sábado, 20 de julio de 2013

SALUDOS DE VERANO

Ha llegado el verano y con él el momento de tomar un descanso, sedimentar ideas, meditar sobre la mejor manera de continuar el trabajo y la acción que me he propuesto con este blog. Por tanto suspenderé la publicación de entradas hasta Septiembre pero voy a publicar todos juntos, como "especial de verano" si se quiere, algunos artículos que tenía pendientes, escritos durante los últimos meses. 

Estaré fuera o descansando y ciertamente no enganchado a internet, pero intentaré responder a eventuales comentarios sobre las entradas.

Para el año que viene, además de continuar la actividad del Oso Solitario y El Velo Rasgado, mejorándolos y buscando mayor incisividad y difusión, seguiré publicando en la revista Verbo y Acción y quizá haya algún proyecto nuevo. Seguramente ha llegado el momento de reelaborar algunas de las reflexiones y escritos desarrollados en estos casi cinco años, y entrar en la aventura más ambiciosa de darles forma de libro.

Posiblemente más de uno porque la actualidad es inagotable y la decadencia actual profunda; las ganas de trabajar sobran y los temas son siempre abundantes, pero sobrepasan el tiempo disponible. Con todo, espero poder anunciar durante el año próximo el primer libro del Oso.

Deseo a todos los lectores un feliz verano.

NEOLENGUA

En la profética novela 1984 de George Orwell, el gobierno realizaba una constante manipulación del lenguaje con la “Neolengua” (Newspeak) con el objetivo de hacer imposible no sólo expresar ideas disidentes sino incluso poder formularlas y pensarlas.

Esto, naturalmente, es lo que estamos viendo en nuestros días con el lenguaje de la correccion política, una censura capilar que se impone por todas partes, mutila el lenguaje con el objeto de limitar el pensamiento, sustituye expresiones precisas con grotescos eufemismos para eliminar el pensamiento claro y articulado, sustituyéndolo con una especie de melaza mental, a uso y consumo de autómatas logorroicos, que rebosa de palabras para no decir nada.

Me ocupé en su día de la corrección política como uno de los Azotes: 

Azotes de nuestro tiempo: corrección política 

Pero a veces tenemos la ocasión de ver la implantación de la Neolengua en un caso concreto y en tiempo real, por así decir: 

Associated Press no usará más el término “inmigrante ilegal” 

La expresión precisa "inmigrante ilegal", que denota quien entra en un país sin permiso - por tanto ilegalmente pues está violando la ley - se sustituirá seguramente con grotescos y mendaces eufemismos. Una medida de falsificación del lenguaje ha sido recibida con entusiasmo por la despreciable burocracia de la Unión Europea; la cual sostiene con penoso sentimentalismo buenista que “ningún ser humano es ilegal” y propone llamar a la inmigración “mobilidad europea”, a los inmigrantes “clientes”. 

El sentido de todo ello es muy claro. No sólo se nos quiere impedir decir que hay inmigrantes ilegales sino incluso pensarlo, formular el concepto en nuestra mente.

Este es el mensaje: puesto que todo el mundo tiene derecho a entrar en Europa, independientemente de la voluntad de los europeos,  los inmigrantes ilegales no existen y ni siquiera debe existir una palabra que exprese esta noción.

Esta es nuestra clase dirigente, esta es la información libre e independiente, que se llena la boca hablando de libertad para mejor servir a una tiranía que nos está quitando hasta el lenguaje.

Estas son nuestras - nunca peor llamadas - élites. Traidores y gentuza.

PATERNIDAD CRIMINAL Y MENTIRAS FEMINISTAS



En esta entrada me ocuparé de la criminalización del varón en su aspecto de padre, llevado a cabo por la maquinaria de mentiras feminista aprovechando un triste fenómeno como el maltrato a la infancia. La utilización tendenciosa de estos crímenes, particularmente odiosos, para hacer campaña antimasculina lo dice todo sobre el ínfimo nivel ético de la secta feminista, su indignidad humana y la putrefacción que alberga en su interior, y lo mismo vale para el ejército de cobardes y pusilánimes en los medios y la política que va detrás de ellas y son su brazo ejecutor. 

I. Maltrato a la infancia

El maltrato a la infancia es una realidad lamentable y extendida, especialmente atroz en su carácter de agresión contra quien no pude defenderse. Abusos sexuales, torturas y vejaciones físicas, así como las formas más sutiles de ensañamiento y daño psicológico, difícilmente encuadrables pero que no por ello dejan de existir.   

Es una cuestión que se debería afrontar desde un punto de vista objetivo, teniendo presente el interés de la sociedad y la protección de los menores, no los odios o antipatías personales y menos aún la posición ideológica. Pero lamentablemente las feministas, totalmente en línea con su habitual vileza y maldad inextirpable, no son capaces de ello. Ellas culpan al varón sistemáticamente de la violencia contra la infancia, para presentar al hombre –a todos los hombres- como un criminal real o potencial, y de aquí pasar a sus ulteriores objetivos: expulsión del padre de la familia y la vida de sus hijos y paulatina reduccion de la población masculina a una clase de parias bajo sospecha y en permanente libertad vigilada.

Con lo cual además de perseguir al varón dejan totalmente desprotegida a la infancia contra el maltrato perpetrado por mujeres, que se vuelve invisible porque ellas por definición son siempre víctimas y nunca verdugos. Daños colaterales. El fin justifica los medios; si de esta manera se persigue mejor al varón, los niños maltratados por mujeres que se jodan, porque por definición las mujeres no maltratan.

En gran medida están consiguiendo hacer calar en la sociedad esta falsificación. Si por ejemplo se utilizan los motores de búsqueda en internet sobre la violencia contra la infancia, uno encuentra normamente el padre maltratador y es bastante más difícil encontrar informaciones sobre la violencia ejercida por mujeres. Aun eligiendo con cuidado las combinaciones de palabras no se avanza mucho; los programas informáticos insisten, con tenacidad casi humana, en interpretar la violencia cometida por mujeres como maltrato contra la mujer.

