediterránea que tenga como prioridad combatir el terrorismo islámico, ante todo políticamente.

Una política que apoyara regímenes árabes que contuvieran esta amenaza, que no fomentara el radicalismo, que buscara la colaboración con las fuerzas políticas de esos países más o menos laicas y no integralistas.

Pues bien, la realidad es exactamente opuesta. Los mismos gobiernos, lobbies y poderes que imponen la inmigración masiva, llevan a cabo una política que fomenta el terrorismo islámico, lo fabrica para utilizarlo con fines políticos, derriba a los gobiernos que combaten el radicalismo.

Lo fomenta con las continuas políticas de agresión y creacion del caos en Medio Oriente y en muchos países musulmanes, así como el apoyo incondicional a Israel, un país que vive y se alimenta del odio de los árabes,  lo capitaliza para recibir apoyo y legitimidad, económica y moral. No de otra manera que como un cultivo científico del odio se pueden interpretar las prácticas israelíes de continuar expropiando tierras a los palestinos, de arrancar por represalia olivos y cultivos, demoler las casas de los familiares de los terroristas.

La única lógica posible de esto es la de unir a los palestinos en un odio compacto hacia Israel y los judíos. Para verlo más claro imaginemos que en España un gobierno hubiera aplicado estos métodos, que a las familias de los etarras se les hubieran demolido las casas, destruido los cultivos. ¿El resultado habría sido una lucha eficaz contra ETA y su erradicación rápida? Para nada. El resultado habría sido que en pocos meses todos los vascos se habrían hecho etarras o simpatizantes de ETA, que se habría logrado transformar a todos los vascos en enemigos de España y se habrían separado efectivamente las Provincias Vascongadas del resto del país, mucho mejor que lo que habrían podido conseguir todos los libros de Sabino Arana y todos los políticos abertzales juntos.

Además de las políticas de Israel, hay que recordar los bombardeos continuos de los que ya apenas nos dan detalles, pero siguen con una u otra excusa. Sudán, Somalia, Pakistán, Afganistán, Irak, Yemen. ¿Cómo sabemos quiénes y cuántos están muriendo ahora mismo? ¿Son terroristas todos los que caen? ¿Y quién lo dice? Para el invasor toda resistencia popular a la invasión es terrorismo. Toda guerra provoca víctimas civiles, pero la guerra cobarde hecha con máquinas teledirigidas, drones, bombardeos y misiles crucero provoca más aún, porque la telenovela de los bombardeos quirúrgicos y las armas inteligentes es eso, una telenovela.

La falsedad de fondo de la guerra global al terror se ve precisamente en que no termina nunca, en que a pesar de usar medios cada vez más potentes los terroristas, reales o llamados tales, son más y se extienden. Señal inequívoca de que los que se está haciendo es fabricarlos y fomentando las condiciones para que haya cada vez más.

Pero eso no es más que el comienzo de la historia, y la parte menos importante. Porque los mismos grupos de yihadistas han sido, no ya fomentados de manera indirecta y opinable sino directamente creados, financiados y apoyados por los gobiernos occidentales para objetivos políticos, usualmente subvertir y derribar gobiernos hostiles, o agredir por medio de la guerra sucia terrorista a naciones que se resistían a entrar en la órbita de occidente.

Los combatientes islámicos fueron utilizados en las guerras de Bosnia contra los serbios, en la agresión contra Libia para derrocar a Gadafi, enviados a la guerra civil siria provocada por Occidente para subvertir el país. Luego, naturalmente, los demopayasos de Europa tienen la desvergüenza de lamentarse porque los mismos fanáticos que han amamantado vuelven a Europa; o se lamentan del ISIS, el nuevo coco y la bestia negra que está sustituyendo a la franquicia Al Qaeda para cubrir el papel del malo en la eterna telenovela de la guerra al terrorismo. El ISIS, que no es otra cosa que el resultado del caos que han creado en Irak y del fracaso de la agresión terrorista contra Siria.

Quizá los estrategas de Occidente desconozcan la fábula del genio en la botella, que cuando sale fuera no quiere volver a entrar. Fanáticos o no, sus degolladores con el turbante, tratándose de personas y no de máquinas, no son tan fáciles de controlar y pueden tener ideas propias.