En los medios de comunicación los artículos sobre el tema son invariablemente propaganda feminista; automáticamente identifican el maltratador de la infancia con el varón. Como en artículos como el siguiente que es particularmente vomitivo:


Esta es la propaganda, el agitprop que tan bien han aprendido de sus maestros marxistas. Sin embargo la realidad es muy distinta; si bien la mayor parte de los abusos sexuales infantiles son cometidos por varones –aunque una cuarta parte lo son por mujeres-  la mayor parte de los malos tratos físicos a niños son infligidos por féminas. No sólo sino que muchas madres, cuando nadie las ve, se dedican a torturar a sus hijos e infligirles lesiones y sufrimiento de manera totalmente gratuita.


Sin embargo, informaciones equilibradas y libres de ideología, un tratamiento honesto de la cuestión, es seguramente lo último que va a encontrar el ciudadano medio que se interese por el tema. Encontrará invariablemente, machaconamente, basura infecta como el artículo enlazado en primer lugar, hallará propaganda sectaria y tendenciosa sobre los padres violentos y veneno contra los padres en general.

Encontrará feministas canallescas –valga la redundancia- que quieren separar al padre de sus hijos ante una simple denuncia de maltrato, falsa como Judas como la inmensa mayoría. Esto es precisamente lo que están proponiendo las feministas del actual gobierno, lo cual demuestra que el odio contra el varón y la infamia de la secta feminista son transversales.

Esto da una medida del poder y la capilaridad de la propaganda feminista, que ha logrado ocupar todos los espacios, del océano de mentira y falsificación en el que toma forma la opinión pública, siempre superficial, falta de crítica y de criterio propio. Dado este ambiente de manipulación e intoxicación, no sorprende la facilidad con que se aprueban leyes infames, la impunidad con que la canalla feminista comete sus atropellos.
Ahora nos ocuparemos del crimen capital contra la infancia, el infanticidio. Aquí también la propaganda feminista falsifica la realidad y alcanza cotas directamente nauseabundas.

II. Matar a los propios hijos

En esta segunda parte trataremos brevemente de infanticidios y en general de homicidios de menores. Es reciente el caso trágico de  José Bretón que mató a sus tres hijos y pasará un largo tiempo en la cárcel, que será siempre demasiado poco para lo que ha hecho. Sin embargo no es un caso único ni excepcional; con una cierta regularidad se cometen este tipo de crímenes.
En otra ocasión hablé del Síndrome de Münnchausen a propósito del maltrato infantil, que no tiene que ver solamente con torturas,  lesiones, conatos de ahogamiento y envenenamiento sino de infanticidios.


Problema totalmente silenciado y censurado por la tiranía feminista imperante para que no se sepa la verdad. Con el alto precio pagado por quien menos se puede defender, ante estas madres desquiciadas y desviadas, producto de una sociedad desquiciada y desviada como comenté en dos artículos de hace tiempo, dedicados a este tema y en los que intenté una interpretación del fenómeno, que sigo manteniendo y de cuya veracidad estoy más convencido cada día que pasa:

El Síndrome de Münnchausen es la enfermedad que se han inventado para exculpar a estas madres torturadoras y no raramente asesinas. La lógica es muy clara: cuando el hombre comete un delito es un criminal a secas, pero cuando lo hace la mujer o es porque sufre depresión, o porque ha sido maltratada, o por cualquier otro motivo; se encuentra siempre algo para justificarla o atenuar su responsabilidad. Y si no se inventa. Cuando un padre maltrata o asesina a un niño es un cerdo y un monstruo, cuando lo hace una madre es que tiene Síndrome de Münnchausen.

En esto ha terminado el ideal de objetividad de la ciencia médica y la psicología. Con dos cojones.

Pero aunque no se acepte, por mala fe ideológica, la realidad sumergida de los homicidios del Síndrome de Münnchausen, nadie negará los homicidios considerados oficialmente tales y cometidos por mujeres, ni siquiera los medios feministas de comunicación que a pesar suyo han tenido que dar noticia de ellos. Las asociaciones feministas nos informan de que en –creo- un espacio de diez años ha habido 59 niños asesinados por sus padres. Como por algún motivo se han “olvidado” de contar las madres filicidas, hemos de buscar en otra parte y así nos enteramos por lo menos de la verdad relativa al año 2010.


La proporción puede variar de un año a otro e imagino que no sería difícil rastrear los casos si se quieren datos precisos, pero si se presta un mínimo de atención a las noticias es evidente que la mayor parte de los progenitores infanticidas son las madres.

La manipulación y la desinformación sectaria en los medios la encontramos también aquí. En efecto la mayoría de los los artículos que encontremos nos dejarán, tras haberlos leído, la impresión o el convencimiemto de que quienes matan a sus propios hijos lo hacen impulsados por la violencia innata en el varón, por la mentalidad patriarcal que se resiste a morir, por la incorregible tendencia a la prevaricación y la maldad en el género masculino.

A esto ayuda naturalmente que cuando el padre mata a los hijos nos lo muestran cuarenta veces y cuando es la madre una sola, de prisa y casi pidiendo perdón por dar la noticia de una mujer asesina.

Ante este panorama y esta deliberada impresión creada por los medios, cuando nos enteramos de que la mayor parte de las infanticidas son madres y no padres, ¿Qué debemos pensar de los medios, de los periodistas, de los presuntos expertos que escriben esos artículos?

¿Qué debemos pensar por ejemplo de este vergonzoso alegato contra la custodia compartida que utiliza como pretexto a los padres infanticidas?



¿O de este otro, nauseabundo, que utiliza el caso del triple asesino José Bretón para criminalizar a la paternidad en conjunto, como explícitamente declara su título, cuidándose mucho de mencionar que hay más madres que padres infanticidas?


Ni una palabra sobre el hecho de que la mayoría de las infanticidas sean mujeres y madres. Esto por sí solo da la medida humana e intelectual de quienes escriben estos artículos de pura propaganda.

Exactamente el mismo tono de los artículos enlazados, sin embargo, se podría utilizar tratando los casos de madres asesinas. Considerando las muertes oficiales y las atribuibles al Síndrome de Münnchausen tenemos cifras de niños asesinados muy superiores a las de mujeres asesinadas por sus parejas en crímenes pasionales. Por lo tanto, de la misma manera en que llenan las ciudades de propaganda orwelliana con fotos de mujeres maltratadas y con el ojo morado, estaría más que justificado poner -al menos- un número igual de carteles con fotos de niños muertos, acompañadas de lindezas tales como ”Por favor, mamá, no me mates, no me tortures cuando no te ve nadie”…

Naturalmente esto es solamente una provocación; este tipo de ruin manipulación emotiva, de ínfima categoría, se lo dejamos de buena gana a la horda de odiadoras del varón. Ellas, no dando para más y evidentemente respondiendo a impulsos profundos, se mueven a ese nivel.

Pero lo propongo como simple ejercicio mental, especialmente a las mujeres; de esta manera quizás comprenderían el alcance de la infamia feminista en su propaganda y en sus leyes, que por los crímenes de unos pocos criminalizan a todo el género masculino y nos imponen a todos leyes draconianas, injustas y perversas.

UN MUNDO SIN ALEGRÍA



A menudo los niños, como se sabe, ven las cosas más claramente que los adultos y de manera inmediata. No por casualidad se dice que el filósofo ha de tener algo de niño dentro.

El otro día, en una salida a la montaña, mi hija observaba un grupo de chavales que iban delante de nosotros caminando; alegres y de buen humor, reían a menudo. Entonces con sus once años me hizo una de esas preguntas que sólo los niños saben hacer y le ponen a uno en graves dificultades. Preguntas que son como un estilete y van al fondo de la cuestión.

¿Por qué los niños y los chavales se están riendo siempre y los mayores ya no se ríen, como si hubieran perdido las ganas?

Naturalmente la observación es sumamente exacta y captura la realidad de una sociedad en la que, no solamente todo el mundo está genéricamente cabreado por defecto, dispuesto a saltar y a sentirse molesto por cualquier estupidez, sino que en un sentido profundo carece de alegría.

Desde luego no será porque no buscamos la felicidad. Leemos revistas de salud y libros de realización personal y autoayuda, tenemos entretenimiento para aburrirnos, nos podemos atiborrar de comida como cerdos y a menudo lo hacemos, con el único límite del terrorismo diagnóstico de los niveles de colesterol y triglicéridos; tomamos drogas y alcohol, se fornica con absoluta libertad casi a cualquier edad, tenemos parques temáticos, centros de ocio, felicidad electrónica para dar y tomar. Por no hablar de la legión de psicólogos, asistentes y expertos cuya misión es ayudarnos a encontrar la felicidad, y las investigaciones de sesudos estudiosos que intentan arrancar científicamente su secreto.

Sin embargo, como puede ver una niña de once años que ignora toda esta morralla, la sencillísima, pura verdad es que no tenemos ganas de reír. Por lo demás cualquiera puede ver, por ejemplo mirando caras por la calle y sobre todo las de los conductores, todo el mundo está amargado y desquiciado. A pesar de tener todos los goces del mundo.

Pero es que goce no es lo mismo que alegría. Es significativa a este propósito la observación de Konrad Lorenz, cuando comenta que la palabra y el concepto de “alegría” (Freude) están totalmente ausentes – curiosa ironía - en la obra de Freud, que en cambio habla siempre de “goce” (Genuss). Y es pertinente esta observacion porque, si bien la psicoanálisis freudiana está bastante desacreditada en el plano científico (“Declive y caída del imperio freudiano”, de Hans Jürgen Eysenck; psicólogo por cierto maldito por sus resultados sobre genética, educabilidad e inteligencia), el freudismo como ideología está bien vivo y es uno de los pilares de la infracultura decadente, crepuscular, que domina hoy en día. Nuestra sociedad actual es en gran medida freudista, en el sentido de un freudismo reelaborado, divulgado en forma asimilable a través de los epígonos de Freud; los más importantes entre ellos, Wilhelm Reich y Erich Fromm, que forman el brazo psicológico del marxismo cultural, defensores incansables del pansexualismo y la eliminación de tabúes y represiones.

Nuestra sociedad está basada como todos sabemos en el goce, en el consumo, en el sexo y en el dinero que nos puede procurar aún más goces, en la abolición – es una idea fija - de los dichosos tabúes y las represiones que impiden gozar. Sociedad, en definitiva, en la cual abundan todos los goces pero donde no hay alegría.

Y donde, dicho sea de paso, nos ahogamos en un vaso de agua y necesitamos asistencia psicológica en cuanto nos pasa algo, y cuando hay que volver al trabajo nos entra la depresión postvacacional, temas que tienen relación con lo tratado aquí y de los cuales me ocupé en su momento:



Es oportuno reproducir un pasaje del libro de Lorenz “Los ocho pecados capitales de la civilizacion occidental” que nos ayuda a enfocar la cuestión.

“La incapacidad de soportar cualquier dolor vuelve inalcanzable la alegría […] Quizá sea posible le goce sin tener que pagarlo a caro precio, pero desde luego así se nos escapa la divina chispa de la alegría. La intolerancia al dolor, fenómeno tan difundido en nuestros días, transforma los naturales altibajos de la vida humana en una llanura artificial, las olas grandiosas del mar tempestoso en vibraciones apenas perceptibles, las luces y las sombras en un gris apenas perceptible…”

Esta es precisamente la sociedad en que vivimos, una sociedad gobernada por el nivelamento igualitario y la mediocridad de sentimientos, valores, ideas. Donde se gastan grandes sumas y se realizan esfuerzos ímprobos para buscar frenéticamente la felicidad y el goce, se nos entretiene y se cuida de nuestro bienestar, gente titulada - e incluso con máster - nos ilumina sobre cómo vivir mejor, expertos cuidan de nuestro bienestar y hay una pastilla para cada molestia física o psíquica.

Todo esto, el lector lo habrá comprendido ya, es precisamente lo que nos roba la felicidad, es la capa de plomo que pesa sobre nosotros y nos ha robado la alegría y las ganas de reír. Aparentemente la felicidad se comporta como un pájaro que nos alegra - a veces - con  su canto, pero en cuanto oye todo este ruido y ve toda esta gente impertinente que viene a incordiar, a tomarle fotos, a medirle las plumas y a manosearlo, se va con la música a otra parte.