Como guinda sobre la tarta, además de alimentar el odio en los países musulmanes y de fabricar yihadistas para utilizarlos en las guerras sucias, es que los gobiernos árabes víctimas de las agresiones de Occidente son precisamente los que más reprimían el terrorismo islámico y los grupos integralistas. No hemos ido a por los que entrenaban y financiaban a los degolladores con turbante. No. Hemos ido a por quienes encarcelaban o fusilaban a los degolladores con turbante. Irak y Libia serían dictaduras pero no eran islamistas. Libia colaboraba en los últimos años con europeos y americanos contra el terrorismo islámico, especialmente después de las Torres Gemelas. Lo mismo cabe decir de Siria. El pago que ambos han recibido está ante los ojos de todos. En Siria bajo Assad los cristianos y otras confesiones podían vivir en paz, y el verdadero terror ha llegado donde los rebeldes islámicos imponen su ley.

¿Qué sentido tiene lo que están haciendo los gobiernos europeos? ¿Cómo hay que interpretar estas líneas de acción?

Recapitulando, la línea seguida ha sido horrorizarse del terrorismo islámico y denunciarlo como nueva amenaza global, mientras en realidad se fomenta en todo Oriente Medio. Con el apoyo incondicionado a Israel y agresiones generalizadas que no lo combaten sino que lo incrementan, con la ayuda a grupos islámicos para realizar objetivos políticos. Por sí solo esto garantiza seguramente una buena reserva de odio y una masa importante de musulmanes inflamada de fanatismo, fogueada y dispuesta a morir.

La inmigración masiva impuesta a los europeos garantiza, además, que  una parte de este odio lo vamos a tener dentro de casa. O también, dicho de otro modo, que una parte de esta No-Europa dentro de Europa nos odia y está más que dispuesta a matar y morir por ello.

Para terminar y como toque final a esta política demencial, se destruyen o se intentan destruir los regímenes árabes que combaten el islamismo radical porque no se alinean con Occidente.

¿Política demencial, incongruente? Podría ser. La estupidez humana existe al fin y al cabo, omnipresente y también al máximo nivel. Uno podría considerar a los gobiernos europeos culpables simplemente de estulticia y negligencia criminal.

Sin embargo no creo que sea sólo esto. Creo que hay algo más. Si el refrán dice piensa mal y acertarás, vale también el piensa peor y acertarás más. Todo lo que no cuadra en la política islámica y medioriental de los europeos, todo lo que aparece como incongruente y contradictorio, cuadra perfectamente, en cambio, desde otro punto de vista.

Esto es si vemos esta línea política como conscientemente dirigida contra el bien, la libertad y la independencia de Europa, con el objetivo de mantenerla sometida políticamente, crear el caos en ambas orillas del Mediterráneo y alimentar los conflictos.

Nada cuadra si pensamos que nuestros gobiernos trabajan para nosotros. Todo cuadra si los vemos como lo que son, las marionetas al servicio de poderes extraeuropeos y de lobbies en la sombra, todos ellos comprometidos en una política consciente de traición a los pueblos de Europa.

sábado, 17 de enero de 2015

JE NE SUIS PAS CHARLIE (I): La marcha de los hipócritas


Lo que ha sucedido en Francia en la segunda semana de enero seguramente marca un antes y un después: el ataque islamista a la revista Charlie Hebdo ha establecido de manera efectiva la censura islámica en Europa.

En efecto da un poco igual que se tomen medidas, que se vigile, que se proteja a los periodistas. Si se publica algo que realmente ofenda a los musulmanes, el precio mínimo que hay que pagar por ello es vivir de manera permanente bajo protección policial. Esto es más que suficiente para establecer la censura a efectos prácticos.

Pero más allá del problema de la libertad de expresión, la cuestión que ha irrumpido de manera prepotente y de la cual los franceses han tomado conciencia, es la cuestión islámica, la presencia masiva de una inmigración de primera, segunda o tercera generación, que ha dado lugar a un pueblo no francés dentro de las fronteras de Francia.

En el cual sólo una minoría es violenta o terrorista, cierto, como es cierto que una parte se ha integrado efectivamente y muchos incluso se sentirán franceses. Pero muchos otros no, y aunque ninguno de ellos fuera violento (que muchos lo son) o no apoyara estas acciones (que la mayor parte de ellos lo hace en su fuero interno, no nos engañemos), este pueblo no francés dentro de Francia no va a desaparecer con el tiempo y no se va a convertir en francés. Lo mismo vale, es superfluo insistir sobre ello, para toda Europa. 