Claro que ante la pregunta de mi hija, en aquel momento intenté dar una repuesta lo más sencilla posible y comprensible para su edad. Si le hubiera soltado el ladrillo que acabo de escribir, incluso a ella se le habrían pasado las ganas de reír.

Saludos del Oso

ÓPERA PORNOGRÁFICA Y GUERRA CULTURAL



 


Los “artistas” subvencionados por el Estado que producen basura a repetición abundan en España como bien sabemos, pero no son exclusivos de nuestro país. Como tampoco es casual el tipo de inmundicia que sale de sus mentes; al contrario, sigue siempre líneas bien precisas. Hoy comentaremos un tema aparentemente lejano, pero menos de lo que podríamos pensar porque la Internacional de la Degeneración opera en toda Europa y el mismo tipo de cosas las tenemos aquí. En esta ocasión se trata de un montaje teatral en Berlín, adaptación de un documental con tema operístico:


El director de esto – que poco tiene que ver con la ópera – es el austríaco Johann Kresnik, que a la venerable edad de 73 años ha puesto en escena lindezas como una soprano crucificada con la vagina sangrante, otra que simula amputarse un pie y en su performance llena de salsa de tomate el escenario… parece que en sus montajes es habitual la carnaza; en otras ocasiones ha propinado a sus espectadores hallazgos “artísticos” como sexo – no simulado, nos dicen - sobre la capota de un coche o una hilera de gimnastas con las vaginas bien abiertas ante el público.

Podemos hablar ciertamente aquí de una voluntad de crear escándalo por parte de quien es incapaz hacer arte auténtico; hay que entender que es una búsqueda cada vez más desesperada, pues crear escándalo es algo casi imposible de lograr hoy en día. O se podría liquidar todo como la extravagancia de un viejo degenerado que ha llevado al escenario el estercolero que debe tener en la cabeza.

Todo esto es totalmente cierto y si fuera sólo esto no merecería mayor comentario, pero no explica porqué le financian precisamente a él y a otros como él, para permitirles llevar su espectáculo a prestigiosos teatros en vez de a los antros a los que en buena lógica pertenecen. Pues en efecto, por una parte no se trata de un caso aislado, por otra estas basuras no se sostienen cas i nunca por sí solas; el público en general las rechaza - a un auténtico aficionado a la música o a la ópera esto no le da más que asco – y sobreviven con dinero público.

Insuficiente por tanto, aunque verdadera, la explicación del vejete pervertido. Aquí tenemos sin duda, a nivel general, una degradación profunda de la cultura y del gusto, una subida de nivel de las cloacas que lo han inundado todo. En una sociedad sana, en Alemania o en España hasta ayer, esta porquería nunca habría aparecido en un teatro decente y mucho menos recibido ayuda pública; si por casualidad hubiera sucedido algo así el público se habría rebelado en masa y los responsables habrían sido cesados inmediatamente.

Pero es difícil enviar de vuelta a los habitantes de las cloacas por donde han venido, cuando las cloacas lo han anegado todo, han pervertido el gusto, la sensibilidad y el criterio de la sociedad. Cuando se ha condicionado al público, con una sibilina propaganda, para que considere antiguo, carca, facha – por usar algunas de las palabras favoritas de los babosos y los pervertidores de la sociedad – cualquier sano instinto y criterio.

Degeneración y decadencia como ambiente general, por tanto, en una sociedad ya acostumbrada a chapotear con una sonrisa idiota en las aguas fecales de la degradación, creyéndose por ello muy evolucionada y de vuelta de todo.

Pero hay algo más que una caída de nivel espontánea. Hay quien contribuye activamente al proceso con un objetivo preciso, demoliendo los diques que mantenían la basura en su lugar, bombeando el agua de las alcantarillas para que lleguen a todas partes.

Y la lógica que hay detrás de todo ello es cortar la transmisión de nuestras tradiciones culturales, falsificar las creaciones y el legado de los hombres de genio que nos precedieron, impedir que las nuevas generaciones los reciban y se formen en los valores y la sensibilidad que nos transmiten.

Este es el motivo por el que se subvencionan las basuras del viejo degenerado y, por todas partes, otros cientos o miles de producciones y “operaciones culturales” que sin llegar a tales extremos tienen el mismo significado de guerra contra la tradición europea. Guerra a todos los niveles, en una campaña de ocultamiento y tergiversación que se extiende no sólo a autores más o menos recientes, sino también a los clásicos de la literatura e incluso hasta los cuentos infantiles.

Es importante comprender que todo ello no es casual, sino parte de una grandiosa campaña, cuyo objeto es destruir nuestra identidad y nuestra herencia cultural. Cuando es posible censurándola directamente, cuando no dejándola secar y morir, tergiversándola para que no se pueda comprender su mensaje, lobotomizando a las nuevas generaciones desde la escuela para anular su capacidad de asimilarla y transmitirla.

En breve, se quiere asesinar nuestra cultura y nuestra tradición para sustituirla con una miserable cultura de masas hecha de plástico, vacía, políticamente correcta, instrumento de control y manipulación sobre una humanidad consumista, masificada y sin raíces, donde todos son iguales, políticamente correctos y con la cabeza hueca.

Esta es la verdadera razón del porqué a los contribuyentes alemanes, pueblo con una grande y gloriosa tradición, se les obliga a subvencionar los espectáculos del vejestorio degenerado y su soprano crucificada con la vagina sangrante.

AZOTES DE NUESTRO TIEMPO: Emancipación



La palabra emancipación es sin duda uno de los motivos conductores de nuestro tiempo. Está en la misma base de la ideología dominante, la emancipación del individuo, como valor absoluto, ideal supremo y un mantra que se repite obsesivamente. Todo el mundo está emancipado, o se quiere emancipar, de todo y de todos. Todos somos individuos autónomos, las ataduras y los vínculos nos irritan profundamente y se nos ha enseñado –o condicionado- a verlas como insoportables afrentas a nuestra autonomía y libertad individual. Se emancipan los jóvenes y los adolescentes de la intolerable tutela paterna. Se intenta en lo posible emancipar a  los niños de la familia, con la pedagogía antiautoritaria y la destrucción de la familia.

En breve, desde hace decenios nos ponen la cabeza como un bombo con la emancipación, a todos los niveles; empezando por arriba y bajando de nivel, desde el filosófico de la Escuela de Frankfurt, a las divulgaciones de Herbert Marcuse y sus compañeros, para terminar en los babosos con micrófonos en mano de la cultura hippie. Pero esto es historia que terminó hace cuarenta años, un poco más tarde en nuestro país por el perdurar del régimen anterior. Hoy en día todo está ya asumido y forma parte de la atmósfera general. Se trata sólo de intensificar y apretar el acelerador en el camino de la emancipación.

Los adolescentes se emancipan de los padres para convertirse en niñatos malcriados cuya libertad consiste en la incapacidad de emanciparse de sí mismos que sería lo más importante. El típico niñato emancipado de hoy, incapaz de darse una ley interior y confundiendo la ausencia de límites con la libertad, a causa de esta misma ausencia de límites deja todas las puertas abiertas a que otros los manipulen sin que ni siquiera se dé cuenta. Es suficiente ver la masificación, el conformismo de masa y la facilidad con que es manejado por las modas y la publicidad. Se emancipa a los niños para sustituir a la autoridad de la familia la tela de araña del mecanismo impersonal de la asistencia, la pedagogía y los expertos. Impersonal en el mejor de los casos pero en realidad empapado de ideología y propaganda oculta, o de simple y llana imposición contra la voluntad de la familia.

Estas observaciones ilustran bien qué es lo que no funciona y dónde está la trampa. Emanciparse de todo significa caer en la tiranía  de un mecanismo impersonal o en la de sí mismo, o más frecuentemente en las dos a la vez. Y esto vale no sólo para niños y adolescentes sino para todos y muy en general.

Recordemos la distinción entre libertad de qué y libertad para qué (Nietzsche), siendo la segunda la única que tiene un valor real porque es una libertad positiva que quiere afirmar una voluntad creativa. La simple eliminación de los vínculos no otorga la libertad, puesto que en primer lugar la libertad no se otorga ni se concede sino que es una conquista, resultado de una voluntad que en primer lugar y como premisa sabe què hacer con esta libertad, una vez abatidas las barreras. De lo contrario, esta destruccion de lo que limitaba la libertad deja un vacío que será ocupado por otra cosa, y precisamente por nuevas formas de dependencia que traerán una falta de libertad más radical que antes. Pues en efecto las tradiciones, las costumbres, la moral –ahora no importa cuál- o la ética, todo ello surgió en primer lugar por un motivo y no porque sí, todo tiene o tuvo su razón de ser.

Aquí es oportuno mencionar la bella imagen clásica de las hojas que están fijadas al tronco del árbol, que vive gracias a ellas y a su vez de éste traen su sustento y su sentido, en el sentido de hacer la tarea para la que están hechas. Si esas mismas hojas se arrancan, una vez liberadas, cortada la unión con el tronco, son en efecto libres pero ya sin un significado ni una tarea que cumplir. Pero sobre todo, a estas hojas emancipadas se las lleva el viento y están a la merced de cualquier corriente, mientras cuando estaban en el árbol éste las fijaba e impedía que se las llevara el primer golpe de aire. Éste es el núcleo de la cuestión.

El árbol o tronco más vasto en el cual se inserta el individuo, no sólo lo limita y agarra sino que lo protege, impide que la furia del viento se lo lleve como a las hojas que una vez separadas no tienen libertad ni decisión, pues si antes estaban ligadas al tronco, ahora su “libertad” consiste en que el viento se las lleva donde quiere. Y esto es lo que pasa cuando se destruye la tradición y se “emancipa” al individuo sin sustituir los antiguos vínculos con algo. Una vez destruidos aquellos el individuo puede pensar obtusamente que es libre, pero en realidad es manipulado sin límites ni frenos. Aquellas tradiciones, la dependencia, representaba una barrera y un dique en dos vertientes. Por un lado contra tendencias e impulsos presentes en el ser humano que llevan a la degradación o son destructivas. Por otro lado contra los abusos del poder que ciertamente han existido siempre, pero para el que la existencia de unas normas y de unos valores preexistentes, de unas estructuras y unas identidades precisas, representa un límite. Si no hay unos límites que el poder deba respetar, no los respeta, y los individuos no se podrán rebelar. Es fácil dominar a un hombre que no cree en nada.

Naturalmente, la ideología de la emancipación y la autonomía individual intenta precisamente evitar esto, y aspira explícitamente a la eliminación de todo poder del hombre sobre el hombre. Nadie debe tener poder y dominio sobre otro, de forma directa o indirecta, se pretende perseguir un ideal en que nadie tenga presiones ni condicionamientos y pueda decidir, actuar, elegir en total libertad.

Pero esto es algo imposible e inalcanzable ya en el campo de las relaciones humanas. En efecto aquí los valores de la personalidad se revelan, en la fuerza del carácter, la energía con la cual cada uno se abre camino en la vida. Es imposible evitar los condicionamientos, las tensiones y los límites en las relaciones humanas, y también las relaciones de dominio, que pueden ser más o menos intensas pero inseparables en la convivencia. La única manera de evitar esto, y desde luego la única manera de que cada uno tenga total autonomía, es el límite del solipsismo. La vida solitaria sin contacto con las demás personas.

Esta es la consecuencia de esta ideología y actualmente es una tendencia en auge, con la tecnología y la mecanización de la vida que facilitan este aislamiento y falta de comunicación humana. El límite de esto es una sociedad de solitarios, incapaces de aceptar limitaciones, que viven cada uno en su mundo virtual donde no encuentran limitaciones que no sabrían aceptar. Si lo pensamos un momento veremos que toda la sociedad actual va en esta dirección, hacia una monstruosa colmena de pequeños egos cada uno en su burbuja solitaria. No es sólo fantasía, es la consecuencia del contubernio monstruoso entre la ideología de la emancipación del individuo y la tecnología de la información.