Esto es lo que ha movido a las muchedumbres que se han manifestado y, mal guiadas, han atestado los quioscos comprando milones de copias de esa bazofia que es el Charlie Hebdo. No lo han hecho por la libertad de expresión, que poco le importa al ciudadano medio, sino a que se percibe la cuestión que hay detrás, de la cual el terrorismo islámico solamente es un aspecto: la presencia de un mundo islámico que está ya dentro de nuestras fronteras y crece continuamente.

Quiénes son los responsables de esto, quiénes salen ganando con ello, es algo que hay que preguntarse. Si la política de nuestros gobiernos merece ser calificada de estúpida, traidora o teledirigida por los enemigos de Europa, o las tres cosas a la vez, es algo de lo que me ocuparé en la segunda parte de esta entrada.

En esta trataremos sólo de la gigantesca farsa montada sobre la libertad de expresión.

Para empezar me parece grotesca la campaña de solidaridad con ua publicación que es bastante asquerosa. Sin poner aquí nada de ellos porque ya tiene bastante publicidad, cualquiera puede ver en internet de qué se trataba y la clase de sátira con que se ocupaban no sólo del islam sino también del cristianismo y la Iglesia Católica, que eran sus objetivos principales.

Ni por asomo han hecho sátira, no digo con la vulgaridad que gastan habitualmente, sino de manera más elegante (de lo cual dudo en todo caso que sean capaces), sobre las lobbies judías, el holocausto, las razas, el feminismo, la corrección política y el largo etcétera de los tabúes de nuestro tiempo.

Naturalmente cada uno hace sátira como puede y de lo que quiere, pero que no nos vendan la moto de los campeones de la libertad ni de una Francia y una Europa donde se puede pensar libremente.

Por tanto y ya de entrada, Je ne suis pas Charlie. Condenar este ataque y el uso de la violencia no significa de ninguna manera transformar a los de Charlie en unos santos, ni erigirlos a símbolos de Europa, la cultura y la libertad europea, que es lo que han hecho.

Rechazando la violencia como respuesta y afirmando que no podemos permitir de ninguna manera la presencia y la acción de estos grupos en Europa, que son una amenaza objetiva y grave, es innegable que un musulmán o un cristiano que se sienta ofendido e insultado por estos emborronadores de papel tiene todo el derecho de decir que esa revista es una mierda repugnante, y nadie tiene derecho a exigirle que se identifique con ella.

Por supuesto, se dirá que no es ésta la cuestión, que se trata de la defensa de la libertad de expresión, de impedir que una minoría islámica nos imponga que podemos y qué no podemos decir.

Esto es muy bonito y es lo que pretenden que nos traguemos. Si no fuera porque existen ya minorías que nos dicen lo que debemos y no pensar, los libros que podemos leer, las ideas que podemos expresar.

Los políticos que se veían en primera fila de aquella grotesca manifestación del Je suis Charlie son los primeros que defienden las leyes liberticidas y la censura. Los periodistas que se rasgan las vestiduras y escriben pomposos artículos sobre la libertad de expresión apenas o nada han levantado la voz contra las leyes liberticidas, la censura abierta o encubierta, la prohibición de libros. Eso cuando no han jaleado todo ello con entusiasmo, y lo han justificado en nombre de la libertad.

De acuerdo, es mejor que te pongan una multa y que prohíban tu libro, o incluso que te metan un período en la cárcel, a que te peguen un tiro o te degüellen. Es cierto, los islámicos son más bestias y no voy a negarlo. Pero la cuestión aquí es si debe haber libertad de palabra y en qué medida, si  la hay en realidad y para quién la hay.

En la misma Francia, el cómico Dieudonné es perseguido con saña por las autoridades por hacer sátira contra los judíos e Israel; la última ha sido detenerle y acusarle de apología del terrorismo pocos días después del atentado, por una frase de lo más insignificante que uno ni siquiera sabe cómo interpretar bien. La frase: "Je suis Charlie et Coulibaly" (uno de los asaltantes).

Nos dice cómo están las cosas en realidad el ministro del interior francés Manuel Valls. Este campeón de la libertad, además de prohibir las apariciones públicas de Dieudonné nos ayuda a diferenciar entre opiniones y delitos: “El racismo, el antisemitismo o el negacionismo no son opiniones, son delitos”.

Esto es lo que tenemos. Las ideas son opiniones, o en cambio son delitos, dependiendo de qué indumento ritual se pongan en la cabeza quienes escriben las leyes, o quienes manejan a los títeres políticos que escriben estas leyes.

Carecen por tanto completamente de legitimidad los periodistas y escritores que ahora hablan de libertades, y por supuesto lo hacen como siempre con un doble rasero evidente.

Por todo esto, y porque los que estaban allí presentes son los responsables de esta situación, la manifestación Je suis Charlie no es más que la (enésima) feria de la hipocresía.

Unos y otros, periodistas, intelectuales, líderes políticos, las lobbies que tiran de los hilos, son los responsables de haber dado lugar a una inmigración masiva y hostil a Europa, de haber fomentado el terrorismo islámico, de haber llenado Oriente Medio y Europa de yihadistas con su criminal política.

Pero de esto hablaremos en la segunda parte de esta entrada. Mientras tanto, concluiré con dos imágenes que, además de ser verdades como puños, son auténtica sátira y no la bazofia de Charlie Hebdo.







martes, 6 de enero de 2015

AZOTES DE NUESTRO TIEMPO: LOS PAPÁS MODERNOS

Esta entrada del blog fue la primera versión para el capítulo correspondiente del libro "Azotes de Nuestro Tiempo" publicado en 2017. Se dejan algunos párrafos como muestra. 


En la lista de los Azotes de Nuestro Tiempo la figura del papá moderno, hombre del siglo XXI ocupa una de las posiciones de honor. Porque la figura del papá moderno, el que tiene los papeles en regla para ser aceptado por la mentalidad actual, equivale a la negación y destrucción de la figura del Padre.

Y no podría ser de otra manera: el padre es el malo por excelencia en la cultura dominante hoy en día, infectada de corrección política y odio a la masculinidad.

[...]

El Papá Moderno no tiene autoridad, no castiga, no se impone; si lo hiciera se sentiría culpable y con mala conciencia. Comparable a esas sustancias pegajosas y blandas con que a veces juegan los niños, no tiene una forma precisa, es un poquito untuoso y vagamente repulsivo. Escucha los consejos de los expertos, está en contra de los estereotipos de género, su máxima aspiración es que padre y madre sean indistinguibles en la familia, como piezas que se pueden intercambiar.

Le produce horror el concepto de que haya cosas de hombres y cosas de mujeres, le parece injusto que las diferencias naturales –cuando las reconoce- puedan o deban tener consecuencias prácticas, en la vida real. Con fanático sectarismo y suficiencia rechaza estos residuos de patriarcado y machismo. Pero hay una curiosa zona de sombra en su visión, una ceguera especial que le impide ver cuánto está en realidad subordinado a la mujer y a una lógica matriarcal, en la cual él cuenta como un cero a la izquierda. Algo lógico e inevitable pues no pisa el terreno firme de una paternidad segura de sí misma. Camina sobre arenas movedizas y lo sabe.

[...]

Pero sobre todo, más allá de estas campañas que a menudo tienen que ver con aspectos superficiales y secundarios, se destruye el núcleo y lo específico de la paternidad, que está ligada inseparablemente al orden y la ley.

La autoridad no es sinónimo de tiranía si está basada en la justicia; el orden y la severidad no excluyen el afecto; el castigo no es humillante ni vejatorio si está basado en la ley y quien lo impone es respetado y reconocido. Todas estas verdades son indigeribles para la ideología de la descomposición que hoy domina.

[...]

Pues la libertad no es la ausencia de límites y de forma, ni tampoco el capricho elevado a ley. La libertad es la presencia dentro de uno mismo de un núcleo firme de fuerza y de carácter que nos permita hacer frente al mundo exterior, a sus presiones y sus corrientes, a la constante interrogación de la vida. Sin esto somos sólo esclavos, de nosotros mismos o de otros poco importa, aunque podamos dar el nombre de libertad a esa esclavitud.

Y la pérdida del Padre lleva derecho a este resultado de no-libertad, negando a los cachorros humanos de ambos sexos el modelo y símbolo que encarna una autoridad verdadera -aunque sea para entrar en conflicto con ella- se hace difícil o imposible que sepan encontrar en sí mismos esa autoridad interior, única garantía de libertad.