Reducción del individuo “liberado” a un ególatra solipsista, indefenso frente a sí mismo y al poder, manipulado y condicionado. Estas son las consecuencias de la ideología de la emancipación llevada a sus lógicas consecuencias, no en la mente ingenua del progresista sino en el mundo real.

Sobre el primer aspecto, un efecto de tal “liberación” es la decadencia de todos los valores superiores y de la forma interior en las personas. Porque la excelencia y lo superior, la parte del ser humano que se eleva sobre las necesidades y los instintos básicos, hay que cultivarlo y requiere un esfuerzo. La tendencia natural es la decadencia y la entropía, y es inevitable una vez toda norma, todo vínculo, toda moral y toda tradición se ha barrido. La sociedad y las personas qedan reducidas a la nivelación igualitaria en su parte más básica y primitiva, contra la cual no tienen defensas porque las defensas eran precisamente lo que se ha eliminado. Esclavos de sí mismos en nombre de la libertad.

Sobre el segundo aspecto, las relaciones con el poder, observamos por todas partes cómo los Estados actuales tienen cada vez menos límites y escrúpulos en fiscalizar, controlar y organizar la vida de las personas, siempre con excelentes y falaces motivos, por nuestro propio bien naturalmente. No existen tradiciones que sean obstáculo a la libertad, la familia no es sagrada y la sangre tampoco, con lo cual el Estado se siente autorizado a secuestrar a los niños y robarlos a sus padres por motivos a veces aberrantes, por ejemplo porque están gordos. Es sólo un ejemplo pero es la tendencia actual. La destrucción de los valores fuertes, de la moral y de las tradiciones, limitaba al individuo pero también al Estado, que aliado con la tecnología se convierte cada vez más en un monstruo totalitario.

Pero no se trata, advirtamos, de una tiranía en la cual un dictador o una oligarquía ejerce un poder personal, un poder del hombre sobre el hombre. Es algo mucho peor, es la tiranía de un mecanismo impersonal. El hombre tiene responsabilidad y puede mostrar flexibilidad; el gobernante o el tirano pertenece a la misma especie que los súbditos y se le puede matar, con la conciencia tranquila y legítimamente, cuando el poder es injusto y opresivo. Pero la tiranía del mecanismo, que sustituye al poder personal cuando la ideología de la emancipacion se lleva a la práctica, es un poder sin rostro, que en vez de autoridad y responsabilidad tiene la inflexibilidad y la fría lógica de la máquina.

No se puede dialogar con un mecanismo, como máximo se puede aprender a moverse en sus entresijos. Se puede esperar en su falibilidad y en que sus ojos no lleguen a todas partes, pero la técnica cada día un poco más permite que el Gran Hermano nos observe, nos espíe y nos escuche, que sepa lo que pensamos y lo que sentimos. Y ni siquiera sirve de nada volarle la cabeza a los gestores del poder, aunque estén en el vértice, porque no son más que técnicos, administradores de la maquinaria y sustituibles inmediatamente con una pieza de recambio.

Recapitulando, ahora podemos aquilatar las consecuencias últimas de la ideología de la emancipación. Indefensión del hombre frente a sus peores tendencias, que le hacen convertirse en un esclavo de sí mismo. Sociedad de pequeños egos hinchados e intolerantes con el límite del otaku, la figura tipo del tecnodependiente que vive encerrado en su habitación, exclusivamente en su mundo virtual. Eliminacion del poder del hombre sobre el hombre para sustituirlo con la tirania fría e inflexible de un mecanismo impersonal, poder inhumano en un sentido literal y no moralista, que termina imponiendo un control capilar y ahoga la libertad mucho más que cualquier dictadura humana por cuanto arbitraria.

La única libertad y emancipación posible es la libertad para algo, la libertad positiva que no pretende simplemente liberarse de lo viejo sino construir lo nuevo. La libertad creadora y fundadora, que podemos llamar la libertad heroica de quien se emancipa de la ley y de la moral para darse una ley a sí mismo más fuerte y más severa, no fin a sí misma sino para instaurar un orden nuevo, dentro de sí y fuera de sí. Es la libertad del héroe fundador, el unico que tiene derecho a destruir lo existente porque va a crear lo nuevo.

martes, 9 de julio de 2013

LA DICTADURA MUNDIAL (V): La salida del túnel



Tras unos días de descanso y antes de una pausa estiva voy a publicar algunos artículos que tengo pendientes y en primer lugar concluir la serie de la Dictadura Mundial.

Por tanto continuamos el tema donde lo habíamos dejado, al final de la cuarta parte sobre los antimundialistas de izquierdas

¿Cómo se puede luchar contra esta tiranía en vías de construcción y ya en un estado avanzado? ¿Qué podemos hacer, personalmente, qué se puede hacer, políticamente?

Y sobre todo la pregunta fatídica e incómoda, de cuya resolución depende todo lo demás…¿Es una guerra perdida, es imposible, inútil y destinado al fracaso resistir y combatir contra fuerzas tan superiores que tienen una proyección global?
A esta pregunta hay que responder negativamente. Es decir afirmar de la manera más neta la posibilidad de dar batalla, no para luchar una guerra perdida ni como puro testimonio en un cuadro de “pesimismo heroico” – lo cual aun así tendría su valor, si no otra cosa para las generaciones futuras - sino para abatir el sistema o cuanto menos para conquistar espacios de libertad. Por muy grande que sea la medida de aparente invencibilidad y potencia de este poder, con su dominio de los ganglios vitales de la política, la finanza y la cultura, la superioridad militar de las potencias en que se apoya.

Aun cuando todo parezca perdido siempre quedará un quid que no se conseguirá erradicar y suprimir del todo, un residuo de libertad y espíritu humano que se podrá ocultar, cubrir con una capa de detritos, falsificar; pero nunca extirpar, porque está enraizado en la misma naturaleza humana. Esto representará siempre una amenaza, una debilidad permanente de un sistema que ignora necesidades y aspiraciones básicas del hombre, que quiere reducir todo a un inmenso mecanismo económico y al cálculo de la felicidad.

Pero  sin hablar tan en general, este poder está lejos de ser omnipotente o infalible. Opera sobre abstracciones y en un mundo virtual, mientras que las personas viven en un mundo local, real. Ya sólo esto abre la posibilidad de conquistar espacios de libertad. A nivel geopolítico, aunque aspire dominar todo el mundo, está lejos de haberlo logrado y se encuentra con importantes resistencias.
Poder que se apoya para crecer y dominar las naciones en una clase cosmopolita y desarraigada, sin identidad ni valores, cuyo único credo es el dinero y que no pertenece a ninguna parte. Esta es su fuerza pero también su debilidad. En efecto, puede ser verdad que el dinero mueve el mundo, pero lo es sólo al nivel más superficial, al nivel de las causas inmediatas y contingentes. A nivel más profundo, los auténticos impulsos que hacen moverse los hombres y que han hecho la historia son otros. Ninguna nación, imperio o logro humano esculpido en el libro de la historia ha sido jamás el resultado de una suma de individuos que aspiraban cada uno a maximizar su utilidad individual o su beneficio. Muy al contrario, ha sido siempre la obra de individuos que creían en una idea, en unos valores, en una patria. El interés material e individual es una condición práctica para que la empresa se realice, el cemento, lo que ayuda a mover voluntades y corazones, pero no el motor profundo.

Será verdad, sin duda, que todos quieren bienestar material y no pasar apuros a fin de mes, pero nadie está dispuesto a morir por el PIB o por los tipos de interés. En cambio los hombres han estado siempre dispuestos a morir por su libertad, por su patria y por aquello en lo que creían.

Es por ello – está ante nuestros ojos - que el poder mundialista se ve obligado a recurrir a mercenarios o a máquinas para combatir sus guerras, contra adversarios infinitamente más pobres y más débiles pero que en cambio están preparados para ofrecer su vida.

Las anteriores consideraciones nos proporcionan la base de nuestra certeza profunda, adamantina, de que existe de un núcleo inviolable de libertad, de donde siempe podrá partir la resistencia y la rebelión. Una certeza que no es demostrable y los filisteos llamarán irracional. Si queremos llamarla así, una fe en las posibilidades del espíritu humano contra el mecanismo.

Pero, armados con esta certeza y habiendo vencido la primera batalla, la batalla contra el desaliento y el derrotismo en nuestro interior, lo que se necesita es bajar al nivel de la realidad concreta, de la acción política y cultural, que es donde se cambian las cosas.

Seguramente el primer paso es empezar por reconocer en la falsa dialéctica de los partidos mayoritarios un engaño y una herramienta más del poder mundialista. Lo mismo vale para la falsa contestación, repartida a partes iguales entre lenguas de serpiente,  cuyo objetivo consciente de desviar sistemáticamente y neutralizar los fermentos de rebelión, y tontos útiles que no saben cómo están las cosas, piensan ser rebeldes y están en cambio totalmente dentro de lo que creen criticar.
Esta toma de conciencia es el principio y un primer paso necesario, fundamental. La tiranía mundial necesita que la gente piense, cuando va a votar, que la papeleta que deposita en la urna es algo más que papel higiénico. Es necesario que el status quo sea legitimado por el rito de unas elecciones, cuya verdadera función no es elegir quien nos va a gobernar o expresar una línea política y social, sino deslegitimar y demonizar a la verdadera contestación.

El buen funcionamiento de todo el tinglado exige que la dialéctica política entre gobierno y oposición sea en realidad un cacareo de grupos y camarillas, una merienda de las dos corrientes en el partido único del sistema; una riña de gallinas por el alpiste que el verdadero dueño del corral graciosamente les proporciona. Con el trabajo de todos nosotros, naturalmente.

Naturalmente existe la posibilidad de que una fuerza política realmente alternativa se abra camino. Después de todo si una corriente de opinión lo suficientemente fuerte se forma y encuentra líderes capaces, aunque sea combatida y demonizada por los medios y los poderes fuertes, en principio puede hacer oír su voz. El mecanismo democrático prevee libertad de asociación y acción política, con el único límite del no recurso a la violencia.

Esto en principio es correcto y existe tal posibilidad. Desde luego no es necesario recurrir a la violencia ni acaricias velidades “golpistas” para oponerse a la dictadura mundialista en formación. El problema de la violencia sin embargo muy probablemente se planteará, pero desde el otro lado.

Me explico. Si una fuerza política, expresion de la voluntad popular, se posiciona contra este sistema y triunfa, difícilmente los que de verdad mandan lo aceptarán; muy al contrario, recurrirán al juego sucio, a todos los niveles. Inevitablemente pues la política – la de verdad – no es un juego. Puesto que la democracia y el sistema de partidos una fachada y una representación, será respetado el procedimiento regular mientras salga elegido quien debe salir. Si sucede que – difícil pero siempre posible – una fuerza antisistema alcanza el poder o llega a amenazar seriamente el status quo, el decorado democrático se dejará de lado, se aplicará la violencia y el golpismo si es neceario, se arrojará la máscara y se usarán medios ilegales.

En realidad estos medios pseudo- o para- golpistas los estamos viendo ya en la Europa de hoy, pero se llaman gobiernos técnicos, generalmente de hombres procedentes dela banca, no elegidos por nadie y que no responden desde luego ante los electores. Están ahí come resultado de acuerdos y enredos parlamentarios, y la presunta soberanía popular  es evidente por dónde se la pasan. Es fácil comprender cómo en un hipotético escenario de triunfo de fuerzas identitarias o fuerte oposición al sistema, no se vacilará en el uso de la represión violenta y la ilegalidad.

Este escenario sin embargo es ya una media victoria, porque en tal caso habrá caído la legitimidad, y la batalla estará por lo menos bien encaminada. Pero lo que es más importante, en tales hipótesis, si el sistema se ve obligado a suspender la democracia para negar, con la violencia y la ilegalidad abierta, la voluntad popular, a este punto estará totalmente justificada, es más será un deber cívico y una obligación moral, la rebelión y el uso de medios violentos contra el poder. En otras palabras se habrá totalmente legitimado una acción revolucionaria, en cuanto respuesta violenta respaldada por la voluntad de los pueblos contra una oligarquía de traidores que usa la violencia y la ilegalidad, oligarquía que se habrá por tanto convertido en una banda de usurpadores sin legitimidad, incluso según sus propias reglas.

Dejando de lado las hipótesis fantapolíticas, la disyuntiva hoy está clara para los pueblos del mundo: aceptar vivir bajo la bota de hierro del mundialismo o combatir contra ella. En el caso de Europa la alternativa es llegar a un despertar y un renacimiento, o viceversa o resignarse al dominio de una tiranía que en nuestra era será definitivo, cambiará la sustancia étnica de Europa, destruirá su cultura y su civilizzación.

El objetivo por tanto, lejos de cualquier derrotismo, debe ser trabajar por una oposición real al sistema, una alternativa política, un movimiento de opinión y lucha que llegue a ser suficientemente fuerte para barrer el sistema actual y sus clases dirigentes. Es por tanto de la máxima importancia reconocer las fuerzas que son una falsa oposición y las que pueden ser parte de una verdadera.

¿Cómo se reconoce la falsa y la verdadera oposición al sistema? En primer lugar la falsa contestación es siempre la niña mimada de los medios; los expertos hablan, comprenden sus motivos; deploran ocasionalmente algún exceso, como que dejan la calle muy sucia y queman algún contenedor y hacen pintadas en los bancos.

La verdadera contestación se puede reconocer, en cambio, por el fuego rasante y concentrado de los medios contra ella, cuando ya no es posible ignorarla; por la demonización, la falsificacion deliberada de sus ideas y propósitos, la evocación de los fantasmas del pasado vengan o no a cuento.

Tratándose de luchar contra una dictadura cuya aspiracion es crear un gobierno y una sociedad mundial, uniforme y controlada por una burocracia supranacional, está claro que la accion política debe ir directamente al tema de la soberanía, en todos los ámbitos, afirmar la soberanía con todas las fuerzas porque es lo que el mundialismo niega con mayor energía. El núcleo de su poder es el dinero, el sistema monetario y financiero; por tanto la soberanía monetaria es el primerísimo objetivo.

En ningún campo como en éste el sistema defiende más celosamente sus prerrogativas y combate de raíz cualquier desafío. Cualquier forma de intercambio económico o de moneda que no pase por el sistema bancario internacional, ligada a las realidades locales, representa un desafío contra el sistema donde más le duele.

Esta es una línea de acción que se puede llevar a cabo si existe voluntad política; monedas locales, formas de dinero o documentos asimilables al dinero, instrumentos económicos y monetarios gestionados por el Estado y no mendigadas a los usureros a cambio de interés. Aunque por supuesto el objetivo final necesariamente debe ser la nacionalización de los Bancos Centrales y la soberanía monetaria total.

La soberanía jurídica es también fundamental, rechazando en primer lugar el aberrante concepto de Justicia Universal tan caro a ciertos juristas en España y especialmente al héroe progre Garzón; concepto universalita que, por una parte, legitima a jueces que se creen misioneros a meter las narices en los asuntos de los demas países, y por otra permite que la pretendida ley universal se aplique en nuestro territorio, negando por tanto el derecho a un espacio jurídico propio, independiente, expresión de la nación, cuya voluntad en cambio debe ceder ante la presunta justicia internacional.

Lo mismo vale para los tratados y las leyes internacionales, que según el perverso sistema hoy imperante – que se nos ha impuesto – en caso de conflicto con las leyes nacionales tienen la precedencia. Nuevamente aquí se niega a una nación el derecho a darse instituciones y leyes propias, en línea con el sentimiento de su población y sus tradiciones. Seguramente es necesario el hacer acuerdos jurídicos y leyes internacionales, pero el automatismo con el que prevalecen sobre la ley nacional es aberrante y simplemente un instrumento de tiranía e imposición sobre la voluntad de los pueblos. Especialmente cuando no tienen que ver con las relaciones entre países sino con el funcionamiento interno de la sociedad, una nación puede llegar a ver cómo una burocracia externa le impide dotarse de las leyes y la organización social que libremente decide.

Finalmente, la soberanía militar es un paso indispensable porque hoy en día la OTAN, lejos de ser una organización defensiva, es un instrumento de agresión contra las naciones rebeldes y – en Oriente Medio – el brazo armado de Israel. Sólo por esto merecen apoyo todos los pueblos que armas en puño se oponen a Occidente, porque en el fondo están luchando también por nuestra libertad. Por muy odiosas que nos parezca su manera de vida y sus prácticas. Ciertamente no tenemos porqué aceptar ni tolerar en nuestra casa lo que para nosotros es inaceptable, pero al mismo tiempo exportar nuestro modo de vida con las bombas es hacer el juego del mismo poder que quiere destruirnos como nación y como cultura, porque las mismas bombas y drones que hoy caen sobre los talibanes o sobre las naciones árabes rebeldes al Nuevo Orden pueden caer dentro de diez o treinta años sobre una nación europea rebelde. Recordemos las agresiones contra Serbia y su amputación territorial para crear el protectorado  mafioso USA del Kosovo gobernado, con la bendición de los Buenos, por auténtica carne de horca dedicada, entre otras cosas, al tráfico de órganos extirpados a prisioneros serbios.

Ciertamente es necesario aliarse militarmente, pero siempre con la prioridad absoluta del interés de la nación. No es aceptable la participación en agresiones y aventuras militares al servicio de intereses que no son los nuestros, ni el uso de nuestros soldados como mercenarios del mundialismo.

Soberanía económica, financiera y monetaria, soberanía jurídica y legal, soberanía militar. Como un papel de tornasol, las actitudes respecto a estos problemas permiten distinguir quién es quién; los camareros del sistema, los tontos útiles, los oportunistas, o los que realmente son portadores de una propuesta alternativa y válida.

Estas son las líneas de acción que efectivamente van contra la dictadura mundial en construcción y pueden hacerla saltar por los aires. Todo lo demás, y muy especialmente las asambleas de indignados, no es más que blablabla…